AVALANCH + MALLORY – Sábado 17 de noviembre de 2001, Sala Aqualung (Madrid)

¡ Comparte esta noticia !

Llegué a Aqualung a eso de las 7’30. Había una cola impresionante. Cientos de melenudos con camisetas negras se entremezclaban con niños y papás que habían ido al centro comercial a pasar el sábado por la tarde en familia. Muchos pensaban todavía que acudían a una cita con Beethoven R. y Avalanch, puesto que en las entradas así lo ponía. Pero desgraciadamente, y como todos sabéis, Beethoven todavía no tiene cantante y por tanto no pudieron tocar (y les jodió más a ellos que a nosotros, seguro, porque hablé con ellos y me confesaron que tenían un mono de tocar impresionante).

Cuando conseguí entrar (a eso de las 8) ya habían empezado los Mallory, sustitutos de Beethoven R. Y me dio rabia, puesto que dieron un concierto bastante bueno. No os podría decir el set-list que tocaron, puesto que no los conozco mucho, pero la gente sí parecía conocerles e incluso ser seguidores de la banda. El público estaba súper entregado, cantando, gritando, pegando botes… Y la verdad es que no era para menos, puesto que el grupo estaba dándolo todo en escena. El cantante no paraba de moverse, de animar a la sala y de hacer que la peña se descojonase. El resto de componentes no se estaban quietos ni un minuto. Todo esto acentuaba más, si cabe, el aire de jovialidad y cachondeo que despierta ese Rock and Roll acompañado de gaita que el grupo gallego sabe combinar tan bien. Es un estilo, en mi opinión, muy personal y, lo más importante, que lo que hacen, lo hacen bien. Me sorprendió mucho la voz tan agradable que tenía el cantante y lo bien que cantaban el resto de los componentes al hacer los coros. Para terminar, tocaron su canción más conocida: “Gaita And Roll”, que el público coreó como si la conociese de toda la vida.

En fin, yo iba con unos cuantos prejuicios sobre la banda, quizás un poco negativa, pensaba que no me iban a molar nada, pero he de reconocer que se lo montan bastante bien y que dieron un buen concierto.

Cuando Mallory acabó, se encendieron las luces y tuvimos que esperar unos minutos antes de ver a Avalanch. La gente empezó a apelotonarse un poco más hacia delante (la sala estaba prácticamente llena) para ver a los asturianos. Comenzó a abrirse el telón y todo el escenario se inundó de humo mientras sonaba la intro. Sorprendentemente salieron con “El Cid”, tema de su anterior disco. Me resultó muy extraño, puesto que en esta gira siempre empiezan con el primer tema de su último disco “Tierra de nadie”. En fin, a la peña no pareció importarle, puesto que empezaron todos a saltar y a gritar. Pero de repente: “¡Dios! ¿Qué es eso que suena tan mal?” La voz de Víctor García, llena de gallos como un adolescente. La verdad es que sonaba bastante mal. La gente se miraba preguntándose qué era eso… Por lo demás, la guitarra sonaba flipante. Alberto Rionda empezaba ya fuerte, demostrándonos sus dotes con el mástil. Pero parecía que el sonido en general no acababa de cuajar, puesto que iban y venían los sonidos de los instrumentos.

Continuaron con “Tierra de nadie” (ya sabía yo que la tenían que tocar entre las primeras). Aquí se notaron más los fallos de sonido (desde luego el técnico se estaba luciendo…). La guitarra sonaba demasiado arriba y el sonido se acoplaba de vez en cuando. Todo esto empeoraba las cosas, teniendo en cuenta que la voz de Víctor sonaba bastante mal, pero el público gritaba y cantaba como nunca. Al terminar el tema, Víctor pidió perdón por su afonía y bromeó con respecto a las malas críticas que iban a recibir (¿no lo diría por nosotros, no? Jejeje…).

Tras este inciso, dieron paso a “Por mi libertad”. En la intro sólo se oía la batería y las guitarra de Rionda, pero a la gente no pareció importarle, puesto que es una máquina y te quedas realmente embobado viéndole tocar. Con un final muy guapo enlazaron la preciosa instrumental de su primer disco: “El despertar”, donde el piano sonaba realmente sublime. Vamos, que se te ponían los pelos de punta. Y tras ésta tocaron, como no, “Vicio letal”, donde ya parecía que el sonido había cuajado del todo. A continuación tocaron la esperada canción que le da título al nuevo disco: “El ángel caído”. La gente se volvía loca y, sinceramente, no es para menos, puesto que es una pedazo de canción. Víctor no paraba de animar al público, el cual respondía encantado, y se volvía loco en el escenario. El bajista tampoco paraba de moverse, lo cual te aumentaba el subidón. Pero me dio la impresión de que el Rionda estaba un poco aislado. No sé, un poco como a su bola. Ésta última la enlazaron con “No pidas que crea en ti” y después se marcaron un instrumental bastante guapo y original (seguramente para darle un respiro a Víctor).

Volvió Víctor de nuevo al ataque con la preciosa “Xana”, que salvo la letra, no tuvo nada de preciosa. Sonaba un poco pobre, ya que la batería se oía mucho y apenas apreciabas un hilillo de teclado. Ahora sí, cuando le tocaba el turno a la guitarra eso pegaba una petada bestial. En mi opinión, demasiado alta. Y después, ¡increíble!, “¡Antojo de un Dios!”. La gente la aclamaba. Comenzó un increíble solo de piano que realmente consiguió emocionarme. La voz no sonaba todo lo bien que nos hubiera gustado, pero lo cierto es que Víctor hacía todo lo que podía. Se estaba entregando al máximo por interpretar esa canción que sabe que tanto gusta a la peña. Por eso el público cantaba dejándose la garganta para ayudarle. Fue un momento precioso. Tras este parón romántico nos sorprendieron con la progresiva “Cambaral”, perfectamente ejecutada. Entre canción y canción la gente aclamaba a Víctor y esto se notaba que le daba ánimos para seguir cantando (muchos cantantes habrían hecho reducir el concierto a la mitad).

Volvíamos otra vez al pasado con “La llama eterna”, que daba título a su primer disco, y “Excalibur”. Riffs atronadores y parones melódicos preciosos, apareciendo, como no, Excalibur, la ya famosa espada que tantos grupos están sacando a escena últimamente. Y siguiendo con temas antiguos (aunque no tanto) daban paso a “Pelayo”. Me duele decirlo, pero sonaba de culo. Con la siguiente, “Corazón negro”, se notaba menos, supongo que porque es más cañera y tiene menos cambios. Otra parte instrumental seguida de “La taberna” hacían intuir que el final se acercaba. 

Aumentaba por momentos y Víctor se volvía loco, pero sigo pensando que la guitarra de Rionda se oía demasiado. Al otro guitarra, el pobre, no se le oía. Debe de ser un poco frustrante tocar la guitarra en un grupo y que en un concierto sólo se le oiga a tu compañero. Ni siquiera en el solo a dúo que hicieron ambos guitarras se le oía, sólo se oía a Rionda. Yo ya no sé si es premeditado o es que fue otra de las lucidas de nuestro apreciado técnico. Y al fin, “Aquí estaré”, que sonó regular, pero la entrega de Víctor te hacía olvidarte de todo. Prácticamente se quedó mudo con este tema. Y tras unos fuertes aplausos, los asturianos abandonaron el escenario.

Evidentemente no era el final, puesto que no se encendieron las luces, pero sinceramente deseé que sí lo fuera. Estaba sufriendo por ellos. Por el pobre Víctor, que ya me lo imaginaba sin hablar en dos meses, y por los demás, por el dichoso sonido que no cuajaba. En fin, volvieron, y de qué manera… Tocaron la emotiva “Vientos del sur”, en la que los instrumentos paran para dejar cantar a capella al público. Sencillamente increíble (pero repito que por lo que significaba, no tanto por la calidad de sonido). Para volver a marcharse tocaron “Delirios de grandeza”. Pero no podía acabarse aún, no habían tocado “Torquemada”. Y la gente la echaba en falta, por eso, en plan Fuenteovejuna, todos la pedían. Y no iban a dejar con las ganas al público, así que salieron y tocaron “Torquemada”, en la que la sala se volvió loca y Víctor terminó de quedarse mudo. Éste sí fue el final. Se reunió todo el grupo delante para saludar, dieron las gracias y abandonaron el escenario.

Avalanch es uno de mis grupos favoritos, pero voy a tener que empezar a matizar que sólo en estudio. Los he visto ya unas cuantas veces y la mayoría de ellas han tenido problemas de sonido. Yo no sé si ellos se darán cuenta, pero deben solucionarlo de alguna manera, puesto que es una pena que en estudio te lleven a otro mundo de lo increíbles que son, y en directo te den ganas de que se acabe. Aun así, se nota que gozan del cariño del público y eso les facilita mucho la tarea en directo. Pero que no se confíen, porque si siguen así la gente se cansará.

Texto: Clara González Lobo (Kiky)