Editorial Marzo 2019: “Aterrizaje definitivo del Barón”

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Hay noticias que no por esperadas son menos dolorosas. El mes pasado recibimos un comunicado en el que se anunciada el fin definitivo de Barón Rojo, anunciando una gira de despedida para 2020. Por mucho que en los últimos tiempos se hubiera esfumado la magia, con esta despedida se cerrará un capítulo muy importante de mi vida y de los rockeros de mi generación.

Todos sabemos que Barón Rojo lleva muchos años perdiendo fuelle y que este momento tenía que llegar más pronto que tarde. Pero, como en toda relación (en este caso grupo-seguidor), lo más sano es quedarse con los momentos buenos y todo lo que nos ha aportado la banda más grande que ha dado el Rock español, dejando a un lado lo demás.

Es posible que los que no vivieran en primera persona lo que significó Barón Rojo en la primera mitad de los ’80, no sean conscientes del impacto que causó en nuestras vidas. A rebufo de la NWOBHM que desde Gran Bretaña conmocionó al mundo del rock, Barón Rojo apareció en un momento crucial de nuestra historia musical. Aquellos 4 músicos tenían amplia experiencia en el rock de los ’70, cada uno por su lado, y confluyeron en el momento perfecto. El público, deseoso de tener una banda que liderase la renacida pasión por el heavy metal, les eligió como punta de lanza y ellos respondieron con unos discos inmensos que han quedado para la historia. Además, fueron los primeros que se lanzaron con éxito a tocar fuera de nuestras fronteras, más allá de algunos conciertos testimoniales que anteriormente habían realizado otros grupos.

En los ’80, lo que se vinieron a llamar “tribus urbanas” estaban mucho más definidas. Había que posicionarse, y cada cual elegía bando. Cada uno con su imagen, su idiosincrasia y sus grupos de cabecera. Podías ser punk, rocker, popero, mod, new-romantic… y por supuesto, podías ser heavy. Había poco contacto entre tribus y ese contacto solía ser poco amigable. En aquellos años los heavies éramos manada, petábamos los conciertos aunque el grupo en cuestión sólo tuviera un disco (o incluso únicamente una maqueta que sonara en la radio). Y pronto tuvimos mucho peso específico en una balanza en la que teníamos como oponentes a la Movida Madrileña y los grupos de niños bien. Resumiendo, llegó un momento en que o eras de Barón Rojo o eras de Mecano. Y, ciertamente, veíamos a Mecano como “el enemigo”. Y Barón Rojo era nuestro faro.

No era la primera vez que un grupo español iba a grabar a Londres, por entonces la meca del Rock. Pero sí que vivimos de primera mano el privilegio de grabar en unos estudios con mucho nombre y con un propietario ilustre, los Kingsway Studios de Ian Gillan. Y que en el disco colaboraran músicos de talla internacional como Colin Towns, teclista de Gillan Band (suyos son los teclados en “Concierto para ellos”) o el saxo del mítico Mel Collins, quien en su currículum tiene colaboraciones con gente como Eric Clapton, Dire Straits o los Rolling Stones. Y no sólo eso, sino que el afamado saxofonista también participó en la gira de “Volumen Brutal” por toda España.

Vivimos con orgullo sus actuaciones en festivales internacionales, como los míticos Reading Rock y Heavy Sound Festival ’83 en Brujas, programados en excelente posición entre Uriah Heep y Gary Moore. Sacamos pecho cuando vimos las fotos de sus actuaciones en los míticos Marquee y Greyhound de Londres, donde subieron a cantar con ellos John Sloman (Uriah Heep) y Bruce Dickinson, recientemente aterrizado en Iron Maiden. O al ver los créditos del “Built to Destroy” de MSG para comprobar que el tema “Red Sky” estaba compuesto por Sherpa junto a Michael Schenker y Gary Barden.

La grabación de “Barón al Rojo Vivo” fue un acontecimiento para todos y supuso mi bautismo en directo con Barón Rojo. Un concierto que no fue de los mejores que les he visto pero que tuvo una importancia histórica brutal. Aquel día quizás estuvieron atenazados por la responsabilidad y, a pesar de que la producción estuvo a cargo del mítico Chris Tsangarides, el resultado no fue tan bueno como hubiéramos deseado. Sin embargo, en las decenas de veces que les he visto en directo con casi todas sus formaciones, hay algunas que están grabadas a fuego en mi memoria. La mejor de ellas, posiblemente, la presentación de “En un Lugar de la Marcha” en el ya desaparecido Rockódromo de la Casa de Campo en Madrid.

También vivimos el declive que, contrariamente a lo que muchos creen, comenzó antes de la ruptura de la formación original. Antes de la traumática salida de Sherpa y Hermes, habíamos notado la cuesta abajo con discos que no hacían honor a su trayectoria anterior. Si consideramos “En un lugar de la Marcha” como el último disco del que sentirse orgullosos, podríamos ampliar a “Tierra de nadie” su época gloriosa, aunque sólo sea por el excelso tema que le daba título. A partir de ahí, nunca volvieron a su mejor nivel. Ni “No va más” ni “Obstinato” lograron enganchar a sus seguidores. Después, la ruptura poco amistosa con Sherpa y Hermes dio lugar a multitud de formaciones con buenos músicos pero que nunca hicieron olvidar a los originales, incluida una efímera formación en quinteto con un cantante solista (Maxi Rodríguez, ex Tritón) que no duró mucho.

Desde hace unos años la situación es casi dramática. Las decepciones se acumulan y son cada vez de mayor envergadura, tanto en disco como en directo, por lo que este final estaba cantado (nunca mejor dicho). En cada disco y en cada concierto se perdían seguidores, sin ganar ninguno, así que lo mejor es parar esta sangría y acabar con la mayor dignidad posible.

Espero que esta gira de despedida se organice bien y resulte mejor. Tenemos cerca la mala gestión de la reunión de 2009 que espero haya servido como experiencia. A todos nos gustaría una despedida por todo lo alto, viendo en el escenario a la mayor parte posible de antiguos miembros de la banda, incluidos los originales. No sé si será posible, pero esa es mi ilusión.

Sea como fuere, a pesar de los últimos años, siempre estaré agradecido a Barón Rojo por lo que ha significado en mi vida. Por llenarme de ilusión y hacerme sentir orgulloso de pertenecer a una generación que tuvo la suerte de vivir en primera persona la explosión del Heavy Metal en España.

Larga vida al Rock and Roll. Larga vida a Barón Rojo.

Santi Fernández “Shan Tee”