ARMANDO ROCK “AR II” (2018)

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Hace muchos años que el nombre de Armando de Castro está grabado con letras de oro en la historia del rock español. Armando pertenece a una generación inigualable de músicos que llevaron el nombre del ROCK a su más alto nivel en un país que nunca fue proclive a este tipo de música. Todos ellos nos llenaron de ilusión y consiguieron que muchos de nosotros nos engancháramos a esto de por vida.

Como de todos es sabido, después de un efímero paso por una de las alineaciones prehistóricas de Asfalto y su más reconocida etapa con Coz, fundó Barón Rojo junto a su hermano Carlos, Sherpa y Hermes Calabria. Y con ellos creó la leyenda, un grupo que marcó el modelo a seguir por los grupos venideros.

Hace tiempo que Barón Rojo está de capa caída, es innegable. No voy a ahondar en este tema porque no es el momento ni el lugar, pero lo cierto es que este proyecto en solitario llamado Armando Rock es algo que le rondaba por la cabeza al menor de los De Castro desde hace mucho tiempo. Finalmente, hace un par de años Armando decidió cristalizar este proyecto, grabando un disco, “AR I”, en el que se acompañó de músicos desconocidos o semi-desconocidos del panorama nacional como Vanessa Gallego (voz), Carolina Blanco (bajo) y Juan Pedro Lorite (batería).

Aquel disco no cumplió las expectativas que deberían esperarse de un proyecto con el pedigrí de su autor. Ni la calidad de los temas, ni la interpretación ni el sonido convencieron a nadie, siendo una dolorosa decepción para la gran mayoría que dimos una oportunidad a aquel trabajo.

Dos años después, Armando Rock se presenta con ilusión renovada en un nuevo intento porque su proyecto en solitario consiga consolidarse. Para ello, Armando ha decidido dar un vuelco a la banda que le acompaña, la cual ha cambiado por completo. En este “AR II”, Armando ya no se rodea de músicos amateur, sino que ha elegido una nómina de pesos pesados que, al menos, garantizan la calidad en la interpretación.

Como cantante, Manuel Escudero, conocido vocalista cordobés recordado sobre todo por su estancia en Sacramento y la militancia en Ago, su grupo de toda la vida, además de mucho tiempo como vocalista de apoyo en Medina Azahara. Un gran cantante de voz potente, con mucha fuerza y experiencia. Para la base rítmica, Armando no ha ido a buscar muy lejos: Rafa Díaz, al que conocimos en su etapa en Easy Rider, lleva siendo batería de Barón Rojo desde hace 12 años. Y aunque Ángel Arias ya no pertenezca a “los Barones”, es el bajista que más tiempo ha pertenecido a la banda del rojo avión, en diferentes etapas, y al que la ruptura de Atlas le ha permitido incorporarse a este nuevo proyecto.

Lo cierto es que lo primero que se nos viene a la cabeza es “con esta formación parecen Barón Rojo 2ª Parte”. Y no nos faltaría razón. Con tres cuartas partes vinculadas a la banda madre, sólo la presencia vocal de Manuel Escudero en lugar de Carlos de Castro marca la diferencia, habida cuenta que la mayoría de las guitarras en los últimos discos de Barón Rojo han sido grabadas por Armando. Para aumentar aún más las similitudes, Armando también incluye su voz en el disco, a pesar de tener aquí un cantante solista, alternándose con la de Manuel Escudero.

Aun así, este es un proyecto diferente y como tal lo debemos tratar. Y mejor aún si consideramos prescindible aquel “AR I” y nos tomamos esta segunda entrega como un renacer del proyecto, algo que debe ser juzgado por sí solo.

¿Y cuál es el veredicto? Pues que sin ser un disco que vaya a marcar la historia, supera con creces tanto a su predecesor como a las últimas entregas en estudio de los propios Barón Rojo. Como he dicho anteriormente, la calidad de estos músicos está contrastada, incluyendo en ello al propio Armando de Castro, quien sigue con la misma frescura y el mismo feeling a la guitarra. La receta podrá ser mejor o peor, pero si los ingredientes son de primera calidad, ya es una garantía, y así lo demuestran en cada corte.

Las composiciones que descubrimos al pinchar el disco muestran a las claras sus evidentes influencias. Por un lado, esto suena bastante al estilo de los Barón Rojo del siglo XXI, cosa lógica si pensamos que la mayoría de los temas de los Barones también están firmados por Armando de Castro. Y, por otro lado, también se muestran las innegables referencias a los grandes clásicos que marcaron el camino de Armando para dedicarse a ser guitarrista de rock. Lejos de esconder estas influencias, se exhiben con orgullo en títulos como “Una de Zeppelin” y “Enhendrix”, sendos homenajes a estas dos leyendas, en los que Armando Rock recoge de forma fiel y sin complejos el estilo tributado en cada caso, musicalmente inspirados en la personalidad característica de cada uno de ellos y con unas letras alusivas al ascendente que le han causado en su vida musical.

El disco contiene varios cortes que superan a cualquier tema de los editados en aquel “AR I” y también a cualquiera que haya publicado Barón Rojo en los últimos años. Un buen ejemplo es “Carne de cañón”, que recupera una frescura que creíamos perdida, con una trepidante y contundente parte instrumental coronada por la gran interpretación vocal de Manuel Escudero y un gran solo de guitarra marca de la casa.

Algo parecido se puede decir de otros cortes como “Juego de necios”, “Rompiendo” o “Un planeta”, donde la banda muestra su gusto por el hard rock más clásico, composiciones enriquecidas por el buen hacer de los músicos que las interpretan.

El disco también tiene puntos flojos. Algunos de sus temas no han terminado de convencerme, como la balada “Sueños”, que me ha dejado un poco frío salvo por su excelente solo de guitarra. En su lugar me quedo con los aires añejos del medio tiempo “Muy duro”.

Sobre la presentación (art-work para los snobs), el CD tiene una bonita portada con un viejo tren entrando en una estación y un libreto con las letras de las canciones y los créditos, aunque para leerlos previamente haya que agenciarse una buena lupa de muchos aumentos.

Si aquel “AR I” fue un paso en falso, en esta segunda parte parece que Armando Rock ha sabido encaminar mejor su rumbo. Cierto es que no estamos ante un disco que nos vaya a cambiar la vida, pero al menos nos permite mantener (o recuperar, según el caso) la fe en una de las leyendas de nuestro rock.

Santi Fernández “Shan Tee”