Editorial Noviembre 2018 “El Nuevo Mundo”

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Circunstancias personales y laborales de mi vida me han dado la oportunidad de viajar a muchos países, una experiencia que sin duda me ha enriquecido y me ha permitido conocer de primera mano la cultura y la forma de vivir en otras partes del Globo. A diferencia de un viaje vacacional en el que te meten en el “pasillo” de los turistas para ver muchas cosas pero se trata poco con los habitantes del país que visitas, en el caso de los viajes de trabajo es todo lo contrario: apenas tienes tiempo para conocer los atractivos turísticos del país en cuestión pero, sin embargo, al trabajar codo con codo con sus habitantes, conoces más a fondo su idiosincrasia y su forma de ver la vida.

Entre esos países que he tenido oportunidad de conocer se encuentran varios de Latinoamérica. Mis estancias laborales, de más de un mes en cada caso, me sirvieron para conocer la cultura de cada país, eliminar prejuicios absurdos que se tienen a este lado del Charco y valorar todas las virtudes, que son muchas, de los habitantes de aquella parte del Mundo.

Lo primero que aprendes es que, a pesar de tener un idioma común, los países son diferentes y sus habitantes también. En España se suele tener la idea errónea de considerar esos países como un bloque cuando hay muchas diferencias entre ellos. Aquí conocemos las notables diferencias entre ingleses, suecos, alemanes o españoles. Pues allí pasa igual, poco tiene que ver el carácter de los mexicanos, argentinos, ecuatorianos o colombianos. Y a nivel de país, ocurre lo mismo.

Teniendo en cuenta estas diversidades, la sensación común al vivir allí unos meses es haber dado un salto en el tiempo, además de la distancia. Para bien y para mal, y en mayor o menor medida dependiendo del país del que se trate, la situación del país recuerda a la de España hace unas décadas, tanto en lo económico como en lo social.

Como esta es una web de rock, me voy a centrar en este asunto. Una de las cosas que más sorprende al europeo que llega allí es la pasión con que se vive la música. Mientras en la vieja Europa parece que estamos de vuelta de todo, allí sorprende la ilusión y las ganas con las que se acoge a cada grupo que visita sus ciudades y el ímpetu con el que se vuelcan con los grupos. Lo saben bien muchas de las bandas europeas que han conseguido cruzar el Atlántico para hacer una serie de conciertos en el continente americano. Fans que van a buscar al grupo al aeropuerto, gran asistencia a los conciertos a pesar de unos precios altos para la capacidad adquisitiva media y movilización general para cualquier actividad que el grupo programe durante su estancia. Y por supuesto, los conciertos se viven con un entusiasmo que aquí muchas veces se ha perdido.

En estos tiempos en los que internet ha eliminado las distancias, tanto en la web como en la radio recibimos muchas visitas desde Latinoamérica. Lectores, oyentes y grupos han encontrado en The Sentinel y otros medios similares una fuente de información y de conexión entre rockeros de ambos lados del Atlántico. No son pocos los grupos que nos mandan sus discos para sonar en nuestro programa y habitualmente recibimos feedbak desde aquel lugar del mundo sobre nuestros artículos en la web.

Siento cierta envidia sana. Nostalgia de cuando aquí se vivía la música con la misma pasión, con las mismas ganas. Cuando nos volcábamos en los discos, los conciertos y los músicos, sintiéndonos orgullosos de este movimiento, cuando eso de “ser heavy” era algo realmente especial.

No sé si esa sensación la recuperaremos. Ni si allende los mares habrá un momento en que ellos la perderán. Mientras eso sucede, estoy encantado de llegar al corazoncito rockero de aquella parte del mundo con la que tenemos tanto en común.

Texto: Santi Fernández “Shan Tee”

Fotos: Carlos Pulgarín / Chamber Fotos