Editorial Agosto 2018 “Reflexiones desde la tumbona”

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Escribo desde la playa esta reflexión mensual que me permite el editorial de la web, disfrutando de unas vacaciones que me están sirviendo para recargar pilas en todos los sentidos. Sé que no todo el mundo puede permitirse unos días en un entorno bonito y turístico, así que antes de nada vaya desde aquí mi apoyo y comprensión hacia aquellos cuya situación económica les obliga a quedarse en casa.

Estos días estoy liberando la mente de mis obligaciones laborales y también de la presión auto-impuesta que conlleva la web y el programa de radio. A veces, la vorágine de grupos, discos, novedades, conciertos, etc. impide que pueda disfrutar tranquilamente de la música de forma relajada. Aun así, siempre estoy maquinando cosas, nuevas ideas o mejoras para The Sentinel, ya que es una pasión que nunca me ha abandonado.

En medio de mis vacaciones, hace un par de noches estuve cenando con mi familia en un restaurante de una conocida franquicia, en la localidad malagueña de Marbella. En concreto, en un Fridays con terraza muy cerca de la playa. Me llamó la atención que en dicha terraza se estaba preparando la actuación de un grupo, contratado por el propio restaurante para uso y disfrute de los clientes de local, más los transeúntes que caminaban por la calle anexa. Como no podía ser de otra forma, pedí una mesa lo más cerca posible a la actuación, aún sin saber qué tipo de música iban a tocar.

Me encontré con una banda de versiones, algo bastante previsible. Y eran bastante buenos, sobre todo su cantante, una mujer de voz poderosa y versátil. Su repertorio, lleno de clásicos de Queen, Whitesnake, AC/DC, Guns ‘n Roses y Aerosmith encandilaba a una buena parte de comensales, quienes dejaban su cena para bailar y cantar cerca del grupo. Aquella visión me resultó reveladora por varios motivos:

El primero, pronto me di cuenta que la práctica totalidad de personas (15 ó 20) que cantaban y se divertían eran extranjeros. Los españoles que disfrutábamos con la actuación lo hacíamos de un modo mucho más pausado. También me fijé en que los comensales que ignoraban al grupo y se centraban en la cena eran, en su gran mayoría, españoles como yo pero que, viendo la expresión de sus caras, hubieran preferido un acompañamiento musical más pop, flamenco o simplemente más suave. O incluso sin música.

En segundo lugar, me puse en la piel de este grupo, cuyos músicos tenían un buen nivel, y vi cómo aprovechaban la oportunidad que les brinda el turismo para ganarse un dinero que, sin duda, no podrán obtener con un repertorio propio en un local de conciertos de la zona. Su indudable talento sólo les da réditos para hacer versiones en un restaurante para guiris.

A la vista de estos datos irrefutables, las conclusiones son claras:

• A pesar de que el rock entró en España hace décadas, siempre seremos una minoría. La mayor parte de la población prefiere otras opciones musicales, en caso de tenerlas.

• El público rockero nacional ha perdido, en un porcentaje alto, la pasión por la música. Cada vez es más habitual ver al público impasible ante un concierto, incluso de charla con los amigos, ignorando parte del concierto. Ver a estos turistas divertirse y dejarlo todo para disfrutar del pequeño concierto me dio envidia sana.

• Los grupos de versiones son una válvula de escape para que muchos buenos músicos no mueran de inanición. Desde aquí siempre apoyaremos a los grupos con temas propios, pero no podemos demonizar a quien se busca las habichuelas haciendo versiones.

• Además, los grupos de versiones son los más adecuados para cierto tipo de público. En el caso mencionado, tocando en un restaurante para turistas, o en las fiestas de un pueblo cuando la inmensa mayoría de los asistentes sólo va a por diversión, son terreno abonado para que ese público escuche los grandes clásicos de la historia del rock. Esos conciertos no son apropiados para que un grupo presente sus temas propios, porque los asistentes no habrán ido a verles a ellos, sino a divertirse sin más.

• Un grupo con temas propios debe tocar para quien haya ido expresamente a verles a ellos. Para eso, editar un disco y ser correctamente promocionado es primordial. Y por supuesto, ir creciendo concierto a concierto ofreciendo un buen directo, ya que el boca a boca es la mejor publicidad.

Deberíamos respetar a todo aquel que se sube a un escenario, por pequeño que sea. Todos ofrecen su talento y su trabajo para el disfrute del público. Sean mejores o peores, novatos o experimentados, su repertorio sea propio o ajeno, son lo que dan vida al rock. Si no lo hacemos nos habremos rendido definitivamente a la mayoría aplastante que nos acorrala.

Feliz verano

Santi Fernández “Shan Tee”