IGNIS ANIMA “Bajo el yugo del tiempo” (2017)

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Con un poco más de retraso del esperado, se reseña hoy para The Sentinel el primer álbum de Ignis Anima, lanzado en diciembre de 2017 y comentado para todos vosotros poco después de superar el ecuador de 2018.

En la hoja promo que nos remiten junto al disco (un cuidado digipak de diseño sencillo pero bello, acompañado de un robusto libreto de 18 páginas con foto central), Ignis Anima nos cuentan, entre otras cosas, que son una banda de power metal que se formó en el año 2012 (no son por tanto unos recién llegados) y que, una vez establecidos como cuarteto, sacaron su primera y hasta hoy única maqueta, “Albores de guerra” (y a la que volveré a referirme más adelante), en el año 2015. Creo que vale la pena mencionar el hecho de que fuese 2012 el año de nacimiento de una banda de power metal, ya que la época dorada del estilo en Europa, comprendida entre finales de los ‘90 y primeros ’00, quedaba ya un poco lejos, y me merece especial reconocimiento que hubiera interés por mantener activo un estilo que declinó, tal vez, víctima de una cierta saturación de patrones.

“Albores de guerra” ejemplificaba a la perfección alguna de las señas de identidad del estilo, básicamente en lo letrístico (Thor, el Valhalla y esa serie de cosas) aunque no tanto en lo musical. Es decir, Ignis Anima nos ofrecían en esa maqueta canciones de power metal con mucho de heavy metal. Con un sonido aceptable para tratarse de una primera demo y con algunas carencias (fundamentalmente en las labores vocales) que en muchísimos aspectos han quedado ampliamente resueltas en “Bajo el yugo del tiempo”.

Es fundamental en el enfoque de esta reseña señalar que, poco después de la edición de la maqueta, Ignis Anima pasó de ser cuarteto a ser sexteto. Adición que, visto lo escuchado, ha tenido una influencia determinante en la orientación musical de la banda. Lo fundamental no es en este caso pasar a ser seis miembros, tres de los cuales fuesen guitarristas como si de los Iron Maiden del siglo XXI se tratase, lo fundamental fue la incorporación del violín como elemento clave (casi diría que central) de las canciones de Ignis Anima y que tendrá una repercusión en la estructura de las nuevas canciones compuestas a partir de entonces y que acabarán formando parte del disco que The Sentinel reseña hoy.

¿Puede hacerse un disco de power metal donde el violín sea un elemento central alrededor del cual giren las canciones? Por supuesto. ¿Es entonces “Bajo el yugo del tiempo” un disco de power metal? No. No al menos desde mi punto de vista. O no al menos desde lo que yo entiendo como factores musicales definitorios del estilo que son, entre otros, la velocidad sustentada en el doble bombo y la melodía de las guitarras. Desde luego el disco tiene elementos de power metal, claro que sí, como los tiene de rock, de heavy y de folk (sí, ya lo sé, qué manía con llamar folk metal a todo lo que lleve violines) pero que nadie se espere oír aquí un disco de power metal al uso.

Más allá de si las canciones que llenan el disco se ubican en un estilo u otro, cabe destacar, por encima de todo, la increíble mejora del sonido que aquí consiguen respecto a “Albores de guerra”. El trabajo realizado en los Fireworks Studios de Valencia ha dado sus frutos, dando un sonido profesional, cuidado, al que se le nota el mimo y donde, quiero resaltar por la comparación que supone, la evolución de David Isidro a la voz es más que notable. La voz es el instrumento musical que más arriesga, que más se expone, y creo que su mejora merece una mención expresa en esta reseña. Todo en general suena mucho mejor.

Pero, ¿y las canciones, qué? Pues como siempre digo, para gustos, colores. Pero a mí las canciones de “Bajo el yugo del tiempo” no han logrado atraparme. Es un disco que se escucha agradablemente, que tiene sus puntos pero que no ha logrado engancharme. ¡Y no sabéis cuánto lo siento! A Ignis Anima se les nota trabajadores, con ambición y ganas de ofrecernos canciones interesantes y, cuando percibo eso, me sabe peor no disfrutar plenamente de un disco.

Antes me refería a la importancia clave que ha tenido la incorporación del violín en su evolución musical. Este elemento, en mi opinión, ha hecho perder puntos a este disco no por la incorporación de este instrumento de cuerda frotada en sí (¡por favor!), sino más bien por dos razones: La primera, es que su sonido es a veces tan agudo que me chirría, “me duele”. Y la segunda es su omnipresencia. No tanto por el porcentaje de tiempo en que suena el violín; es, más bien, porque sin duda hay momentos en los que no le toca aparecer. Hay pasajes de violín sustitutorios de la guitarra que deberían haber pertenecido a ésta. Sobre todo en lo referente al “momento solo”. Tengo la sensación de que había que dar protagonismo al violín sí o sí y esa “obligación” ha ido en detrimento de algunas canciones. Digo algunas porque, insisto, no tiene por qué ser negativa la presencia de este instrumento excelentemente ejecutado por Mercedes Olmeda, de hecho hay pasajes donde (como protagonista o complemento) enriquece las canciones y les da un toque muy interesante.

Pero como decía, yo me quedo con aquellas canciones donde las guitarras y el heavy metal mandan en “Bajo el yugo del tiempo”. Mi favorita, “No es sólo música”, donde a pesar de ese riff que huele demasiado a “Resistiré”, consiguen llamarme mucho más la atención con una letra, además, que consigue despertarme una media sonrisa nostálgica. “Tras la última frontera” es otro buen ejemplo de cómo la presencia del violín puede, con sus dosis de protagonismo, enriquecer determinadas canciones. Lamentablemente, en los créditos del libreto no se indica a los autores de cada una de las canciones y me quedo con las ganas de saber qué influencia ha tenido cada uno de ellos en la composición de la música. Vuelvo a insistir en que me gustan bastante menos (simplificando) aquellas canciones en las que percibo que la base musical que ha terminado convirtiéndose en canción, nace a partir de una melodía inicial de violín que aquellas “pensadas” a partir de un riff de guitarra.

Cierran con un bonus que es otro buen ejemplo de esto que describo a lo largo de buena parte de la reseña. “Arde el Valhalla” es una canción perteneciente a su maqueta de 2015 que han regrabado para la ocasión. Esta nueva versión me gusta muchísimo más que la anterior, no solamente porque le acompaña el excelente sonido que conforma todo el disco en su conjunto, sino también porque en este caso el violín enriquece sobremanera el resultado final. Una canción compuesta cuando probablemente el violín no estaba aún en las cabezas del cuarteto de dos guitarras que fue Ignis Anima, pensada y compuesta a partir de unos riffs de guitarra y en cuya versión actual el violín encaja como anillo al dedo.

Es este, terminando ya, un trabajo con muchos factores acertados, mucho mejor en general que el que nos ofrecían en “Albores de guerra”, pero demasiado dependiente del violín. Si en su próximo trabajo (que seguro llega) son capaces de conjugar mejor la presencia del violín con el protagonismo que en el heavy metal (o el power metal) debe tener el riff de guitarra, me habrán ganado para ellos.

Jebimetal