RATA BLANCA – Jueves 9 de octubre de 2003, Sala Stereo (Alicante)

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El fin de semana se nos presentaba completito a los que gustamos de exprimir al máximo esto del rock en sus diferentes acepciones: desde el Hard Rock 70’s / Heavy Metal 80’s de Rata Blanca hasta el Hardcore / Emo-Crust de Madame Germen, pasando por el Metal contemporáneo de los rejuvenecidos Aspid y las corrientes más extremas del género con el evolucionado Death Metal de Hypocrisy y el Black-Pop de los afamados Dimmu Borgir. Al toro por los cuernos.

Sin embargo he de reconocer que de toda la agenda conciertil me atraía especialmente la cita del jueves con los argentinos Rata Blanca, no sé si por el buen momento que atraviesan actualmente (¿el mejor de su carrera?), por haber desperdiciado las oportunidades de verlos hasta la fecha (con excusa, eso sí) o simplemente por eso de que la cabra tira al monte. El caso es que Walter Giardino, Adrián Barilari y cía. pasaban por Alicante, y esta vez no había excusa.

A eso de las once y diez de la noche, una hora después de lo previsto (aquí es cuando me meto con la organización), saltaban a escena con un potente “Sólo para amarte”, que debido a la algarabía inicial y a los ajustes pertinentes en la mesa no disfrutamos como debiéramos. El público por su parte de lo más pintoresco: por un lado un importante sector argentino (con su bandera y todo, ¡¿?!), que no pararon de animar durante todo el concierto e incluso de colmar con elogios a los componentes del grupo (y dicen que los españoles); por otro un amplísimo sector juvenil, que por un lado se agradece por eso del relevo generacional, pero que por otro da qué pensar (¿y nuestra quinta? Lo sé, era jueves… pero yo tampoco hacía puente).

“Días duros”, “La canción del guerrero” o el single “Volviendo a casa” ya sonaron como tenían que sonar (al menos en la Stereo), con unos Barilari y Giardiano erigiéndose cuales David y Goliath en escena respectivamente (la descomunal altura del guitarrista empequeñece aún más al bueno de Adrián), aunque en términos de técnica contra fuerza se podrían invertir los valores perfectamente (menudo vozarrón tiene el amigo). Pero…

…todo lo bueno tiene su “pero”, y tratándose de un grupo en el que la batuta la lleva un incondicional de Yngwie J. Malmsteen y Ritchie Blackmore ya os podéis imaginar: entre 15 y 20 minutos de ‘suite’ que se marcó el hacha de las seis cuerdas, que si bien en un principio sirve para que el respetable babee a gusto, acaba por hastiar al más pintado (pasa como con los buenos manjares, si te pasas repite). Además, si ello ocasiona que se queden en el tintero cosas como “El amo del camino”, “Sinfonía fantástica” o “Cuando la luz oscurece”, más que una falta se puede considerar delito (¿no están las demostraciones ya en los temas?).

Con todo y con eso es de agradecer que al menos se controle el egocentrismo, y que tanto Guillermo Sánchez (bajo) como Hugo Bistolfi (teclados) y Fernando Scarcella (batería) demuestren que si están ahí es por algo, acompañando como procede (los dos primeros) y demostrando muy buenas maneras (el segundo).

Ya con Adrián de vuelta a escena -y para compensar esas luengas caras detrás de tanto alarde- atacan con una fugaz “En nombre de Dios” (ese Yngwie a tope…) y con una barroca y hammond-era “Caballo salvaje” (…y Blackmore también, cómo no), una de las más resultonas de la noche (qué inicio!). “Chico callejero” ya devuelve la sonrisa general, y la tripleta final con “Guerrero del Arco Iris”, la siempre esbelta “Mujer amante” (¿la mejor balada de todos los tiempos?) o la clásica e inevitable “La Leyenda del Hada y el Mago” nos hace olvidar el lapsus intermedio y echar mano de faltiquera (apoteósico).

Algo más de hora y media y grandes dosis de satisfacción en el ambiente, tanto por constatar la buena forma actual del combo argentino como por el buen rollo en líneas generales. Ni corto ni perezoso me dejo caer por el puesto de merchandising para llevarme un recuerdo de la gira en forma de camiseta, ya que entrada no tenía (gracias a Maite por la invitación y por su interés), y de paso una copia de aquel fantástico EP llamado “El Libro Oculto”, que fue con el que los descubrí y que ya tardaba en tener original.

Sólo una cosa más para Latinoamérica… ¡os los cambiamos por Ángeles!

Texto: Bubba