JUDAS PRIEST “Firepower” (2018)

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Judas Priest SON el Heavy Metal. Si bien se suele conceder el mérito de su creación a Black Sabbath, sus vecinos de Birmingham, no hay grupo que represente de forma tan clara al heavy metal como los Judas.

Evidentemente, cuatro décadas y media de carrera dan para mucho. En este tiempo Judas Priest ha editado discos mejores y peores, incluyendo algunos trabajos míticos que han quedado para la historia del Heavy Metal. También han variado el estilo en una evolución acorde a los tiempos y a la inspiración de sus miembros en cada momento. Con 18 discos de estudio a sus espaldas, lo raro hubiera sido lo contrario.

La vuelta de Rob Halford al grupo les devolvió la grandeza que en cierta manera había perdido con Ripper Owens como vocalista. Sin embargo, sus trabajos de estudio no habían conseguido enganchar a sus seguidores de igual forma que sus grandes clásicos. Si bien “Reedemer of Souls” (2014) había mostrado la vuelta al buen camino, “Angel of Retribucion” (2005) y “Nostradamus” (2008) eran discos algo áridos y quizás demasiado profundos, adoleciendo de falta de frescura, algo que era asumido por los fans más incondicionales pero que provocó cierto grado de rechazo en el resto de seguidores de la banda.

En estas estábamos cuando ha aparecido “Firepower”, un disco brillante que les devuelve al primer plano. Tanto es así que si no miramos las fotos actuales del grupo, pareciera que Judas Priest se han sumergido en el pozo de la eterna juventud. Este nuevo disco destroza los lamentos anteriores y pone a la banda de nuevo en primera fila del heavy metal mundial. Un disco en la línea de grandes clásicos de los ’80 como “British Steel” (1980) o “Screaming for Vengeance” (1982), ambos producidos por Tom Allom, quien ha cogido de nuevo las riendas de la grabación. Y se nota.

Con Ian Hill (bajo) como único miembro fundador de la banda y Scott Travis asentado en la batería desde 1989, todo el peso de la composición ha recaído en Rob Halford, Glenn Tipton y Richie Faulkner, ya plenamente integrado tras el difícil reto de sustituir a K.K. Downing. El resultado es un soplo de aire fresco en la carrera de Judas Priest. Atrás queda la oscuridad, los discos conceptuales y los experimentos con temas largos y profundos. “Firepower” es un rifle de repetición que efectúa 14 disparos en forma de 14 temas en la mejor línea de la banda.

Consciente del estado de la voz a sus 66 años, las líneas vocales de los temas huyen de los agudos imposibles. A pesar de perder una de sus señas de identidad, nos encontramos con un Halford que canta realmente bien, modulando a la perfección las melodías bien construidas de los temas, poco exigentes en el plano físico pero escritas con buen gusto. Sorprendentemente para los que hemos visto a Rob Halford sufrir en el escenario los últimos años, la voz es uno de los elementos destacados en este disco.

Como corresponde a los mejores discos de Judas Priest, las guitarras son afiladas, los riffs precisos y rotundos, y los solos vigorosos y certeros. El trabajo de Glenn Tipton y Richie Faulkner es espectacular, siendo responsables de gran parte de las buenas sensaciones que produce el disco. Finalmente, la base rítmica tiene toda la fuerza necesaria para que los temas sean puro heavy metal, con mención especial a Scott Travis, cuyo trabajo a la batería es inconmensurable.

El disco comienza con dos cañonazos como “Firepower” y “Lightning Strike” que consiguen engancharnos por completo. Dos cortes enérgicos, frescos y contundentes que muestran que los mejores Priest están de vuelta. A partir de ese momento ya somos presos de un disco sin temas de relleno, ya que todos ellos tienen algo que aportar. Predominan los temas pesados, donde el adjetivo “heavy” se muestra más presente, como en “Evil Never Dies”, “Spectre”, “Lone Wolf” o “Children Of The Sun”, que cuenta además con una suave parte intermedia marca de la casa.

Por supuesto, también tenemos temas más cañeros y rápidos, con reminiscencias ochenteras, como “Necromancer”, “Flame Thrower” y “No Surrender”, que bien podrían haber sido rescatadas de las sesiones de “Ram it down”, “British Steel” y “Turbo”, respectivamente.

En el otro lado de la balanza, la parte más tierna y melancólica se muestra en la balada final “Sea Of Red”, que comienza muy suave para ir in crescendo, ganando intensidad a medida que el tema se desarrolla. Preciosa también es “Guardians”, introducción a piano y orquesta de uno de los mejores temas del disco: “Rising from Ruins”.

Quizás este nuevo disco no llegue a las obras maestras clásicas de Judas Priest. Esos tiempos gloriosos no volverán, pero tiene mucho mérito que en el ocaso de su carrera (giras de despedida de fogueo incluidas), hayan conseguido que “Firepower” le de sopas con honda a la mitad de su discografía.

Hace pocos meses, el guitarrista Glenn Tipton informó que padece la enfermedad de Parkinson, por lo que no participará en la gira del disco, poniendo en serias dudas su permanencia en el seno de la banda para el futuro. En esta gira será reemplazado por el productor y guitarrista Andy Sneap.

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Santi Fernández “Shan Tee”