TIERRA SANTA + ADGAR – Viernes 19 de marzo de 2004, sala Génesis (Almería)

¡ Comparte esta noticia !

Gusten o no, innoven o no innoven, se repitan o no se repitan… los riojanos Tierra Santa se han hecho con un puesto de honor en el panorama hispano del Heavy Metal y son uno de los grupos más reconocidos fuera de nuestras fronteras. De hecho, este concierto era el retorno (después de haber suspendido los conciertos de Salamanca y Castellón en señal de condolencia por el atentado del día 11 de Marzo) de su gira por nuestro país, tras un tour de quince fechas por algunos países de Europa (Italia, Chequia, Alemania, Austria y Holanda) durante los últimos días de Febrero y primeros días de marzo junto a los madrileños Easy Rider. Y no era la primera vez que los de tierras de buen vino estaban por el viejo continente.

El grupo que había acompañado a los de La Rioja en sus anteriores actuaciones por el país, Rivendel Lords, dejaban de acompañarles en este periplo, ya que se encontraban sin batería. Una semana antes, la compañía Santo Grial nos informaba de los sustitutos de los asturianos, otra formación del norte del país, en concreto de la localidad de Santoña (Cantabria), ADGAR. De la cual sólo sabíamos que habían grabado su inminente disco de debut en los Rock Estudios de Bilbao junto al productor Carlos Creator.

Cuando gran número de chavales jóvenes se agolpaban en las primeras filas pegados al escenario y faltando cinco minutos para las 23 h., aparecían tres componentes: Israel López (batería), Roberto Sanz (bajo) y Javier Ochoantesana (guitarra y coros), siendo el último en bajar a la tablas el cantante Ángel Rubin (¿dónde se quedó el otro guitarrista, Armando de Pablo?). Hicieron dos canciones seguidas, supongo que pertenecientes a su primer disco, y ya desde el comienzo del primer tema (con alaridos del vocalista), la gente volcada con el grupo, a pesar de ser desconocidos tema(s) y grupo. Pero la masa tenía hambre de Heavy Metal y no fue impedimento que el sonido fuera pésimo, sólo se oía una bola de ruido y entre eso pude apreciar que la música era Power Metal europeo a toda pastilla.

Para el tercer tema Ángel se despojó de su camisa blanca para quedarse en camiseta negra sin mangas y comenzar su bochornosa actuación. El sonido seguía siendo horrible, no se oía ni la voz cuando se dirigía al público, ¿o no podía articular apenas palabra alguna el vocalista?, que iba en un estado lamentable, totalmente ciego, llegando a golpearse con la pala del bajista.

El guitarrista, echaba un capote al vocalista que apenas podía entenderse lo que balbuceaba, informándonos que el próximo jueves 25 se editaba su disco, “Más allá del sol”. “Como una estrella” (único título que pude captar y que además de ser incluido en su disco formaba parte de una de sus maquetas con igual título) fue dedicada a las mujeres que sufren, llevándose el seis cuerdas la guitarra a la boca y tocar o no tocar (no se veía) con los dientes, además de poner posturas a lo guitar-hero que las continúo en su solo de guitarra con extractos de piezas de música clásica (como el “Para Elisa”, si la mente ni mis anotaciones fallan), al más puro estilo Yngwie Malmsteen, y es que el sueco, creo yo, es la gran inspiración del joven Javi (con camisa blanca con volantes).

Después de la demostración del guitarrista (que digo yo que mejor hubiese estado un tema del grupo, aunque viendo lo visto… el solo fue una de las pocas cosas destacables) Ángel se echaba más tierra sobre sí pegando un grito con gallo incluido, (¿qué pensarían durante la actuación sus compañeros de grupo?, el bajista estaba bien serio), preámbulo de otro tema del cuarteto (al menos esa noche) en el que la voz no se oía nada, pareciendo que al de la mesa de mezclas le habían dado el diploma en un cursillo acelerado de unas pocas horas. El guitarrista nos pedía disculpas por el sonido, también lo debería haber hecho por la lamentable actuación de su compañero que comenzó a capella la versión de “Maldito sea tu nombre” (Ángeles del Infierno) y que la gente que se arremolinaba frente al escenario parecía que no conocían, ya que apenas seguían la letra. Se echó de menos otra guitarra a la hora del solo, concluyendo con un grito final desagradable este histórico tema. Para olvidar la versión, y el cantante ni corto ni perezoso pegándose un baño de masas lanzándose al público. Terminando así a las 23.34 h. la actuación para olvidar de los cántabros.

Me consta que llevan ya bastantes conciertos a cuestas estos chicos y espero que esto sólo fuera una mala noche de Ángel Rubin que se excedió con alguna bebida o sustancia. No sé a otra gente que los vio, pero a mi se me quitaron las ganas de escuchar el disco y prestarles atención. Ellos sabrán si tomarse esto como un juego o conseguir algo en el difícil mundo de la música.

Acercándonos a la media noche Iñaki ocupaba su puesto tras los tambores, saliendo instantes después los otros tres compañeros de grupo y el teclista Mikel. La gente se vuelve loca con “Pegaso”, alzando los puños, cantando y moviendo sus cabezas, como así fue durante todo el concierto. A Ángel lo apoyaba en coros el otro hacha, Arturo. Después de un rápido y breve “¡Buenas noches!”, seguían con “Alas de fuego”, dándome cuenta de la utilización de reverb en la voz del vocalista. La peña cantaba con pasión, sin importarles el sonido, que lograba una vez más que nos acordásemos de ese pedazo de “master” que haría el de la mesa de mezclas.

Con sólo dos temas la gente estaba en el bolsillo, gritando el nombre del grupo al unísono. “La ciudad secreta”, fue una sorpresa, y digo esto porque fue la única variación respecto a su reciente disco, el doble directo “Las mil y una noches”, que fue desgranado casi íntegro en el mismo orden (faltaron “Tierra Santa” y “Mi tierra”, hacia el final).

Si Ángel es poco hablador en las entrevistas en directo tampoco se explaya mucho, presenta algunos temas escuetamente y de carrerilla, como si tuviera las presentaciones memorizadas y soltara cual escolar la lección. Así lo hizo, entre otros, con “Hamlet”. La gente acompañó con palmas durante el solo de guitarra de “Sodoma y Gomorra”.

Con “Sangre de reyes”, mejoró el sonido algo, continuando la gente cantando sus letras y trayendo una vez más a nuestras cabezas las influencias de las melodías de Iron Maiden en el grupo. Sin embargo no todas las composiciones (la mayoría sí) suenan a los británicos, el inicio de “Indomable” me recordó a Judas Priest. Uno a estas alturas de concierto se planteaba si el mal sonido era culpa del avispado de la mesa de mezclas o de alguna mala conexión de un cable (como me dijo mi amigo Rober “Pitman”), puesto que durante la parte instrumental y solo se escuchó con potencia el canal izquierdo, sonando así en estero, fue visto y no visto (en este caso escuchado y no escuchado).

Aires “Maidenmanescos” con “La momia”, recordando que las teclas sólo se habían escuchado al inicio de la actuación nada más, y volvían a escucharse al final de esta canción. Cánticos de la gente durante el tema.

Aquello sónicamente era insufrible, el sonido iba y venía por el canal izquierdo, daba igual, la gente seguía acompañando con sus voces en “Juana de Arco”.

Hacían seguidas “El canto de las sirenas” y “Las Walkirias” y dedicaban la emotiva “Una juventud perdida” a la madres, sacando algunos los mecheros y haciendo palmas en la parte instrumental. Sin parar enlazaron a “Tierras de leyenda” revolucionando al público.

Iban acabando, las últimas antes del bis fueron: “La sombra de la bestia”, con solo de guitarra de Ángel (que yo recuerde más activo en escena que en otras ocasiones en que los había visto), como en la mayoría de veces. El inicio de “El laberinto del Minotauro” me trajo a mi cabeza a Ozzy Osbourne. De carrerilla presentaba “El bastón del diablo” unida a “Drácula” y tras esta y cerca de las 1.10 h. se retiraban y subían todos las escaleras, pero el baterista se quedaba tras sus tambores, así que algo más iban a tocar y la gente así lo pedía. Al instante vuelven y Ángel comenta algo de un poema del Romanticismo… “La canción del pirata”, uno de los temas más pedidos del grupo, pero que poca gente se acuerda que la primera adaptación en nuestro Rock del poema de Espronceda la hicieron los desaparecidos gallegos Lancelot. Había que reir por tal de no llorar, porque el sonido seguía haciendo de las suyas.

El punto final lo pusieron con “Legendario” y será de un grato recuerdo para el chaval que se subió al escenario y sin molestar ni entorpecer y lleno de ilusión cantó junto al grupo. Hacia el final el bajista Roberto dejó su parcela de toda la noche y se fue hacia el lado del guitarrista Arturo. Sobre las 01.22 h. se despedían entre gran ovación con un “¡somos Tierra Santa, hasta siempre!”

Dejando aparte los comentarios sobre el sonido (el peor concierto que ha sonado de todos los que he visto en esa sala), los riojanos suenan compactos y tienen grandes seguidores que se contentan con vociferar sus sencillas letras y seguir sus ritmos básicos de Heavy Metal. A mi me resultan cansinos, pero es sólo una opinión y cuestión de gustos.

Texto: Starbreaker

Fotos: Wsnake (una semana y un día antes de su enlace matrimonial)