NATRIBU “Acorán” (2017)

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En el momento en que me dispongo a escribir estas líneas, estamos en plena celebración del Día de la Mujer, 8 de marzo. Ahora mismo, millones de mujeres en el mundo y miles de ellas en España, están en las calles manifestándose y exigiendo una igualdad efectiva y real que va mucho más allá de la igualdad legalista ya recogida en la Constitución. Nuestra sociedad es machista. Los hombres somos machistas, incluso aquellos que no nos sentimos reconocidos bajo tal apelativo. La sociedad en la que vivimos, de “valores occidentales” está construida por y para los hombres, con los privilegios intrínsecos que ello conlleva y que, de tan naturalizados, cuesta percibirlos. Las mujeres, por el hecho de serlo, lo tienen más difícil que nosotros los hombres. Si el origen social (el de cuna) de cada individuo conlleva que la línea de salida en la carrera de la vida no esté en el mismo lugar para todos, las mujeres deben cargar con la piedra de género que, inevitablemente, pesa y provoca que el acceso a la igualdad de oportunidades sea bastante más complicada. Hemos avanzado mucho, sí, pero nos queda todavía más de la mitad del camino por recorrer. Uno de los ámbitos en los que la presencia de la mujer protagonista y empoderada ha ido avanzando lentamente, es el del rock. Afortunadamente, no es lo mismo ser “la” cantante hoy que en los años ochenta. No es lo mismo ser Azuzena que ser Chapi Solla. A pesar de que podamos señalar como un hecho positivo que cada vez haya más mujeres a la voz (o en otras funciones) dentro de nuestro rollo, el verdadero notición será que, simplemente, esa presencia deje de ser algo a destacar porque, simplemente, sea tan natural como que en un grupo heavy se combinen los pelos largos con los cortos.

Natribu, estoy convencido, están contribuyendo con su granito de arena a esta normalización. “Acorán” es ya su cuarto CD, que se dice pronto, con 2 LPs y un EP ya a sus espaldas antes de éste que hoy se reseña para The Sentinel. Como decía, Natribu contribuyen a la causa feminista no tanto porque un rol tan destacado como el de cantante lo ocupe una mujer, sino porque a lo largo de toda su trayectoria, las letras de sus canciones están repletas de denuncia, protesta y de crítica a lo más casposo de nuestra estructura social, haciendo especial hincapié, precisamente, en el pensamiento conservador y en la violencia contra la mujer.

Aunque en “Acorán” apreciamos una evolución tanto musical como letrística, en lo fundamental seguimos oliendo la marca Natribu de siempre. La evolución letrística está, no tanto en las temáticas en sí, sino en la forma de tratarlas. En sus primeros trabajos, éstas eran quizás más explícitas, más directas, y, aunque en “Acorán” sigue habiendo de esto en temas como “Respirar”, “Borbones y verbenas” o “No tiene piedad”, en este último trabajo encontramos también enfoques más indirectos, poéticos, mitológicos si se quiere, donde el mensaje está implícito aunque no se mencione exprofeso. “Acorán”, la que da título al disco, es una de ellas.

Musicalmente, “Acorán” conserva el buen sonido que ya lograron con “Frágil”, su anterior EP de 2015, y está a años luz de “Camino”, su debut de 2012. Hay sin embargo algo que me gustaría señalar: A pesar de que la presencia del teclado es cada vez mayor, siendo muy protagonista incluso en temas como “Decir adiós”, no encuentro en el libreto ninguna referencia a quién es la persona encargada de esa función, y eso me pone en alerta. Aunque no he tenido la suerte de ver aún en directo a Natribu, me pregunto si llevarán en los directos a alguien que se encargue de esa tarea o irá todo pregrabado. Pensando en eso, me vienen a la cabeza Guadaña, otro de los grupos en cartera de Duque Producciones y a quienes sí he disfrutado en directo ya un par de veces. La cuestión es que también Guadaña en su último trabajo metieron mucho más teclado y sintetizador que en anteriores ocasiones. En concierto, todo eso iba pregrabado y, qué queréis que os diga, desde mi punto de vista, eso hace que el directo… salga perjudicado, pierda frescura y sea, en definitiva, “menos directo”. Espero tener ocasión de ver pronto a Natribu en los escenarios barceloneses y despejar esa duda. No sólo en Natribu, de un tiempo a esta parte, percibo que los teclados superan su labor de colchón en las grabaciones de estudio, cobrando un protagonismo en grupos “sin teclista” que puede suponer pagar el precio de la desnaturalización de lo que, se supone, es un directo.

Por rompedor, quiero volver con una canción que he mencionado antes, “Borbones y verbenas”. Es destacable básicamente por dos motivos: El primero es que, musicalmente, supone un giro estilístico notable, siendo un tema muy cañero pero, a su vez, alejado de lo que sería el heavy tradicional, más cercano, quizás, a sonoridades “nu metaleras”. Lo segundo es que la batuta vocal no recae aquí en Chapi sino en un hombre. ¿Quién? No lo sé, no se indica en ningún lugar del libreto de “Acorán”. Más allá del detalle de quién protagoniza el cante en ese tema, lo que me pregunto es si podría esta canción darnos una pista de la posible evolución musical de Natribu de cara a sus próximos trabajos. Yo personalmente prefiero “lo de siempre”, soy conservador en este aspecto pero, por supuesto, Natribu deberán llevar su carrera musical por los caminos que ellos consideren conveniente.

“Acorán” se cierra con dos bonus: Volvemos a escuchar aquí “Sueños rotos” y “No tiene piedad”, esta vez con la participación a la voz de Alberto Symon de Nocturnia y de Pedro Guijarro de Regresión. Como bonus están bien, son eso, extras que enriquecen el trabajo en su conjunto a pesar de que me ha parecido que Pedro Guijarro no ha estado especialmente inspirado con la afinación en esta colaboración. Hay un tercer bonus, por decirlo así, que es el “Cuento de Acorán”. Personalmente, no me aporta nada más allá de la curiosidad que supone “descubrir” el que, tal vez, sea el origen del nombre del grupo, ya que en el cuento se refieren a Natribu como una pequeña isla de pescadores.

En fin, es “Acorán” un trabajo que, a pesar de no engancharme como sí lo hicieran “Tiempo de cambios” o “Frágil”, tiene elementos interesantes. Me huele a disco de transición hacia nuevos caminos musicales y, sin duda, estaré atento a lo que tenga que llegar en sus discos venideros.

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