JUDAS PRIEST + BARÓN ROJO – Martes 12 de abril de 2005, Palacio de Vistalegre (Madrid)

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Judas Priest con Rob Halford. La Leyenda. Tras 15 años de ausencia, el Metal God vuelve al redil, algo que todos sabíamos que tarde o temprano iba a suceder. Todas las especulaciones sobre el rendimiento de esta clásica formación en este 2005 empezaron a aclararse tras la publicación de “Angel of Retribution” un disco en el que recuperaban los gustos del Heavy Metal clásico y que dejaba más que satisfecho a gran parte de la parroquia, aún admitiendo algunos altibajos en las composiciones.

Había llegado la hora de comprobar en vivo y en directo hasta qué punto Judas Priest sigue siendo lo que eran. La parte española de la gira empezaba en Madrid, y evidentemente no nos lo quisimos perder.

Unas semanas antes de la fecha se supo que el grupo que iba a abrir el concierto iba a ser nada menos que Barón Rojo, aumentando el sabor clásico de la cita. En esta ocasión, y aún a sabiendas de que su posición de teloneros les iba a restar protagonismo, teníamos el aliciente de ver de nuevo tras los tambores a Joey Martos, que recientemente sustituyó a Vale Rodríguez en la formación madrileña. El currículo de Martos es bien conocido para los más viejos del lugar por haber formado en Niágara y, cómo no, su paso por estos mismos Barón Rojo en una etapa anterior.

Un vistazo a la web del promotor y la primera sorpresa: Barón Rojo saldrá a las 19:45. Teniendo en cuenta que el concierto es un día laborable, que Vistalegre está en la otra punta de la ciudad y el caótico tráfico de Madrid en horas punta (sobre todo desde que al alcalde le ha dado por buscar el tesoro), pensé que la solución más rápida es hacer uso del Metro e intentar llegar lo más pronto posible.

Conseguí llegar a las inmediaciones de Vistalegre justo a las 19:40 h., hora marcada para el inicio, pero un escándalo dentro del Palacio me hizo comprender que Barón Rojo ya había comenzado su set.

Mientras accedía al recinto y buscaba una ubicación favorable, Barón Rojo ya estaban con “Los Rockeros van al Infierno”. Ignoro cuanto tiempo llevaban sobre el escenario, pero estaba claro que la mayoría de público estaba por llegar aún. El sonido no era bueno. Mucho volumen y poca definición que, al estar el Palacio semi-vacío, se encontraba con los rebotes del cemento desnudo.

Cuando conseguí plantar mi trasero en la grada, empecé a prestar algo más de atención a lo que ocurría sobre el escenario. Y no era otra cosa que “Son como hormigas”, otro más de los clásicos con los que Barón Rojo conforma sus actuaciones.

Nunca me cansaré de alabar las ganas con que Barón acomete cada actuación. Ya no son unos críos, y tienen un bagaje considerable, y ahí estaban, asumiendo hoy su función de teloneros con todo el ímpetu de unos recién llegados. Porque Barón salió a comerse el escenario. La inclusión de Joey Martos es todo un acierto, es un batería de mayor pegada y contundencia, y también es más versátil. Vamos, que la banda ha ganado muchos enteros con su participación.

La canción más “joven” de las que pude oír al cuarteto fue “Cueste lo que cueste”, alargada en su parte intermedia y fusionada con “Las Flores del Mal”, que sonó mucho más heavy que la versión original. En general, todos los temas sonaron muy cañeros, con los cuatro músicos volcados con la gente que poco a poco iba llenando el Palacio. La voz de Carlos de Castro, algo que siempre es caballo de batalla en sus actuaciones, sonaba como en sus mejores tardes, y Armando se hizo dueño de la parte central del escenario, siendo foco de todas las miradas. Ángel Arias y José Martos forman una base rítmica que se encuentra entre lo mejorcito de este país. La calidad individual de cada uno es muy elevada y su compenetración, tras tantos años de tocar juntos, es perfecta.

Iban a por todas. “Resistiré” levantó al público de sus asientos como no suele conseguir nunca un grupo telonero. Evidentemente, este no es un telonero al uso. Personalmente creo que Barón Rojo tienen mejores canciones en su repertorio, pero es difícil igualar la pasión que levanta “Resistiré” en sus conciertos. Sin bajar un ápice su intensidad atacaron con un cañero “Volumen brutal”, al que, sin respiro, siguió “Concierto para ellos” coreado por la mayoría de público que, puesto en pie, en absoluto ignoraba la actuación de la banda. El tema lo fusionaron con “Hermano del Rock and Roll”, cantado por Armando, y el final fue extraño, ya que no es habitual terminar un concierto con una instrumental, aunque yo creo que “El Barón vuela sobre Inglaterra”, con el que terminaron el concierto, fue simplemente el tema con el que se les acabó el tiempo asignado.

Hace mucho tiempo que perdí la cuenta de las veces que he visto a Barón Rojo en directo. Unos días están más afortunados que otros, pero nunca se les puede negar su entrega, seas cuales sean las circunstancias.

Judas Priest estaban anunciados para las 21:00, y con exquisita puntualidad británica se apagaron las luces. En las pasarelas laterales se colocaron dos banderas blancas con el logo de Judas Priest, y tras el escenario surgió un enorme ojo, tal y como aparece en la portada del DVD “Electric Eye”. El iris del ojo era un láser rojo que dibujaba figuras en la gente. Realmente impactante.

Sobre este espectáculo visual comenzó a sonar “The Hellion”, pregrabado. Un fogonazo sirvió para que la banda saliera al escenario con los acordes de “Electric Eye” entre el rugido del público. Glenn Tipton y K.K. Downing se ocuparon todo el concierto la parte frontal del escenario, dejando a Ian Hill en su rincón de siempre, y Scott Travis sobre una alta tarima sobre la cual machacaba su instrumento mientras tiraba baquetas al aire. El esperado Rob Halfod apareció cantando en una plataforma justo en medio del ojo, donde había estado el láser rojo, de forma elegante y espectacular. Sin embargo, no todo iba bien.

El sonido era verdaderamente lamentable. Las guitarras apenas sonaban, el bajo se acoplaba, sobre todo en los graves y la bola de sonido resultante nos hubiera dificultado el conocimiento de la canción si no fuera porque todos nos la sabíamos de memoria.

“Electric Eye” se fusionó con “Metal Gods”, mientras Halford iba bajando lentamente las escaleras que le conducían a la parte baja del escenario, con unos movimientos robóticos al ritmo de la canción y mostrándonos el precioso abrigo de cuero que llevaba ¿La voz? Pues mal. Rob Halford no es ni la sombra de lo que fue, aunque las tablas y la técnica maquillaron el resultado. Ecos y efectos de sonido rellenaban los huecos que dejaba su garganta, y los tonos altos los cambiaba o dejaba que cantara el público.

La siguiente en caer fue “Riding On The Wind”. Los esfuerzos de Halford por llegar a donde no podía resultaban ser poco menos que ladridos, maquillados por los efectos y ecos proporcionados desde la mesa.

El sonido, lejos de mejorar, se mantenía torturándonos, y en “The Ripper” tocó fondo, transformándose en una bola ininteligible. Mi posición, en la grada tras la mesa de mezclas, suele asegurar el mejor sonido posible. No quiero ni pensar cómo se oiría desde los laterales.

Rob Halford mejoró bastante en la menos exigente vocalmente “A Touch Of Evil”, en la que el público participó en mayor medida. Halford consigue moverse con elegancia por el escenario, andando sin parar de un lado a otro como los leones del zoo, consiguiendo que todas las miradas se fijen en él. Carisma, lo llaman. Al terminar el tema, desaparece tras el escenario.

Otro golpe de efecto: El telón trasero se cambia, siendo sustituido por uno gigantesco con la imagen de la portada de “Angel of Retribution”, dando paso al primer tema nuevo de la noche, “Judas Rising”. La aparición de Halford es espectacular, ascendiendo en un pequeño podio tras la batería y delante del telón, haciendo el mismo gesto con los brazos que el personaje de la portada del disco, y con un simulacro de hoguera a sus pies.

Luce el tercer abrigo de cuero de la noche, esta vez en tonos plateados. El cambio de abrigos fue una constante en el concierto, cambiándose cada dos o tres canciones, en una verdadera exhibición de guardarropa.

Ya puestos con el nuevo disco, siguieron con “Revolution”, durante la cual Halford se paseó por ambas pasarelas laterales ondeando las banderas que estaban dispuestas en las esquinas. El juego de luces iba a toda pastilla, con fogonazos parpadeantes apuntando al público durante todo el tema.

Vuelta al pasado con “Hot Rockin’”, con Tipton y Downing muy compenetrados. Hasta aquí estaba siendo un concierto algo mediocre, únicamente mantenido por la calidad del show visual, y ni la banda parecía especialmente inspirada, ni los problemas de sonido terminaban de solventarse.

Pero, tras 45 minutos en esta situación, el concierto dio un vuelco. Y fue gracias a que llegó el momento de“Breaking The Law”. Esta sencilla pero efectiva canción cambió el rumbo del concierto, provocado por la reacción del público, que saltó y coreó la canción de forma impresionante. Sólo había que ver las caras de los músicos para ver la sorpresa que causó aquella reacción.

Esta entrega popular animó a los músicos a dar lo mejor de sí mismos, y a partir de ese momento todo fue mejor. La banda le puso más ganas, Halford se entonó y empezó a cantar mejor y hasta el sonido mejoró algo, algo que se hizo evidente en “I’m A Rocker”, la siguiente en caer.

Tras unos momentos para recuperar el resuello, los roadies colocaron unos taburetes en la parte delantera del escenario, dispuestos para que tomen asiento Downing y Tipton con sendas guitarras acústicas, con las que interpretan una lenta y suave versión de “Diamonds & Rust”, incluso más lenta que la original de Joan Baez, con Rob Halford en uno de los mejores momentos de la noche. El final del tema es intenso, con la banda entrando en tromba en un final apasionado.

El concierto vuelve a la actualidad con “Death With The Devil”, otro tema del nuevo disco que es recibido por mayor frialdad por parte del público, sólo levantado con el espectacular solo de Glenn Tipton, quien se ocupa de la mayor parte de solos del grupo, dejando a K.K. Downing cada vez más apartado de labores solistas.

El precioso juego de luces se pone de manifiesto de nuevo en “Beyond The Realms Of Death”, con Halford cantando muy bien y con la banda muy inspirada, nada que ver con la primera parte del concierto. Hablando de Halford, hubo muchos momentos en que la banda se retiraba y él se quedaba en el escenario agradeciendo al público la entrega que estaba teniendo, y no era para menos, porque era el responsable de que el concierto se hubiera animado. Tras dar las gracias presentó “Turbo Lover”, muy coreada por todo el público, en la que Tipton volvió a hacer uso de esa guitarra sintetizada que tantas críticas le causó en su día, pero que afortunadamente pasaron a la historia.

La última canción nueva de la noche fue “Hellrider”, muy cañera, con Halford pegando gritos sobre el doble bombo de Scott Travis. Yo hubiera preferido alguna composición de más mérito como “Worth fighting for”, pero está claro que la banda no estaba por la labor.

Unos momentos de respiro, aprovechados por un comunicativo Halford para decirnos lo buenos que somos, y el dúo Tipton-Downing comienzan uno de los riffs más emblemáticos de la carrera de Judas Priest: “Victim Of Changes”, un momento propicio para evaluar el estado real de la voz de Halford, por lo exigente de los tonos más agudos, que directamente son evitados por el vocalista.

En medio del tema, Tipton se queda solo en el escenario, aunque lo único que hizo fue vacilar un poco con la guitarra a ambos lados del público sin arrancarse con un verdadero solo de guitarra. El resto del grupo apareció pronto para seguir con el tema hasta el final.

Otro tema de la misma quinta fue la versión de Fleetwood Mac “The Green Manalishi”, merecedor de muy buena nota, confirmando el éxito rotundo de la segunda parte del concierto. Especialmente a Rob Halford se le veía contento y participativo, bromeando con Tipton y Downing y despejando las ideas de trato tirante entre ellos, al menos en escena. El doble solo de guitarra entre los dos hachas mantuvo la misma magia de siempre, y los coros del final fueron seguidos por todo el público de forma impresionante.

Al final del tema el grupo desaparece y Rob Halford se queda solo en el escenario dándose un baño de multitudes, recibiendo el cariño del público con verdadera cara de satisfacción. Y presentó uno de los temas más esperados por mucha gente: “Painkiller”, que respondió a todas las expectativas excepto en la voz de Halford, demasiado cruda y sin la frescura de antaño.

Llegó el momento del viejo paripé de “me voy, pero ahora vuelvo”, con lo que se quedó el escenario vacío, hasta que por los altavoces empezó a atronar el tubo de escape de una Harley Davidson, con el consiguiente griterío del público cuando se vio aparecer a Halford montado en una verdadera Harley hasta el centro del escenario. El numerito ya tiene un montón de años pero sigue siendo igualmente efectivo. El tema elegido para comenzar el bis no puede ser otro que “Hell Bent For Leather” que es cantado sin bajarse de la moto. La entrega de grupo y público es total, y el final del concierto iba a tener un plus de intensidad.

Un rugido de aprobación por parte del público acompañó el inicio de la comercial “Living After Midnight”, con todo el personal puesto en pie bailando y cantando a pleno pulmón. El éxtasis era tal que apenas se notaba que Halford estaba en las últimas y su voz estaba diciendo basta. La última parte de la canción la cantó únicamente el público, y esta circunstancia, junto con un par de minutos en los que recibieron la calurosa ovación del público, dieron tiempo a Halford para recuperarse y hacer el típico juego de “yo canto y vosotros me imitáis” que siempre precede a uno de los temas más emblemáticos de la carrera de Judas Priest, “You’ve Got Another Thing Coming” , con todo el público de nuevo puesto en pie y cantando este clásico, incluido el juego con el público tradicional, con el cual, ahora sí, dieron por finalizada la actuación, tras dos horas bien diferenciadas entre los primeros 45 minutos para olvidar y el resto para recordar.

Luces encendidas, “We are the Champions” para acompañarnos hasta la salida y vuelta a casa. Para muchos de los asistentes se había visto cumplido de ver a Judas Priest con Rob Halford encima de un escenario, y quienes ya los habíamos visto en otras ocasiones, sacamos una conclusión: Si bien no están al mismo nivel que en los ’80, siguen teniendo mucho que decir sobre un escenario.

Texto: Santi Fernández «Shan Tee»

Fotos: Web Barón Rojo y Web Judas Priest