MARC GALINDO “¡Con un par de cuernos!” (2017)

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Como ya he escrito en otras ocasiones, una de las cosas que más me gustan de colaborar en medios como The Sentinel, es que esta labor me permite conocer artistas, grupos y obras que, de otro modo, difícilmente habrían caído en mis manos. Descubrir es siempre estimulante y, si el CD que me toca reseñar me resulta atractivo, la tarea deviene especialmente gratificante. Obviamente, en esta lotería te puede tocar cualquier cosa: el gordo, un quinto premio, la pedrea o nada de nada. En esta ocasión no ha habido suerte.

El debut de Marc Galindo no me ha gustado. Ni en composición, ni ejecución, ni producción. Desde el máximo respeto al artista y a la ilusión que sin duda debe de haber puesto en la creación de este trabajo pero, también, desde la sinceridad y el rigor que caracterizan  las reseñas y opiniones que The Sentinel publica con regularidad.

Nos explica la hoja promocional que acompaña al disco que Marc Galindo publica su debut discográfico a los 25 años de edad, tras 12 de carrera musical. Es decir, que se inició en esto con sólo 13 añitos, aprendiendo a tocar varios instrumentos, pero centrándose en la voz y la guitarra. Ha realizado un par de tours por Inglaterra y por el este de Europa, acompañando ni más ni menos que a la ex Nightwish Tarja Turunen. He de decir que tras leer esas credenciales puse el CD en mi reproductor con mucho interés y buena predisposición pero… lo que sonó a continuación me dejó completamente fuera de juego.

Los que me leéis sabéis la importancia que doy al sonido de un disco y cómo una mala producción puede llegar a arruinar buenas canciones; al contrario, un buen trabajo tras la mesa es capaz de salvar un trabajo flojo. En mi opinión, en este caso el trabajo de producción es malo o, si acaso, equivocado en cuanto al sonido que se le ha pretendido dar al trabajo de Marc Galindo. Si alguien quiere sacar un disco de rock duro y heavy metal, tiene que procurar que lo que salga de ahí suene a eso. Mejor o peor, sí, pero ha de sonar a eso. “¡Con un par de cuernos!” no tiene una producción rockera, más bien suena a producción de disco de jazz… pero sin canciones de jazz. Si esa era la intención deliberada de Marc Galindo, entonces ok, nada que reprochar al respecto (a pesar de que a mí no me guste el resultado) aunque me huelo que no era esa la intención y, si era un experimento, el experimento no ha salido bien.

Desconozco en qué medida ha pesado en el resultado final la participación en la grabación de Rafael Escoté (bajo) y Pablo Posa (batería) quienes, según deduzco tras leer el libreto, fueron profesores suyos durante su formación académica en la Escuela Superior de Música Jam Session de Barcelona. No cuestiono en absoluto su seguro demostrada competencia musical pero, intuyo, el rock duro y la caña en general no es lo que corre por sus venas. Y eso, lectores, ha pesado mucho en el resultado final. Uno puede contratar o pedir colaboración de músicos de sesión para la grabación de un disco, por supuesto, pero el sello, la marca personal que ha de quedar reflejada en el disco, tiene que ser la del artista que ha escrito y parido las canciones. Si Marc Galindo nos habla en sus letras del heavy metal, de actitud rebelde y de rock and roll, debe de tratar de imprimir eso en su música. O eso, o yo no he entendido nada de nada y ando muy despistado desde el principio.

Vamos a otro asunto. En la historia del rock, existen multitud de cantantes que pese a no poseer grandes aptitudes técnicas, a veces y precisamente por eso, dan con su voz una impronta muy personal a lo que cantan, logrando en ocasiones reflejar una personalidad, un empuje y una energía que supera por mucho sus aptitudes técnicas. Tienen aquel “eso” que no se aprende, que o se lleva dentro y logra superar la capacidad técnica innata o que no hay manera de reflejar. Lamento decir que en el cante de Marc no he sabido encontrar ni lo uno ni lo otro. Que no crea nadie que pretendo ser destructivo, por favor, sabéis que no es mi rollo. Pero si no lo hubiera leído en la hoja promo y el libreto del CD, no me creería que la voz que suena en este disco corresponde a la de alguien que lleva un porrón de años educando su voz y aprendiendo las diferentes técnicas vocales. Todos conoceréis la voz de Óscar Sancho, cantante de Lujuria. Hay quienes no soportan su cante y hay quienes lo disfrutan enormemente por, precisamente, el empuje, la entrega y el ímpetu que le hecha a la cosa. Con menor o mayor acierto, pero le mete dos huevos duros. No digo que Marc Galindo no haya pretendido metérselos pero, sea como sea, no ha quedado reflejado en el disco.

A “¡Con un par de cuernos!” le falla, también, la base rítmica de guitarra, desganada, lenta y repetitiva. La batería, bien tocada técnicamente, no tiene carácter. Y el bajo más aún, teniendo en cuenta que no tenemos aquí una segunda guitarra, debiera tener mucha más presencia y contribuir a dotar de más cuerpo al conjunto. El disco suena tan frío, que está desnudo.

Para bien o para mal, la influencia que quien esto escribe puede tener en el mundillo es mínima. Así que, Marc, puedes mandarme a paseo. Si con tu disco debut te comes el mundo o no te comes un rosco, poco o nada habrá tenido que ver esta reseña. La mía no es más que una opinión sincera, no una verdad absoluta. Si lees estas líneas, te deseo lo mejor. Si sacas adelante un nuevo trabajo, estaré encantado de recibirlo y escribir una nueva reseña. Nada me gustará más que hacer notar cuánto me gusta ese nuevo disco de Marc Galindo.

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