CASABLANCA – Viernes 17 de noviembre de 2017, sala Moby Dick (Madrid)

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Para bien o para mal, el mundo del rock es diferente. Tenemos nuestras virtudes y nuestros defectos, y aunque esta forma de vivir la música (y la vida en general) nos genera algunos disgustos, también nos proporciona ciertas satisfacciones que no son fáciles de entender fuera de nuestro círculo.

Casablanca es un buen ejemplo. En todos sus años de existencia nunca fue el mejor grupo, ni el que más discos vendía ni el que más público metía en sus conciertos. Pero, sin embargo, siempre fueron uno de los más queridos, al menos en Madrid. Una banda en la que sus músicos eran, sobre todo, buena gente. Los avatares de la vida han hecho que algunos de aquellos componentes hayan pasado a mejor vida, pero nombres como los de Terry Barrios o Pachi Escolano ocuparán siempre un lugar en el corazoncito de cada rockero madrileño que haya vivido aquella época.

La carrera de Casablanca comenzó oficialmente en 1986, en mitad de la grabación de lo que sería su primer disco, “Rock and Roll en el bar de Rick”, ya que cuando el grupo entró en el estudio se llamaba Mamut, y en mitad de la grabación su nombre mutó a Casablanca debido a presiones de la Compañía Discográfica.

Aquel disco vio la luz en 1987, por lo que hace unos meses se cumplió el 30º Aniversario de su puesta a la venta. Esta circunstancia ha servido como excusa para uno de los eventos más bonitos a los que he tenido oportunidad de asistir en los últimos años. Un concierto en el que la música de Casablanca fue protagonista juntos a un montón de recuerdos y de sentimientos que hicieron que esa noche fuera realmente especial.

Vaya por delante que no estábamos ante una reunión del grupo, sino a la unión de un montón de músicos para tocar la música de Casablanca, gracias al empeño y la ilusión de dos grandes como son Carlos “Nano” Hervás, único superviviente de aquellos Casablanca, y José Martos, histórico batería nacional que, tras pasar por algunos de los más grandes grupos del rock español, eligió esta fecha para poner punto final a su larga trayectoria. Este tándem se vería acompañado en este concierto con muchos y variados invitados que iban a hacer esta noche tan especial.

Fue un concierto tan diferente que se puede contar como si fuera un concierto más. Porque podría hablar de que el concierto consistió en la interpretación de todo el disco “Rock and Roll en el bar de Rick”, más unos cuantos temas de discos posteriores. Que cada dos temas iban cambiando los invitados que completaban la banda. Incluso podría decir que el público llenó la sala y cantaba algunas de estas canciones que cumplían 30 años como si acabaran de salir. Pero me quedaría muy corto, porque no fue un concierto de hechos, sino de emociones. De conexión entre músicos de diferentes generaciones, de complicidad con el público, entre el que se encontraban músicos de otros grupos, familiares de músicos actuales y desaparecidos (inolvidable el abrazo que le pude dar a Marga, viuda de Terry Barrios, para compartir su emoción), representantes de los medios y el público en general, deseando vivir la experiencia única que nos ofreció esa noche.

El concierto fue conducido de forma espléndida por el “lujurio” Óscar Sancho, siempre con mucha chispa y simpatía, quien iba presentando uno a uno a los músicos que iban subiendo al escenario.

Hubo momentos de mucha emoción, sobre todo en el recuerdo a los que ya no están. Pachi Escolano, Terry Barrios, Azucena Dorado y Víctor Ruiz. También a los que están pachuchos y no pudieron asistir, como Luis Carlos Buraya, productor de aquel disco. Y para algunos de los presentes, como en la despedida de José Martos, a mitad del concierto, que se llevó una de las ovaciones más sinceras de su vida. Verle emocionado, con ese corazón que tiene más grande que el bombo de su batería, fue una de las imágenes de la noche. En su despedida, José Martos dio uno de los conciertos más intensos y pletóricos que le recuerdo. Inmenso, sería un desperdicio que este gran batería colgara las baquetas para siempre. El tiempo lo dirá.

En cuanto a los invitados de la noche, Juanjo Temiño abrió el concierto con mala suerte, ya que además de tener que romper el hielo, los cables y la pedalera se le desconectaron y estuvo algo descentrado. Aún así pudimos disfrutar de su guitarra y de su voz, con ese timbre tan parecido al del fallecido Terry Barrios como demostró en ese “Rey del Siglo XX” con el que comenzó el concierto. “El adivino”, ya con Nano Hervás a la voz, fue el segundo tema en el que intervino Juanjo.

Los siguientes invitados fueron el enorme guitarrista Eduardo Pinilla, curtido en mil batallas tras su paso por, entre otros, Coz, Joaquín Sabina, Ñu y actualmente en Burning, también compañero de Nano Hervás en All Men Brothers. Uno de los grandes, como bien presentó Óscar Sancho. El otro invitado fue Kacho Casal, gran batería uruguayo actualmente en Burning y al que conocimos por su paso por Topo en aquella época del “Ciudad de Músicos”. En esta ocasión, Kacho no se puso a la batería, “territorio Martos”, sino que cantó “Plan B”, con una chuleta para leer la letra, y mostrando carteles para que el público coreara el estribillo.

Kacho Casal se despidió con su gran simpatía, manteniéndose Eduardo Pinilla en el escenario. El lugar de Kacho lo ocupó Gaby de Val, para cantar junto a Nano uno de los momentos de la noche, “Corta la sesión”, sin duda uno de los temas más conocidos de Casablanca. Gaby estuvo como siempre, extraordinaria, moviéndose con elegancia y llevando a su estilo las partes que en su día cantó la siempre añorada Azucena. Gaby subió y bajó del escenario en varias ocasiones, dando siempre un plus de calidad a los temas en los que colaboró.

Eduardo Pinilla se despidió y dejó paso a Marisa de la Plaza, otra guitarrista extraordinaria que, en su caso, perteneció a la disciplina de Casablanca en aquel “Apostando contra el avestruz”. Marisa dejó muestras claras de su calidad como guitarrista en “El planeta del placer”. También en “La señal”, el tema más serio y emotivo del disco, en el que volvimos a disfrutar de la calidad voz de Gaby de Val, además de Marcel Beltrán, actual teclista de All Men Brothers y que puso sus teclados en varios de los temas de este concierto.

De nuevo cambiando de guitarrista, Marisa dio el relevo a Stevie Zee, guitarrista británico afincado en España que, además de su buen hacer a la guitarra dio muestras de gran simpatía. Con él pudimos disfrutar de “Me liaste niña”, otro de los temas estrella de Casablanca, y de “Nena, estabas buena”, un rock and roll vacilón que salió como cara B de un single, sin aparecer en el disco “Rock and Roll en el bar de Rick” en su edición original. Stevie se mostró muy integrado en el espíritu festivo de la noche, además de mostrar mucho feeling a la guitarra.

Como he dicho anteriormente, la emoción se palpaba en el ambiente. Los momentos tan intensos se dieron cita tanto en el homenaje a la carrera de José Martos, ya comentado, como en el recuerdo a Terry Barrios, con su viuda y su hija en primera fila. En especial esto se produjo con unas bonitas palabras de José Luis Jiménez, siguiente invitado de la noche. Con José Luis al bajo y voz, con Nano Hervás desplazado a labores de guitarrista, y la guinda de Gaby de Val y Marcel Beltrán de nuevo en escena, pudimos disfrutar de una gran versión de “Todo esto me sube”. Cerrando la participación de José Luis Jiménez y cerrando también el repaso completo a lo que fue el disco original, hicieron “Pastel de miel”, versión adaptada al español del “Honey Pie” de The Beatles, que sonó preciosa en voz de José Luis Jiménez.

El repaso al disco “Rock and Roll en el bar de Rick” había terminado, pero aún nos quedaba mucho concierto más por disfrutar, recuperando temas de otros discos de Casablanca.

En esta fase de la noche invitaron a Flaco Barral, multiinstrumentista uruguayo afincado en España desde hace décadas. Con él en el escenario hicieron un precioso set acústico que incluyó “Hija del Sol”, del disco “La Noche”, para lo cual Flaco Barral tocó de forma magistral un curioso instrumento de cuerda de origen hindú llamado chaturangui. El segundo tema acústico, fue “Malas lenguas”, del disco “Rio”. Fue toda una delicia disfrutar de esta delicada parte del concierto con un músico legendario como Flaco Barral.

De nuevo recuperamos la intensidad con el siguiente invitado, Julio Castejón, que fue productor de aquel segundo disco de Casablanca, “La Noche”. Con Marcel Beltrán de nuevo a los teclados, de ese disco fueron los dos temas en los que intervino Julio, primero “Dulce y extraordinario” y después, con Kacho Casal a la batería y José Martos tocando la armónica, la rocanrolera “Estoy, no estoy”.

El último invitado de la noche fue Lele Laína, quien su día produjo el tercer disco de Casablanca, “Rio”. Y, como en el caso anterior, su participación se compuso de dos temas elegidos del disco que había producido, como fueron “Pregunte a su mujer” y la vacilona “Barbitas guapetón”, ambas con Marcel Beltrán a las teclas y esta última con la colaboración estelar de Gaby de Val.

Hasta aquí llegaba la música de Casablanca. Con buen criterio, Nano Hervás desistió de hacer el habitual paripé de irse para luego volver, y anunció un único tema de bis, dada la restricción horaria de la sala. Para ello invitó a todos los músicos que habían participado en el concierto, incluido Óscar Sancho. José Martos tomó la palabra para, parafraseando a Miguel Rios en el “Rock and Ríos”, presentar el “Himno a la Alegría” con el que tanto todos los músicos como todo el público cantamos de forma conjunta para poner punto final al concierto.

Fue una noche inolvidable. Por la música y, sobre todo, por las emociones que pudimos vivir. Es cierto, el mundo del rock es diferente. Por eso, de vez en cuando, sentimos esta hermandad y esta complicidad hacia un grupo y unos músicos que forman parte de nuestras vidas.

Texto y fotos: Santi Fernández “Shan Tee”