DINOBILE «Cabeza cuántica» (2016)

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Los caminos del rock son inescrutables. Hay múltiples formas de entenderlo, ya que nuestra música abarca un abanico tan amplio como heterogéneo, y ya va en cada cual definir sus gustos sobre una o varias parcelas concretas. En general, cuanto más amplios sean esos gustos, más disfrutaremos de la música, que es de lo que se trata.

Gustavo Di Nóbile es un teclista romano afincado en Madrid al que muchos recordamos por su pertenencia a la banda de Rosendo Mercado, con quien estuvo casi una década, a partir de “Jugar al gua” (1988), grabando 5 discos con el guitarrista de Carabanchel. Además de eso, Di Nóbile ha colaborado con muchos otros artistas, tanto rockeros (Robert Tepper) como de otros estilos ajenos al rock (Hevia, La Década Prodigiosa, Ana Torroja…), amén de formar grupos tributo a Supertramp y otros proyectos diversos.

Como artista en solitario, en 1992 autoeditó lo que hasta ahora era su único disco en solitario, “Sácame del mundo”, que ahora tiene su continuidad, 25 años después, en “Cabeza cuántica”, un disco personal en el que, retomando el primer párrafo de esta reseña, explora caminos poco transitados por la mayoría de lectores de esta web.

Lo que nos ofrece Dinóbile en este disco está a medio camino entre el rock progresivo a la vieja usanza y música electrónica, con predominio de teclados, algo esperable en el disco en solitario de un teclista. Los temas carecen de la agresividad habitual en otros estilos, basándose su propuesta en melodías complejas con mucha riqueza compositiva, algo que exige al oyente paciencia y atención casi exclusiva. No es un disco para escuchar de fondo en un bar, sino que su uso y disfrute necesita dejar las distracciones a un lado y concentrarse en música y letra, algo que no se descuida en ningún momento.

Para ello, Gustavo Di Nóbile se ha encargado de todos los teclados, pianos y programaciones, además de poner su voz en todas las pistas, contando con la colaboración de tres guitarristas de la talla de Santi Garvi (The Locos, Canallas), Javier Pedreira (músico de sesión cotizado) y Alfonso Samos (guitarrista y productor de The Val, entre sus múltiples actividades). Para la batería ha contado con Mario Carrión, antiguo batería de The Val.

La mayoría de los temas tienen varias pistas de teclados, más la programación que les hace girar hacia la electrónica. Pese a ello, sus melodías llegan fácilmente dado que se huye de recovecos demasiado complicados. La voz de Gustavo, sin agresividad pero sin caer tampoco en la excesiva dulzura, acomete con personalidad las melodías vocales construidas con sentimiento, destacando sobre la riqueza instrumental que las envuelve.

Bastan un par de escuchas para descubrir los mejores temas del disco: Sin duda “A veces y a menudo”, “Cruzaremos los dedos” y “El hombre gris” llegan de forma más especial, ganando enteros al insistir sobre el disco, seguidas de cerca por la más progresiva “El algoritmo perfecto”, que contiene más profundos cambios de intensidad.

En líneas generales, “Cabeza cuántica” es un disco que muestra una cara diferente del rock. Si bien, la proliferación de teclados y electrónica puede causar cierto rechazo a quienes estén acostumbrados a un rock más rocoso, bien es cierto que al final son las canciones quienes van a la batalla. Y en este disco las encontramos bien compuestas y bien ejecutadas. Escuchando el disco sin prejuicios, se disfruta de la música que contiene. Lo demás no debería importar.

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Santi Fernández «Shan Tee»