FESTIVAL GARAGE SOUND – Viernes 14 y sábado 15 de julio de 2017, Auditorio Miguel Ríos (Rivas-Vaciamadrid, Madrid)

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A pesar de mi fobia a los festivales, desde que tuve conocimiento del Garage Sound supe que no me lo podía perder. Por un lado, el hecho de contar con un buen número de bandas a las que nunca había tenido oportunidad de ver en directo, pero que me resultaban atractivas, me empujaba a acudir y “tachar de mi lista” un buen número de ellas de una tacada. De hecho, excepto Extreme, Ugly Kid Joe, The Answer y Dios Salve a la Reina, el resto iban a actuar en mi presencia por primera vez. Además, la combinación del rock con el mundo del motor se me antojaba especialmente atractiva, ya que mi afición por coches y motos (fui piloto de enduro durante muchos años) corre pareja a mi pasión por la música.

En el otro lado de la balanza, las fechas no se antojaban muy apropiadas para un festival en Madrid. Al contrario de otros lugares de España, en el verano todo el que puede “huye” de vacaciones a algún lugar con menos calor asfixiante, especialmente en estos últimos veranos que estamos padeciendo. Por si fuera poco, la feroz competencia con otros festivales con una nómina de bandas más ambiciosa, además de la habitual presencia de grupos de primer nivel en la capital (Deep Purple, Aerosmith, Foreigner, etc.) en las semanas previas, hacía ser pesimistas en cuanto a la afluencia de público, cosa que lamentablemente se pudo comprobar llegado el momento.

En el plano personal, para colmo de males dos días antes supe que tendría verdaderos problemas para asistir al festival, debido a unos problemas personales que no vienen al caso, que exigirían mi presencia en otro lugar durante buena parte del fin de semana. Por ello, apenas pude disfrutar de la mitad del festival. Desde aquí vayan mis disculpas a los organizadores y gestores de prensa, en especial a Roberto Villandiego, Ana Laballo y Alberto Marín, por su profesionalidad y excelente labor, así como a vosotros, lectores, quienes sólo tendréis en The Sentinel una visión parcial del festival. Creedme que apuré mis opciones y mis fuerzas al límite para poder ofreceros el texto que expongo a continuación.

Viernes 14 de julio

Entre mi propio retraso personal y el que se produjo en las taquillas donde se entregaban las acreditaciones, no fue hasta las 7 de la tarde cuando pude acceder al recinto. Eso quería decir que ya me había perdido a los dos primeros grupos, Neon Delta y Tax The Heat. Según comentarios de compañeros que sí habían estado presentes, ambas actuaciones fueron atractivas, ante un público escasísimo y un calor abrasador. Tiene mucho mérito actuar en unas condiciones tan adversas. Espero poderme quitar pronto la espina con ambas bandas en un recinto y horario más adecuado.

Aún apretaba el sol de lo lindo cuando salió a escena el guitarrista y cantante Shawn James, acompañado de sus Shapeshifters. En un horario poco adecuado a su estilo, los de Arkansas descargaron 45 minutos de potencia y energía. A medio camino entre el hard rock rudo y el stoner, mirándose en el espejo de bandas como Type O Negative y Mastodon, el punto folkie lo da el violinista, todo un espectáculo sobre las tablas.

No fueron bien comprendidos por el escaso público congregado para verles, salvo excepciones, pero sus ganas y su fiereza fueron contagiando al personal, en especial con temas como “Through The Valley”, “The Thief And The Moon” o “Hellhound”, los más aclamados de su repertorio.

Shawn James juega sus bazas: voz ruda, solos básicos y un resultado contundente, acompañado por una banda compacta, sin hueco a las florituras. Como siempre en estos casos, su actuación en la parte media-baja de un festival no es el mejor lugar para juzgar su valía.

Tras ellos tuvo lugar una exhibición de coches de época a la que no asistí, más preocupado de hidratarme por dentro y por fuera, para paliar el calor y en previsión de las horas venideras.

Eran uno de los platos fuertes del día y cumplieron sobradamente. Liderados por el carismático vocalista Cormac Neeson, la banda irlandesa dio una lección de cómo hacer hard rock de la vieja escuela. Comenzaron con “Solas” a la que siguió “Under The Sky”, momento en el que ya tenían el bolsillo al público, ya más numeroso que en la actuación anterior. Mención aparte merece el guitarrista Paul Mahon, con estilo sobrio y poco dado a la espectacularidad, pero básico en el sonido de The Answer, demostrando buena técnica y mucho feeling.

La banda combinaba piezas de puro hard rock como “Demon Driven Man” o “Come Follow Me” con cortes más bluseros como “Memphis Water”, metiéndose en el bolsillo al público más exigente.

El calor empezaba a remitir y el grupo se encontraba realmente cómodo en el escenario. Cormac Neeson comenzó a cantar a capella “Thief Of Light”, pronto acompañado por el resto del grupo, finalizando el concierto con “Spectacular” y “Raise A Little Hell”. Demostrando su comunión con el público, Cormac Neeson saltó del escenario, se mezcló con el público e hizo sentarse a todos los de su alrededor, trasladando el espíritu de club a un gran recinto como el Auditorio Miguel Ríos. Un gesto de complicidad muy bien recibido por todos los presentes y con el que se despidieron de una exitosa actuación.

Tras la actuación de The Answer tuvo lugar la primera de las exhibiciones de MX Freestyle. Esta disciplina, derivada del MotoCross, consiste en que los pilotos saltan por rampas artificiales muy empinadas, haciendo “trucos” (piruetas) en el aire, antes de caer en una rampa de aterrizaje. Como aficionado a la moto de campo, he visto en multitud de ocasiones estas pruebas, por lo que estoy acostumbrado a ellas. Los neófitos en la materia no salían de su asombro al ver a los 3 pilotos hacer sus mejores trucos: “superman”, “nac-nac”, “seat-grab” y, por supuesto, “back-flip” (mortal hacia atrás) dejaron ojipláticos a muchos de los presentes. Lo cierto es que, lejos de los grandes profesionales que la semana anterior habían llenado Las Ventas en el Red Bull X-Fighting (la mejor prueba del mundo de la especialidad), los 3 pilotos que participaron en el Garage Sound demostraron muy buenas maneras. Las exhibiciones de MX Freestyle se repetirían en 2 ocasiones por cada día.

Si The Answer habían basado su concierto en la buena música, The Darkness explotaron al máximo el concepto “show”. Liderados por el carismático Justin Hawkins, enfundado en un ajustado y llamativo mono azul, hicieron de su concierto todo un espectáculo audiovisual y la conexión con el público fue completa en todo momento, en el momento de la noche con más asistencia en el festival.

Justin Hawkins se mostró en todo momento muy simpático, bromeando constantemente con el personal, tanto público como con los fotógrafos que estábamos en el foso, a los que nos despidió de forma jocosa tras el tercer tema de la noche, “All The Pretty Girls”. Antes habían arrancado con “Black Shuck” y “Growing On Me”, conectando desde el principio con todo el público.

En algunos temas Justin Hawkins se colgaba una guitarra para apoyar a su hermano Dan, verdadero artífice del sonido fresco y rockero de The Darkness, dando el soporte preciso a Justin para su lucimiento. Mención aparte merece también el bajista Frankie Poullain, cuyo look parece sacado de Benny Hill pero que es crucial en la banda, junto al excelente batería Rufus Taylor, hijo del mítico batería de Queen, Roger Taylor. De tal palo, tal astilla, porque Rufus demostró muy buenas maneras.

El repertorio estuvo compuesto de temas de sus 4 discos. Si bien alguno de ellos pasó sin pena ni gloria, como “Every Inch Of You“, otros arrancaron el delirio como “One Way Ticket” o el medio tiempo “Love Is Only A Feeling”. También hubo tiempo para presentar un tema nuevo, “Solid Gold”, adelanto de lo que será el nuevo disco, que verá la luz después del verano, como anunció el propio Justin.

Por supuesto, no faltó el mega-hit “I Believe In A Thing Called Love”, recibido por mucho entusiasmo por el público, lo que aprovechó Justin Hawkins para hacer que coreáramos el estribillo.

El concierto terminó a lo grande, con un “Love On The Rocks With No Ice”, durante el cual Justin se subió a hombros de un roadie para, al más puro estilo Angus Young, pasearse entre el público mientras tocaba la guitarra.

Muy buen concierto de The Darkness, maximizando el concepto “show” como complemento a la parte musical, haciendo un set la mar de divertido.

Una nueva exhibición de MX Freestyle, con el aliciente añadido de la nocturnidad, fue despidiendo a muchos de los presentes, que no se quedaron a ver el resto de grupos de la noche.

Aunque no soy muy partidario de los grupos tributo, es de justicia reconocer que este combo argentino lo hace muy bien. No sólo interpretan los clásicos de Queen con bastante fidelidad, sino que cuidan al máximo la escenografía, movimientos e imagen de los miembros de Queen, especial el cantante Pablo Padín, un clon casi perfecto de Freddy Mercury. Su parecido timbre de voz, sus movimientos calcados y su vestuario exacto son fruto de muchas horas de ensayo para parecerse de tal forma a su ídolo. Francisco Calgaro, en su papel de Brian May, utiliza la misma guitarra, lleva una peluca parecida a la melena de May y también imita las poses. Su técnica está lejos del original, pero da el pego sin problemas. Los personajes de John Deacon (Ezequiel Tibaldo) y Roger Taylor (Matías Albornoz) estaban menos cuidados, básicamente sólo en el vestuario, pero también es cierto que intervienen menos en la escenografía del grupo.

La banda da un repaso a toda la historia de Queen, desde sus inicios hasta el final de su carrera. Con semejante repertorio es fácil hacer disfrutar al público, que vibró con clásicos como “Tie Your Mother Down”, “Another One Bites The Dust”, “Under Pressure”, “Somebody To Love” en la que el clon de Freddy Mercury mostró que también puede tocar el piano decentemente, “I Want To Break Free”, en el que salió disfrazado de señorona, como en el vídeo-clip original, “Radio Ga-Ga” o, por supuesto, la imprescindible “Bohemian Rhapsody”.

Según avanzaba el concierto, los músicos se iban cambiando de vestuario, coincidiendo con el look que quien fue ofreciendo en sus diferentes épocas. Es de agradecer el esfuerzo por hacer la copia lo más fiable posible.

Como no podía ser de otra forma, terminaron con “We Will Rock You” y “We Are the Champions”, despidiéndose con la capa de reina que siempre utilizaba Freddy Mercury al finalizar los conciertos.

Tras los clones de Queen, el espectáculo en el recinto continuaba con las Fuel Girls (bailarinas vestidas muy sexy que actuaban en un lateral del escenario, hasta la llegada del último grupo del día, Mustasch. Lamentablemente, debido al cansancio acumulado y al día siguiente que me esperaba, abandoné el recinto para reservar fuerzas para el segundo día del festival.

Sábado 15 de julio

Tras dormir sólo 4 horas bajo el sofocante calor nocturno de Madrid, mis asuntos personales del sábado se prolongaron más de lo debido. A pesar del madrugón, mis tareas se fueron prolongando en la otra punta de la ciudad, mientras por mi mente iban pasando los grupos que me estaba perdiendo: Folson Prision Band, Los Brazos (lástima, tenía muchas ganas de verles), Barbe-Q-Barbies, Terrorvision y Ugly Kid Joe. Por desgracia, hasta las 22:00 h. no me vi liberado, momento en que me crucé Madrid lo más rápido que pude, llegando justo a tiempo para colocarme en el foso de fotógrafos para ver a Extreme. En mi caso me vi beneficiado por algo de retraso con el que la banda de Boston salió al escenario.

Eran las estrellas del día y también del festival, y así se tomaron su concierto. Empezaron algo tarde y no tuvieron reparos en sobrepasar el tiempo asignado a su actuación, en detrimento de los grupos que les seguían.

Los músicos tomaron posiciones en el escenario, con el consiguiente cabreo de Nuno Bettencourt al ser iluminado por el cañón antes de tiempo. Una vez preparados, arrancaron con fuerza con “It (’s A Monster)” y “Li’l Jack Horny”, ambas de su disco más aclamado, el superventas “Pornograffitti” en el que basaron gran parte de su repertorio.

Sobre la base rítmica compacta y experimentada formada por Pat Badger y Kevin Figueiredo (único miembro que no pertenece a la formación original), los dos focos de atención se centran claramente en el excelso guitarrista Nuno Bettencourt y el vocalista Gary Cherone, todo un showman que no para de moverse, saltar y bailar en todo momento, demostrando estar en un excelente estado de forma, que incluyó algún que otro “espagar” (abrirse de piertas por completo en el suelo), recordando al mejor David Lee Roth. Curiosamente, Gary Cherone fue vocalista durante un tiempo de Van Halen, aunque su estancia pasó con más pena que gloria. Pero eso es otra historia.

El concierto continuó con “Rest In Peace”, con igual intensidad pero con menor respuesta del público. Daba la impresión que la mayoría de los asistentes sólo habían escuchado su disco “Pornograffitti”, ignorando que tienen otros 4 discos de estudio en el mercado.

Confirmando mis palabras, bastaron las inconfundibles primeras notas del bajo de Pat Badger arrancando “Get The Funk Out” para que todo el público se viniera arriba con uno de los himnos más divertidos de la banda.

El concierto continuó entre las constantes exhibiciones de Nuno Bettencourt y la simpatía de Gary Cherone, hiperactivo  toda la noche. Nuno incluso se dirigió al público en un par de ocasiones hablando en portugués, aun reconociendo no ser capaz de hablar en castellano.

Algo que no me gustó fue la cantidad de pistas pregrabadas que utilizaron en el concierto. Desde violines a varias pistas de teclados, vientos y demás sonidos “enlatados” que, en mi opinión, restan frescura a los conciertos.

“Am I Ever Gonna Change”, “Kid Ego” y “Play With Me” se fueron sucediendo hasta llegar a un parón en la intensidad del concierto que daba paso a la parte acústica del show. Tras una introducción de Nuno Bettencourt con guitarra acústica y la interpretación de la bonita “Midnight Express”, Gary Cherone se le unió para deleitarnos con la imprescindible “More Than Words”, en uno de los momentos de la noche, con todo el público cantando en solitario prácticamente toda la canción.

La energía volvió con “Cupid’s Dead” y “Take Us Alive”, tras los cuales se dispuso un mini-set de percusión en la parte delantera del escenario, para que Kevin Figueiredo abandonase la batería y se uniera a sus compañeros para ofrecernos una entrañable “Hole Hearted”.

La banda desapareció de la escena, salvo Nuno Bettencourt, quien simulando el ataque de una mosca y con el sonido pregrabado habitual, nos ofreció esa exhibición en forma de solo de guitarra que es “Flight Of The Wounded Bumblebee”.

De nuevo con toda la banda en el escenario, Nuno bromeó con unos retazos del “Kashmir” de Led Zeppelin, hasta que fue interrumpido por Pat Badger, quien le enseñó el setlist para, en tono jocoso, recordarle que llegaba otro de los puntos álgidos del concierto: “Decadence Dance”, que sonó como un cañón.

Tras una breve despedida, la banda volvió al escenario. Tras tocar “Warheads”, Nuno Bettencourt avisó se habían pasado de tiempo, pero que querían despedirse a lo grande, cosa que hicieron con el “We Are The Champions” de Queen, con todo el mundo entregado.

Tras finalizar, Gary Cherone y Nuno Bettencourt bajaron a las primeras filas para estrechar las manos a buena parte del público, dejando una grata sensación en todos sus seguidores.

El intervalo entre grupos fue aprovechado por la organización para entregar unos premios a los participantes en la parte motera del festival, con algunas motos de época que habían llevado para la ocasión.

Si bien no tienen el reconocimiento masivo de Extreme, Thunder era para mí otro de los platos más atractivos del festival. Lastrados por el retraso acumulado por la actuación de Extreme, su repertorio tuvo que ser recortado para cumplir con los horarios previstos.

Sin duda, Thunder cumplieron todas mis expectativas, dando una lección de elegancia y clase. Su forma de entender el hard rock es un lujo musical, lleno de matices que no sólo se disfrutan en disco, sino también en directo.

Desde la madurez que da la veteranía en el grupo, con casi 30 años (con algunas interrupciones) de carrera, la banda de Danny Bowes (voz), Luke Morley (guitarra), Gary “Harry” James (batería), Ben Matthews (teclados) y Chris Childs (bajo) me dejó plenamente satisfecho.

Presentaban su último disco, el excelente “Rip it up” del que tocaron temas como “The Enemy Inside” o el precioso blues “In Another Life”, combinándolos con otros temas de su larga trayectoria como “Resurrection”, “Higher Ground” o “Backstreet Symphony”, compitiendo entre sí por ser cada una más elegante que la anterior.

La banda está en un estado de forma excelente, sin estridencias y sin actitudes de cara a la galería, la opción de Thunder se basa exclusivamente en la Música, con mayúscula. Algo que se agradecía tras tantas horas de festival y que me permitía gozar cada tema de principio a fin.

La firme y melodiosa voz Danny Bowes nos llevaba en volandas en todo momento, apoyado por la excelente labor de ambas guitarras y una base rítmica precisa y perfecta. Lo suyo no es la agresividad, sino las cosas bien hechas.

Cada tema parecía siempre sonar mejor que el anterior. “Low Life In High Places”, “The Thing I Want” o “Serpertine” nos embargaban de emoción y nos mostraban cómo hacer hard rock con elegancia.

Desafortunadamente, el concierto se nos hizo excesivamente corto. Por cómo estábamos disfrutando y por el recorte que sufrieron en su repertorio, aquello acabó demasiado pronto. Se despidieron con una excelsa “I Love You More Than Rock ‘n Roll”, dejándonos a todos con ganas de mucho más.

El festival no había terminado pero muchos de los presentes decidieron darlo por finalizado. Fueron muchas horas de música alternadas con espectáculos moteros, con el calor apretando en más de la mitad de cada jornada. Por ello, mientras las Fuel Girls se afanaban en animar con sus bailes sexies al personal que aguantaba firme hasta el final, la mayor parte del público asistente fue desfilando hacia la salida.

Los que se fueron se perdieron la última actuación del festival, ese huracán llamado Nashville Pussy. Ya de madrugada y ante una audiencia considerablemente mermada, la banda liderada por Blaine Cartwright y esa fuerza de la naturaleza que es la guitarrista Ruyter Suis nos ofreció un despliegue inenarrable de energía y ganas de comerse el mundo.

Apoyados por la también hiperactiva bajista Bonnie Buitrago y el batería Jeremy Thompson, su set también se vio afectado por los recortes propiciados por el retraso acumulado. Aun así, nos ofrecieron cañonazos como “Everybody’s Fault But Mine”, “I Am So High” o “Go Motherfucker Go”.

Su rock directo y despiadado tiene en Ruyter Suis su mayor activo. Corre, salta, se estremece y se revuelca por los suelos sin dejar de tocar (y muy bien por cierto). Un torbellino escénico que apenas deja lugar a la rocosa voz de Blaine Cartwright, quien aporta al show sus buenos lingotazos de Jack Danields (todo un clásico) y un numerito final en el que vacía una cerveza en su sombrero para beber de él y ponérselo de nuevo en la cabeza. Nada en comparación con el final de concierto de Ruyter Suis, quien terminó tirada por los suelos arrancando las cuerdas de su guitarra que posteriormente repartió entre las primeras filas.

Un final de fiesta perfecto para un festival en el que los mundos del rock y del motor se han dado la mano y al que deseamos el mejor de los futuros. Quizás una mejor colocación en cuanto a fechas permita que una hipotética futura segunda edición cuente con mayor asistencia de público. Ojalá así sea y los esfuerzos de todos los organizadores se vean recompensados como merecen.

Texto y fotos: Shan Tee