Editorial julio 2017: “Salsa Rosa II”

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Hace exactamente 10 años publiqué un editorial llamado “Salsa Rosa” en el cual me quejaba de la afición de buena parte de los aficionados rockeros a las disputas personales entre músicos. En una concepción bastante romántica, siempre había pensado que los rockeros estamos hecho de otra pasta, que desechamos la prensa del corazón y que disfrutamos de la música sobre todas las cosas. Hace 10 años me rendí a la evidencia, constatando el hecho de que no somos tan diferentes al resto, algo que no me gustaba entonces y sigue sin gustarme.

Hoy la historia se repite. De hecho, se ha venido repitiendo habitualmente durante estos años, cambiando los protagonistas y la intensidad del debate público. Si hace 10 años asistíamos a un cruce de declaraciones públicas y reproches mutuos entre los miembros de la formación histórica de Barón Rojo, algunos años después vimos algo similar en otros casos como Mago de Oz con la salida de José Andrea. Ahora asistimos a un extenso debate sobre la salida del teclista José Paz poco después del estreno de la formación “All Star” de Avalanch.

No deja de ser extraño un relevo en una formación con los visos de grandeza de Avalanch, con la reciente grabación de un DVD en directo y una inminente gira internacional, máxime cuando esta formación acaba de arrancar. Aún así debemos asumirlo como algo habitual, ya que los grupos son entes vivos que pueden cambiar alguno de sus miembros por los motivos más diversos. No es lo ideal, pero no siempre es posible mantener una formación estable dentro de un grupo. Hasta ahí todo normal.

El problema comienza cuando las partes implicadas se enzarzan en un cruce de comunicados en redes sociales para hacer públicas sus respectivas posturas. Alusiones, respuestas y desmentidos han sido habituales en los últimos días, en un ejercicio que se hubiera saldado de mejor forma lavando los trapos sucios de puertas para adentro y publicando posteriormente un comunicado conjunto, consensuado y neutro, sin reproches ni malos entendidos.

Aún así, los comunicados de todas las partes han evitado los malos modos, cosa que se agradece. Leyendo entre líneas el descontento es más que evidente, pero al menos han conservado las formas.

El problema grave ha surgido en la interpretación de los comunicados por los fans. Mi mayor decepción se produce al ver reaccionar a los seguidores de cada una de las partes. Muchos de estos seguidores se ha apresurado a tomar partido por una de las facciones y han tardado poco en descalificar a la parte contraria, llegando con facilidad al insulto y al desprecio, en la mayoría de los casos conociendo el problema sólo de oídas o por suposiciones. Y es que, al igual que los fans de Kiko Matamoros o Karmele Marchante, muchos rockeros están deseando “oler a carnaza” para afilar el teclado y comenzar las hostilidades.

Generalizar siempre es un error y estoy seguro que buena cantidad de los seguidores de Avalanch y José Paz han asistido entre atónitos y tristes a esta sucesión de acontecimientos. Vayan desde aquí mis disculpas si se han sentido aludidos. En esta web nos sentimos en sintonía con quienes ven estas prácticas más propias de la audiencia de Telecinco que de medios de rock especializados.

Por supuesto, The Sentinel no toma partido en esta disputa. Ni siquiera pretendo dar ni quitar razones a ninguna de las partes implicadas. Si acaso, me gustaría llamar a la reflexión de quienes, como yo, piensan que el rock es algo diferente, que caminamos a contracorriente dando mucho más valor a la música y a los grupos, que a las cuitas personales de los músicos. Quizás es que, ciertamente, sigo siendo un romántico.

Shan Tee