Editorial Abril 2017: “El IVA de los conciertos, al 10 %”

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Cerramos el pasado mes de marzo con una buena noticia: El Consejo de Ministros aprueba la bajada del IVA de los espectáculos en directo del 21% al 10%. Han pasado cuatro años y medio desde que el Gobierno, presidido por el mismo partido que está en la actualidad, disparaba el IVA cultural para sufrimiento y asfixia de todos los estamentos que viven de una forma u otra de las actividades afectadas: conciertos, teatro, danza y toros. Otras actividades como el cine mantienen el 21%, al menos por ahora.

Esta bajada del IVA llega tarde. Muy tarde. Y sigue siendo insuficiente, ya que antes de aquella subida el tipo impositivo estaba en el 8%, más acorde a la media europea. Al menos, este 10% nos pone al mismo nivel que Italia y cerca de otros países cercanos, entre el 7% de Alemania y el 13 % de Portugal. Lejos quedamos aún del 5,5 % que tiene Francia y aún más del súper-reducido 3% que tiene Luxemburgo.

En el otro lado de la balanza, para despejar el complejo de Quijotes, basta recordar que hay otros países que siguen sufriendo porcentajes abusivos, como el 20 % de Gran Bretaña, el 23 % de Grecia y el 25 % de Bulgaria, Estonia y Dinamarca.

¿Esta bajada del tipo de IVA que afectará a nuestros conciertos supondrá menor precio de las entradas? La lógica debería indicar que sí, ya que 11 puntos de rebaja son muchos puntos. La realidad dictará sentencia, pero a bote pronto encuentro varios motivos que me hacen ser pesimista:

– Muchos promotores que estaban con el agua al cuello verán una oportunidad de respirar un poco e ir más holgados para cubrir gastos y generar beneficios.

– La Ley de la Oferta y la Demanda. Los grandes conciertos se llenan a los precios actuales. Desde el punto de vista económico no hay razón para bajar el precio de las entradas si con el actual precio el concierto se llena.

– Una vez que el público se acostumbra y asume un precio, es difícil bajarlo aunque bajen los costes. El ejemplo más claro es el precio de la gasolina.

– Otros factores que encarecen el precio se mantienen inalterados, como el creciente “impuesto revolucionario”, o como se llama oficialmente: “Gastos de distribución”.

Además, hay otra cuestión. Está extendida la creencia de que esta bajada del IVA debería repercutir en el rockero que asiste a los conciertos de una forma muy significativa. ¿Esto es así? Vamos a echar cuentas:

Con una sencilla fórmula matemática podemos calcular cuánto deberían bajar las entradas con este descenso del IVA, si el resto de factores permanece inalterado. Y los resultados son los siguientes:

Caso 1: Conciertos pequeños de grupos nacionales en salas de pequeño aforo. Las entradas de estos conciertos suelen rondar entre 6 € y 10 €. Con el cambio de tipo impositivo, nos quedarían entre 5,5 € y 9,1 €, es decir, la rebaja sería de menos de un euro por entrada.

Caso 2: Conciertos de grupos nacionales de renombre y de grupos extranjeros no masivos, en salas de mediano aforo. En estos casos, las entradas suelen estar entre 20 € y 40 €. Después de aplicar el cambio, estas mismas entradas quedarían a 18,2 € y 36,4 €, respectivamente. Ahorro de entre 1,8 € y 3,6 €, que tampoco parece gran cosa.

Caso 3: Los conciertos grandes de verdad. Los más caros. Y curiosamente los que más se llenan. El efecto llamada de un grupo histórico que atrae a público que va a un concierto al año, los que buscan más nostalgia que música y los que piensan que “este grupo hay que verle una vez en la vida” llenan los conciertos masivos, sea cual sea el precio. En Economía se llama a esto “demanda poco elástica”, es decir, la diferencia de precio en la entrada influye poco en la asistencia al concierto. ¿Pero cómo influye en estos conciertos la bajada del IVA? Veamos unos ejemplos en el siguiente cuadro:

  21 % 10 % Ahorro
Metallica en pista 65 59,1 5,9
Metallica en grada 85 77,3 7,7
Aerosmith en pista 79,3 72,1 7,2
Aerosmith en grada 89,6 81,5 8,1
Guns ‘n Roses Gradas General 85 77,3 7,7
Guns ‘n Roses Asiento Reservado 119 108,2 10,8

No parece un descenso tan pronunciado, ¿verdad? Entonces, ¿a quien favorece más este descenso impositivo? Claramente, al promotor. Este ahorro, multiplicado por los miles de asistentes a estos conciertos, genera un aumento del beneficio muy considerable. Y en el peor de los casos, si el concierto no es un éxito, puede significar la diferencia entre pérdidas y ganancias, sobre todo en los conciertos pequeños y medianos.

A todo esto hay que sumarle, por si alguien no lo sabe, que el tipo de gravamen durante un concierto afecta también a las consumiciones que se ofrecen al público. La cerveza que te tomas en el concierto también pasará de tributar de un 21 % a un 10 %. Ahí también veremos si el cambio influye en el precio del producto o en el beneficio de la sala.

Pagar impuestos es necesario para mantener nuestra sociedad, eso es un hecho. Pero los diferentes tipos de gravamen deberían servir para penalizar más aquellas actividades menos necesarias. La cultura en todas sus formas es un bien necesario y aquel 21 % era una salvajada. El 10 % sigue siendo elevado, pero ya se acerca más a la normalidad.

Esperemos que este cambio, en mayor o menor medida, nos beneficie a todos.

Shan Tee