Editorial diciembre 2016: “Teloneros”

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editorial_diciembre2016Siempre me ha gustado ir pronto a los conciertos y entrar a tiempo para ver al grupo telonero. Si te gusta la música en directo, me parece buena idea contemplar a todos los grupos que proponga la velada. El esfuerzo ya está hecho: Desplazamiento, aparcamiento (en su caso), pago de la entrada… todo ello incluye la posibilidad de ver en directo a 2 ó 3 grupos, ¿por qué conformarse con uno?

Esta costumbre me ha hecho descubrir muchos grupos. Algunos realmente buenos, otros pasables y también los hay que estaban demasiado verdes. En algunos casos me he encontrado con que aquellos teloneros son hoy cabeza de cartel y en otros nunca volví a saber del grupo en cuestión. Como teloneros he visto a bandas tan recomendables como Mama’s Boys, Dare, Accept o Dokken, y en el plano nacional tuve el privilegio de asistir al debut de Niágara (abriendo para King Kobra) y ver a grandes bandas como Zarpa o Nexx, por poner dos ejemplos.

Este hábito de entrar pronto para ver a los teloneros lleva unos años en desuso. Cada vez son más los asistentes a los conciertos que prefieren hacer tiempo en bares cercanos antes que entrar a prestar atención a un grupo que no sea el principal. Cada vez es más habitual encontrarse con salas vacías durante el set de los teloneros y, poco tiempo después, llenarse cuando va a salir el grupo principal. Este desperdicio de recursos (la entrada ya está pagada) muestra un desinterés preocupante entre la audiencia en conocer nuevas propuestas y bandas emergentes. La mayoría de los grupos que hoy son cabeza de cartel fueron un día teloneros de otros grupos, y aunque sea por la ilusión que las nuevas bandas afrontan el hecho de tocar ante un público que no les ha ido a ver a ellos, merece la pena hacer el pequeño esfuerzo de prestarles atención.

De un tiempo a esta parte hay una actitud que me parece aún más inexplicable: el grupo telonero lleva a su recua de seguidores (normalmente amigos y familiares), que se ponen en las primeras filas dándolo todo y cuando termina esa actuación… ¡se van! Pierden la oportunidad de ver al grupo principal. Al igual que en el caso anterior, ya han hecho el esfuerzo del desplazamiento y el pago de la entrada (salvo los pocos que hayan ido invitados por el grupo) y renuncian voluntariamente a ver el concierto principal, normalmente de un grupo más importante y con mayor calidad. Esta actitud sólo se explica porque, a esos seguidores, la música les importa un pimiento, lo único que quieren es ver a sus amigos.

Yo crecí con la idea de que incluir un telonero en un concierto es un ejercicio de simbiosis en el que ambos grupos salen beneficiados. El grupo principal enriquece el cartel y de paso añade algunos asistentes a su concierto, y el grupo telonero tiene la oportunidad de darse a conocer a una audiencia mayor y tocar en un recinto que normalmente le sería excesivamente grande. Y los espectadores pueden ver dos grupos en directo en vez de uno, por el mismo precio.

Estas nuevas costumbres tiran por tierra esta práctica. Y, lo que es peor, muestran bien a las claras el desprecio por la música como tal en buena parte de los asistentes a los conciertos, lo cual es aún más preocupante. El hecho de no querer saber nada salvo del grupo concreto que queremos ver produce desánimo y evita que los grupos se den a conocer a un público más amplio, condición indispensable para el crecimiento de las bandas y, a la postre, del rock en general.

Desde aquí os animo a recuperar la costumbre de ver todos los grupos que nos ofrezca una noche de concierto. Seguro que, al menos de vez en cuando, os llevaréis gratas sorpresas.

Santi Fernández “Shan Tee”

Foto: Niágara, por cortesía de José Martos