Editorial Septiembre 2002: “De la Educación a la Profesionalidad”

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Definir el término profesionalidad es harto complicado, pero en el campo periodístico roza lo imposible. Sea como sea, y creo que en esto existe un acuerdo unánime, el profesional debe caracterizarse siempre por aproximarse al hecho de manera fría, distante, descriptiva, o lo que es lo mismo, lograr una cierta objetividad de juicio.

En el caso de la música este tipo de análisis se reduce a una cuestión técnica (de la que sólo algunos pueden presumir). La sentimental, que es la de las emociones que provoca (y donde nos movemos todos, los sabedores de técnica también, por supuesto), se encarga de anular aquella casi por completo. Normal, tratándose de una actividad artística. Es decir, que la diferencia entre lo bueno y lo malo es absolutamente arbitraria ya que depende del criterio de cada cual.

 ¿Cuál es el rol de los medios especializados en todo esto? En principio, su misión debería consistir en objetivizar lo máximo posible algo tan subjetivo como la música. ¿Cómo conseguir tal propósito? En primer lugar, no estar sometido a ninguna clase de presión para poder expresar una opinión fiable, no condicionada y libre de suspicacias. En segundo lugar, y aquí viene lo más complicado, buscar un referente para efectuar un análisis lo más objetivo posible: recabando información, escuchando con detenimiento y/o discutiendo opiniones ajenas que aporten perspectivas diversas. En tercer y último lugar, expresar las conclusiones sacadas con una mínima coherencia y corrección. Hasta aquí, la teoría tiene su lógica.

Pasemos a la práctica y, ¿qué observamos? ¿Son fiables? ¿No están condicionados? ¿Están libres de suspicacias? Descartar una fuente de ingresos como la publicidad es prácticamente una locura para poder sobrevivir, pero ¿qué hay de la publicidad encubierta (y no tanto) en críticas o de la prioridad que se le da a determinados grupos en las secciones de noticias frente a otros que, pese a su importancia, no tienen cobertura a no ser a través de medios underground, internet o publicaciones extranjeras?

¿Qué referente se busca para efectuar un análisis? En este apartado encontramos de todo. Pero, ¿nadie se ha quedado petrificado por lo menos una vez al mes al descubrir comentarios que dejan en entredicho los conocimientos del grupo del que se está hablando? Esto no es generalizado, si bien más de una vez uno se pregunta por que el tipo que firma un artículo no es el más apropiado o si el colega de turno, que es una enciclopedia musical (infinidad de horas de dedicación y un amor por la música fuera de toda duda), tiene más capacidad que aquel para escribir al menos esa reseña.

¿Coherencia y corrección? Se nota que con cierta recurrencia se cuida poco este aspecto en determinados medios. No obstante, y ello es de agradecer enormemente, cada vez más éstos se nutren de gente cualificada con educación específica en el campo periodístico que incrementan el nivel de redacción. Otra cosa es el mercado de trabajo tan exageradamente flexible que se encuentran estos profesionales en potencia cuando se adentran en el “mundo real”. Ni el liberal más acérrimo soñaría con unos costes laborales tan bajos (la remuneración en especie y moral no bastan para motivar a gente preparada y con ganas de sacar adelante un proyecto serio). La inversión en capital humano es vital; si no, los mejores profesionales se desalientan (porque de la nada nadie se alimenta ni paga letras) y los peores acaban vendiéndose a la publicidad barata, regodeándose de lo auténticos que son por permanecer.

Por lo que respecta a The Sentinel, obviamente no es un medio profesional. Simplemente sabemos lo que somos: un grupo de personas que saca un rato libre para hablar y escribir sobre nuestro hobby. Cualquier parecido con nuestras profesiones es pura coincidencia. Tan sólo estamos cargados de sinceridad (ingenua visto lo visto con el año que llevamos funcionando) y buenas intenciones. Y dicen que precisamente de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Esperemos que las nuestras no nos arrastren hacia esa senda.

A. Puerta