Editorial Marzo 2007: “Rock ¿Forever?”

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Damos la bienvenida a este mes mientras De Juana Chaos sigue escondiendo tripita en las fotos, mientras una web regala implantes tetiles gratis, mientras, por arte de magia, mandan el proyecto de un científico al garete porque sus investigaciones iban bien encaminadas y el negocio farmacéutico peligraba. Mientras la Spears cambia de look y de camello en todas las portadas y televisiones, mientras las viejas glorias rockeriles se reúnen, vete tú a saber con qué fines; y para colmo, va y se muere el puto amo, Alejandro Finisterre, el inventor del futbolín. 

Menos mal que sigue quedando el rock para aliviar tanta mierda invasiba. Porque el rock, alivia ¿no? Es una puerta de escape, de protesta y, al mismo tiempo, de pasotismo. Droga para que las heridas duelan menos. Ese punto que nos da, que al igual que el poco frío que nos queda por sufrir, nos hace sentir vivos. 

Pero, ¿hasta cuándo el rock hará efecto en la sangre? Puede que con la edad, el cuerpo se haga inmune al rock, que ya no lo necesite para nada. Y eso me da miedo. Últimamente, echando un vistazo a mi alrededor, a mis amigos, familia, conocidos, etc; lo que veo no es rock, no veo que lo necesiten, cuando, hace unos pocos años sí. Los amigos con los que cabeceaba en los conciertos, ahora cabecean, como mucho, en el sofá. Ese brillo en los ojos del colega que te recomienda un disco, que igual es un truño, pero lo escuchas porque te lo recomienda con toda su bilis, ya no lo veo. 

Entonces en lugar de mirar a mi alrededor, me miro a mí mismo y, efectivamente, no es el mismo rock de hace unos años el que corre por mis venas. Quizás sea por las circunstancias, no lo sé, pero es seguro que bandas que años ha, eran sagradas para mí, ahora lo siguen siendo pero en el recuerdo, quiero decir, que no las escucho apenas. Como ejemplo, AC/DC. Pues hará que no escucho un disco completo, más de dos años, joder, no me apetece; un par de temas y a la caja. Y así con la mayoría de bandas (Rainbow, Whitesnake, MSG, Van Halen, Scorpions, etc, etc.) que hace un tiempo me la ponían que podía machacar melones. Quedan en la nostalgia y es reconfortante recordarlas, pero no es lo que me apetece escuchar a todas horas. Como lo era “antes”. 

Ahora estoy en “modo expedición”, buscando el disfrute en otros tiempos y otros estilos, porque los actuales no me dicen nada, salvo pequeñas excepciones, claro, pero no es lo mismo, de eso estoy seguro, el disfrute es sutilmente diferente, más maduro quizás. No es lo mismo escuchar a The Clash o a los Ramones ahora que hace cinco años. Entonces, me pregunto, con 29 años de mierda a mis espaldas: ¿”Demasiado joven para morir, demasiado viejo para el rock’n’ roll”? 

Ni de coña. Supongo, no lo sé, que con el tiempo, el gusto va cambiando, se refina, se depura, y supongo también que lo que hace unos años te la ponía dura, igual ahora necesitas de la pastillita para el empalme. Te fijas más en otros aspectos de la música y obvias otros. 

Total, que lo único que espero, es poder seguir disfrutando del rock y sus vertientes, indiferentemente de la edad que vaya acumulando; y no lo veo nada claro, la verdad. 

Desde esta web de quinceañeros (jejeje), esperamos ser de ayuda para que eso nunca pase, para que el rock siga fluyendo con la misma intensidad en las venas de quien quiera leernos y de nosotros mismos. ¿Algún abuelo rockero en la sala?

Didac Bello “Crucificado”