Editorial Junio 2016: “AXL/DC”

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Aún tenemos recientes las visitas de AC/DC a la península (Lisboa y Sevilla), conciertos a los que algunos de vosotros habéis tenido la oportunidad de asistir. Según todos los comentarios, estos conciertos han sido todo un éxito y el rendimiento de Axl Rose ha sido fantástico, aún estando limitado por la rotura de un pie que le obligaba a estar sentado durante todo el show.

No quedan muy lejos los días en los que la noticia cayó como una bomba en los seguidores de la banda australiana. ¿Qué pinta Axl Rose en AC/DC? ¿En qué estaba pensando Angus Young cuando pensó que esa posibilidad era factible? ¿Realmente esto es AC/DC?

La entrada de Axl en el seno de AC/DC no es sino el último de los cambios drásticos acaecidos en el grupo durante el último año. Los problemas de salud se han cebado en dos de sus miembros históricos (demencia en Malcolm Young y problemas auditivos en Brian Johnson), lo que añadido a los problemas judiciales de Phil Rudd, han obligado a Angus Young a renovar casi por completo el grupo. La otra opción era cancelar la gira, algo que no estaba dispuesto a hacer. Únicamente Cliff Williams se mantiene de la formación clásica (vale, no es miembro original, pero está en el grupo desde 1977), con lo que el vuelco en la formación es muy importante.

Hay cosas que me llaman la atención. Brian Johnson se ha ganado el cariño de los fans después de más de 30 años en el grupo. No le ha sido fácil, ya que él mismo tuvo colgado el cartel de “sustituto” durante mucho tiempo. Incluso a día de hoy, la mayoría de los fans de AC/DC confiesan preferir al fallecido Bon Scott. Recuerdo los primeros años con Brian Johnson en el grupo y los palos que le cayeron. Con el tiempo, grandes discos y derrochando simpatía, Johnson se ha ganado el favor de los fans, pero todos sabemos que su rendimiento había caído enteros en los últimos años.

Si hay algo que reprochar, sin duda, son las pegas del promotor para devolver las entradas a quienes así lo deseaban. Cada comprador debería estar en su derecho de devolver su ticket, ya que cuando se pusieron a la venta, este significativo cambio no se había producido. Al final, los que fueron al concierto a regañadientes salieron contentos, pero podría no haber sido así.

Con una humildad que nunca se hubiera esperado de alguien con su ego, Axl Rose ha entrado en AC/DC consciente de su papel. Y contra todo pronóstico, su voz se ha mostrado totalmente adecuada para el repertorio que tenía que acometer. Hemos cambiado ver a Brian Johnson agonizando para intentar acercarse a las notas que se grabaron en disco para disfrutar con Rose llegando sin problemas a la melodía original de los clásicos de la banda.

En mi caso, me hubiera gustado estar presente. No tanto por ver a AC/DC de nuevo (tengo la fortuna de haber visto sus conciertos en bastantes ocasiones), sino por la oportunidad histórica de ver esa formación. Estas ocasiones son únicas, aunque nunca se sabe si al final el resultado será satisfactorio, si disfrutarás con un buen melón con jamón o sufrirás con un plato de sandía con mortadela.

Me vienen a la mente oportunidades igual de sorprendentes. Desde aquel maravilloso concierto de Deep Purple con Joe Satriani sustituyendo a Richie Blackmore al desastre de ver a Ian Gillan cantando en Black Sabbath tras la marcha de Ronnie James Dio. Dos sensaciones opuestas para situaciones únicas. Y, al final, la sensación de decir “yo estuve allí”, que se valora más con el paso de los años.

El futuro de AC/DC es incierto. Angus Young pretende estirar su carrera varios años más. No creo que Brian Johnson se recupere lo suficiente como para hacer giras de nuevo (otra cosa es grabar en estudio) y la entrada de Axl Rose será sólo una sustitución para terminar el tour actual. A fin de cuentas, la salida de Malcolm Young (definitiva) y de Phil Rudd (ya veremos…) ha deshecho uno de los grupos más estables entre las bandas históricas del rock mundial. Lo que parece claro es que uno de los grupos claves de la historia del Rock no va a tener el final que merecería, sino que se va a ir diluyendo según se resquebraja. Una lástima.

Santi Fernández «Shan Tee»