Editorial Abril 2016: “Cuestión de ego”

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editoral_abril2016En el diccionario de la RAE, la acepción coloquial de “ego” equivale a “exceso de autoestima”. Y como todo exceso, es perjudicial no sólo para quien lo sufre sino para los que le rodean.

En los últimos tiempos me he encontrado con varios casos sangrantes al respecto. Sí, estoy hablando de músicos. Y no voy a dar sus nombres, para no inflarles más el mencionado ego y porque, al fin y al cabo, son sólo ejemplos que me han inspirado esta reflexión, aplicable también a otros compañeros de profesión.

Hay que tener los pies en el suelo y saber dónde está el rock español. Y, pese a quien le pese, estamos en un círculo cerrado en el que nos creemos importantes, sabemos que nuestros artistas tienen talento y son capaces de hacernos disfrutar con una música que nos apasiona, pero no debemos permitir que los árboles no nos dejen ver el bosque. Somos minoritarios, tal vez más que nunca. Los grupos nacionales, salvo contadas y efímeras ocasiones, no llenan grandes aforos ni llaman la atención del público en general ni de los medios masivos. Podemos buscar motivos (o excusas) para explicar la situación, pero ésta es la incuestionable realidad.

Esta realidad debería haber sido una cura de humildad para aquellos egos desbordados que exhiben algunos músicos. Pero no siempre es así. Algunos siguen creyéndose el centro del universo, mirando por encima del hombro a los demás. La posición de su nombre en un cartel de un concierto, un comentario riguroso en una crítica (aunque sea rodeado de comentarios positivos), o simplemente el no ser considerados como grandes estrellas les lleva a actitudes irreflexivas y a sacar las uñas hacia todo aquel que ose dudar de su posición de privilegio en el mundo.

A esto también influye el habitual corrillo de aduladores que constantemente les regalan los oídos sin el más mínimo criterio. Ellos crean una burbuja artificial en los que no hay más sitio que para el halago sin medida. Estos círculos de adulación son muy dañinos, ya que aíslan al personaje en cuestión de la realidad.

Seguramente todos los que estamos metidos en el rock, de una forma u otra, conocemos casos que pueden aplicarse a este razonamiento. Afortunadamente no es una actitud mayoritaria, ya que son una minoría los músicos que siguen caminando sobre su ego. La experiencia me ha mostrado que la mayoría de músicos son afables, de trato fácil y autocríticos con su labor. Artistas que se toman un comentario negativo como un acicate para pulir algún defecto, y que agradecen los comentarios positivos con sinceridad.

La organización del Festival “Rock contra el Hambre Infantil” me ha permitido ver las dos caras de la moneda. Todos los artistas que participaron, tanto componentes de los grupos como los presentadores, se volcaron en ello con toda ilusión sin pedir nada a cambio. Otros no pudieron participar por coincidencias de fechas con sus propios conciertos o por falta de tiempo para albergar más grupos. Pero, por otro lado, alguno de los grandes músicos de este país nos contestaron con frases como “si no va la televisión no contéis conmigo”, “yo no toco gratis aunque sea un festival solidario” o “paso de tocar delante de 50 colgaos”. Afortunadamente, entre los más de 500 espectadores que llenaron la sala no había “colgaos”, sino amantes de la música y de la solidaridad.

Y hablando de egos desmedidos, la foto de este editorial muestra al posible nuevo cantante de AC/DC. Es posible que sea un bulo, pero ha corrido como la pólvora por las redes sociales y los medios de todo el mundo. De confirmarse, no se me ocurre peor epitafio para la larga carrera del grupo de Angus Young.

Santi Fernández «Shan Tee»