THE STOOGES “The Stooges” (1969)

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thestoogesSe suele decir que el álbum debut de los Stooges es un claro exponente del “proto-punk”, y eso es otra forma de decir que Iggy Pop, Alexander y los dos hermanos Asheton profetizaron, con su sonido y actitud, la llegada de las tendencias posteriores en el mundo del rock ya en 1969. Algo que tiene mucho mérito si observamos el panorama musical de la época, dominado por bandas de blues rock, por el virtuosismo, por la psicodelia y por los sonidos dulces y amigables que todavía sobraban del ‘64. The Stooges, cuatro chavales de clase media-baja provenientes de Detroit, ensuciaron aquel panorama. Lo volvieron viscoso, crudo y espeso. Tomando lo mejor de los Doors, de los Rolling y de Hendrix, esta gente parió un álbum debut que devolvía al rock a sus raíces salvajes, anti-intelectuales y provocadoras, tomando nota de todo lo que había venido antes de ellos.

Con esto último me refiero a que muchos temas de este disco suenan a cosas más antiguas. Por ejemplo, el boogie de “I Wanna Be Your Dog” o la Morrisoniana “We Will Fall” (diez deliciosos minutos de penitencia) rezuman sus reconocibles influencias. Pero –y ahí está toda la gracia-, The Stooges supieron revestir eso de pura chulería y provocación. Basta con mirar la portada del álbum para ver a cuatro chavales que te podrían estar esperando de noche en el portal de tu casa para robarte la cartera a navajazo limpio. Si entramos en su música, escuchamos unas guitarras dejadísimas que se arrastran por el suelo, una base rítmica que se lleva todo el protagonismo y la voz de Iggy gritando obscenidades como un maníaco. “Now I wanna be your dog… come on!

Las melodías recurrentes, desquiciantemente repetitivas, llenan los ocho temas de un LP al cual, más que “proto-punk”, yo quizás llamaría “post-hippie”. En “No Fun”, en “1969” o en “Ann”, The Stooges le quitan la piel al hippismo, lo pelan como a un melocotón, y te muestran su cruda pulpa. Quizás a ti no te guste la fruta, pero por lo menos The Stooges tienen la decencia de no edulcorarla con potingues.

The Stooges suenan como deberían haber sonado siempre los Rolling. Su rebelión es auténtica porque, en el fondo, se trata de un “me importa todo un comino” neto y declarado. Ellos tenían 21 años, estaban en América y, como admiten en el primer tema del LP, no tenían nada que hacer. Así pues, se dedicaron a oxidar el sonido de sus guitarras y a componer unos solos disléxicos, que abusan del wah-wah con exageración, con la simple voluntad de hacer puro ruido. Ruido del bueno, si me lo permitís.

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Jaume “MrBison”