Editorial Enero 2016: “Killed by Death”

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editorial_enero2016Como es habitual, el final de un año es el momento idóneo para repasar lo que han dado de sí los últimos 12 meses, recapitular lo bueno y lo malo del año que nos deja, las venturas y desventuras que hemos vivido y que nos han hecho un poco más viejos y un poco más sabios. Porque de todo se aprende, de lo bueno y, sobre todo, de lo malo, y nos curte como personas.

Más allá de las vicisitudes personales de cada uno, y ciñéndonos a la música que nos une, ha sido un año muy intenso, como lo son todos, y cada uno tendrá elementos por los que será recordado.

Hemos podido disfrutar de muchos discos nuevos, tanto de bandas nacionales como foráneas, lo que demuestra que la escena está mucho más viva de lo que pueda parecer. Los ha habido buenos, malos y regulares. Algún desastre y alguna obra maestra. De la cantidad se puede extraer la calidad, y aunque no todos coincidamos en qué discos de 2015 nos quedaríamos, sí tenemos la oportunidad de elegir entre muchas opciones, lo cual siempre es bueno.

También hemos tenido muchos conciertos a los que poder asistir. Esto sigue siendo una asignatura pendiente, ya que si bien ha habido grandes llenos en momentos puntuales, la norma es que los aforos no se cubran y hay demasiados aficionados reticentes a salir de casa para disfrutar de la música en directo. Sería una pena que el rock en su hábitat natural, sobre un escenario, muriera por inanición. También querría desde aquí recomendar a aquellos que van a los conciertos que disfruten el momento, un concierto es un cúmulo de sensaciones irrepetibles, y es una lástima que muchos se lo pierdan por estar atendiendo el móvil o charlando con los amigos. Intentad disfrutar de la música en vivo y sacadle partido a lo que se os ofrece desde el escenario.

El año acaba también con una grata noticia para los que vivimos en la Comunidad de Madrid, con la aprobación (¡por fin!) de la ley que permite a los menores asistir a los conciertos. Era tan necesario como evidente, y finalmente se ha conseguido. En los últimos conciertos del año he podido constatar la presencia de menores y es algo que me llena de alegría, y estoy seguro que potenciará la asistencia a estos eventos. No puedo dejar de recordar que yo, como tantos otros de mi edad, comencé a ir a conciertos antes de los 18 años, y esa actividad fue clave en la afición que tengo a día de hoy.

En cuanto a la parte negativa que nos deja el año 2015 que acaba de finalizar, la separación de varios grupos, las rencillas personales entre algunos músicos y aficionados y los proyectos que se truncan son unos “clásicos” de cada año. Pero, sobre todo, debemos lamentar la pérdida irreparable de muchos músicos, algunos de ellos verdaderas leyendas del rock, que nos han dejado para siempre.

Entre todos ellos, casi al finalizar el año nos caía como una losa el fallecimiento de Lemmy Kilmister, uno de los iconos más valorados del rock de todos los tiempos. Un ejemplo de coherencia, implicación y amor por el rock, cuya vida se apagó el día de los Inocentes.

Un superviviente nato, su vida estuvo llena de excesos, tanto en el plano sexual como en el castigo que sometió a su vida con drogas y, sobre todo, alcohol. Pero era fuerte como un roble, y sólo un cáncer muy agresivo que le atacó el cerebro y el cuello se lo ha llevado, pocos días después de cumplir 70 años.

Pese a lo que muchos podrían pensar, Lemmy era muy culto. Muy aficionado a la historia, era un gran experto en todo lo concerniente a la II Guerra Mundial. Un pozo de sabiduría que impregnaba a quienes tuvieron la suerte de tratar con él.

Su trayectoria fue impoluta. Tras su paso por varias bandas locales, fue en Hawkwind donde se hizo un nombre, consiguiendo algún hit en Gran Bretaña a principios de los ’70. La temática espacial y futurista de Hawkind no congeniaba con Lemmy, quien en 1975 formó Mötorhead, grupo con quien se mantuvo en activo durante 40 años en activo sin bajar ni un ápice su intensidad. Durante estas 4 décadas se ganó el respeto de compañeros y aficionados. Incluso aquellos a los que el rock and roll sucio de Mötorhead se les hacía demasiado duro no dudaban en reconocer a Lemmy como uno de los músicos más honestos e implicados con el rock que hayan existido, a la altura de Ronnie James Dio, con quien ya se habrá encontrado al pasar “al otro lado”.

Quienes tuvimos la ocasión de verle en directo pudimos comprobar de primera mano el magnetismo de su presencia. Su actitud, la rebeldía del rockero duro y descarnado, la eterna juventud de alguien que decidió ser joven hasta los 70 años.

Ahora sabemos que le diagnosticaron un cáncer terminal y le dieron de menos de 6 meses de vida. Y él decidió seguir sobre un escenario hasta que el cuerpo aguantara. En varias ocasiones desfalleció y tuvo que cancelar algún concierto al poco de empezar. Su cuerpo, al contrario que su espíritu, no era inmortal y las fuerzas le fallaban.

Cuando el desenlace era inevitable, llamó a sus actuales compañeros de Mötorhead, Mickey Dee y Phil Campbell, para despedirse mientras estuviera consciente. Se le escapaba la vida y lo sabía.

En su autobiografía “White Line Fever”, Lemmy escribió: “La gente no se vuelve mejor cuando muere; solo hablan de ellos como si lo fueran, ¡pero no es cierto! Todavía son idiotas, ¡son idiotas muertos! … No tuve realmente una vida importante, pero al menos fue divertida”

El 28 de diciembre de 2015 Ian Fraser Kilmister murió, pero Lemmy se convirtió en inmortal. Una leyenda que está ya elevada al Olimpo del rock junto a Ronnie James Dio, Bon Scott, Phil Lynott, Gary Moore, Jimi Hendrix y tantos otros que han hecho grande al rock.

But I don’t make no difference

‘cos I ain’t gonna be, easy, easy

the only time I’m gonna be easy’s when I’m

Killed by death

[youtube]https://youtu.be/FL7-sbiGlzw[/youtube]

Santi Fernández «Shan Tee»