PINK FLOYD “Animals” (1977)

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pinkfloyd_animalsPara un servidor, el encanto de Pink Floyd es algo muy intangible e imposible de concretar. ¿Qué les da ese “algo” mágico que todos los grupos quisieran para sí? El dadaísmo ácido de Syd Barrett, los ambientes mágicos y chamánicos magistralmente conseguidos en “Dark Side of the Moon” (1973), la pasión desatada en temas como “Shine On You Crazy Diamond”, el delicado órgano de Wright o la guitarra de Gilmour, que habla fluidamente con cada nota, conforman un compendio de elementos que dan a Pink Floyd ese toque irrepetible de genialidad, pero que son insuficientes para justificar las sensaciones a las que te transporta cualquier disco clásico de la banda. La simple suma de los elementos no nos da el producto final. Pink Floyd tienen algo único e imperceptible, algo que en el presente “Animals”, para mí, despuntó como nunca antes lo había hecho.

“Animals” cosechó opiniones muy dispares en su momento. La crítica fue agridulce con él, y además el año 1977 ya no era un buen momento para el rock experimental, progresivo e intelectual, porque la inmensa mayoría del público tenía los ojos puestos en el punk. Pink Floyd, aunque no lo parezca, también. Precisamente, el presente disco es una réplica a esta nueva tendencia: un álbum político, de crítica social, pero sin ningún tipo de pretensión de “construir” o de “predicar” nada.

Más bien al contrario, “Animals” es un retrato lírico de la asquerosidad de nuestro mundo deshumanizado, una simple constatación de cómo es nuestra sociedad realmente. Imbuidos de sentido trágico, los ingleses se limitan a lo largo del disco a hacer de espejo. No te dan ninguna solución para el problema, posiblemente porque no la haya. Ellos gritan de rabia “Big man, pig man, ha-ha, charade you are” y contienen su mala leche y su frustración como pueden; los cuatro músicos dan la impresión de estar constantemente a punto de explotar, a punto de cambiar la guitarra por un cuchillo. En efecto, ponerse “Animals” en vinilo o en compact disc es contagiarse de un muy mal rollo, de un ambiente tenso y espeso previo a una pelea.

Los tres temas largos de “Animals” remueven el alma hasta tocar fondo; un auténtico descenso a las profundidades abisales del inconsciente, una música pesimista y trágica que tiene como recursos principales unas melodías recurrentes y elásticas, instrumentos como órganos, sintetizadores y minimoogs -cuyo uso dista mucho del que se les daba en la época-, voces susurrantes que encrespan a cualquiera, sonidos de animales, chillidos que se transforman en notas de teclado, delicadas guitarras acústicas y unos pedales de wah-wah muy maléficos.

“Animals” está inspirado en el libro de George Orwell “Rebelión en la granja”, una novela alegórica sobre la sociedad moderna, pero, puestos a hablar de alta cultura, un servidor lo ve más bien como una brillante trasposición musical de la filosofía cínica, del pesimismo de Schopenhauer o de una extensa nota de suicidio. Porque “Animals”, en el fondo, es un grito desesperado de denuncia que proviene de una voz muy lúcida. Con el tiempo se ha convertido en mi disco favorito de la banda, y creo que es una respuesta magnífica al punk de finales de los ’70 por haber sabido maridar con maestría la mala leche tan de moda en la época con la elegancia y el tono trágico propios de sus anteriores trabajos. Lo recomiendo efusivamente.

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Jaume “MrBison”