14/02/04, EL ACONTECIMIENTO

(La Noche de los Cristales Rotos)

 

1.- INTRODUCCIÓN, también llamada prefacio

El presente texto solo pretende recordar los buenos ratos que la gente de esta web pasamos con motivo del “acontecimiento”. Con esto digo que aparte de los allí presentes, los/as salsaroseros/as tienen la oportunidad de saciar su sed de chascarrillos, llorar a moco tendido o, simplemente, entretenerse un rato a costa de los sufridos invitados que tuvimos que soportar calamidades tales como jincharnos a comer, reírnos hasta el dolor de tripa o incluso beber más que los peces del villancico.

Hemos intercalado diferentes visiones del asunto en función unas veces de estar presentes o no en el sitio en cuestión (¿he dicho Iglesia?) y otras simplemente de lo mala que algunos tienen la memoria. Como beber fanta de naranja tiene sus pros y sus contras, hemos aprovechado los pros, y el bebedor oficial de dicho líquido se ha encargado de hacer el esqueleto del relato. Los redactores declinan toda responsabilidad sobre las repercusiones que pueda tener este escrito en materia de gases (contras).

Finalmente, nuestro objetivo se completa con la enhorabuena sincera a los novios y el susto que se van a llevar cuando vean que es la primera boda que aparece en un medio más heavy que el viento.

Hola, Diez Minutos, Tomates y demás escoria, temblad !!!

2.- VAMOS QUE NOS VAMOS

13 de Febrero de 2004, viernes.

Obligaciones laborales y familiares hicieron que yo fuera el último en llegar a Alicante. Durante todo el viaje sentía la ansiedad de las grandes ocasiones, deseando comerme los kilómetros cuanto antes para empezar a disfrutar de este fin de semana largamente esperado. Sabía que mis compañeros y amigos me esperaban ya en marcha, y no quería perderme nada de lo que aconteciera.

Tres horas y media de música y kilómetros que pasaban velozmente bajo las ruedas de mi coche me separaron de Alicante. Antes de llegar les avisé al móvil (bendita tecnología...), y cinco minutos después Alvar de Flack me estaba esperando en una céntrica plaza alicantina, cercana al hotel en el que nos hospedaríamos.

Junto a él estaba el resto de la expedición que se había acercado desde Benidorm para empezar el fin de semana a todo tren: Aguskill, Alfonso Puerta, Bubba, Santaje, y desde Almería, mi tron Starbreaker. Y, por supuesto, Elena, la encantadora Sra. De Flack. Abrazos varios y al hotel, a tomar posesión de la habitación.

(Nota.- Horas antes, mientras esperábamos, habíamos estado recorriendo la siudá como yo soñé (sin los sapatos de gamusasúl) localizando tiendas de discos, de muñecos (criaturas) y garitos donde echarnos una cerveza aún a pesar de la fea costumbre de no poner pincho con la susodicha (ni con nada). En uno de esos bares localizamos, como diría yo, un “objeto imposible”, de esos que cuando lo ves te frotas los ojos porque no te lo crees. Digo yo que si sería efecto de la falta de algo sólido que acompañar a la cerveza, así es que cayeron de nuestro puño y letra unas patatas fritas llenas de colesterol y la foto que se acompaña).

Como Alvar había llegado horas antes, había tenido tiempo de coger las habitaciones y constatar que el hotel era... como diría yo... una mierda!. “Bueno, lo íbamos a utilizar poco” nos decíamos para consolarnos.

El primer problema lo tuvimos al entrar al ascensor. Tendría dos metros de largo y uno escaso de ancho, así que tenías que entrar de cara y salir de culo, y más con la bolsa de viaje. Una vez dentro de la habitación, aquello parecía sacado de la serie “Cuéntame”. Estoy convencido de que la decoración no se había cambiado en los últimos 50 años, y el alicatado del cuarto de baño era para partirse. Cualquiera que haya visto “Cateto a babor” o “Sor Citröen” sabrá de lo que estoy hablando.

Tiempo justo para quitarme el chándal con el que había venido desde Madrid y vuelta a disfrutar de la cálida compañía alicantina. Faltaba alguien muy importante, así que al menos, le llamé por teléfono. Javi estaba muy nervioso. Me contó que había llegado toda la familia de su padre, que había 30 personas en su casa y que no sabía ni qué hacer. Buenos deseos para el día siguiente y colgué.

3.- QUE DIGO YO QUE SI CENAMOS ALGO...

Eran las 10 de la noche, así que se imponía buscar un sitio donde nos dieran de cenar. Tras valorar un par de opciones nos metimos en un bar que tenía un apartado con mesas, con la idea de cenar “de raciones”. Un rápido vistazo a la carta y... qué pedimos? En un alarde de originalidad nos decidimos por unas raciones de calamares, patatas bravas y unas ensaladas. Bubba comentó que nunca había visto eso de “chorizo a la sidra”, con el siguiente descojone general. “Pa mi el chorizo y pa ti la sidra”, le comenté, y terminamos pidiendo también un par de raciones.

El sitio era, la verdad, bastante guarro, pero nos atendieron bien. Pronto pudimos comprobar una de las costumbres más arraigadas de Alicante, y que en mis anteriores viajes a la tierra no había constatado, pero que en este no nos abandonó en ningún momento: la rotura de vasos. Para inaugurar esta tradición, el camarero estampó en el suelo dos vasos enormes que llenaron de cristales los zapatos de Alvar y mis botas. Para nuestra sorpresa, no recogieron los trozos caídos, sino que los dejaron allí durante toda la cena. Cada vez que nos movíamos rechinaban los cristales bajo nuestros pies. Inenarrable.

Durante la cena estuvimos pendientes de Santaje, dada su especial habilidad para animar las reuniones con actividades sacadas de Mortadelo y Filemón, pero en honor a la verdad hay que decir que se portó como un campeón. Sólo tiró un vaso de cerveza sobre la mesa y se puso una “condecoración” en pleno pecho con una gota enorme de sidra procedente del chorizo a la ídem. Hablando de sidra, Bubba comentó que cuando se acabara el chorizo se iba a beber todo el líquido que quedara en el cuenco, pero antes de que nos diéramos cuenta, Santaje pinchó un trozo de pan más grande que él, lo mojó en la sidra residual y se lo metió en la boca ante nuestro asombro general.

Pedimos los cafés, algún licor de hierbas y Bubba se aprieta un cubata, que había tenido examen y tenía que celebrarlo. Y la cuenta, por favor.

No sé cómo se llamaba el camarero que trajo la cuenta, pero seguro que era familia de Curro Jiménez y sus antepasados eran bandoleros de Sierra Morena. Vaya atraco!! Repartimos la cuenta a partes iguales y dejamos como propina uno de los trozos de cristal que todavía rondaban por la mesa.

Nos levantamos, y cuando nos disponíamos a bajar la escalerita que daba salida a la calle, los camareros siguen con la bonita tradición alicantina y tiraron una bandeja entera llena de vasos, llenando todo el suelo del bar de cristalitos. Otra vez. Ya no sabíamos si aplaudir o no.

¿Dónde vamos ahora? No hay problema, Alicante ofrece multitud de alternativas para el ocio rockero en la famosa “Ruta de la Madera” que ya me habían mostrado en alguna ocasión. Entramos en un garito que yo ya conocía y que tenía buena pinta. Bonita decoración y buena música, llena de clásicos del Heavy Metal: Saxon, Maiden, Zeppelin, Purple... aquello parecía el Excalibur, sólo faltaron Manowar. El tiempo se nos pasó volando allí dentro, cambiabas de conversación y de interlocutor sobre la marcha, todos queríamos estar con todos... me encanta ese sentimiento de querer abrazar a todo el mundo. Y estando sobrio, que tiene más mérito.

Ya era madrugada cuando la parte más veterana (Alvar y yo) decidimos dar por finalizada la velada. Yo llevaba en pie desde las 7 de la mañana, me había metido un día de trabajo y 400 kilómetros entre pecho y espalda y mi cuerpo me pedía reposo, así que nos fuimos al hotel a descansar.

Caí como un fardo en la cama. Por suerte tengo un sueño fácil y profundo, así que antes de darme cuenta ya estaba dormido, y apenas me despertaron un par de veces los camiones que parecían circular debajo de mi almohada.

4.- MAÑANA DEL DÍA DE AUTOS

14 de Febrero de 2004, sábado.

De repente suena el teléfono de la habitación. Yo no sabía ni donde estaba, ni qué hora era ni nada...

- ¿Quién es?

- (Suena la melodiosa (por los cojones...) voz de Stabreaker) ¿Santi? ¿estás durmiendo?

- Sí, tío... ¿qué hora es?

- Las diez y media de la mañana ¿vienes a desayunar?

- Amos no jodas... ¿dónde está Alvar?

- Está bajando ya

- Mejor me quedo durmiendo, ya os daré un toque cuando me despierte...

Pero no seguí durmiendo. Me remordía la conciencia. Empecé a pensar en el montón de churros que se estarían comiendo, y me estómago mandó la orden al cerebro para que me pusiera en marcha.

A la media hora ya estábamos todos reunidos desayunando. Hacía un día muy agradable, así que nos fuimos paseando por la zona del puerto deportivo y el paseo de las palmeras hasta llegar al Club de Regatas, donde tendría lugar el banquete de bodas esa misma noche. Tras un breve paso por un Centro Comercial anexo, seguimos la caminata por las calles de Alicante, hasta dar con un almacén / tienda de juguetes donde encontrar algo para llevar a nuestros hijos a la vuelta a Madrid / Talavera. También encontramos una tienda de discos bastante apañada, con una buena sección de segunda mano. Estuvimos rebuscando y encontramos cosas de nuestro gusto. Yo no me llevé nada, pero le recomendé a Alvar un disco de Jeff Healey. Starbreaker también pilló algo.

Antes de la boda habíamos hablado del regalo a Javi. Teníamos claro que lo que mejor le iba a venir era dinero contante y sonante, pero quisimos huir del “toma el sobrecito”, y buscamos algo relacionado con la música, que a fin de cuentas es lo que nos ha unido a todos y fue el motivo inicial de la amistad que surgió después. ¿Le compraríamos un disco? Teniendo en cuenta que la cantidad de discos que Javi puede tener en su casa es tan escandalosa como la nuestra, pensamos otra opción: comprarle un disco ridículo para ver la cara que ponía al abrirlo. Estuvimos valorando varias opciones: El Fary, Karina y un CD de Bailes Regionales se disputaban el honor de salir con nosotros de la tienda, pero de repente, otro disco nos llamó la atención. Nada más y nada menos que un CD-Single de “Xandro y su Punto”, con la canción “Cómprate un perro” en las versiones “X-Team Radio Edit”, “X-Team Latin Remix”, “Eddie Kuki Mix” y “Album Version”. El disco estaba en la sección de segunda mano y costaba la friolera de 30 céntimos. Vamos... el disco perfecto! Dentro meteríamos los sobres con el dinero... y a esperar.

(Nota..- Cuidado, porque el de El Fary era doble y en digipack, con libreto lleno de fotos y explicaciones varias. Estuve a un tris de pillarlo, aunque fuera por la presentación).

5.- DE CÓMO TODOS LOS LABERINTOS LLEGAN A LA IGLESIA

Con la satisfacción del deber cumplido nos fuimos a comer a un bareto cercano, y tras ello, al hotel a vestirnos de romanos para la ocasión. Los que vamos habitualmente a trabajar con traje y corbata no le damos mucha importancia, pero todos estábamos pendientes de ver a Starbreaker vestido de gala. Cuando le vimos aparecer, parecía todo un gigoló. Camisa, chaqueta... pero sin corbata. (Nota.- Costó, pero aguantamos bien la risa...).

- Lo siento, chicos, pero no sé hacer el nudo, me vais a tener que ayudar...

Nos fuimos al parking a por el coche, y allí mismo le hice el nudo de la corbata. La verdad es que estaba hecho un dandy, con la chaqueta, la corbata, las gafitas y el pelo recogido en una coleta que le llegaba por la cintura. El terror de las nenas.

Nos metimos en mi coche y nos dispusimos a ir hasta la Iglesia. Entonces reparé en que no me había traído la invitación de la boda. Alvar tampoco. Starbreaker tampoco. Pues estamos apañaos.... Recordamos que la iglesia estaba en el pueblo de San Juan, y dado que yo he veraneado muchos años en dicha playa, conduje hasta allí por el único sitio que conocía, el paseo marítimo. Desgraciadamente, dicho paseo marítimo pasa por la Playa de San Juan, no por el pueblo, así que... nos lo pasamos. No importa, un toque al móvil, y que nos expliquen donde es. Contactamos con Alfonso, que nos explicó más o menos donde era y cómo llegar. Tras atravesar unos estrechos caminos vecinales llegamos al pueblo de San Juan. Tras dar un par de vueltas, nos tragamos el orgullo y tuvimos que preguntar. Y menos mal, porque nos mandaron en dirección contraria a donde íbamos. Resulta que no era en San Juan, sino en otro pueblo cercano...

Menos mal que habíamos salido con tiempo, porque con todo y eso llegamos al mismo tiempo que la novia. Allí estaba el resto de los componentes de la Web, más Santaje y los amigos de Javi. Aparcamos y nos metimos a la iglesia.

Los detalles de la ceremonia se los dejo a Alfonso, que seguro que lo cuenta mejor que yo...

6.- EL MOMENTASO

...Seguramente ni la pareja de enamorados que estaba a punto de contraer matrimonio cayó en la cuenta, pero lo que en teoría iba a ser una sencilla ceremonia cristiana se convirtió en una genuina misa satánica... al menos por las macabras invocaciones que proferían ciertos sujetos sentados en las filas traseras de la iglesia.

Las cosas como son, la bulla venía de minutos atrás. Poneos en situación: dos coches salen de Benidorm dirección Alicante. Vamos a tope, dominados por la autopista (la A-7, la de Fortu vendría más tarde en forma de Licor 43 con cagaler... digo, con Coca-Cola). Del equipo de nuestro coche salen unos gallos de flipar en colores. Su propietario es Blackie Lawless y pertenecen al posiblemente mejor concierto de la historia de W.A.S.P.: el Donington ’92. Ese ‘oh, oh, oh, oh, ohohoh I am one’ provoca más doblamientos de tripa que cualquier chiste de Chiquito, por no hablar de la versión de “I wanna be somebody”, que puede cargarse una temporada completa de “7 vidas” sin pestañear del descojone.

Prosigamos, que me atasco en los prolegómenos y no es plan. Esa llamada al Maligno vino propiciada por el dichoso viaje; todo porque a Carlos no se le ocurrió otra cosa que dibujar la cara del Padre del Black Metal (buscad en las fotos de la primera quedada madrileña en la Excalibur y daréis con él pronto, os lo aseguro) en el sobre con la pasta que iba a darle a los novios. Esa ocurrencia desató la locura y comenzaron a aflorar grandes frases de la historia (de la nuestra para ser más precisos) que, además de plasmarlas en el sobrecito, luego repetiríamos durante el ritual. La cuestión es que a Agustín se le cruzaron los cables y, situando su León justo delante del de Bubba, puso en marcha el limpiaparabrisas. ¿Os imagináis a quien le cayó el chorretón de agua perfumada, verdad? Bien, pues a continuación teníamos a Bubba tratando de vengarse con un adelantamiento a 160 que nos acojonó sobremanera. En realidad lo que nos acojonó fue el esquive sin mirar que hizo Agu cuando Bubba se colocó justo delante. Si pasa un camión por el carril izquierdo, os aseguro que ahora mismo no estaría escribiendo esto.

La cuestión es que, sin saber cómo, llegamos vivos a la Santa Faz, que está en San Juan pero pertenece al término de Alicante, es decir, que no hay quien se aclare. A fin de cuentas, era donde se celebraba la unión. Me ahorraré los detalles previos, todo el mundo sabe que ese impasse de espera en que el novio está en la puerta de la iglesia con gesto nervioso no tiene ningún misterio. La verdad es que Javi estaba cagado y nosotros de un cachondeo insoportable para esas horas. Finalmente llega Carol de blanco radiante y con el retraso preceptivo de la novia y todos adentro. Empieza el espectáculo.

Seré descriptivo para que podáis reproducir la película en vuestra cabeza. Bien, situémonos en las últimas filas del santo lugar (sin mayúsculas, claro). Tenemos en los asientos de delante a los del otro coche, es decir, a Bubba, Santos, Henares y Coleto. En nuestra fila estamos los del club de fans de W.A.S.P., esto es: Agustín, Carlos, Antonio Napalm (un fanático de Alaska que en cierta ocasión fue secuestrado y llevado preso a la Canciller II para presenciar un concierto de Napalm Death; lo mejor es que de paso vio a los At The Gates de “Slaughter of the soul” y no se coscó más que del dolor de pecho que le entró... estos suecos, que ecualizan muy agudo) y un servidor. ¿Donde están Alvar & Elena, Santi & Chus y el Tetrabreaker-encorbatado? Como bien supuse, las instrucciones que minutos antes le había dado a Santi por teléfono no daban mucho resultado por el caos de carreteras de la zona, así que ni rastro de ellos. En cuanto la novia alcanza el altar, se produce el milagro: aparecen por la puerta y se sientan en la fila de detrás nuestra. Definitivamente esto no lo mejoran ni los Aerosmith de “Draw the line” (ya sabéis, cuando a Steven Tyler le inyectaban Red Bull en vena para que resucitara antes de los shows).

En este punto es cuando las frases míticas que rememoramos en el coche pasan a primer plano. El pollo lo monta Carlos, que literalmente se sale. Con toda la discreción del mundo, de modo que sólo se oiga un pequeño murmullo y no se sepa de donde proviene, comienza el recital. El cura levanta menos la voz que Blaze en el estribillo de “2 minutes to midnight”, así que en medio de la homilía irrumpe una voz lejana: ‘Pon Slayer’. Antonio Napalm, que se sabe hasta la última coma del sermón (fanático de Stryper también), arruga la cara gravemente (pensaba que estábamos locos, pero de ahí a soltar paridas en una misa...). Pues otra: ‘Una de Venom: “Welcome to hell”... eh que a mi el dez ingleh’. Todavía hay más. Suena el organillo de la iglesia en playback, a lo Milli Vanilli, y lo pone a huevo: ‘¡Buahhh, Burzum con el Casio PT-1!’. No hay tregua: Carlos se saca una pegatina de su tienda de tatuajes y nos suelta, ‘Eh, ¿la pego en el asiento?’. A Agustín y a mi nos va a dar algo y si la pega, nos salimos de la iglesia del desencaje. Al final, la cara de Napalm, que adquiere un semblante de cabreo preocupante, le obliga a abstenerse. Bubba nos echa una mirada de complicidad de esas de ‘son como chiquillos’. Henares no se corta y directamente le dice a Carlos, ‘Cállate ya, ¡coño!’.

La ceremonia continua y aún quedan cartuchos. Agustín consagra el recinto: hemos encontrado el verdadero templo del metal. Desde luego, con la que se estaba liando en silencio, Gigatrón no lo hubiesen dudado dos veces.

Ha llegado la hora de que la monaguilla de turno pase la cesta para que los feligreses depositen en ella los donativos. Se acerca a nuestros puestos. Carlos ataca de nuevo: ‘A la vieja ésta no le doy un duro, que soy satánico, qué se ha creído...’. La “vieja” debió escucharlo porque pasó olímpicamente de nuestras caras. El pobre Napalm se quedó con la mano en el bolsillo e intención de sacar unas monedas ya que la abuela de King se saltó nuestra fila y a la siguiente. ¡Humillada! Madre mía, esto no lo había visto en mi vida. De nuevo otro clásico que no puede faltar a la cita, como la moto en “Hell bent for leather”: ‘hermanos, daos la paz’. No sé si os haréis a la idea, pero el choque de manos fue una explosión mezcla de Kame de Go-Ku y puño en alto de Manowar. Nos echan...

Y a todo esto, el cura sentencia ‘Javier y Carolina, os declaro marido y mujer’ y se acaban los tres cuartos de hora del telonero con el lanzamiento obligatorio de arroz, pétalos de rosa y las fotos de recién casados. El novio, ahora esposo, respira por fin la mar de tranquilo y posa con unos guiños de ojo a las cámaras que ni Tom Cruise. ¡El Mata sobrado!

(Nota.- Es el momento de hacer mutis por un lateral a visitar el ambigú...)

A la salida, lluvia de arroz, pétalos de rosa, fotos, besos y abrazos. Carol estaba contenta y tranquila, y Javi estaba realmente emocionado, con las lágrimas que le asomaban deseando salir.

 

Una foto todos juntos, la primera en la historia de la formación actual de todo el equipo de The Sentinel, ya que por circunstancias diversas nunca habíamos coincidido todos a la vez.

7.- NOS ESTAMOS YENDO, YA ESTAMOS CENANDO

Y otra vez para Alicante. Esta vez fue más fácil, sólo era cuestión de tirar por la carretera nacional. En el trayecto vimos al coche de los novios. “Ponte a su lado que le tiramos unas fotos!”. Empecé a ralentizar la marcha, pero el coche que venía delante de los novios no me adelantaba. Aquello parecía la procesión del Rocío, a 30 kms/hora por la carretera nacional. Yo ya temía que el coche se me calara, por la falta de costumbre de ir tan lento.

Pronto nos dimos cuenta que ese coche era el de los fotógrafos oficiales de la boda, y por eso no se despegaba de los novios, así que aproveché una rotonda para hacer una pirula (“de Madrid tenías que ser!”, me pareció oír...) y me puse justo detrás de los novios. Pronto me puse a su altura, sacamos la cámara de fotos, empezamos a saludar... parecían los Rolling Stones. Javi sonreía y saludaba. Carol también saludaba, pero tenía cara de pensar “vaya hostia que nos vamos a meter por hacer el gilipollas...”. Finalmente nuestros caminos se separaron, y tiramos para el hotel

- ¿Ha salido la foto? – pregunté

- Ni de coña, no me ha dado tiempo... – contestó Alvar

Pues sí que estamos buenos....

Dejamos de nuevo el coche en el parking, preparamos el dinero dentro del disco de Xandro y su Punto, y nos dispusimos a ir caminando hacia el Club de Regatas. Como ya conocíamos la zona y sabíamos en qué dirección se encontraba, decidimos ir por el camino más recto, evitando las calles principales por donde daríamos un rodeo.

Nos metimos por unas callejuelas estrechas, la mitad en obras. Pronto me di cuenta que esas mujeres tan arregladas que estaban en los portales no estaban esperando el autobús. Vale, debuti, nos habíamos metido en plena zona de putas!!

Suena el móvil. Bubba. Que están en un pub al lado del Club de Regatas, mojando la espera hasta la hora del convite. Pronto llegamos allí y nos los encontramos tiraos en unos sillones, cubatas en mano. Pronto me fijo en lo buena que estaba la camarera, y busco miradas cómplices entre mis compañeros, sin que las mujeres se dieran mucha cuenta, no me fuera a llevar un pescozón...

Tras un rato de charla, nos fuimos al restaurante. Al levantarnos de la mesa, alguien tira una copa, que se hace añicos. Joder con las costumbres alicantinas. Todos miramos por inercia a Santaje, pero el pobre no había tenido nada que ver. En el Club de Regatas nos encontramos con las puertas cerradas, y todos los invitados esperando en la calle. ¿Quién coño dijo que en Alicante no hacía frío? Después de 10 minutos de temblar, abrieron las puertas, y unas escaleras ascendentes llenas de pétalos de rosa nos condujeron hasta el salón donde iba a ofrecerse el banquete.

Como es habitual, nos ofrecieron un cocktail de bienvenida en la entrada hasta que aparecieran los novios. Me voy hasta un panel donde hay una hoja pegada con la distribución de los invitados por mesas: Es curioso ir leyendo nombres y apellidos, e ir haciendo las correspondencias mentales con nuestros nicks de internet, aunque entre nosotros nos llamemos normalmente por el nombre. Pero el último nombre de la lista no me cuadra. Después de tantos Fernández y Martín, me encuentro con un...

- Oye, Bubba, Antonio se llama de apellido Napalm de verdad?

- Claro, y de segundo Obituary, no te jode!!!

- Que no es coña, tío, mira la lista!

Bubba se acerca... y suelta una carcajada. Javi no recordaba su apellido y había puesto el mote que tiene desde que una vez vio en directo a Napalm Death. El tal Antonio, ya conocido de algunas andanzas madrileñas y alicantinas, se sentaba a nuestra mesa junto al resto del equipo de The Sentinel (excepción hecha de Javi, evidentemente) y nuestras acompañantes, novias y mujeres (la de Starbreaker no pudo venir...). En una mesa próxima, Santaje acompañaba al resto de los amigos de Javi.

En estas, Santaje había dejado un vaso en el suelo. Starbreaker se echa para atrás y lo destroza. Yo decido dejar de contar los vasos que se van a romper en total, no sea que me de una jaqueca.

En ese momento nos presentan a Pedro, el padre de Javi, rockero de pro cuya afición por sus paisanos Extremoduro es legendaria. Una persona encantadora que me causó muy buena impresión.

Se apagan las luces, suena la música.... llegan los novios! La gente se arremolina en la entrada al verles llegar y el maître les recibe, como es habitual, con un par de copas de champán. Y todos p’adentro!

Todas las mesas eran redondas y estaban repartidas a lo largo del salón. Vamos raudos a la mesa 7, que era la que teníamos asignada. Pronto empiezan con los entremeses, y yo me fijo en un jamón ibérico que tiene una pinta de quitar el sentío. Me acuerdo de Pears, que no ha podido venir, y me como un trozo en su honor. Está tan rico que decido comerme otro trozo en honor de Milena, su mujer. Y otro trozo en recuerdo de Bittor. Y otro trozo en honor de Ramiro Motorhead, que estará en Oporto pasando envidia. Y de Schatzie, que estará en Barcelona.... Hay que ver, el plato casi vacío y aún no he cogido nada para mi... así que le pongo remedio. Los demás están liados con el resto de los entrantes mientras yo sigo con mi monográfico de jamón.

En una mesa cercana, uno de los amigos de Javi empieza a calentar la voz... “que se besen, que se besen...”. Tras insistir un poco, Javi y Carol se levantan y nos complacen (bueno, se complacen entre ellos). Nosotros no tenemos bastante con eso: “con lengua, con lengua....” pero pasan de nosotros.

Javi nos ha dejado su móvil para que atendamos las llamadas que tenga. El cacharro se pone a sonar de tal manera que tiene que ser de alguien de Bilbao. Evidentemente, era Bittor, a quien echábamos en falta. Se van pasando el móvil hablando con él, bromeando y de muy buen humor. Alvar le pasa el móvil a Starbreaker, quien tras 10 minutos de hablar con él, me lo pasa a mi sin saber aún con quién estaba hablando!. Yo le saludo con un “ahivalahostiapués!” y tras contarle lo bien que lo estábamos pasando, cuelgo.

Nos traen el primer plato, y siguen los cánticos “que se besen, que se besen...” Javi y Carol, pacientemente, se levantan y vuelven a besarse. A Javi se le ve más animado, porque el beso dura más. “Con lengua, con lengua...”. Vuelven a pasar de nosotros.

A mi izquierda tengo sentado a Alfonso, que me hace una pregunta técnica, yo cojo un boli y le explico gráficamente unos procesos para actualizar ciertas cosas de la Web técnicamente. Hay que aprovechar el momento antes de que se emborrache...

“Que se besen... que se besen...” ¿otra vez? Esta vez Javi no espera a que le pidamos lo de la lengua, porque se levanta y le mete un morreo a Carol que nos deja con los ojos como platos. Cuando terminan, se llevan la ovación de la noche. Vamos, que nos quedan ganas de pedirles una acreditación para la noche de bodas...

Traen el segundo plato. Un chuletón con una pinta de muerte. Por no hacer un feo a los novios, no dejo ni rastro de él en pocos minutos. Mientras, veo a Alvar muerto de risa. Me acerco a ver de qué se trata, y me cuenta que ha enviado un mensaje a Santaje (que estaba en la mesa de al lado) desde el móvil de Javi (ya os he dicho que lo teníamos nosotros) diciendo: “Santos, esta noche paso de estar con Carol, me voy con vosotros de juerga”. Me doy la vuelta y veo a Santaje con cara de extrañeza, pensando por qué Javi no querría ir a la noche de bodas...

“Que se besen los padrinos, que se besen los padrinos....”. Hombre, una innovación! Tras insistir un poco, la madre de Javi y el padre de Carol se acercan y se dan un beso en la mejilla para complacernos. “Con lengua, con lengua....” Evidentemente no coló, pero el descojone fue general.

Pensamos en que hay que cantar algo, y se nos ocurre una canción en honor de Pedro, el padre de Javi. Nos ponemos de acuerdo y entonamos el estribillo de “La Hoguera” de Extremoduro. Pedro se gira y canta con nosotros, con una sonrisa de oreja a oreja. Misión cumplida.

8.- NOS ECHAMOS UNA COPEJA Y UNOS BAILES (¿he dicho bailes?)

Al poco rato recogen los platos, se disminuye la intensidad de las luces y sacan la tradicional tarta de bodas. Se la acercan a los novios y les dan una espada enorme para que la corten. “Javi, saca la espada!” “Manowar kill!!” y sandeces por el estilo acompañan el momento.

Tras repartir la tarta entre los comensales, los novios se levantan y empiezan a pasar por las mesas, momento que aprovechamos para darle nuestro regalo “Javi, hemos estado buscando un disco perfecto para ti, para que cuando lo pongas te acuerdes de nosotros. Dentro hay algo que te puede ayudar, pero el verdadero regalo es éste” Y le plantamos el CD-Single de Xandro y su Punto. Javi se empieza a descojonar, mientras que Carol piensa que estamos como una cabra. Alguien en la mesa de al lado se asoma, y sin saber de qué va la broma, comenta “anda, le han regalado un disco, como si no tuviera discos ya...” A mí se me caen las lágrimas de la risa, lo que se torna en carcajada cuando a un camarero que pasa cerca se le cae una copa al suelo y la hace añicos. Ya ni nos inmutamos, sabemos que son costumbres de la tierra.

Venga, a recoger, que empieza el baile. Empiezan a sonar las primeras notas de un vals de Strauss, y Javi y Carol empiezan a dar vueltas sin sentido en medio de la pista. Yo recuerdo cuando estuve en la misma situación, y me dan lástima. Además, nadie entra a hacerles un quite, hasta que el pincha decide dejar de hacerlos sufrir, y mete el “Bulerías” de Bisbal. Así sufrimos todos. Al menos, la pista se llena, menos la mesa 7, que volvemos a sentarnos y a gastarnos bromas entre nosotros. De fondo, la música cambia de estilo cada cierto tiempo. Sevillanas, Pasodobles, Operación Triunfo, Música Disco... cada 3 ó 4 canciones vuelve a sonar el “Bulerías” de Bisbal. Está de moda, qué le vamos a hacer.

Bubba me tranquiliza: “ayer hablé con Javi, me dijo que antes de terminar tendríamos un rato para nosotros”. Decidimos integrarnos y avanzar hacia la pista, pero hay algo que nos retiene... hasta que suenan las primeras notas de uno de los Clásicos más Clásicos: Paquito el chocolatero. “Hostias, esta me la sé!!” y nos vamos a la pista agarrados por los hombros como si estuviéramos en las fiestas de Moros y Cristianos.

Fue sólo un paréntesis, poco después, el “Bulerías” de Bisbal (sí, otra vez!!) nos mandó de vuelta a nuestra mesa.

“Anda Bubba, tira al coche a por tus discos...”. Dicho y hecho, al rato aparece con un cargador de CDs llenos de discos de melenudos. “Lo he rellenado de clásicos”, me dice, y nos ponemos en disposición de que llegue nuestra hora.

A las 2:10 de la madrugada viene Javi: “venga, ha llegado nuestra hora!” Nos levantamos de la mesa y nos dirigimos al pincha, con quien Javi acababa de hablar. El pobre chaval nos miraba con una cara cercana al pánico, pero resignado, como los borregos a los que llevan al matadero. “No tengo ni idea de esto, me vais a decir qué canciones queréis que ponga”. “No te preocupes, que de eso me encargo yo”, le contesto.

Abro el estuche con curiosidad por saber qué ha traido Bubba. El primer disco que le doy es de AC/DC y le señalo la canción “Riff Raff”. El pincha se santigua (literalmente!) y mete el CD en el segundo lector mientras que en el primero suena... Bisbal, como no!. Bastan los primeros acordes para que tomemos la pista al asalto. El resto de invitados nos mira con extrañeza, pero hay unos cuantos que no se van y siguen con nosotros. Cae un espídico “Burn” de Deep Purple, y tras él Saxon, Iron Maiden... un amigo del padre de Javi está en plena pista bailando como un poseso, y nosotros hemos hecho una peña, puños al viento y corbatas al aire, cantando hasta dejarnos la garganta. Yo le voy diciendo al pincha las canciones que debe poner, sin que nadie más lo sepa, para así sorprender a mis compañeros. Me voy a por un disco de Judas Priest y tengo muy clara la canción que debe sonar: “The Sentinel”. Al oír el riff inicial, todos se vuelven hacia mi y pegan un grito de exclamación... y caemos de rodillas en plena pista! Nos dejamos llevar y nuestras gargantas empiezan a ceder. Bueno, ahora sabemos por qué Rob Halford está tan cascao..

“Vamos a cantar algo en cristiano”, pienso para mi, y la siguiente en caer es “No se vende el Rock and Roll” de Leño. “Como esté mi padre por aquí se la saca”, comenta Javi, pero desgraciadamente no le vimos. La siguiente en sonar es “Breakthoven” de Barón Rojo, cuyo estribillo es gritado a pleno pulmón por todos nosotros, junto al resto de amigos de Javi. El resto de invitados echaba de menos a Bisbal y nos miraba con impaciencia. En mitad de la canción veo pasar cerca de la pista a Carol, tan guapa con su vestido de novia... y me voy hacia ella, la llevo hasta la mitad de la pista y pone el signo de los cuernos, como atestigua la foto.

No sé si fue el pincha, el dueño del local o quién, pero decidieron que ya estaba bien, y nos avisaron que los últimos minutos iba a volver a lo de antes, así que un cambio brusco de Barón Rojo a Bisbal produjo un relevo en la pista. Eran cerca de las 3 de la mañana, y aquello había quedado para la historia, aunque no creo que en el Club de Regatas vayan a presumir mucho de ello los próximos meses..

“Bueno, vamos a seguir un rato por ahí”, comenta Bubba. La gente que tenía coche tira hacia el centro de Alicante, y nosotros vamos caminando hacia el centro de Alicante. Cuando llegamos al hotel, a las 3 y media de la mañana, con frío y cansados, decidimos que el sector veterano se retira, que mañana hay que dejar el hotel prontito.

9.- HAPPY ENDING (que dirían Marillion)

Caímos en la cama rendidos, y a las 11 de la mañana ya estábamos delante de una buena fuente de churros, con la maleta ya guardada en el coche. Los churros estaban llenos de grasa y no estaban demasiado calientes, pero cayó la fuente entera. Un camarero pasa cerca de nosotros, se tropieza, y la bandeja con varias copas que lleva cae al suelo y se hace añicos. Nos reímos, pero ya no nos sorprendemos.

Después del desayuno, cogemos carretera y manta. Paramos en la provincia de Albacete a comer. Mi camino y el de Alvar se separa ahí. Recibimos un SMS de Javi agradeciéndonos nuestra presencia en la boda. Le devolvemos la llamada mientras nos sentamos a la mesa a comer. Mientras comemos, una camarera tropieza y destroza una fuente entera de vasos contra el suelo. Debe ser de Alicante, pensamos.

Me monto en el coche. Alvar hace lo propio en el suyo. Cuando me alejo, pienso en él, en Javi, en todos los demás, y en la amistad que ha surgido entre nosotros, propiciada por el amor a un tipo de música y por el contacto a través de Internet. Recordé aquello que se decía hace años: “Internet tiende a eliminar las relaciones personales”. Y no pude evitar una sonrisa.

Texto: Alvar de Flack, Shan Tee, J.Alfonso Puerta