AC/DC en la memoria (nunca apagada 17 - I - 1981) por Pedro Giner
 En Vivo y En Directo por Perico Salinas “Pears”
 Expediente Top Secret por Perico Salinas “Pears”
 Canal Nostalgia - Nuestra propia nostalgia por Perico Salinas “Pears”
 F5, botón de Actualizar por Perico Salinas “Pears”
 1980, la otra NWOBHM por Perico Salinas “Pears”
 Canal Nostalgia - Nuestra propia discográfica por Perico Salinas “Pears”
 Divagaciones sobre las cuatro cuerdas (o cinco, e incluso seis) por Alvar de Flack
 Las dos caras de Ted Nugent por Israel Albacora “Berruga
 ¿Soy heavy o jebi? por Sergio Guillén “Adriangales
 Mis discos malditos por Perico Salinas “Pears”
 ¿Qué nombre le pongo a mi grupo? por Perico Salinas “Pears”
 Bravo por la Música por Carlos “Mr. Trabuco”
 Cuéntame qué pasó por Carlos “Mr. Trabuco”
 Pequeño manual de primeros auxilios para intrépidos reporteros por Perico Salinas “Pears”
 National Geographic: La Fauna Ibérica por Carlos “Mr.Trabuco
 El espíritu de los '80, independencia y editoriales por Ramiro Morales “Motörhead”
 ¿Fantasía? Medieval por José Alberto “Thunder”
 Yo sólo escucho heavy por “Metalgods

 Mamá, quiero ser heavy por Carlos “Anaxides

 

 

AC/DC EN LA MEMORIA (NUNCA APAGADA - 17 - I - 1981)

Agosto de 1980. Acudo a la tienda de mi barrio para hacerme con una primera copia de “Back In Black”. Cita a ciegas: tras el volcánico “Highway To Hell” la cuota de confianza en los australianos era mayúscula. Así que, nada, a por él y a escucharlo hasta que explote. En el camino me encuentro a un amigo que, pasado el tiempo, será mi compañero nocturno en la primera aparición madrileña de AC/DC. El colega en si me invita a tomar unas copas y estrenar así el enlutado álbum. Y cuando estamos convencidos de que es un esplendido trabajo, me pregunta: “¿Crees que te gustará esto cuando tengas cuarenta años?”

Me lo pensé un par de segundos, pero luego conteste de tirón: Estoy absolutamente seguro de que me seguirá gustando el Hard Rock”. Y no era tan difícil responder a mis 19 años: era cuestión de sentimiento vital, sabias que aquello trascendía las fronteras de la juventud. Y en esas estamos, pero volvamos a aquellos tiempos...

Meses después se anuncian tres conciertos españoles de AC/DC. El grupo de origen australiano ya había conquistado el mundo con la “autopista infernal”, pero en aquella época muchos grandes tenían la sensación de que España no formaba parte de Europa y así eludían la visita a nuestra gente. En todo caso, poco faltaba para que las tornas cambiasen.

Hoy es habitual ver como se venden las entradas con larga anticipación. Véase precisamente la controvertida manera en que se han vendido los tickets actuales de AC/DC con seis meses de antelación. Mucha urgencia y poca organización. El caso es que en los inicios de los ochenta apenas bastaba un mes para ofertar entre los seguidores las correspondientes entradas. Se vendieron con celeridad y con exceso: el viejo Pabellón del Real Madrid casi dobló su aforo oficial, que estaba en cuatro mil y pico espectadores. Hasta 8.000, y puede que más, concurrieron a la cita “acedeciana” del 17 de enero de 1981. Todavía no había llegado el desastre navideño de aquella sala Alcala-20 en el 84, que obligo al Ayuntamiento a tomar medidas para no repetir otras catástrofes.

Y llego el día soñado, sábado si no recuerdo mal. Apretadísimo el pabellón, absoluta mayoría masculina (apenas había rockeras que se atrevieran a congeniar con el entonces durísimo gremio de “troncos”). Por suerte con el tiempo los porcentajes entre sexos se irían equilibrando. Musicalmente, abrió la velada una veterana escocesa Maggie Bell y su grupo Midnight Flyer, que bastante tuvieron con entretener a una masa que les desconocía por completo y que al menos les respetó (entonces había una tradición poco favorable a los teloneros. Joan Jett tendría mucho que hablar sobre esto temporadas después).

Y luego la campana. Brian Johnson (“el nuevo”), su gorra eléctrica y “Hell´s Bells”. A partir de ahí, la conmoción rockera. La banda completamente lanzada, anímica y físicamente, con sus veintitantos pletóricos años (y Brian “el mayor”). Sonó una amplia representación de ese “Back In Black” que es un hito en su discografía, en el Hard Rock de todos los tiempos e incluso en los escalafones de venta por las millonadas que ha despachado y aun reparte en el siglo XXI. Sonaron, claro, los clásicos de la era Bon Scott, antes del primer aniversario de su fallecimiento, y toda una exhibición de Rock and Roll repleto de garra, entusiasmo y buen hacer. Hay todavía quien conserva como oro en paño la cinta pirata que luego se exhibió en el Rastro madrileño. No es mi caso, pero quienes la tengan que la guarden: sus nietos rockeros se lo agradecerán.

Y es que nunca volveremos a tener 19 primaveras... aunque en el 91 (Barcelona), 96 (Las Ventas, Madrid) y 2000 (Palacio de los Deportes, Madrid) volvemos a sentir lo mismo. Eso sí, sentaditos...

Pedro Giner


 

EN VIVO Y EN DIRECTO

Para mucha gente, entre ellas el que suscribe, los discos en directo son el “sumum” de una banda de rock, la final de la Champions de la discografía de cualquier banda que se precie de serlo. Vale, la mayoría están más trucados que la Derbi Variant de un gitano (sí, este símil de la Derbi está ya obsoleto, lo siento pero no tenía otro) y son más falsos que las tetas de Pamela Anderson (que serán falsas pero no veas como me ponen, colega) pero nos da igual, esas carpetas dobles, que pesaban lo suyo –hablo del vinilo- que se abrían y te mostraban fotos de la banda en pleno apogeo conciertil y esas coplas que no te conocías porque no tenías todos los discos de estudio hacían de los “live” un preciado tesoro. Mi primer disco de Scorpions fue el “World Wide Live”, de Ozzy el “Speak Of The Devil” (e, iluso de mi, no entendía porque no venía “Crazy Train”) y cuando por fin tuve en mis manos el ansiado “Live After Death” pensé que “Wrathchild” era un tema nuevo… era joven y tierno, entiéndanlo, pero todo ello hizo que me hiciera un enamorado de los discos en directo.

Discos que los había y hay de muchas clases. Sin duda el mejor era el “doble” grabado del tirón o a lo sumo en un par de jornadas como el “Made In Japan” (el rey de los directos) pero también molaban los que eran dobles pero con coplas de aquí y allí como el “Live After Death” o el injustamente olvidado “Frampton Comes Alive!”, que pasa por ser, amén de un disco maravilloso, uno de los más vendidos. Los que no molan nada son los simples que, como aquellas novias de la adolescencia que por mucho que magrearas no tocabas nunca pelo, te dejan siempre con las balas dentro del cañón. El “Live At Leeds” de The Who te dejaba, por mucha barbaridad que fuese, a medias. Gracias a Dios hoy tenemos dos reediciones de ese disco deshaciendo el desaguisado. A AC/DC les pasó lo mismo y, a pesar de ser magnífico, el “If You Want Blood” se nos queda corto.

El nombre del lugar, aunque luego no hubiera sido grabado allí, también era algo importante. La música Rock no sería lo mismo sin el Budokan, los Fillmore (el East y el West), el Hammersmith Odeon, el Marquee o Donington. Sólo del Budokan ya se me ocurren una docena de grandes discos en directo: Dylan, Schenker, Cheap Trick, Ozzy (bueno, este de bueno tenía poco) Gillan…

A finales de los ‘70 pocos quedaban sin disco en directo. aunque un caso era especialmente sangrante, el de Led Zeppelin. Mientras la banda estuvo en activo su única aportación en directo fue el “The Song Remains The Same”, poca cosa. Hace poco se desquitaron con el triple CD “How The West Was Won”. A Black Sabbath le pasó lo mismo, su “Live At Last” no hacía justicia y tuvo que ser Ozzy en solitario (y que no se olvide nadie de citar a Brad Gillis) el que nos dio el mejor disco en directo de la banda británica. Metallica también se apuntaron a esto de no sacar disco en directo como Dios manda (el cofre aquel que costaba 15 talegos de los de entonces no cuenta) ni Van Halen que dejaron pasar su mejor etapa con Roth al frente (el que sacaron con Sammy Haggar que se lo metan allá donde les quepa) Claro que también los había que sacaban discos en directo cada vez que cerraban una etapa como Scorpions y, sobre todo, Rush.

Parecía que algunas veces había prisa por sacar el disco en directo y se hacía de cualquier manera. Puedo imaginarme a esos pobres Judas Priest diciéndose unos a otros: “¡Oye, que se nos pasa el arroz y no tenemos disco en vivo!”. Pues nada, nos reunimos aquí en el saloncito de casa y lo grabamos en un rato y luego decimos que lo hemos grabado en Japón. Eso sí, el disco está trucao y tiene más trampas que una película de Indiana Jones, pero ese “Diamond And Rust” suena mucho mejor aquí que en su primer versión ¿a que sí? Pues qué más da, además ocho años más tarde sacaron otro todavía más trucao, aunque esta vez doble, eso sí. A esto de trucar, moldear y colorear se apuntaron muchos pero no podemos dejar de mencionar el “Live In The Raw” de WASP, el peor disco en directo nunca editado. Piensen ustedes en ese Lawless diciéndole a los demás, después de ver que las cintas que tenían no valían para nada, algo así como “esto lo arreglo yo en dos tardes” y terminó regrabando toda las pistas de batería. Así que tenéis por un lado al grupo en directo y por otro la batería en estudio, un despropósito.

Luego está el caso contrario, gente como Pearl Jam a los que no se les ocurre otra cosa que inundar el mercado de discos en directo a pelo (con muy buen sonido la verdad) o Bruce Springsteen y su famosa caja de cinco LPs (que goza de lugar preferente en mi estantería). Y cinco vinilos es lo que hubiera necesitado el pobre de Martin Birch para poder hacer el rompecabezas en el que se convirtió el “On Stage” de Rainbow. A un vinilo no le caben mucho más de 20 minutos por cara así que si una banda como Rainbow, que alargaba los temas hasta el infinito, que metía solos hasta de pandereta y que hacía las introducciones más largas que los propios temas no podía pretender que todo fuera en orden en un doble vinilo. El pobre de Martin tuvo que recortar donde pudo, cambiar el orden de los temas y, desgraciadamente, dejar fuera más de uno haciendo que On Stage no esté hoy en día entre los mejores discos en vivo, aunque es muy recomendable y en su momento tuvo buenas ventas.

Hoy en día, gracias a la informática, los discos en directo son como las estrellas del porno, tienen más de artificial que de verdadero pero también gracias a esto son más fáciles editarlos por lo que gente como Maiden o Dream Theater nos entregan uno prácticamente de cada gira. Puede que debido a todo esto hayan perdido la magia de antaño, no lo dudo, pero siguen siendo maravillosos y una verdadera reválida para los grupos. Larga vida a los discos en directo.

Pedro Salinas “Pears”


 

EXPEDIENTE TOP SECRET


“Muchos Bothans han muerto para poder traernos esta información...”

Vale, reconozco que no tengo ni pajolera idea de lo que es un Bothan ni voy a hablarte de la estrella de la muerte del copón, ya que sólo he puesto esa frase para tirarme el pisto y darle ambiente a este estúpido texto. Bueno a lo que voy, que los Bothan estos, sean lo que sean, han muerto como cochinos en un matadero para poder traer esta información y es que, desde The Sentinel Web Mag (tampoco me preguntéis porque no sé qué coño significa eso de webmag) podemos anunciar que por fin estamos en condiciones de revelar algunos de los secretos mejor guardados del mundo del Rock. Aquello que siempre te ha quitado el sueño, que te impedía tener erecciones normales de más de dos horas, y que te habían dejado sin ganas de comer altramuces. En definitiva la solución a los grandes misterios que, hasta hoy, estaban sin resolver.

Desde hace unos años vienen sucediéndose en el mundo rockero casos cuya explicación -quitando el tenebroso mundo de las drogas alucinógenas como la anchoa del Cantábrico- sólo estaba al alcance de unos pocos privilegiados. ¿Cuántas veces, desde lo más profundo de tu ser, no te has preguntado qué es lo que ha llevado al dúo Hetfield/Ullrich a grabar una mierda de batería como la del “St. Anger” o al bueno de Harris para dar el visto bueno a una portada, una mierda de portada (me repito, lo sé) como la del “Dance Of Death”? ¿Estamos ante una conspiración de los músicos para reírse de nosotros? Desde luego no hace falta tener dos dedos de frente para darse cuenta de que cualquier imbécil con los rudimentos más simples del Photoshop sería capaz de hacer algo de más calidad y con mejor gusto que esos espantajos enmascarados y esos perros voladores que salen en el último disco de la doncella, como tampoco hay que ser ningún lumbreras ni un músico profesional para darse cuenta de que hasta la batería de A Palo Seko suena mejor que la del danés en su “Santa Rabia”... bueno no, la de A Palo Seko no suena mejor, eso es imposible. Sea como sea algo se escapa a nuestro entendimiento en ambos casos. Casos a los que habría que sumarles otros que no por ser menos relevantes dejan de tener su importancia. Me refiero a cosas como las de Running Wild, un grupo de tercera regional que en su vida la ha visto más gorda, negándose a tocar en el Lorca Rock, o a que AC/DC necesite más de seis años para poder grabar un disco que luego será igual que todos los demás. 

No sé a ustedes pero a mí todo esto me provocaba un sin vivir, una desazón del tamaño de la cabeza del redactor jefe de esta santa página que hasta he llegado a perder el apetito, sexual se entiende. Muchas eran las teorías, desde el ya comentado influjo (¿existe la palabra “influjo” en nuestra lengua? ¡Pues joder que fea es!) de las sustancias psicotrópicas hasta la tan cacareada abducción por parte de extraterrestres de nuestros hídolos (la hache está puesta con alevosía y premeditación, que no hay nada mejor que darle unas patadillas a la lengua de vez en cuando). 

Pues bien, podemos asegurar y aseguramos que nada de esto es verdad si exceptuamos que el tío de Stratovarius, el gordo que medio toca la guitarra (perdonen que no conozca el nombre del sujeto pero es que me importa una mierda con tirantes como se llame) que sí, repito, sí ha sido abducido por los marcianos. Después de muchas horas de investigación podemos afirmar taxativamente (no me pregunten que significa esa palabra) que los músicos se ríen, se descojonan, de nosotros, los fans que siempre les hemos apoyado, viendo como nos gastamos nuestro dinero que tanto nos ha costado ganar en sus engendros. Nos cuentan nuestras fuentes que estando reunidos Dickinson y Harris viendo los bocetos para la portada del disco de marras, Steve sacó un penique de su bolsillo y, soltándolo sobre la mesa, le dijo a Bruce Bruce: Me juego ese penique a que sacando la portada más fea posible no sólo vendemos tanto como con “Brave New World” sino que además hay más de uno que hasta dice que le gusta. Ni que decir tiene que Bruce Bruce acepto la apuesta. Una semana más tarde contactaron con Blaze y le pidieron que, ya que no podía ser el cantante de la banda por lo menos le iban a dejar el honor de crear la portada. Tres meses más tarde “Dance Of Death” estaba en la calle. Blaze sigue pensando que ha hecho un buen trabajo... con la portada.

Pedro Salinas “Pears”


 

CANAL NOSTALGIA - NUESTRA PROPIA NOSTALGIA

La nostalgia es a la vida como la salsa de tomate a los spaghetti, capaz de darle sabor a algo totalmente insípido. No importa lo malo que seas, deja que pasen veinte años y todo el mundo te reivindicará como un maestro. La nostalgia es aquello que hace hablar bien de la mili a todos los que la hicieron, cuando todo el mundo sabe lo realmente “bien” que se lo pasaron, pelándola en el cuartel aguantando a un cabo chusquero al que le olía el aliento a Ducados y licor barato. La nostalgia es una droga que distorsiona la realidad y que es tremendamente adictiva.

En el mundo de la música pasa tres cuartos de lo mismo. Todo se magnifica con el paso del tiempo y hoy asistimos, más de uno pasmado y con los ojos como platos, a un auténtico revival de bandas que, mira tú por donde, en “su” época eran más malas que un dolor y ahora aparecen como auténticas bandas de culto. Músicos que solo pueden aportar su experiencia, y nada más, bagaje bastante escueto a mi parecer.

La infumable movida madrileña, las películas de La Guerra de las Galaxias y hasta las oxidadas pesetas, ahora todo sabe mejor, cualquier tiempo pasado siempre fue mejor (Molina dixit) y el Heavy Metal no se iba a quedar a atrás. Antes se llenaban estadios, había mucha música en la tele (perdonen el lapsus pero es que me he caído de la silla de la risa) y todas las bandas eran cojonudas. Basta echar la mirada a nuestra espalda para ver un mundo perfecto. Claro que si la nostalgia es un recuerdo borroso en los que vivimos aquella realidad, en los que no la vivieron se convierte en mundo de fantasía que ríete tú de Dorothy y el mundo de Oz.

Es curioso echar la vista atrás y ver el tremendo impacto social y cultural que provocó en mi generación un disco como el “Keeper OF The Seven Keys”, un impacto que llevó a los alemanes a cosas tan importantes como abrir una gira de Dio y tocar en Donington a la hora del Té. Todo un éxito sin duda, no se hablaba de otra cosa en 1987, claro que estamos hablando de la banda abanderada (valga el juego de palabras) de la exquisita compañía alemana Noise, todo un derroche de buen gusto... la nostalgia, ya saben. Los ejemplos serían miles, bandas que antes eran de tercera regional como Grave Digger o Running Wild (bueno, estos eran de segunda B) o conciertos tremendos en estadios con todas las tías con las tetas fuera... vamos que los ochenta fueron el paraíso. Vistos desde las nostalgia, claro, que aquí en España, y esto se que no tendría ni que decirlo, las únicas tetillas que se vieron en un concierto fueron las de... bueno las de Fortu de Obús (que alguien ponga algún emoticono).

Tampoco os engañéis, que yo no pretendo echar por tierra los sueños de nadie, que yo no cambio 1985 por 1995 y mucho menos por 2005, y que todo el legado de los años ochenta (y setenta y sesenta y tal y tal) ahí está pero hay que tratar de verlo con la más mínima objetividad, que como dicen en mi pueblo, ni tanto ni tan calvo.

Claro que a mí lo que más miedo me da no es que ahora idealicemos una época mitificándola en exceso, que al fin y al cabo los ochenta tuvieron calidad a raudales, lo que a mí me preocupa de verdad es que dentro de 20 años la gente piense que en el 2005 como la época dorada del Rock & Roll. Quizás con un poco de suerte dentro de 20 años el Rock sea algo que sólo se pueda ver en los museos, que la nostalgia tiene más peligro que un barbero con hipo. ¡Pa´habernos matao!

Pedro Salinas “Pears”


 

F5, BOTÓN DE ACTUALIZAR

Bisbal y Chenoa han roto su relación amorosa y la industria del disco se tambalea. Hasta en el Top Manta están pensando hacer un comunicado. A mí ya me extrañaba que un tío que tiene millones de mujeres a sus pies se empeñara en seguir con la cara botijo del culo gordo. Otro que se ha roto, y éste de verdad, es el Luqui. Un buen profesional de la radio-fórmula capaz de alabar a los Rolling y a las Spice Girls en el mismo minuto y con la misma pasión. A mí me parecía un tipo insufrible como también me lo parece Tony Blair a pesar de que se acaba de confesarse un apasionado de Paul Rodgers, quizás algún día Bush nos sorprenda declarándose fan incondicional de Slayer (tiene toda la pinta). El que está apunto de romperse cuando escribo estas líneas es el Papa de Roma, el muñeco de goma que parecía inquebrantable posiblemente esté ya haciendo cola preparándose para su juicio divino, quizás se encuentre con Luqui y éste le diga: “Hey sííí, tú y yo lo sabíamos...”

Seguro que de lo que no hablan Luqui y Juan Pablo (ni Blair y Bush y ni Chenoa y Bisbal) es de gente como “Kino” que han lanzado a hurtadillas, casi de puntillas, uno de los discos del año. Un proyecto paralelo y perpendicular de gente de Marillion y Arena que suena a gloria bendita. Tampoco dirán nada de la monumental obra (un clásico en toda regla desde el mismo día de su lanzamiento) que nos han regalado “Corrosion Of Conformity” y que ya te adelanto que es el puto disco del año y eso que todavía estamos en abril, aunque reconozco que yo no soy imparcial con estos tíos, para mí son como la Biblia para los cristianos que se agolpan en la Plaza de San Pedro, una especie de dogma de fe. Sin embargo con Metallica da igual ser imparcial, parcial, apasionado u objetivo porque lo de esta gente no hay por donde cogerlo. Hubo en tiempo en el que se convirtieron en la banda más grande del planeta pero hoy en día no dejan de ser un chiste y un entretenimiento más con el que divertirse en los foros de Internet. Te lo digo sin ver la jodida película y convencido al 100% de que no me equivoco: “Some Kind Of Monster” es la mayor mierda nunca editada por grupo alguno. Hubo en tiempo en el que Corrosion se miró en el espejo de Metallica pero hoy en día son bandas que están a años luz en todo, en calidad y en actitud, sobretodo en actitud. Desde luego el dúo Hetfield/Ullrich está más cerca de Chenoa y Bisbal que de cualquier otra banda del universo rockero. Hasta “Limp Bizkit” rockean más que los de San Francisco. Vamos, lo mismito que Warren Haynes y sus “Gov´t Mule” que hoy mismo están tocando en éste nuestro país.

Como siempre, la vida es una cuestión de saber elegir, de escoger entre Bisbal, Blair o Metallica o Corrosion, Kino y Warren Haynes, de escoger el culo de Chenoa (el culo más grande del planeta) o darte un baño de música de calidad. De hacer lo que te digan, como Luqui y el Papa, o ser tú mismo el que decidas lo que quieres oír, ser y sentir en cada momento. De todas maneras siempre nos quedarán las “Nancys Rubias”, el último patético invento de la industria que por no tener, no tiene ni el culo gordo de Chenoa.

Pedro Salinas “Pears”


 

1980, LA OTRA NWOBHM

Si hiciéramos una encuesta preguntando por qué se revitalizó con tanta fuerza el Heavy Metal en la década de los ochenta, seguro que muchos de vosotros responderíais sin pensar que la New Wave Of British Heavy Metal fue el desencadenante principal del resurgimiento del estilo. Y no os faltaría razón aunque a mí entender hay otra “nueva ola” que, aunque más dispersa y sin nada en común excepto la calidad, fue tan importante o más que la propia NWOBHM.

1980 es un año importantísimo para la historia del Rock. Importante porque es el año de la muerte de Bon Scott y de la separación de Led Zeppelin tras el desgraciado final de Bonham el 25 de septiembre, es el año del asentamiento del Punk y el año donde los grandes dinosaurios del Rock sinfónico dan sus últimos estertores, pero también es el año donde coinciden una serie de lanzamientos que cambiarán, definitivamente, la manera de hacer y entender el Heavy Metal.

Cuando Ozzy se fue, o fue echado, de Black Sabbath en 1979, muchos pensaron que era el fin de la banda. Nada más lejos de la realidad. Iommi es, además de un gran guitarrista, un excelente “ojeador” de cantantes (sólo hay que ver los que ha tenido en nómina en la banda) y rápidamente vio en el menudo frontman de Rainbow el substituto perfecto para el Madman. Cuando en 1980 salió a la luz el tremendo “Heaven & Hell” no sólo salía a la calle un disco más de Black Sabbath sino uno de los discos más importantes de la década siguiente y uno de los que más repercusión tuvo. Porque en “Heaven & Hell” el dúo Iommi/Dio da una vuelta tuerca al sonido rudo de Sabbath y lo empapa de una iconografía que será el referente para muchos grupos posteriores. Claro que al mismo tiempo el come murciélagos más famoso de la tierra no iba a quedarse quieto y con la ayuda del tristemente desaparecido Randy Rhoads, saca ese mismo año un disco que hoy en día sigue siendo uno de los pilares básicos del Heavy Metal. Blizzard Of Ozz es toda una lección maestra del estilo y los riffs de Randy, a pesar de que han transcurrido 25 años, siguen siendo imitados en la actualidad.

Hasta 1980 Judas Priest había estado en un segundo plano. Si al comienzo de su carrera se les tachaba, con razón, de imitadores de Sabbath, poco a poco, disco a disco, fueron buscando y hallando su propio sonido que a la postre les haría merecedores del número uno de los Headbangers del planeta. Es precisamente en 1980 cuando dan el espaldarazo definitivo con la publicación de “British Steel”, un disco que sienta las bases de la NWOBHM hasta en el título. El cuero y las tachas se ponen de moda, las guitarras lisérgicas de los setenta dan paso a guitarras afiladas como cuchillas y las percusiones a baterías con vocación de apisonadoras. También contribuyen a todo esto unos jóvenes de Londres que ese año publican el disco definitivo del Rock & Roll: “Ace Of Spades” Ya nada volverá a ser igual sobre la faz de la tierra. Sucios, agresivos, enérgicos y todo lo rápido que podían ser, Motörhead se convierten en el espejo donde se mirarán muchas bandas posteriores.

La muerte de Bon Scott tras el fantástico “Highway To Hell” parecía el final de AC/DC. Nadie apostaría ni un céntimo por la supervivencia de la banda sin la presencia del carismático cantante, pero los hermanos Young eran demasiado obstinados como para tirar por la borda el sueño de su vida, así que no tardaron mucho en encontrar un substituto para Bon y a los pocos meses “Back In Black” estaba arrasando en las tiendas de todo el mundo. Como bien indica la portada el disco homenaje al fallecido Scott es un disco oscuro y poderoso con el material más “Heavy” que habían grabado hasta la fecha. Coplas como “Hell´s Bells” o la propia “Back In Black” están grabadas a fuego en la mente de todos nosotros.

Scorpions ya era una banda grande a finales de la década de los setenta. Sin embargo la marcha de Roth y la entrada del joven Mathias Jabbs coincidió con un cambio notable en el sonido del grupo. En 1980 publicaron el discreto “Animal Magnetism”, que a pesar de estar muy por debajo en cuanto a calidad de sus vecinos, corroboraba el nuevo sonido, más duro y metálico, que los alemanes ya habían apuntado en el anterior y excelente “Lovedrive”. Sonido al que le dieron el empujón final dos años más tarde con el superventas Blackout.

Podríamos seguir páginas y páginas hablando de gente como Van Halen, Thin Lizzy, Whitesnake, Kiss, Mötley Crüe y un sin fin de bandas que sin quizás proponérselo tuvieron igual o más importancia que la NWOBHM en la concepción moderna del Heavy Metal. Y que Dios me libre de negarle a grupos como Maiden o Saxon el gran mérito y la importancia, ni hablar ya de la gran influencia (y si no que se lo pregunten al simpático Lars Ulrich) en los primeros ochenta pero en mi opinión fueron estos discos los que de verdad sentaron las bases de todo lo que vendría después.

Pedro Salinas “Pears”


 

CANAL NOSTALGIA – NUESTRA PROPIA DISCOGRÁFICA

En estos días de sobredosis tecnológica, cualquier alicuécano de tres al cuarto, con un buen ordenador y el software adecuado, puede llegar a hacer verdaderas virguerías en su propia casa, pero nada comparado con las grandes obras de ingeniería sonora de la que algunos éramos capaces hace 20 años sólo con grandes dosis de imaginación y también, por que no, de un poco de ingenuidad.

El mp3, por increíble que parezca, no ha estado aquí siempre. Ni el disco compacto, ni estas computadoras del demonio que estás usando ahora, ni nada que se le parezca a toda esta avalancha tecnológica que padecemos hoy en día. Hace 20 años el que tenía una doble pletina de cassette o un giradiscos era un ser afortunado y sin embargo éramos felices y, desde luego, gastábamos mucho menos dinero llamando al servicio técnico de nuestro proveedor de Internet. Gastábamos menos dinero entre otras cosas por la sencilla razón de que estábamos más tiesos que el pellejo de un tambor.

Con un par golpes al ratón la mula se pone en marcha y escogemos a la carta el banquete del día, luego nos metemos en cd-covers o similar a buscar la portada, impresora, papel de foto, unas tijeras y un poco de pulso y ya tenemos un nuevo CD para “estanterizar” (porque de oírlo será en otra vida que en esta no nos cabe nada más).

Pero antes las cosas no eran tan fáciles. Primero teníamos que encontrar a alguien que tuviese el disco que buscábamos o, en su defecto, una copia decente. Incluso había empresas (¿empresas?) que te grababan lo que querías. Recuerdo un chaval del País Vasco que grababa cintas por cuarenta duros (una pasta en aquellos años) de grupos rarísimos, grupos como unos tales Metallica o unos tal Exodus. El muy mamón te ponía los títulos de las canciones con rotuladores de colores y siempre, siempre, te firmaba las grabaciones con algún eructo o similar. También los había más sofisticados que hasta se anunciaban en revistas como era el caso de “Heavy Chrome”, “Rock Bootlegs” o la famosa “Oink” con su gorrino. Estaban especializadas en directos y te surtían el material en su buena cinta de cassette. Cintas de las que, por cierto, hablábamos el día entero aunque no tuviéramos ni puta idea de lo que decíamos. Cintas de Cromo, de Hierro... Que sí la TDK, que si la Sony HF. Lo que yo te diga, papagayos vestidos de eruditos. También se daba el caso de no tener una pletina en el giradiscos de papá y entonces... entonces no te quedaba más remedio que encomendarte a San Martin Birch y grabar los más “orgánicamente” posible, esto es, con el jodido Radio-Cassette lo más pegado posible al altavoz del tocadiscos. Claro que antes había que cerrar a cal y canto el improvisado estudio de grabación. Más de una cinta y más de dos andan por ahí sueltas con sonidos de coches, la televisión o algún teléfono sonando entre canción y canción. Luego era indispensable guardar el boletín informativo de Discoplay también conocido como el BID, porque allí, aunque fueran en ridículos tamaños que necesitaban de una lupa para verse, estaban todas nuestras carátulas. Se recortaban y se pegaban al dorso de las cintas junto a los créditos. ¿Créditos? Pues claro, había que poner toda la información de la que disponíamos en el cartón de las cintas porque luego éramos capaces de quedarnos horas y horas oyendo aquellas grabaciones sólo con aquel pedazo de papel en la mano. Así es como tenemos grabados a fuego en nuestra mente todos aquellos clásicos. Hasta había algún manitas que era capaz de, en el lateral, dibujar el logo del grupo con acierto aunque para ello hubiera dedicado a entrenarse todo un semestre en el colegio. Otra cosa básica era usar la duración adecuada. En cintas de 90 solían caber dos discos aunque no siempre y más de alguna vez hemos tenido que mutilar algún disco. Que levante la mano el que no se haya “soplao” alguna vez la balada para que cupiese el disco de marras.

Definitivamente eran otros tiempos, ni mejores ni peores pero mucho más rudimentarios aunque eso mismo quizás nos hacía saborear las cosas con más calma, paladear en vez de engullir como los pavos. Larga vida a las cintas de cassettes y a los trabajos de manualidades hechos con amor.

Texto: Pedro Salinas “Pears”

Material “histórico”: Shan Tee


 

DIVAGACIONES SOBRE LAS CUATRO CUERDAS (o cinco, e incluso seis)

A menudo el bajista de un grupo de rock pasa inadvertido para el oyente medio. La guitarra o la batería son instrumentos mucho más a la vista, no hace falta esfuerzo para escucharlos, sin embargo, las frecuencias graves (mucho más cuanto más al límite audible se encuentren) son más difíciles de reconocer entre el maremágnum sonoro, y para la gran mayoría no merece la pena el esfuerzo.

Muchos piensan que el bajo es un instrumento que está ahí porque tiene que estar, porque rellena, porque hace mono o porque a veces (solo a veces) hace alguna cosilla digna de mención, como una entrada con la batería o cualquier tontería similar. Gran parte de culpa de que muchos tengan esta idea es la penosa imagen que dan algunos bajistas que se cuelgan el instrumento a la altura de las rodillas mientras mascan chicle y ponen caras destroyer total, muy macarras ellos, muy rockeros y muy... bueno, vamos a dejarlo en que son protagonistas de su propio mundo.

Muchos ‘nuevos bajistas’ tienen esa imagen grabada a fuego en sus mentes, y en vez de dedicarse a estudiar su instrumento, se preocupan más de dar imagen. En lugar de controlar la situación no meten una nota en su sitio, pero tío como molan (¿no?). En vez de conducir al grupo por el maravilloso mundo de las melodías-base o de formar un dúo homogéneo junto a la batería, se destrozan la muñeca intentando llegar a la cuarta (ay! si se lo colgaran como es debido). Se podría hacer una lista negra de pintamonas solo con miembros de famosos grupos mega-vendedores y que, en muchas ocasiones, ganan concursos de ver quien es el mejor del año en curso.

También es frecuente toparse con un grupo recién formado en el que el guitarrista o el teclista son los músicos ‘que entienden’, mientras que para la batería pillan al más borrico y en el bajo meten a cualquier colega que no tenga nada que hacer en ese momento, como si para tocar el bajo valiese cualquiera. Y no digamos si hay chica en el grupo, ella será la bajista fijo salvo alguna rarísima excepción. Claro, así pasa luego, que empiezan a construir su música por el tejado, dejan los cimientos endebles y una de dos: o retoman la historia por donde deberían haber empezado, o se desmorona el tinglao cual castillo de naipes (de baraja francesa, que son de peor calidad).

Un bajista de rock no tiene porqué estar permanentemente haciendo gala de técnica, ni tiene que ser el protagonista en la misma medida que no tiene que ser el que pase más desapercibido. Hay otros estilos (funk, salsa, etc.) en los que el bajo juega un papel crucial, mucho más que la guitarra o que otros instrumentos, pero en el rock muchas veces hay que estar todo el rato en la misma nota, ¿y qué?, los solos suelen ser de cualquier instrumento menos del bajo, ¿y qué?, todo sea por el bien común y no por el lucimiento personal. En este punto hay que decir que el bajo es el instrumento más solidario y de más conciencia de grupo, aporta su sonido para el engrandecimiento común, para unir y no para disgregar (y además da ejemplo de ello), soporta al resto de instrumentos, quienes dibujan sus colores encima del lienzo de las cuatro cuerdas, se hace colega inseparable del bombo de la batería, guía a la guitarra en el solo y además permite que los demás se apoyen en él cuando se pierden.

¿Os habéis parado a pensar que sería del rock sin el bajo? ¿habéis probado a bajar a tope los graves de vuestro ecualizador? No hay base, se pierde la sensación de solidez, parece que la música se va a caer en cualquier momento, en definitiva, no hay soporte.

Hay quienes sintetizan los bajos de una canción, hay quienes dibujan las líneas de bajo con las teclas, y hay quienes directamente pasan de meter bajo (¡que les den dos duros a los Doors!). Todos esos están en pecado (mortal). Al bajo hay que darle su espacio, debe ser copartícipe del bien común, de los éxitos y fracasos del grupo, de la canción y de sus consecuencias. Hay que escuchar música analizando cada instrumento por separado y luego el conjunto, incluido el bajo.

Muchos buenos músicos son o han sido bajistas. Espectaculares como Billy Sheehan, un poco palizas como Steve Harris, discretos como Stuart Hamm, maestros como Jack Bruce, efectivos como Geddy Lee, ultra-técnicos como John Myung, protagonistas como Tim Bogert, versátiles como Les Claypool, todoterreno-impresionantes como Dave LaRue, clásicos como Stanley Clarke...

¿Y los mantas? pues también tienen derecho, claro que sí, pero yo no me quejo solo de eso. El problema no se ciñe a que Duff McKagan exista, va más allá, lo realmente grave es que a la gente le guste porque le dé lo mismo ocho que ochenta. El bajista de pose es un espécimen que, desgraciadamente, no está en peligro de extinción. Te puedes poner perfectamente el “Never mind the bollocks” de Sex Pistols y acto seguido zamparte de pé a pá el “Freefall” de Dixie Dregs, no pasa nada, yo lo hago y me resulta de lo más sano. Es más, lo recomiendo. No se trata, pues, de escuchar solo lo técnicamente perfecto, pero hay que saber diferenciar, y para eso es necesario interesarse por el conjunto y por las partes. El conjunto es solo la forma, que es lo que llega, pero cuando te metes en los submundos de las partes llegas al karma absoluto.

Es en ese nivel en el que solicito atención para el trabajo del bajista. Poneos “Living on an island” de Status Quo, o “Kayleigh” de Marillion, bajos sencillos, sin aspavientos, incluso en el caso de Status Quo manifiestamente mejorables. Eso son bajos. Poneos a continuación “Silly putty” de Primus, o “If this bass could only talk” de Stanley Clarke, no son bajos demasiado complicados pero os daréis cuenta de la cantidad de cosas que se pueden hacer con ese instrumento, y esos sí que son difícilmente mejorables (en ese contexto).

Unas últimas reflexiones: ¿un bajista es todo aquél individuo que toca un bajo? Cuidado con la respuesta porque podría elevar a la categoría de músico al mismísimo Sid Vicious y eso sí que no (antes muerta que sensilla). ¿Lemmy es bajista? Buf, a ver como respondo sin que se me mosquee la peña... pero va a ser que no. El bajo hay que tocarlo como un bajo, no como una guitarra. Tiene otra sensibilidad distinta, es la misma razón por la que Joey DiMaio se acerca más al modelo de cantamañanas-tipo que de bajista, por muy “Sting of the bumblebee” que sepa tocar a toda leche. ¿Enrique Villarreal seguirá ganando referéndums en la HeavyRock?, cuando preguntas aquello de “di nombres de bajistas” ¿seguirá saliendo en primer lugar el nombre de Steve Harris, o saldrá a la palestra Jaco Pastorius (aunque no se haya escuchado nada de él en la vida)? ¿Sabe la gente realmente qué es un bajo? ¿”Bob’s party time lounge” (*) es de este mundo...?.

El bajo es un instrumento maravilloso, no contribuyáis a fomentar la marginación instrumental, un poquito de por favó.

Salud.

Alvar de Flack

(*) Primus no es solo música para desquiciados, probad y veréis.


 

LAS DOS CARAS DE TED NUGENT

He de reconocer que me atrae mucho la idea de escribir sobre Ted Nugent. Creo que cuanto menos conoces a un músico en su vida privada más objetivo eres. Está claro, simplemente te gusta o no te gusta.

El caso de Teodoro para mí es bastante particular, le escucho y me gusta, muchas cosas suyas me emocionan. Pero, por haberme interesado demasiado, quizás por hurgar en su vida mas allá de la música (interés por otra parte justificado más que de sobra, a quien le interesa alguien hace por conocerle, ¿no?), me produce cierta antipatía. Lo comparo a un combate de boxeo, ¿quién podrá con quién?, ¿el músico o la persona? Para mí particularmente el combate termina en tablas. Me parece tan buen músico como regular persona. Intentaré razonar esta conclusión:

No quiero por supuesto enemistarme con ningún incondicional de Ted Nugent. Es más, me encantaría que alguien me convenciese de lo contrario (hablo de mi opinión hacia él).

Haciendo un poco de historia diré que Ted Nugent nació en Detroit hace 56 años. Su primer grupo más o menos serio fue The Lourds, quienes hacían versiones de Yardbirds, Kinks, Stones, etc. Con 17 años decide irse a Chicago y forma The Amboy Dukes, tras algunos álbumes deciden cambiar por Ted Nugent & The Amboy Dukes. De esta época cabe destacar el álbum “The Call of the Wild”, para muchos lo mejor que ha hecho en toda su carrera. Los Dukes en sus escasos 8 años de existencia cambiaron hasta en 35 ocasiones de formación (yo pensaba que el récord lo tenia la banda-escuela de John Mayall).

En 1974-5 decide iniciar su carrera en solitario. Para ese año aparece su primer álbum llamado “Ted Nugent”, con buena acogida por la crítica de entonces. Año tras año y sin faltar uno solo sigue lanzando nuevos LPs: “Free for all” (grandioso LP con Meat Loaf), “Cat scratch fever”, “Double live gonzo”, “Weekend warriors”, “State of shock”...

En los años 80 Ted ya era toda una leyenda y cuentan que para entonces contaba con 3 equipos de sonido: Uno de 12 a 20.000 espectadores, otro de 30 a 40.000, y otro hasta 200.000. En uno de sus números colocaba una copa de cristal frente a los amplificadores, comenzaba a solear haciendo chillar tanto a su Gibson que el volumen subía y subía hasta que la copa reventaba en mil pedazos. Cuando un crítico escribía de él algo que no le agradaba iba personalmente a su despacho, lo destrozaba todo, le cogía del cuello y le obligaba a excusarse, argumentando las buenas reacciones del público para con su música.

Precisamente es en estos años 80 cuando cambia su taparrabos por cuero y con álbumes como “Nugent”, “Penetrator” (este algo mejor), “Little miss dangerous”, etc. comienza a descender de las cumbres. Después de aquello colabora en diversos proyectos con mayor o menor fortuna, hasta que en 1990 sale a la calle el primer LP de Damn Yankees, superbanda formada por cuatro músicos con largas trayectorias personales. De este primero y del segundo y último se hartaron de vender copias en todo el mundo. En solitario seguiría grabando y girando sobre todo por EE.UU, con slogans como “T.N.T. Ted Nugent Tour” en los que acuñaba frases como “Si esto es demasiado fuerte para ti es que eres demasiado viejo”.

La personalidad de Nugent siempre fue un tanto peculiar, muy extrovertido (a poca gente he visto hablar tanto con su público), eso sí, con el público americano es con quien mejor conecta. Y aquí aparece una de las razones de su dudosa honorabilidad desde mi punto de vista. En él veo la constante arrogancia del comportamiento yankee.

En una entrevista concedida a Óscar Cubillo (El Correo Digital) hace poco más de un año, éste le pregunta y él responde (resumido):

O.C.: A menudo te refieres al espíritu, ¿crees en Dios?

T.N.: Sí, debemos creer en él.

O.C.: ¿Aprendiste a tocar por tu cuenta?

T.N.: Sólo dejándome llevar, necesité reproducir los ritmos y los ruidos de sus guitarras eléctricas (Lonnie Mack, Duane Eddy, Chuck Berry...).

O.C.: ¿Qué pretendes expresar al tocar? Energía, agresividad...

T.N.: Quiero y logro expresar de todo. Considero que la música es la representación óptima de las experiencias humanas...

O.C.: ¿Por qué empezaste en solitario tras los Amboys Dukes?

T.N.: Yo tocaba muy fuerte y la banda estuvo de acuerdo en poner mi nombre delante del del grupo. No lo hice por ego, sino porque la gente que controla el negocio opinaba que podíamos ganar más dinero. El resto de los Dukes estuvieron de acuerdo. Pero en 1975 rehusé a comprometerme más con Amboy Dukes. Pero nunca intenté ser una estrella. Por eso mí carrera ha durado 36 años.

O.C.: Aquí se te recuerda tocando “La Tierra de las Mil Danzas” en taparrabos.

T.N.: Es una gran canción de Wilson Pickett, y lo del taparrabos tiene que ver con el aspecto lúdico del Rock and Roll. Me encantaría volver a Europa, pero ahora mantengo tantas carreras... He colocado un libro en las listas de superventas, doy un centenar de conciertos anuales en América, tengo una empresa de safaris que envía familias a África, Canadá y Alaska, y estoy muy metido en actividades conservacionistas. Mi calendario se divide entre primavera y verano, las estaciones del Rock and Roll, y otoño e invierno las de caza...

Sí, creo en tu autodicción, ¿por qué no? ¿pero cuántos hay como tú? Infinidad. Que además luego siempre sale algún secretillo por ahí y resulta que no son tal los iluminados pero en fin... Qué quieres y logras expresar de todo con tu música lo sabes tú y lo sabemos los demás pero no está bien que tú lo digas, un caballero como tú no debería alardear en público de sus virtudes.

Otra cosa, ¿de verdad que tu banda estuvo de acuerdo en poner tu nombre delante del grupo? ¿dices que no fue ego? A lo mejor ese mismo ego fue el que te hizo finiquitar a tanto músico drogadicto, porque claro, tú nunca probaste las drogas (¿?). Pero como eres tan transigente, pues nada, a todo el que se le ocurría liarse un canutillo delante de ti... la roja directamente.

Eso sí, como tú mismo dices nunca intentaste ir de estrella, por eso en las portadas de tus discos sales con tus músicos, ¿no? Por eso tampoco organizas esos saraos en los conciertos, con chicas que te acercan la guitarra con la que interpretar el siguiente tema. O si no te presentas a tu público subido en un bisonte (real). Por eso mismo, porque no quieres ser estrella, porque te asusta la popularidad ahora pretendes presentarte con el partido republicano (Bush) a senador por el estado de Illinois.

Pero mira, todo esto sé que forma parte del espectáculo y hasta sería comprensible. Lo que no trago es tu afición a las armas y la caza, es lo que en mi escala te hace perder todos los puntos. Es cierto que has colocado un libro en la lista de superventas, para quien no lo sepa el libro se llama “Good, Guns & Rock and Roll”. Que yo sepa las armas sólo sirven para matar o acojonar.

Sí, para matar esos animales en tus safaris por África. Esos animales que crees de tu propiedad porque pagas antes de asesinarlos. ¿Cómo puedes vacilar de matar un elefante con tu Magnum 44? (ver Popular 1 Nº 82, Julio del 81). Aquí en España eso lo hace Jesulín, que se va a Siberia a matar osos, porque el cateto tiene dinero, ¿sabes? Eso es lo que eres, un cateto pero a la americana.

Qué bien te lo pasas en tu serie de la TV de Texas con tu reality show “Surviving Nugent: The Ted comandments”, fomentando entre los chavales el amor por las armas y las cacerías, ¿eh? Y lo más gordo (claro, mentalidad yankee), luego te nombran no sé qué y te dan un premio por conservacionista. ¿No será que lo que haces es engordar a tus presas? El verdadero espíritu conservacionista y animalista es no cobrar a la Naturaleza a 30, 60 ó 90 días.

Si alguien a estas alturas se ha escandalizado por estos comentarios sólo tiene que entrar en su página Web y ver las portadas de los videos de caza que vende (¿quién es el de los cuernos?). O mejor no entréis, que ya sabéis dónde va a parar el dinero recaudado.

Desde aquí te digo Teodoro, que de mi bolsillo ni un mal céntimo vas a pillar, también desde aquí transmitirte toda mi admiración, pero cuando tienes entre tus manos tu famosa Gibson, no tu Magnum (a no ser que sea el de Frigo). A partir de ahí tú en tu rancho y yo en mi pisito, que una vez escuché aquello de dime con quien andas...

Israel Albacora “Berruga”


 

¿SOY HEAVY O JEBI?

Ser o no ser heavy... Pero bueno, ¿acaso se puede nacer siendo ya heavy? Y no les extrañe, muchos de los que se denominan con este apelativo dicen serlo “de toda la vida”. ¿Eso cómo se elige? Yo, por desgracia, nací bebé regordete y algo cabezón aunque, ¿quién no? Pues no señores, no se crean, hay muchos seres que cuando nacen ya tienen una larga melena y lucen en su brazo un tatuaje donde se lee “Metal Head” (bueno, eso los hijos de la Gran Bretaña, ya que aquí creo que es algo así como “Por Mis Tachas”). Tras el parto, los padres corren a ver a sus pequeños metidos en las incubadoras y dicen: “Mira que piernas más fornidas tiene mi retoño, seguro que será como el Raúl y marcará muchos goles” o “menudos ojazos tiene el mío, va para modelo”. Y no es extraño oír a alguno decir resignado: “Bueeeno, heavy me tenía que salir... y eso que tomamos todas las precauciones posibles: veinte años militando con el Partido Popular, los domingos no falto a una misa y hace mucho que no paso por Montera. Pues nada, que tenía que ser heavy el niño. ¡Hala! Mañana me lo llevo a la puerta de Canciller y lo dejo allí para que por lo menos se haga un heavy de provecho”. Digo yo que esa debió ser la infancia de esta gente que asegura, así les parta un rayo, que por sus venas no corre sangre sino metal (otra frase que da mucho juego, aunque es ponerlo muy a huevo).

No sé ustedes pero yo crecí con Radio Futura, Tequila, El Libro Gordo de Petete y las cassettes de Arévalo contando chistes sobre gangosos. En cambio, estos chicos ya oían a Saxon con seis años y llevaban elásticos rojos (y yo con bermudas tirolesas, ¡leches!). Luego uno comparte sus cariños con Siniestro Total, AC/DC, Tom Jones o La Frontera, y lo ve normal. Se graba cintas con canciones de The Cars por una cara y por la otra de los Blues Brothers. Pero llega un momento en el que te relacionas con otra gente, pues la vida en el colegio no sólo va a ser tirarse en la arena y hacer el chorra con unas canicas. Sí señores, uno tiene amigos y habla. ¿Sobre qué? Básicamente sobre la televisión, la música de la época, las revistas de contenido sociológico e informativo (véanse algunos ejemplares de las más destacadas: Playboy y demás sucedáneos cañís)... Vamos, los intereses de todo jovencito (vale, ya sé que ahora con esa temprana edad también se preocupan por el sexo oral y el embarazo prematuro, sorry sir!). Bueno, que nos estamos saliendo del tema. Pues eso, que platicábamos sobre música y, como suele pasar, siempre había alguno que tenía un hermano que le había pasado tal o cual disco de Maiden, Priest u Obús, en el peor de los casos. Ese tío se convertía en el entendido (y eso que sólo conocía tres discos más que tú), intentando el resto alcanzarle. Así que, poco a poco, te ibas grabando cosillas, te pillabas otras y te enterabas de alguna curiosidad en revistas de humor (¡qué buenos chistes contaban en la Heavy-Rock!). Y llegaba el fatídico momento en que ya no tenías un poco de todo, te estabas empezando a decantar por el llamado heavy. Hora de nominar, ¿con quién nos quedamos?:

Opción A) Con el chico graciosillo que no se decanta y al que nadie hace caso al hablar de música.

Opción B) Con el enterado del mundo del metal y respetado por los demás.

Venga, ¡elige! “Oiga, perdone, ¿no hay nada más para escoger? Es que a mí me va el heavy pero también Supertramp y Peter, Paul and Mary, ¿sabe usted?”. A no, entonces no puede ser heavy, pues un buen seguidor de este género no debe oír más que heavy puro y duro... nada de mariconadas en plan Deep Purple o Cream. “Pero señor, ¿qué le puedo hacer si me gustan?”. Pues nada, serás rocker o como mucho hardrockero. “Oiga, es que también me va Paul Dianno y me encanta “Breaking The Law”, ¿no podría ser mitad heavy y mitad rocker?... o algo así. ¡Nooo! No insistas, no puedes, y deja ya de molestar que estoy aquí hablando con estos señores.

A lo que íbamos. Tras decidir convertirte en auténtico seguidor heavy te das cuenta de que serlo no es sólo oír un estilo de música. El heavy pasa a ser “jebi” y se transforma en una religión. A partir de ese momento te debes al mundo del jebi y has de seguir su rollo si pretendes relacionarte (claro, si lo tuyo es vivir jugando al rol, no necesitas cambiar de imagen... y ni de calzoncillos, si me apuras). Pero a ti seguro que te apetece salir y entrar en el mundillo, ¿no? Pues venga, vete al rastro y pillate por dos mil pelas todas las camisetas jebis posibles. Sí, ya sé que con ese presupuesto no serán muy buenas pero, ¿qué más da? Mira que ponga cosas como Muro, Obús, Judas, Accept o Motorhead. ¡Ah! Y cuanto más ilegibles estén, mejor para ti pues aparentarán estar ya usadas y eso te dará caché (un buen jebi sigue llevando las mismas camisetas toda la vida). Después de estocar todas las camisetas piltraferas que encuentres, pasa a ponerte unos buenos elásticos de colores chillones. Sí hombre, de esos con los que no te vestirías ni en carnaval. Si no encontraras este tipo de prenda, coge uno de tu hermano pequeño e intenta acomodarte dentro. Pues nada, ya estás hecho un buen jebi, sólo necesitas despeinarte un poco la melena (¿tienes melena? Si no es así, no sigas intentando ser jebi... no llegarás a nada) y provisionarte de algunas cervezas en cualquier autoservicio abierto. De ahí vete directamente a lugares como los bajos de Argüelles o la puerta del Excalibur y ya puedes empezar a labrarte un nombre dentro del “jebi meta”(para que luego digan de Charles Manson, angelito).

Bueno señores míos, mucho cuidado, ya que dentro de este mundillo hay jebis y jebis, todos ellos muy bien diferenciados. No, no, ellos dicen que son todos una piña, que hay un buen entendimiento entre todos y que todos son aceptados por igual pero... ¡Ni de coña! La raza jebi (creo que ya se la empieza a conocer así) es muy cerrada y tiende a separarse en grupos, hecho fácil de apreciar si entras en cualquier garito dedicado al género (pásense por Lemmy, Orión o After Dark):

Viejas Glorias:

Ellos prefieren llamarse “clásicos”, jamás viejos (aunque tengan cincuenta años y la cara llena de arrugas). Ya eran famosillos en este mundillo, el de los bares, en los años ochenta y ahora son ya parte del mobiliario de cada garito. Si llevas a algún amigo a ver un local, seguro que acabarás diciéndole: “Mira, te voy a enseñar el pub. Este muchacho es el pincha, allí están los baños y aquel tipo es una vieja gloria. ¿Cómo que no lo ves? Sí, mira, fíjate bien... Es esa cosa con pelo que está entre la barra y el futbolín”. Pero cuidado, un respeto, ellos se lo han trabajado durante todos estos años. Aquellas duras noches en las que una tras otra, sin faltar ni un día, se dejaban la paga o el sueldo en esos garitos. Y todo lo hacían por su religión jebi (y luego dicen que no son creyentes, que chicos tan modestos). Las viejas glorias no necesitan cantar pues se sobreentiende que se saben todos los temas que el “dillei” tenga a bien en poner. Ellos sólo beben y dan consejos a su camarilla de jóvenes promesas, a esas futuras viejas glorias. En cuanto al ámbito sexual son como auténticos pederastas, cuanto más joven y angelical mejor. Y ven normal que una chiquilla de diecisiete años se acueste con ellos, una masa de michelines y sudor a partes iguales. Pero no, no suele ser así... Bueno, alguna les habrá caído, aunque seguro que la pobre llevaba un pedo de muerte.

Los J.A.S.C.:

Estos “Jóvenes Aunque Sobradamente Conocidos” forman el grupo mayoritario de la raza jebi. Ellos ya están iniciados, aunque no son viejas glorias (ante todo por la edad, ya que ganas no les faltan), y se mueven como Pedro por su casa dentro de los garitos o sus alrededores. Van en grupillos de cinco o seis donde alguno conoce a otros J.A.S.C. de otra banda y así, sin darse cuenta, forman una auténtica red interna. ¿Para qué sirve esto? Bueno, yo creo que, básicamente, para fardar (aunque, ¿acaso ser jebi significa otra cosa?). No vean lo bien que queda eso de entrar en el bar y en menos de dos metros poder pararte a saludar a veinte personas... “¡Demasiao pal body, tron!”. Estos J.A.S.C., al igual que las viejas glorias, se gastan religiosamente grandes sumas de dinero en minis. ¿De qué? Y eso, ¿qué más da? Mientras se pueda beber y tenga alcohol (ya saben, para dar ese toque de macho ibérico). Con respecto a la música, no se crean, son de los que procuran estar a la última. Amantes cien por cien del Heavy de los ochenta y seguidores del Metal alemán contemporáneo, estos sujetos no dudan en entonar alguna canción que otra, por aquello de fardar ante las féminas con su inglés a lo José Luís Garci. ¿Conocen los clásicos? Claro que sí, nunca viene mal saberse nombres como Black Sabbath, Zeppelin o Deep Purple (de estos últimos se saben hasta el estribillo de “Smoke On The Water”. Auténticos premios Nobel, que se lo digo yo). Hablan muy serios ante las viejas glorias de Jimmy Page, Hendrix o los Kiss pero luego, en petit comité, se ríen con sus colegas cada vez que se oye una tonada de los antes nombrados.

La Nuevas Promesas (a. k. a. “Víctimas de la Moda”):

Estos son el futuro, la auténtica cantera de la raza jebi. La mayoría ya pertenecían a otras tribus urbanas (por llamarlas de alguna manera) y lo dejan todo, como el que sigue a un predicador, para unirse a su nueva causa: el Jebi Meta. Conocidos del Pachá o el Inn, ahora campan a sus anchas por los garitos más jebis y cochambrosos. Estos, como todo jebi que se quiere iniciar, tuvieron que cambiar su indumentaria y traicionar a sus ideales (pero, no se crean, jamás se lo confesarán). ¿Por qué entran en este mundo? Simplemente porque tienen algún colega que está metido en el rollo y les atrae prometiéndoles el oro y el moro, o lo que es lo mismo: priba barata, carne fresca y muy buen rollo. Así que estas nuevas promesas entran en la movida, se informan de la cosa y se unen a un grupillo de J.A.S.C. Ahí se sienten seguros. Entonces empiezan a conocer gente, les empiezan a grabar algunos discos (aunque ellos seguirán escuchando a Gala y a Camela en su casa, faltaría más), etc... De sus gustos musicales no hace falta hablar, ya que carecen de ellos. Les puede usted preguntar que ellos responden: “Bueno, ya sabes, un poco de todo. El buen Jebi siempre mola... Por ejemplo, esta canción que están pinchando se sale, ¡qué guitarras!... Pues eso, el Jebi y tal”. Cuando termine de hablar con ellos se dará cuenta de que, aunque le han explicado durante media hora sus gustos, usted no se ha enterado de nada (déjelo, será que usted está un poco teniente o que no le ha entendido, quién sabe). Aunque, no seamos tan crueles, que algún grupo seguro que conocen... “¡Aaaah! Sí hombre, sí... Los Maiden, vamos que si los conozco. Son esos tipos del monstruito, ¿no?”.

El Pez (o “Primerizo”):

Son ese grupo que no ha tenido ningún contacto con el mundo jebi con anterioridad y, aún así, se atreve a meterse de lleno en la movida... pero vamos, ¡de sopetón! Son seguidores de Extremoduro, Platero y Tú o Estopa, y un buen día se dan cuenta que quieren comprobar si es cierta toda esa vida de “vissio” y “perversió” sobre la que cantan sus ídolos. Ellos solos, o junto a otros peces, se adentran en la noche jebi y quedan totalmente impresionados (de ahí que ya no se les pueda recuperar). Llegan a los bares y alucinan con cada cosa, con cada rincón, creyendo que han descubierto una nueva civilización... Su civilización, por supuesto. Música a todo volumen, mucha gente, porritos, cervezas, mujeres (u hombres, si es usted una señorita). Y se dicen para sus adentros: “Este mundo es lo que buscaba, yo quiero ser así. ¡Viva el Jebi y la madre que lo parió!”. Pero jamás llegarán a nada dentro del mundillo, pobres de ellos, ya que ese subgrupo no está bien visto por J.A.S.C. y viejas glorias. Así que, mala suerte, se tienen que quedar recluidos en algún rincón con el resto de sus colegas pez (aunque oye, así también se traban amistades... Lo que le digo).

Los “Pogüermetaleros” (Jebis “Made In Germany”):

Suelen tener la misma edad que las nuevas promesas, de hecho algunos pertenecen a este grupo, y son creyentes de una de las ramas de la religión jebi: el Pogüer Meta o también conocido como Jebi alemán. Estos no conocen otro camino para entender la música que no sea el de los guitarras masturbadores de mástiles. No les pregunte por Maiden o Scorpions... “Menudos grupos más cutres, si son un pastel... ¡Arrrg!” (como podrán comprobar, hablarles de Purple es... no comment). Pero, a su entender, ellos sí tienen cultura jebi. Pregunten, pregúntenles por los padres del género: “Ya te entiendo, tú me preguntas por los clásicos del rollo, ¿no?... Pues claro, ¿quiénes van a ser?... Helloween, eso por supuesto... a ver si te enteras de algo, que no tienes ni pajolera de música”. Por lo demás, no cambia mucho la cosa con respecto a las jóvenes promesas; bueno sí, estos sí saben algunas letras pero, qué quieren que les diga, el puro estilo Almodovar en los Oscar.

Los raros (pero, ¿aún queda alguno?):

Pues sí, quedan tres o cuatro pero siguen quedando. Esta especie no está en peligro de extinción (bueno sí, cuando se mueran esos tres que quedan), ya que son gente muy segura de lo que quieren. Pero no, no se piensen que eso es del todo bueno... Se creen que poseen la verdad suprema y se convierten en auténticos animales llenos de prejuicios. Suelen ir de inteligentes, de sanotes y enterados. Ellos no salen mucho por los garitos jebis pues prefieren escuchar su música en casa y así poderse aprender todas las letras de cada tema. Una vez hecho esto, se engalanan con sus mejores ropajes y pasean el palmito por esos bares de moda dentro del mundillo. Jamás piden nada, sólo miran. Bueno también cantan, cantan y se cantean, ya que no paran de gritar cada estrofa de todos los temas que el pincha pone. Lo hacen con seguridad, intentando cambiar la tonalidad con cada canción para, una vez terminada la tonada, mirar a su alrededor esperando que todos les miren asombrados. Su inglés es impecable, de esos de cursillos y algún que otro viaje al extranjero, pero su actitud les desprestigia por completo. Son auténticos “enteraos” y siempre hacen un comentario con cada vídeo que ponen en el local: “Mira, es un vídeo de Twisted Sister... Sí, es “We´re Not Gonna Take It” del disco “Stay Hungry”... El melenas rubio se llama Dee Snider y ha tenido otros proyectos en solitario... También apareció no hace mucho en una película... Sí, son uno de esos grupos de culto dentro del Glam americano junto con Kiss y Alice Cooper... Bueno, lo que te decía, los Twisted Sister”. Y lo más increíble es la forma de soltarte todo el rollo en menos de cinco segundos y sin cambiar su cara de poker. En el fondo no son mala gente, aunque un poquito cretinos sí. Ellos jamás serán jebis porque, ¿a quién se le ocurre decir que le gusta ir a un garito sólo para oír música? Seguro que son hijos de los Stryper... Fuera de aquí. ¡Fueeera!

Sergio Guillén “Adriangales”


 

MIS DISCOS MALDITOS

Al ser humano, con su patológica tendencia a clasificar, ordenar y etiquetar todo lo que se pone al alcance de sus dedos, le gusta simplificar las cosas hasta la máxima reducción. Así las cosas son catalogadas en buenas y malas, válidas o no válidas, Madrid–Barça o PSOE-PP. Cualquier persona con un mínimo de entendimiento (o sea unas 458 personas en el mundo) sabe de sobra que eso no es, o no debería ser, así. Que la escala de grises es infinita. Que el Atlético le metió cuatro a la Real o que yo no voto a Zapatero ni al Aznar ni harto güisqui, son solo meros ejemplos de que la vida nos da muchas más opciones que A o B. Mismamente el mundo de la música es de los más propensos a este tipo de extremismos, pero hoy vengo yo a hablaros precisamente de eso, de una serie de discos que habitan en el limbo de los olvidados. Discos que no son ni blanco ni negro. Ni tanto ni tan calvo pero sí merecen su reconocimiento.

Si le preguntaran a cualquier fulano por los mejores discos de Led Zeppelin, respondería que, o bien no se conoce los números romanos, o que el “IV” es la joya de la corona. “Highway To Hell”, “The Number Of The Beast”, “Machine Head”, “Master Of Puppets”... son discos que todos tienen presentes como ejemplos de grandes clásicos pero ¿qué pasaría si la pregunta fuese sobre obras como “Presence” o “Born Again”?

 

METALLICA – “LOAD” (1996)

Metallica era el bálsamo anal con el que se consolaron las manadas de heavies a principios de los 90. El disco negro de Metallica había estado dando caña durante cuatro largos años y había hecho que todo un estilo de ver la música sobreviviera a las nuevas modas o tendencias que venia del noroeste de los estates. Recuerdo que en la primavera del '96, días antes de la salida de este “Load”, la expectación era tremenda. La gran esperanza blanca del Heavy Metal volvía para seguir pateando culos ¿Serían capaces de superar el disco negro? Toda aquella expectación no tardó en convertirse en desilusión y espanto. La noticia corría como alma que lleva el diablo. “Metallica no son heavies”, “el Load no vale nada”, “se han vendido” y así hasta hoy. Pobrecitos.

Decir que Load no es un disco de Heavy Metal es un ejercicio de descoordinación mental muy grande. Es verdad que supuso un gran cambio, un “más allá” con respeto al anterior, pero así había sido desde los tiempos del “Ride...”. Decir que un disco no es Heavy Metal cuando este empieza con un tema como “Ain´t My Bitch” es una locura por no decir una estupidez del tamaño del ego de Malmsteen. Además es un tema que perfectamente podría haber entrado en el laureado disco negro sin desentonar, ni por sonido ni por calidad. Quizás una producción demasiado cuidada (justo ahora se les acusa de lo contrario) despistó a más de uno.

“Until It Sleeps”, otro de los singles, es un tema en la onda “The Unforgiven” y aunque es cierto que no llega a las cotas de éxtasis de éste sí que mantiene un gran nivel y es que a medida que nos vamos adentrando en los surcos del disco nos damos cuenta que hubo demasiado arroz para tan poco pollo. El disco apesta a Metallica por los cuatro costados.

Los riffs son más pesados (heavies, pesados a lo Iommi) que nunca. Basta oír “King Of Nothing”, “2X4” o “The House Jack Built”. Hetfield canta como jamás lo había hecho y prueba de ello es la maravillosa “Hero of the Day”. Una copla que vale por si misma todo un disco. Una especie de semibalada con parte cañera en el estribillo que pone los pelos de punta al más pintao. Otra de las grandes bazas es “Wasting My Hate”, una canción que debería dejar satisfecho al purista mas exigente, pero que sin embargo ha pasado desapercibida tanto por fans como por los propios Metallica, una pena porque el tema realmente merece la pena.

Quizás sea un disco opaco, difícil de asimilar en una sola escucha, con la producción más “dulce” y con algunas pinceladas, pero sólo pinceladas, de modernidad (eso que tanto temen los Ayatolás del Heavy Metal), pero para mí, es la continuación más lógica de la banda. Puede que el hecho de haber dividido el disco en dos (recordad que “Load” y “Reload” son de la misma camada) les haya perjudicado y quizás deberían haber editado un compendio de ambos discos. Aunque no nos engañemos, Metallica estaban en la picota hicieran lo que hicieran, y si no los hubieran crucificado con este disco lo hubieran hecho meses años más tarde con la versión, cojonuda, del “Turn My Page”, y es que no importa que en ese mismo disco de versiones fueran otras de los mismísimos Mercyful Fate, si te llamas Metallica no sólo debes ser heavy sino además aparentarlo si no quieres que las hordas del metal te pongan en su lista de más odiados.

 

MEGADETH – “RISK” (1999)

Que si quieres arroz Catalina. Quedan terminantemente prohibidas las producciones novedosas o que contengan elementos mínimamente innovadores. Gracias a Dios el señor Mustaine se saltó con gusto esta regla con “Risk”. Pero tampoco te lleves a engaño, “Risk” es un disco de Megadeth, Heavy Metal por un tubo y a volar. Lo que lo hace diferente, y por ello quedó maldito para siempre, son unos arreglos soberbios y metidos con mucho gusto que volvieron a despistar al personal pero que no aguantan más de dos escuchas. Cuando profundizas un poquito, lo justo, te das cuenta que es posiblemente el mejor disco de su carrera. Lógicamente no es un calco del “Youthanasia” pero este tampoco lo era del “Rust...” ni éste a su vez del “Peace Sells...”. Vuelvo a pensar que, a pesar del nombre, es una evolución natural del “Cryptic Writings” donde muchas de las novedades de este “Risk” ya venían apuntadas. Desgraciadamente Mustaine tuvo en consideración todas las criticas negativas (hay que ser gilipollas) y retrocedió dejándonos el anodino “The World Needs A Hero” y su maravillosa portada. Una pena porque cuando se hubieran asimilado todas esas novedades, pasado por la turmix del Mustaine, quizás hubiera salido una buena pieza.

Coplas como “Ectasy”, “Crush´em” (con su magnifica introducción llamada “Enter The Arena”) o la que da el pistoletazo de salida, “Insomnia”, son lo suficientemente buenas y “heavies” para el paladar mas exquisito y si no probad a ver qué tal.

 

SCORPIONS – “EYE II EYE” (1999)

Ya hemos mentao la bicha. ¿El disco mas maldito de la historia del mundo mundial? ¡Pero si eso no es ni Rooooooock!

Que haya gente que necesite comprarse una y otra vez el mismo disco, con nombre y portada diferente, no quiere decir que no haya también algunos que necesitemos, de vez en cuando respirar el aire fresco de algo novedoso. Que para oír “Rock You Like A Hurricane” ya tengo “Rock You Like A Hurricane” ¿necesitamos que lo vuelvan a grabar?

Scorpions son un grupo de Heavy Metal, de Heavy Metal de toda la vida pero también vivieron su etapa en los ‘70 con el señor Roth (un puto genio) y la hecatombe de los ‘90. Quiero decir que un grupo que ha sobrevivido, y con mucha dignidad, a 3 décadas (y ahora va a sobrevivir a la cuarta) creo que puede darse la licencia de hacer cosas como este “Ojo por Ojo”, ¿o no? ¿No podríamos abrir un hueco en nuestras vidas para temas como “Mysterious” o la maravilla de “Priscilla”? Porque Meine, Jabs y Schenker brillan como siempre, que no se les ha olvidado como enfrentarse a una buena copla. A mí personalmente me encantan este tipo de trabajos que tiran por la borda la regularidad, homogeneidad y tal y tal de las carreras de los grupos. Hay grupos a los que veo con una discografía lineal, difusa donde no sabes realmente donde acaba un disco y donde otro, y yo prefiero que cada disco goce de su propia personalidad, que sea capaz de ser un referente o un alto en el camino, en la trayectoria de la banda.

Volviendo al disco, lo que más llama la atención son, cómo no, los arreglos medio electrónicos y la falta de agresividad a la que nos tenían acostumbrados los alemanes pero para nada la falta de calidad. Es más, si algo le sobra a este disco es calidad y sobre todo buenas y muchas ideas.

 

AC/DC “Flick Of The Switch” (1983)

Lo peor que te puede pasar en un familia numerosa es no ser el primogénito, no ser el benjamín y que los dos hermanos que te preceden lleguen a médico y abogado cuando tu ilusión en la vida es haber sido camionero. Supongo que eso es lo que pensará el “Flick Of The Switch”. Un disco escondido en mitad de la extensa discografía de los canguros y que tuvo la “mala suerte” de salir tras el “Highway To Hell”, el “Back In Black” y el “For Those About To Rock”, casi ná al aparato. Por supuesto que no salió bien librado de las comparaciones y rápidamente fue relegado al ostracismo y dejado desnudo ante las más feroces críticas. ¿Y el disco es malo?, pues para nada. No es una joya pero si es un disco de agradable escucha y que cuenta, como todos los de los Young, con varios trallazos como “Rising Power”, una maravilla de copla digna de los mejores singles, o “Nervous Shakedown” que para mí esta a la altura de muchos clásicos de los ‘70.

Buenos riffs, excelentes melodías vocales y grandes coplas; AC/DC en 1983 desplegando todo su arsenal. Sólo hay que escuchar el principio de “Guns For Hire” o la marchosa “Bedlam In Belgium” para que los pies empiecen a moverse al son de la guitarra de Angus. Es verdad que no todos los temas gozan del toque sublime que tuvieron en sus anteriores obras pero tampoco merecen el desprecio que muchos le profesan. Si este hubiera sido su disco debut o hubiera salido después de, por ejemplo, “Fly On The Wall” no estaría, seguro, en esta lista de discos malditos. No le des mas vueltas y menos ahora que lo tienes a bajo precio, aquí sólo hay 10 buenos temas de los australianos. Rock And Roll Oh Yeah!.

 

IRON MAIDEN - “THE X-FACTOR” (1995)

Que Bruce Bruce es la estrella mediática de Iron Maiden no tiene discusión posible. Su marcha de la Doncella, que curiosamente coincidió con la baja popularidad, casi provoca un cataclismo y acaba con el Heavy Metal. Supongo que Harris, del que no creo que tenga ni un pelo de tonto, sopesó y meditó bien la decisión de fichar a todo un desconocido como Blaze Bailey dejando fuera a gente, en teoría, mas capacitada como André Matos. Y es que Blaze no es, precisamente, un dechado de virtudes y no le aguanta a Dickinson, no ya un asalto, sino ni siquiera la pesada del día anterior. Pero algo tendría este buen gorililla cuando Harris lo metió en el estudio a grabar “The X-Factor”. ¿Le salió el tiro por la culata?. Si pudiéramos utilizar el comodín del público diríamos que sí pero yo voy a arriesgarme a perder y diré que no.

Y digo que no porque desde el primer momento que puse “The X-Factor” en mi cuatro latas musical percibí que aquello era un buen disco. Quizás el peso histórico y la calidad del amigo Dickinson fue una losa inevitable en este mundo de las comparaciones, que ya sabéis que son odiosas, pero si analizamos este disco obviando el resto de la discografía nos daremos cuenta que estamos ante un disco, como mínimo, bastante interesante.

Por primera vez no se empieza con un tema rápido y cañero sino que se hace con una joya llamada “Sign Of The Cross”, un enrevesado tema de más de 11 minutos. Teclados en primera línea y la poderosa voz de Blaze como protagonista. “Man On The Edge”, primer single, es capaz de rivalizar con muchos temas de la época clásica y otros como “Lord Of The Flies” o “Look For The Truth” (donde mira por donde Blaze brilla a gran altura) han sido capaces de hasta de entrar en algún repertorio tras la vuelta del hijo pródigo. “The Aftermath” (otro de los muchos que empiezan con arpegios, una constante en el disco) me recuerda mucho a los Sabbath post Dio y, vaya, otra vez Blaze hace un gran trabajo (otra constante en el disco, “curiosamente”). No digo que no haya relleno, al fin y al cabo es un disco de Maiden, como los 8 minutos con los que “The Unbeliever” cierra el disco, o que algunos temas se alarguen mas de lo necesario pero como el caso de la preciosa “The Edge Of Darkness”.

Hasta aquí hay de todo para ser un buen disco, buenos músicos y además inspirados, una producción correcta (muy a lo Maiden) y sobre todo buenas canciones. Hasta aquí, digo, nos encontramos un disco mucho mejor que varios de los de Bruce y digo hasta aquí porque todavía no he comentado nada de la maravilla, del gran tesoro de esta obra.

¿Por qué se cerró el camino a iniciativas como “Judgment Of Heaven”?. Para mí es el tema definitivo del disco. Desgraciadamente la banda lo olvidó, como a muchos otros, y nunca más se supo. Sin salirse de los patrones clásicos de Iron Maiden (que Harris es mucho Harris) sí que es una verdadera bocanada de aire fresco en el repertorio de los ingleses. Una lástima que no haya tenido mas importancia en los años sucesivos.

Yo soy de los que opinan que Dickinson no hubiera vuelto nunca si “Virtual XI” hubiera tenido éxito. Al final pagó el pato el que menos culpa tuvo, que fue Blaze y no el Jefe... vamos como en todas las empresas.

Pedro Salinas “Pears”


 

¿QUÉ NOMBRE LE PONGO A MI GRUPO?

Algún día, todavía lejano, cuando el Rock sea asignatura obligatoria en las escuelas públicas interplanetarias, quizás a alguien, con una inteligencia más prominente que la mía, le llegue a interesar este tema, y puede incluso que lo use como tesis doctoral de fin de carrera o como simple redacción de vuelta al cole mientras sus compañeros usan la opción “mis vacaciones en Venus”. Como quiera que dentro de 100 años todos estaremos calvos, aunque hay por ahí algunos listillos que se han adelantado, espero que este mini resumen te haga más entretenida la espera.

Ponerle a un nombre a un grupo parece algo realmente difícil y complicado pero nada mas lejos de la realidad y si no que se lo pregunten a Van Halen o Bon Jovi. El truco es repetirlo tantas veces como nos sea posible hasta que la estupidez más grande del mundo nos resulte la mayor maravilla creada nunca por mente humana o cibernética.

Basta repetir hasta el absurdo, nunca mejor dicho, nombres como Pink Floyd o Led Zeppelin y creeremos que estamos ante algo divino y majestuosamente celestial. Prueba a intentarlo con Saratoga y me darás la razón. Dejando como último recurso el tema Tolkiniano, imagina cualquier cosa, cualquier tema, descarta los que ya existen, aunque esta opción no es obligatoria, y ya tienes lo que buscas.

Empecemos por un poco de geografía. ¿Dónde vives? Pues ya tienes nombre. ¿No te gusta Albacete para tu grupo de Death Metal? Repítelo hasta que te guste y ya verás. Si miras a tu alrededor te darás cuentas que hay bandas de todos los continentes; Europe, America, Asia, Oceania, Afrika y Antarctica, aunque tambien, ya más regional, tenemos a gente como Kansas, Boston, Chicago, Oregon, California o Niños del Brasil que ni eran niños ni eran de Brasil. El mundo animal también es muy socorrido y así tenemos a Scorpions, Tigres, Whitesnake, White Lion, Elefantes, The Monkeys, Aspid, Adam and The Ants, Tygers Of Pan Tang, Spider, Tritón, Mammoth, Black Crowes, T-Rex, Porcupine Tree, Stray Cats, Pantera, Topo, Def Leppard, King Kobra... así que prueba con nombres como Vaca Lechera o Black Hamster y veras como triunfas.

Una lástima que no vivieras a finales de los 80 porque entonces si te quedabas bloqueado bastaba con llamarte Gun y algo más. En menos de dos años tuvimos a Guns ´n´Roses, Gun Club, L.A. Guns, GUN, GUN(2)... incluso hoy en día la tradición sigue con Gun Barrel, Sister Machine Gun o Under a Gun. Pero te advierto que Gansos Rosas ya esta pillado.

Vale, ya sé que llamar a tu grupo de Death Metal, Vicente Ordóñez no es algo común pero piensa en todas esas bandas que, como dijimos antes no se lo pensaron mucho. Dio, Ozzy, Bon Jovi, Van Halen, Kravitz, Gary Moore, Malmsteen o simplemente búscate el nombre de otra persona como hicieron Alice Cooper o Jethro Tull.

Hubo un tiempo que lo mas “in” era poner un nombre con sólo iniciales. Si te llamabas Dirty Rotten Imbeciles pues, con razón, te ponías D.R.I. y Santas Pascuas. Grupos como C.O.C., M.O.D., S.O.D., D.A.D., S.D.I., G.B.H. (curioso que todos sean de tres letras). Bueno pues ya sabes, Vicente Ordóñez López mas conocido como V.O.L. y quedas cojonuo.

Mira, dejémonos de miramientos y llamaros Angel o algún derivado. Total si ya tenemos a Angel, The Angels, Morbid Angel, Angel Dust, Death Angel, Black Angel.... Angel es una palabra comodín como lo puede ser black o death. Piensa en algo, lo que sea y métele un black o un death y “san seacabó”, Black Mechero o Death Cigarrito.

¿A ver piltrafilla, tú en que curras? ¿Butanero? Pues ya lo tienes, tío. Le pones a tu grupo Bombona y rular que son dos días. ¿Acaso no hay grupos que se llaman Bloque, Mazo, Asfalto, Muro, Hormigón o Zarpa? Si es que el rock español da para mucho. Con decirte que en los setenta hartos de Tequila se tomaban la Mermelada a Cucharadas te lo digo todo. O ya que estamos con la mermelada fíjate en Pearl Jam, ¿mola? Pues mola porque es en inglés, que en cristiano es Mermelada de Perla. Ya que estamos en temas culinarios ¿qué me decís de Rábanos Infernales? Joder si ya hay un grupo que se llama Red Hot Chili Peppers y otro Blind Melon. Y digo yo, ¿por qué a todo el mundo le parece de puta madre “The Hellacopters” y a nadie le gusta Utilitario? Tractor Amarillo va a sonar a plagio ¿eh?

Y es que la lengua de Chaquespeare (perdón por mi inglés de Gibraltá) es capaz de ocultar las mayores barbaridades. ¿Cómo se llama el cura de tu pueblo? Pues ya me dirás porque no puedes ponerle a tu grupo Padre Baldomero y sí Judas Priest. Y es que a veces es mejor no traducir algunos nombres como Gamma Ray, Saxon, Accept, Rush, Rainbow, Cathedral (bueno este es obvio) o Spock’s Beard para no perder el encanto.

¿Y tú no eres músico, aunque sea de pacotilla? Pues ahí tienes un filón chavalote. Quitando Symphony X (podrás cambiar el número, siempre romano eso sí), Sonata Arctica o Adagio, tienes un monto de nombres para usar, así que podréis llamaros “los Notas, con un par de bemoles” o “Los Corchetes de Plástico” pero en inglés, siempre en inglés; Plastic Corchet.

Pero bueno joder, ¿no me has dicho que ibais de metal extremo? Pues entonces os ponéis “Embutidos Ramírez”, os currais un logo de esos ramificados que no lo entiende ni su puta madre la calva y a tomar por culo la bicicleta. Y para el nombre del disco no te compliques la vida ponle “Dragon power ride wind of steel in the sky of flames” y zumbando a comeros el mundo.

Pedro Salinas “Pears”


 

BRAVO POR LA MÚSICA, QUE NOS HACE MÁGICOS...

Aquí sentando haciendo una nueva reflexión, me doy cuenta que cada vez que vuelvo unos días a mi tierra termino sentado delante del ordenata mal escribiendo unas líneas, ¿será que me hago mayor y necesito descansar?, ¿o será que empieza a mosquearme la cara de felicidad de los dueños de los bares de la zona cuando me ven llegar?. En fin, a lo que voy, que enseguida termino por las ramas (¿será esto también por la edad?).

Bravo por lo música que nos hace mágicos, cantaba el hortera de Juan Pardo hace ya muchísimos años, y siempre se me grabó esa frase, porque realmente la música es mágica, ya que al menos en mi caso, me ha servido de banda sonora de mi vida, y muchas canciones han conseguido describir mi estado de ánimo en diversos momentos (o tal vez yo lo he querido ver así). Antes de seguir, quiero dejar claro que este panfleto cutre sentimentaloide que hoy escribo es totalmente personal, es mi forma de sentir y no tiene porque identificarse con nadie.

Una vez aclarado esto, sigo con mi rollo. Sería tópico hablar de la primera vez que escuché una guitarra distorsionada, creo que la mayoría ha sentido lo mismo, fue como cuando vi por primera vez un buen par de tetas, y una voz dijo en mi interior, “¡joder tío, esto es lo que me gusta!”. Tras años de escucha continuada de música Hard, Heavy o como queráis llamarla, fui consciente de que eso era lo que me llenaba, pero algo en mi interior me decía que había un pequeño vacío, algo fallaba, había algo que me negaba a reconocer.

¿Qué sería aquello, que le faltaba a mi unión con la música?, veía como gente que levantaba el puño conmigo en los conciertos, “maduraba” y abandonaba el Rock, ¿me estaría pasando eso?, ¿estaría saturado de tanto Metal?, tras una profunda reflexión interior ayudada por unos cuantos cubatas, comprendí que al igual que Barón Rojo, mi rollo es el Rock, pero al fin sabía lo que me faltaba, mi gran amor no era el Heavy Metal, era la música.

Comprendí que la música no tenia ni nombres ni apellidos, eso lo inventábamos nosotros o aquellos que nos vendían la moto. Algo brilló cuando entendí que algo era bueno para mi cuando realmente me llegaba, fuese o no políticamente correcto (musicalmente hablando se entiende), si una canción me ofrecía algo, me llegaba su mensaje, qué más daba que la cantase Motörhead o El Fary.

Poco a poco comencé a descubrir que había otros mundos y que todos estaban en este. Me sentí atrapado de igual manera por los riffs de Blackmore, que por la voz triste y desgarrada de Billie Holliday, en ciertos momentos necesitaba el sonido macarra de Guns ´n´ Roses pero otros me invadía la sensibilidad de Presuntos Implicados, a veces necesitaba gritar mi ira con Kortatu y otras reafirmar mi identidad de chico de provincias con Bruce Springsteen, pero lo más importante es que ya no sentía ese vacío, mi pasión era completa, y su nombre era música.

Hoy en día no necesito la aprobación de nadie, cuando una canción me gusta, pasa al baúl de mis recuerdos y allí perdurará de por vida, esperando que le asigne un momento especial de mi vida, que ella en agradecimiento tomará como propio y que siempre que suene en los altavoces lo devolverá a mi memoria, triste o agradable, pero siempre emotivo y lo más importante, mío, única y exclusivamente mío.

Después de este rollo capaz de dormir al más enfermo de insomnio, solo me queda decir, gracias música por hacerme mágico.

Salud y rocanrol (nos vemos en los bares)

Mr. Trabuco

P.D. La música fue, es y será siempre la ostia o hostia como queráis.


 

CUÉNTAME QUÉ PASÓ

Corrían los años 80 y la vida había cambiado para la familia Alcántara. El cabeza de familia, Antonio Alcántara, cumplía condena en Alcalá Meco tras verse salpicado por el escándalo de las estafas inmobiliarias y las construcciones con aluminosis. Su esposa, Merche, vendió su boutique a una multinacional que la incorporaría a su cadena de franquicias. Toni, el hijo mayor de los Alcántara, pasó de adorar una foto del Che en Cuba a una del Príncipe en un billete acuñado por el Banco de España. Su hermana consiguió afianzarse como actriz con la llegada del destape. Y Carlitos, el menor de la familia, cambió los cuadernos Rubio y los pantalones cortos por una litrona y una camiseta de Alaska y los Pegamoides.

En el plano político, el PSOE ganaba las elecciones, mientras los fachas gritaban despavoridos ‘que vienen los rojos’, aunque como veríamos más tarde, a Felipe se le olvidó por el camino lo de rojo y lo de obrero.

Fraga (lo que son las cosas) ahora se autoproclamaba baluarte de la democracia y cambiaba el “Cara al sol” por la Constitución, al menos en público. La ¿democracia? se afianzaba, aunque un tipo con tricornio, bigote y cara de mala ostia, intentase cargársela entrando en el Congreso a punta de pistola.

La Selección, tras el fracaso en el Mundial de Naranjito, casi rozaba la gloria en la Eurocopa de Francia. La televisión desterraba el Nodo y lo cambiaba por “La bola de Cristal” y algún nostálgico aún seguía gritando aquello de ‘¡Gibraltar español!’, sin querer darse cuenta que siendo británico el tabaco nos salía más barato.

En el aspecto musical los viejos seguían “enrollados” con Purple, Zeppelin, Sabbath y aquellos grupos sinfónico/progresivos que en dos horas de concierto tocaban un tema y medio. Las nuevas generaciones daban un paso adelante y defendían a unos barbaros llamados Maiden, Judas Priest, Accept o Barón Rojo, acuñando el alias de heavies.

Por otro lado, los punks se jactaban de que, sabiendo tocar sólo dos acordes, habían acabado con los dinosaurios del rock, y que ellos eran los auténticos rebeldes, no esos garrulos de melenas y tachas.

Los heavies odiaban a los punks y viceversa. Si un tío con camiseta de Saxon se cruzaba con otro con una de Dead Kennedys, aquello se convertía en duelo en OK Corral, pero no quedaba ahí la cosa. Ambos odiaban a los rockers, con sus tupés, y todos a su vez despreciaban a los nuevos “modernos” nacidos al calor de la nueva ola.

En definitiva, el rock tenía más crisis internas y divisiones que el Comité Central de Izquierda Unida y, cuando parecía que aquello no tenía solución, apareció un nuevo estilo dentro del metal: el thrash metal.

Un nuevo mundo de riffs furiosos, voces desgarradas y baterías aceleradas nacía en USA amparado por unos melenudos con cara de adolescentes llamados Metallica, Anthrax, Slayer... y cruzaba el charco hacia el viejo continente. En la piel de toro se afianzaba este estilo, nuevas bandas aparecían luchando por el cetro de ser los más duros del Estado: Legion, Fuck-Off, Crom, Estigia, Xudef Klas, Mordor... una auténtica revolución que sacudía los cimientos del metal.

Pero el thrash no sólo tuvo su importancia a nivel musical, también a nivel socio-político, y es que bandas como Anthrax o Nuclear Assault declaraban a los cuatro vientos su amor por el punk y provocaban que bandas de hardcore como D.R.I. o Suicidal Tendencies acercaran posturas con el metal.

El cambio se estaba produciendo. Melenas y crestas acudían juntos a conciertos, los grupos de thrash tocaban en templos punks como el famoso CBGB’s neoyorkino.

A golpe de riffs se derribaba el muro que separaba a heavies y punkies, pero desgraciadamente la paz no llegaría. Ahora el enemigo eran los seguidores del hard melódico y el glam (el glam metal, no el Hotel Glam), pero al menos la unión de heavies y punkies, como cantaban S.O.D. en el tema “United forces”, parecía más falsa que la de UGT-CC.OO.

En definitiva, que gente como Metallica, ANthrax, Testament u Overkill lograron más que cualquier conferencia de paz de la ONU.

Para acabar con los Alcántara, decir que los nietos llevan pantalones caídos, pendientes hasta en las uñas y martirizan a sus abuelos con los Linkin Park y Marilyn Manson a toda ostia y posiblemente no tengan ni puta idea de quien es Bobby Blitz o Dan Lilker, pero claro, ni falta que les hace.

Salud y rocanrol (nos vemos en los bares),

Carlos “Mr. Trabuco


 

PEQUEÑO MANUAL DE PRIMEROS AUXILIOS PARA INTRÉPIDOS REPORTEROS

¿Cuántas veces se ha sentado usted delante del ordenador para escribir una simple reseña y se ha quedado en blanco? ¿Le molesta tener que oír los discos o asistir a los conciertos de los que va a hacer usted una crítica? No se preocupe, ahora, con el método rápido de reseñas de nuestro manual, hacer críticas será “molto facile y divertente”.

Como supongo que usted no es ningún genio de la literatura, y prueba de ello es que está leyendo este manual, le sugiero que lea atentamente los siguientes pasos para convertirse en un auténtico “crítico musical”:

Desgraciadamente los músicos tienen la mala y fea costumbre de asociarse entre ellos para crear su música y eso nos plantea el primer dilema del redactor. Un primer problema que, como verá, lo vamos resolver con una sola palabra. Olvídese de “grupo”, “formación” o “banda”, palabras totalmente fuera de moda y que no deben ser del agrado de nuestros amados redactores ya que desde que algún avispado utilizó el término “combo” por primera vez, no se han vuelto a usar más. Ahora hay que decir; “el guitarrista del combo alemán”, “el combo americano”. Combo, bonita palabra que le salvará de más de un apuro.

De todos es sabido que la mayoría de los grupos, perdón, de los combos, están compuestos por un guitarra, un cantante, un bajista y un batería. Bien, eso lo sabe todo el mundo, y por eso a partir de ahora usted al guitarrista le llamará “hacha” y al cantante “voceras” o “garganta” (frontman ya sería de nivel superior). Cuando vaya a referirse al bajista no se olvide de decir “a las cuatro cuerdas fulano” y para designar al batería utilice el mismo sistema pero cambiando “cuatro cuerdas” por “baquetas”.

Resueltos ya estos apuntes básicos pasemos ahora a la reseña de discos y conciertos:

¿Tiene usted navaja? Pues prepárese a usarla porque aquí la palabra estrella será: “corte”. Nada de tema, copla, o canción. No hay crítica o reseña de prestigio que no incluya la palabra “corte” un mínimo de 10 veces. Y no vaya usted a decir “el primer corte”, tendrá que decir “el corte que abre el disco”. Lo bien que quedará diciendo “el disco se abre con el corte que da título al disco”. ¿Nunca es el disco el que presta el título al corte? Así usted dirá: “el corte que da título al disco del combo alemán es el más cañero del plástico”. ¿Plástico? Sí hombre sí, vinilo. Qué bonita queda esa palabra y más todavía cuando decimos: “el combo americano viene con su nuevo plástico debajo del brazo” ¡toma ya! Dos millones de discos debajo del sobaco. No obstante si usted ve que ha incluido la palabra plástico más de 200 veces en su reseña pruebe a cambiar algunas por “redondo” que también va cojonuda.

Hay que tener especial cuidado con los nuevos tecnicismos que van saliendo. Apréndase usted con rapidez los siguientes términos: Set- list, track-list, cover (ni se le ocurra decir versión), hidden track, slide, frontman, drummer, riff etc. No solo quedara usted como un gran entendido sino que se hará más difícil la comprensión de su reseña y con ello la posibilidad de ser descubierto. Si el corte que está comentando fuera tranquilito utilice la palabra arpegio aunque no tenga ni pajolera idea de lo que es y, si es un corte potente diga riff afilado. Una frase que queda siempre bien: “Unos riffs afilados sobre un colchón de teclados”.

Si por acaso, como me estoy imaginando, estuviera usted medio perdido utilice las palabras comodines; “fresco”, “añejo”, “con sabor”, “reminiscencia”, “directo” y “compacto”. Conjugándolas con maestría tiene usted media crítica escrita.

Nunca diga concierto o show, diga “descarga” o, mejor aun, combínela con cualquiera de los comodines y así podrá decir “una descarga de canciones directas, frescas, con reminiscencias de un sabor añejo que hacían que el combo sonara compacto”

Pero, y esto es opcional, si quiere rizar el rizo y quedar como un campeón, utilice palabras del nivel alto como “lisérgico” (toda reseña stoner o de Black Sabbath deben llevarla), ecléctico (utilizar en caso de no reconocer el estilo del combo) o ROCK CON MAYÚSCULAS (palabras que viene de perlas para acabar con una reseña en la que no sabíamos ya que decir).

Y esto es todo querido lector. Un pequeño manual que utilizan desde los jóvenes reporteros en prácticas hasta las más famosas estrellas del periodismo rockero y que ahora por fin, está a su alcance.

Pedro Salinas “Pears”


 

NATIONAL GEOGRAPHIC: LA FAUNA IBÉRICA

Siempre se ha dicho que la salsa de cualquier grupo es el directo, donde los músicos se sienten más a gusto y donde realmente deben demostrar su valía y la calidad de sus composiciones, y por supuesto para cualquier seguidor del rock, la máxima comunión entre grupo y fan se produce en los conciertos.

¿Pero cual es el rito que acompaña a cualquier concierto? ¿Cómo nos comportamos durante la tormenta de decibelios?

Lo cierto es que se podrían hacer distintas categorías según el comportamiento de cada cual, y seguro que alguno lo habrá observado en cada concierto:

  1. “El Baboso”: Sujeto que se dedica a cruzar la sala una y otra vez, abriéndose paso entre la masa con la ayuda de sus codos y brazos, mediante la técnica del “empujoning”.

  2. “El Bailarín”: Normalmente se reúne en grupos, y se dedica a practicar el baile tribal denominado “pogo” y le da igual que toquen Slayer que Medina Azahara.

  3. “El Mosher”: Individuo que se dedica a subirse al escenario y lanzarse una y otra vez encima de sus colegas, a los que imagino, mas de una vez les asaltaran las ganas de apartarse y dejar que el pesado de turno se rompa la cabeza. Es curioso, pero, no os habéis fijado que normalmente es siempre el mismo tío el que se sube y se tira, ¿formara parte del espectáculo?.

  4. “El Catedrático”: ¿A quién no le he a tocado al lado el típico tío que se pasa todo el concierto analizando el sonido del grupo? Te advierte de que cuerda tiene el guitarrista desafinada, a que tono no ha llegado el vocalista y veinte mil fallos mas, hasta que cabreado le gritas “tío, quédate en casa y escucha el disco, pero no me toques mas los cojones”.

  5. “El Arquitecto”: Este normalmente suele ser también catedrático, y antes del concierto se dedica a explicarte las condiciones de la sala y las razones por las que el sonido se pierde, rebota o no suena adecuadamente. Imagino que la entrada se la comprara el ayuntamiento, porque suele hacer una inspección en toda regla.

 

  1. “El Muro”: Los que como yo, somos altos pero no demasiado, siempre tenemos “la suerte” de que un tío enorme se te coloque delante, así que solo puedes ver los rizos del bajista cuando mueve la cabeza y es que cuanto mas te mueves buscando un hueco para ver, normalmente mas se mueve el tío de delante.

  2. “El Fan”: Tipo que normalmente antes de empezar el show ya está en estado de trance, el cual le dura todo el concierto. Reproduce con su Ibanez imaginaria cada solo del guitarrista de turno y de su garganta salen todas las letras de las canciones, en muchos casos en un idioma que solo el entiende, excepto el estribillo que lo canta en un perfecto inglés.

  3. “El Borrachuzo”: Este espécimen, abusa del avituallamiento antes de comenzar el concierto, y al entrar en la sala ya lleva un considerable grado de intoxicación etílica, que sigue avanzando a la vez que el show, por lo que termina jodiendo a sus colegas que se lo tienen que llevar fuera y perderse ellos la actuación.

  4. “El Aburrido”: Individuo que ha ido al concierto por acompañar a un colega o novio/a, y esta hasta los mismos del concierto porque no le gusta el grupo, hasta el punto de pasarle por la cabeza la idea de asesinar a su acompañante por llevarle allí.

En fin que cada cual hace lo que quiere en los conciertos, ¿o realmente nos movemos por unos patrones establecidos?, bueno para eso están los sociólogos, no yo.

 La única conclusión que saco tras cada concierto, es que la peña, haga lo que haga, sale con un claro gesto de satisfacción en la cara, y realmente eso es lo importante, lo detallado anteriormente no es mas que una tontería de este que escribe.

Salud y rocanrol. (nos vemos en los bares y en el próximo concierto)

“Mr. Trabuco”


 

EL ESPÍRITU DE LOS '80, INDEPENDENCIA Y EDITORIALES

Iba a escribir sobre un tema bastante distinto, pero tras la reacción a la editorial de febrero me siento tan intranquilo que he dejado apartada la otra reflexión para escribirla en un futuro próximo. Sí, intranquilidad es lo que me produce lo que determinó la editorial y las reacciones resultantes. Primero, porque veo que hay gente que no piensa más allá de lo que hay escrito, que no analiza, que no discute sobre la profundidad de lo que se escribe, pero que se queda en la parte poco profunda de la piscina (para niños). Y precisamente la capacidad de abstracción y análisis son características únicas del ser humano. Y segundo, porque el no saber llevar las críticas es no saber aceptar opiniones distintas, es no saber discutir con argumentos, y en definitiva es matar la libertad de expresión y la independencia.

Recuerdo vagamente la época de la transición. No nací hasta el ’72, así que no me pidáis mucho. Pero sí recuerdo los '80 bastante bien. Y yo los recuerdo como unos años de mucho movimiento social. El pueblo quería recuperar el tiempo. Había manifestaciones, mítines, discusiones productivas en centros cívicos, intercambio de opiniones, referendums, independencia informativa… en definitiva, ¡la sociedad estaba viva! En el plano musical, que es lo que nos atañe, ese movimiento se notaba en la cantidad de grupos de barrio que existían, los conciertos que había cada semana en los barrios, conciertos gratuitos en fiestas, movidas madrileñas, variedad musical y con calidad, alcaldes que se involucraban (un recuerdo para el entrañable Profesor Tierno Galván), etc… Pero lo que más recuerdo, sin duda alguna, es la independencia informativa. Y sobre todo a nivel radio. Increíble la cantidad de radios libres que surgieron y florecieron en los '80. Todas con programas alternativos a la oficialidad, tanto politico-sociales como musicales. Se podían conocer grupos nuevos casi cada semana, muchos de los cuales merecían la pena. Así descubrí, por ejemplo, a Los Suaves, muy al principio, cuando no tenían demasiada repercusión.

Pero como siempre, la capacidad de pensar y de criticar es peligrosa en un sistema donde los poderes económicos están acostumbrados a producir a su libre albedrío (sin planificación), porque ellos nos tienen que crear la necesidad de consumir lo que han producido. Y una mente independiente es capaz de decidir por sí misma lo que quiere consumir y lo que no. Así que se dispusieron a acallar esos medios independientes, entre otras cosas se cerraron periódicos (e.j. El Independiente), y las radios libres se vieron obligadas a pagar el impuesto “revolucionario” del estado servil capitalista, o pasaban a ser ilegales. La situación pasó de la variedad informativa a la oficialidad informativa. Y a cambio nos ofrecieron pan y procesiones, pan y fútbol, pan y toros o pan y folclorismo cutre. Los '90 los recuerdo como una década muy parada en la que la gente se acomodó a todos los niveles. Casi hasta recuerdo que las últimas huelgas en la Universidad me pillaron en mi primer año, 1989. A partir de entonces hasta en la Universidad se perdió gran parte de la vida.

Pero he aquí que llega el nuevo siglo y nos ofrece nuevas oportunidades magníficas de independencia. Y es que con él llega de la mano la expansión de Internet, ¡¡una red mundial en la que el intercambio de información es inimaginable!! ¡¡Y de nuevo volvemos a revivir la magnífica década de los '80!! Los medios independientes resurgen del “underground” y los medios oficiales son dejados de lado. La cantidad de música que se puede dar a conocer gratuitamente a los interesados es abrumadora. La que los medios oficiales nos quieren vender dejan de ser tan interesantes, y la variedad y alternativa musical pasa a primer plano. De nuevo nos encontramos con una situación en la que la independencia de criterio prima. La democracia (no burguesa) que se respira en Internet es abrumadora. Lamentablemente hemos empezado a observar movimiento por parte de los poderes económicos que no se pueden permitir perder ni dinero ni a sus “drogadictos consumidores”. Ya se ha empezado el movimiento de “regulación” de la red, con incluso páginas cerradas por las compañías poderosas. Y así nos encontramos con que las páginas independientes resultan el blanco de críticas sin sentido, y basadas simplemente en que la independencia de criterio no es justa con ellos. Y todo porque se piensa con independencia, no pasan por el aro de la oficialidad y porque son una puerta abierta al conocimiento, que puede resultar, horror!!, en una capacidad de crítica y de decisión propia. ¡¡Serán descarados!!

Pero es que la diversidad de opinión genera críticas alternativas, en este caso a grupos de música, que deberían ser absorbidas por los criticados para ver cualidades y mejorar en los puntos débiles. No deberían ser vistas como un ataque a su creación, sino como una referencia para ir mejorando. Pero claro, cuando se está acostumbrado a recibir alabanzas unánimes de los que necesitan vender, es muy fácil no aceptar ni comprender la opinión independiente. Pero además, los “consumidores” deberíamos agradecer esa diversidad de opinión, porque un criterio uniforme lo único que hace es acabar con la variedad y con nuestra libertad.

Con esta reflexión lo que me gustaría reseñar es la importancia que tiene la independencia de criterio. La gente no se debería quedar en la superficie, sino que debería rascar para asegurarse una capacidad de decisión propia. Que aprenda a analizar por si misma, a ser independiente. Además, me gustaría que entre todos evitemos que los '80 vuelvan a acabar como acabaron: muertos. Que vivan a través del nuevo siglo y de esta plataforma para el intercambio de información, crítica y opinión.

Ramiro “Motörhead”


 

¿FANTASÍA? MEDIEVAL

Vaya por delante que esta pudiera ser una reflexión un poco absurda. Doy por sentado que para algunas personas lo que expreso a continuación es algo obvio. Estoy en parte de acuerdo. Pero no deja de ser un tema, puestos a mirar mas allá, curioso, interesante y contradictorio. Seguro que algunos se sorprenden con ciertas cosas, especialmente viniendo de mí...

La pregunta es, ¿por qué esa fascinación por lo medieval de tantos y tantos grupos europeos actuales? Quien dice medieval a secas, dice fantasía épica, que para lo que tratamos aquí es lo mismo (desgraciadamente). La temática al respecto es clara: reyes, espadas, valientes caballeros, malvados emperadores y nobles empresas cuyo premio suele ser una bella princesa, o la gloria eterna e inmortalidad por siempre jamás, que se suele decir. El “típico tópico” de la fantasía heroica, a pesar de Tolkien y su magna obra, que como muchos sabemos va mas allá de todo eso, encerrando filosofía y valores, y enseñándolos, que es lo más importante.

 

¿Por qué ese gusto por la épica medieval, y no por desarrollar otras temáticas de distinta época? Si, efectivamente algunos grupos lo hacen, decantándose por el espacio / futurista, véase Ayreon, Iron Savior o los legendarios Hawkwind. Los relatos corsarios de Running Wild también son un buen ejemplo de que no todo lo épico tiene porque ser medieval. Pero no nos engañemos, es mas que evidente para todos la temática que actualmente más sobrecarga el metal europeo. Un aspecto sangrante del asunto, es que un buen porcentaje de fans de estos grupos, tienen la misma idea del medievo que sus adorados héroes metálicos, es decir, nada. Muchos de éstos suelen ser chavales de 15 o 16 años, aficionados al rol y por ende, a la fantasía medieval. Una parte del “delito” reside en los compositores de estas historias, que puestos a ser ignorantes, apuestan por ganar el campeonato. Lo medieval se reduce a dragones, hechiceros, unicornios y otros seres mágicos de tiempos pretéritos. Cuidado, me parece de perlas un disco conceptual basado en alguna crónica o canción suelta, de maravilla. Lo que a mi juicio es rizar el rizo supone llenarte un disco de 11 canciones con 4 espadas por allá, un hechicero por acá y un elfo en medio, y repito que me encanta el mundo de la fantasía medieval, aunque no tanto los libros que pululan por ahí; mas que no gustarme, que no me interesan demasiado, en ese aspecto prefiero el cine. Y sí, que no me venga nadie excusando a Grave Digger con su “Excalibur”, por poner un ejemplo claro, pues las leyendas artúricas , a estas alturas ,tienen un 90% de fantasía y un 10% de materia ficticia .Otra historia, nunca mejor dicho, fue aquel “Tunes of war” ,basado en la brumosa historia de William Wallace y la independencia Escocesa de Inglaterra.

El caso es que, mas allá del Heavy Metal, desde principios de los 90, existe una “Medievalmania” en gran parte de Europa. De siempre ha existido una fascinación por lo medieval, y es en la década pasada cuando comienza a resurgir de nuevo ese interés, que a día de hoy sigue presente (el heavy es un buen ejemplo).Sorprendente que, en Italia, la revista “Medievo” venda sobre los 100.000 ejemplares todos los meses, que para ser una publicación dedicada íntegramente a la historia medieval, ya es vender. Increíble y agradable resulta ver la cantidad de actividades que se prodigan al respecto, desde las ferias medievales en cantidad de localidades españolas, pasando por las espectaculares recreaciones de justas y otros torneos de la época (con enorme cantidad de publico asistente) en Francia e Italia, hasta llegar a esas aldeas maravillosamente conservadas en Alemania, y en proceso de restauración cada vez más y más. Ejemplos como éstos demuestran el gran interés que despierta en mucha gente la Edad Media.

Enlazando con lo que comentaba antes de los compositores y los fans, es que, verdaderamente, la pasión por esta etapa de la humanidad viene como consecuencia precisamente del idealismo con que ha sido tratada desde siempre. Personalmente es un punto de la historia que me cautiva en parte por ese idealismo maravilloso, y a la vez por esa realidad cruel, manchada de sangre, a la par de hechos verdaderamente magníficos y grandes, decisivos para la historia de Occidente en muchos casos. Donde más claramente se puede comprobar ese idealismo es en algunos libros. Son esos libros que ensalzaban y glorificaban al caballero, al héroe, e idealizaban lo ocurrido de forma tremenda. Nacidos los cantares de gesta, véase el Poema del Mío Cid, El Cantar de los Nibelungos o La Chansón de Roland, para dar posteriormente con los llamados, “libros de caballería”: Amadís de Gaula, el Orlando Furioso, o mismamente con algunas partes del Romancero Viejo. Don Miguel de Cervantes se partió la caja de tales historias mientras escribía El Quijote, pero lo cierto es que la imagen que se tiene, y la que atrae definitivamente, es esa. La de Don Rodrigo Díaz de Vivar cabalgando a lomos de Babieca, ganando una batalla después de muerto, o la de Roland y los doce pares de Francia partiendo en dos Roncesvalles con un mandoble de espada.

Es indudable que a las personas les ha seducido siempre lo increíble, hechos que ellos mismos jamás podrían conseguir, les complace verlos en la figura de otra persona, del héroe de turno. Ninguna otra época de la historia esta mas impregnada de idealismo. Si a ese idealismo donde confluyen la espada y la cruz, siempre, se le añade el grado de ingenuidad y superstición de aquellas gentes, esta claro que no es fácil encontrarnos a medio galopar con un unicornio, una ninfa o un duende. Y como todo lo envuelto en el manto del misterio y la fantasía es sugerente, pues ya tenemos todos los ingredientes para sentirnos atrapados por tan esplendorosos tiempos. Dicho esto, maldita la gracia de quien haya “osado” manchar tan apasionante época, escribiendo verdades que no acaparan el interés de la gran masa, ¿no? :P Está claro que algunos lo sabemos, no es difícil, tan solo leer un poco, incluso de oídas en el colegio. Sabemos que si nos olvidamos de los caballeros, las doncellas y los reyes que tanto propugnaban esos libros, y que tanto repiten y repiten una gran cantidad de grupos de metal europeo, precisamente nos encontramos con el elemento más numeroso (con diferencia) y a la vez mas olvidado. Me refiero lógicamente a aquellas personas que ni blandían espada, ni luchaban con dragones, ni ansiaban rendir tributo a su rey (juas), ahora, morían entre sudor y sudor en los campos, con una media de treinta y tantos años, y tratados por el noble correspondiente infinitamente peor que el perro de caza propiedad del infante, conde, o duque de los cojones. Sí, lo que mas atrae es lo otro, lo sé, pero digo yo que no estaría mal tampoco algo de información al respecto para con ciertos “letristas”, quinceañeros/as , o que narices!, gente normal y corriente, mas adulta, que disfruta como un niño viendo “Excalibur” o “El Primer Caballero” (bonita bazofia) y se queda tan pancha, “que tiempos aquellos eh?, ohh, princesas! La tabla redonda!! Uauuu”, y el 90% restante, palmándola a los 30 y haciendo efectivo el refrán “Mas vale buena muerte que mala vida”, porque la vida del tercer estado en el feudalismo era poco menos que estremecedora en muchos casos, terrible.

La reflexión se podría no haber hecho, resumiéndolo todo en que claro, los grupos escriben sobre lo que les parece, épica medieval al instante y listo el tema para envolver, pero es que no deja de sorprenderme la fascinación contradictoria (con mucha ignorancia por medio) de esta gente, tiene pelotas, por una etapa de la historia donde se fue a dar con una involución aterradora en todos los aspectos. Compararemos por comparar la sociedad feudal castellana con la Emérita Augusta o sencillamente con toda la Hispania Romana, te quedas a cuadros en todos los aspectos, absolutamente en todos.

Seria mas interesante, para todos, que en vez de caer continuamente en los tópicos “caballero de poderosa espada gana la batalla” se intentara por parte de estos grupos recrear, si tanto les gusta la edad media, acontecimientos HISTÓRICOS acaecidos en ella. Un buen ejemplo es el ultimo disco de los Italianos Thy Majestie, “Hasting 1066”, donde se narra la conquista normanda de Inglaterra, o el anteriormente comentado “Tunes of War” o “Knights of the Cross”, tratando la historia de los Templarios. No se trata de hacer un disco propiamente didáctico, para eso están los libros, pero sí que encuentro más interesante y rico una temática mas histórica y menos fantasiosa que la que se lleva actualmente, sobrecargada y que conduce, con cierta razón, al hartazgo de algunos y a llevar precisamente ese tópico por bandera para atacarles, “uff, ya estamos con las espaditas y las princesas, quita, quita...”, criticas que en ocasiones rozan lo patético, todo hay que decirlo. Al menos en el otro caso, no se les podrá acusar de tener una temática , digamos, infantil, o poco seria, según piensa mucha gente.

¿Quién dice que un chavalín de 15 años no se ha interesado por los normandos leyendo alguna letra del disco de Thy Majestie y ha indagado por su cuenta sobre el tema? Estoy seguro de ello y en el ámbito familiar y de amistad tengo algún que otro ejemplo claro. Que suceda una cosa así es muy positivo. Ya que escuchas a un grupo que escribe sobre temas históricos en el contexto de la Edad Media, me parece de perlas si, aparte de disfrutar de su música (los que disfruten), aprenden algo más relacionado con el tema que trata el disco .Y sin duda, esto lo hago extensible a cualquier álbum conceptual sobre una temática histórica determinada.

Otro asunto es el cómo se expresan esos hechos. Un conocido grupo español aficionado a estos temas ya ha mentado la figura del Cid, o de los Cruzados, y ciertamente es algo que me parece bien y respetable, si olvidamos que Don Rodrigo Díaz debe estar revolviéndose en su tumba al escuchar la simpleza con la que “algunos” individuos se atreven a relatar su historia, que como ya dije, no es cuestión de meter una tesis en una canción, pero por favor...

Concluyendo, repito, me encanta todo ese mundo de fantasía donde se funde lo mágico y lo real, pero estamos en un punto donde las letras referidas al asunto son profusas en cuanto a vulgaridad y rozan lo chabacano directamente. Esto es así. Abogo por mayor variedad al respecto, que se sigan haciendo canciones de temas fantásticos, pero que se intente dar también un mayor grado de seriedad al asunto llevándolo por derroteros más ficticios, porque donde este una batalla de Bannockburn, con los miembros ingleses esparcidos por los campos o el brutal sitio de la fortaleza templaria de Krak de los caballeros, en Siria, por parte de los musulmanes, que se quiten todos los “Señores oscuros”, caballeros inmortales, (para inmortales Carlomagno, El Cid - lo histórico que se sabe de él - Don Pelayo y Erik el Rojo) y los malvados ogros de turno, he dicho.

Que se calienten la cabeza a la hora de hacer las letras, aunque solo sea un poco, será mejor para ellos, para sus fans, y para el Heavy Metal en general.

José Alberto (Thunder)


 

YO SÓLO ESCUCHO HEAVY

Frecuentemente nos burlamos de la gente que es 'cerrada' musicalmente hablando y se cierra en un único estilo musical, e incluso subestilo, sin embargo, ¿que es ser cerrado? ¿es bueno o malo? ¿hay fronteras en la música? ¿por que los prejuicios nos hacen rechazar ciertos estilos o grupos? ¿tienen que ver los medios de difusión y comunicación en ello?

Antes que nada hay que aclarar que el sentimiento que despierta en nosotros la música es irracional e imposible de explicar. La música que nos gusta nos gusta por que nos hace vibrar, nos emociona, nos cautiva, no importa como querais expresarlo. Muchas veces cuando descubres a un grupo nuevo desconocido para tí piensas 'lo que me he estado perdiendo', y ¿cuantos grupos te puedes estar perdiendo por (1) su escasa popularidad o (2) tus prejuicios?

Muchas veces la gente rechaza a un grupo sin escucharlo por que 'no es mi estilo'. Es curioso que se diga esto sin haber escuchado antes. Es comprensible que haya grupos que no soportes, pero ¿por que cerrar las puertas a un grupo por que no hace exactamente lo que tú sueles escuchar habitualmente? Con esto no quiero decir que tenga que gustarte todos los estilos musicales, ¡ni muchos menos! Cada cual escuchará lo que le guste, pero es importante darle la oportunidad a otros sonidos por que nunca sabes lo que te puedes estar perdiendo.

Un prejuicio muy habitual es hacia aquellos grupos pertenecientes al 'mainstream'. Se tiende a pensar que toda la música surgida en esos ámbitos es basura prefabricada, y por ello muchas personas se pierden mucha música que les podría gustar.

Hay muchos ejemplos de prejuicios colectivos. En los últimos años se ha puesto muy de moda la guerra nu - true. Unos dicen que la música de los otros es mala, que no saben tocar, que rapean, etc. Los otros responden aludiendo la falta de imaginación, las repeticiones, y las poses desfasadas. Esta historia se ha vivido muchas veces, y desgraciadamente esto sólo ha provocado enfrentamientos y tonterías del tipo 'yo soy más auténtico que tú'.

¿El que la gente tenga gustos musicales variados beneficia o perjudica a los medios de comunicación? Todos sabemos que una revista (ejemplo, como podría decir web) necesita tener buenas ventas para sobrevir, para lo cual necesita una clientela fija, que le sea fiel y compre asiduamente su prensa. Por lo tanto esta prensa debe dedicarse a un sector del panorama musical, ya que debido a la mentalidad 'cerrada' a la que estoy haciendo alusión no permitiría un abanico más amplio de tendencias. ¿Cuantos medios conocéis vosotros / as que se dediquen a estilos muy diferentes entre sí? Haberlos haylos, cierto, pero desgraciadamente suelen ser de escasa duración. Entonces, según esto para que una revista sea rentable (desde el punto de vista económico-financiero, lógicamente) es necesario que se dedique a una reducida parcela del enorme terreno de músicas que existen. Pero no sólo eso, si se quiere tener éxito en estos terrenos hay que ser los más 'auténticos'. Decimos que queremos tener unos lectores fieles, que les guste el tipo de música que nosotros tratamos y que deben rechazar otros estilos, no vaya a ser que escuchando otros sonidos descubran otra prensa y dejemos de ser sus mesías. Si les tenemos 'atados y bien atados' (la referencia al caudillo no es gratuita) seguirán consumiendo nuestra prensa, y como consecuencia también nuestros productos. Ya nos encargaremos nosotros de decirles que grupos deben escuchar...

Para terminar quiero señalar que esta opinión no es únicamente contra los prejuicios heavies, sino contra toda aquella persona que rechace estilos / grupos / personas, etc sin motivo coherente. ¿Cuantas veces hemos escuchado aquellos del heavy guarro, el oyente de los 40 Principales borrego, el punk hipócrita, el B.boy niñato, el que le gusta la electrónica pijo, etc?

Metalgods


 

MAMA, QUIERO SER HEAVY

Volviendo a casa por navidad como aquel famoso anuncio del turrón, eso si como de costumbre con retraso ya que era víspera de reyes (afortunadamente, ninguna de mis compañeras femeninas ha sido nunca aficionada a los “retrasos”), mi madre me comenta, “sabes que el niño de fulanita es heavy con melena y tó”, y entre la satisfacción de que ya no diga heivy (supongo que cuando le decía a sus amigas que yo era heavy, me imaginaban corriendo por los montes con mi abuelo y un perro llamado niebla), me asalta una sonrisa al ver que esto sigue vivo, que llega sangre joven.

Y entre tanta sonrisa y alegría, me asalta el recuerdo de una noche cercana, cuando 3 o 4 de esos nuevos heavys, con muñequeras y camisetas de Maiden (para algo están los uniformes), “celebraban” con el dedo levantado que en cierta discoteca Vallecana sonaba Mago de Oz, y desgraciadamente esto no es un hecho aislado.

Los tiempos cambian, todo evoluciona, pero parece que ciertos personajes no, y es fácil culpar a los autodenominados gurús de la información metálica, que bien es cierto, tienen su parte de culpa, pero nunca debemos olvidar que esto es un negocio, y lo que importa es vender revistas o conseguir audiencia si quieres seguir comiendo, por lo tanto las portadas o líneas editoriales se deben adaptar a lo que exige el pueblo, y si no cuantas criticas le caerían a la RockHard si no ponen un tío poniendo cuernos en la portada o si el Popular o el ruta 66 pone a los Manowar en vez de un grupo super conocido en los garitos de Alabama, y es que cada cual se adapta a la cuota de mercado que le interesa, pero ojo, eso no quiere decir que su palabra sea divina y nos muestre el camino, lo que quizás me hace pensar si el verdadero problema no es el nivel de aborregamiento del personal, caso que no solo se da cuando se rinde verdadera idolatría a los llamados profesionales, sino en otro tipo de círculos donde parece que una voz discordante con la opinión “oficial” de los miembros de una web o al pensar general del personal que la frecuenta hace saltar el resorte y dar comienzo a autenticas cazas de brujas cuando a veces es mejor mirar primero en casa antes de atacar al vecino, quizás algún día aprendamos que las criticas son mas constructivas que el continuo besaculos al que prefiero pensar que nos han acostumbrado, pues mas triste seria que fuese lo que realmente queremos. Que bien suenan palabras como libertad, respeto o independencia, pero claro siempre que los demás se adapten a la nuestra, porque si no, no hay sitio para ellos, triste, pero cada día queda mas claro que es lo que rige en estos mundos del rock and roll, donde ser disidente de pensamiento parece ser un pecado mortal, pero bueno, larga vida a los pecadores.

No nos engañemos, el mundo de la música, para nosotros, oyentes de a pie, puede ser una forma de vida, una compañera o mil adjetivos románticos que le queramos dar, pero el verdadero trasfondo, es que es un negocio en mano de compañías que mueven millones. ¿Qué diferencia hay entre Alex Ubago o la Oreja de Van Gogh y Blind Guardian o Nashville Pussy? Que nadie se rasgue las vestiduras, tanto uno como otros, aunque a diferente nivel de promoción, son grupos que nos meten por las orejas, cada cual en su territorio, o acaso las revistas especializadas en el mundo del rock no nos intentan vender que grupo hay que seguir o es el mas autentico. A fin de cuentas, eso es una estrategia de marketing, como la de ponernos a los de operación triunfo hasta en la sopa.

Y lo peor es que seguimos cayendo, con toda la información que tenemos ahora, sobre todo gracias a internet, que podemos conocer hasta la ultima maqueta grabada por el grupo mas cutre de Hong Kong. La información da libertad, eso si, cuando se sabe utilizar. Echando la vista atrás, recuerdo que antes (y hablo desde mi posición de roquero de “provincias”) solo llegaban a Cádiz los discos de Barón Rojo, Maiden, AC/DC y alguno mas, y toda la información sobre otros grupos era a base de catálogos, como aquel inolvidable BID Discoplay (ahora totalmente desfasado), o lo que te contaba aquella revista de cuyo nombre no quiero acordarme, capitaneada por un tal Almirante (o era Mariscal). Los tiempos han cambiado, poseemos la capacidad de almacenar toda la información que queramos, pero no, parece que no queremos hacer uso de ella, o solo la procesamos de la forma que mas nos interesa o desde la óptica de nuestro punto de mira, y mientras los grandes “padres” de los medios nos hacen encasillarnos una y otra vez, (si no llevas tachas no eres autentico, otro grupo heavy viviendo de los clichés de toda la vida, esto si que es rock and roll........) caemos en la misma trampa, pero no nos llevemos a engaños, que esto no es parcela abonada solo para los “true metal fans”, sino que abarca a todos, desde el heavy mas “jevi” que una derbi diablo al stoner con la foto de Black Sabbath y Kyuss en la cartera junto a la de su novia/o, y es que en el mundo del rock mas que en ningún lado, se puede decir eso de que la envidia es el deporte nacional, y posiblemente si lo hiciesen olímpico, en este país donde nos ha tocado vivir, nos llevaríamos todas las medallas de oro.

Solo decir que Thor de larga vida a Blind Guardian, Manowar, Rhapsody, Dark Moor... y el diablo nos conserve a Hellacopters, Sol Lagarto o a los Nashville Pussy, y parafraseando a los desparecidos Sobredosis, “sangre joven para el rock and roll”, sangre joven e ideas nuevas, no las anquilosadas posturas de antaño.

Salud y rocanrol (nos vemos en los bares).

Carlos “Anaxides”