MERCYFUL FATE Live in Eindhoven (Holland) 09/04/83
 HELLOWEEN Hang Banquet Live '87
 VOZ EN OFF Sala Razzmatazz 3 (Barcelona) 10/01/04
 BLACK SABBATH The Ray Gillen years
 WHITESNAKE Live at Donington Park - Monsters of Rock Festival 1990
 DREAM THEATER The dream of the beast
 GUNS N' ROSES Rock in Rio III
 IRON MAIDEN Live At Rock In Rio III (2001)

 

MERCYFUL FATE “Live in Eindhoven - Holland 09/04/83”

Los hay de la opinión que la era de Internet ha significado un durísimo golpe para la música (en el sentido comercial, se entiende), pero otros muchos pensamos que, lejos de suponer un atentado contra ésta –y dependiendo de las manos de cada usuario, claro-, ha significado un avance superlativo tanto en dicha materia como en el ámbito de las comunicaciones, y un buen ejemplo es el que nos ocupa.

Y es que de no ser por el recurso del intercambio en red (¿qué es sino un mano-a-mano de largo alcance?), documentos como éste, registrado hace ya más de dos décadas y propiedad de unos pocos afortunados, jamás verían la luz pública, y que no me vengan diciendo que esto afecta al mercado discográfico, al menos negativamente...

El concierto, que es de lo que se trata, se grabó en el marco de la gira de “Melissa”, primer larga duración de la mítica formación liderada por el excéntrico King Diamond (si no existiera este tío habría que inventarlo cual Frankenstein), con la formación clásica de la banda y ese brutal conglomerado de Black Sabbath, Judas Priest y Uriah Heep (esos falsettos!) que tanto juego dio en la década posterior con el alumbramiento oficial del Black Metal. La edición, pese a su castigada imagen (se nota el rodaje del VHS), goza de buenos recursos (varios ángulos de cámara) y de un aceptable sonido, y dada la escasez de material al respecto puede considerarse toda una pieza de coleccionista. Según el propio Diamond ya queda menos.

El vídeo arranca directamente con un frenético “Doomed By The Living Dead”, con un King ataviado con capa, botas con flecos y sin sombrero, luciendo su primer maquillaje con la cruz invertida en la frente y portando su clásico y polémico pie de micro, formado a base de un fémur y una tibia cruzados, según las malas lenguas auténticos, para más Inri. Ya desde un primer momento se puede apreciar que, a pesar de la importancia de la imagen y de la puesta en escena, detrás hay una auténtica banda de Heavy Metal pesado, con una base rítmica genuinamente precursora del Speed/Thrash y una progresión musical digna de las grandes bandas de los 70 (no en vano King se sigue nutriendo de ellas).

Durante el tétrico “Black Funeral” podemos ver una cruz de considerables dimensiones (y sin invertir) encima del escenario, y en el siguiente “Curse Of The Pharaohs” ya podemos observar a King despojándose de su capa metido de lleno en el show. En “Into The Coven”, las diversas cámaras de las que goza la realización nos muestran un par de velas que adornan el escenario, así como al personal que puebla la sala, que tiene el sitio justo para mover las crines. En “Satan’s Fall”, como el que no quiere la cosa, mr. Diamond se saca una antorcha de la manga y prende fuego el crucifijo, ya apareció el cepillo...

Llega el momento de las presentaciones, en el que King nos presenta a los míticos Michael Denner (guitarra), Timi Hansen (bajo), Kim Ruzz (batería) y Hank Shermann (guitarra solista), seguido inmediatamente de un “Walking Back To Hell”, que a la postre pulirían para convertirse en el clásico “A Dangerous Meeting” del siguiente “Don’t Break The Oath”, del que también presentan a modo de primicia “Evil”.

“At The Sound Of The Demon Bell” suena más a Sabbath que nunca, y esos gritos de “scream for vengeance!” de King recuerdan que el mítico trabajo de Judas acababa de salir. “Come To The Sabbath” y su logrado punteo en el interludio vuelven a recordar a la banda de Iommi y compañía, en el que King alza sus huesos (y los del micro) en señal de alabanza. Épico y luciferino. “A Corpse Without Soul”, del primerizo y descatalogado “Mercyful Fate EP”, supone uno de los puntos más burros del concierto (al loro con la cabalgada de guitarras final!), con lo que llegamos a la recta final del evento.

Tras un pequeño solo de Shermann acompañado por Ruzz tras los parches suena el gamberro “Nuns Have No Fun”, con esa letra tan bestia y macarril suya y con King gesticulando obscenamente con el micro, y “On A Night Of Fullmoon”, o lo que es lo mismo, una vista previa de lo que rebautizarían como “Desecration Of Souls” para su siguiente disco, pone fin (aparentemente) a la descarga. Tras la consabida visita a camerinos, con el cámara en los susodichos (!), vuelven para rematar con un único bis, “Devil Eyes”, según palabras del propio King estrictamente por problemas de la sala y totalmente ajenos a su voluntad.

Y eso es básicamente lo que supone este “Live in Eindhoven” del 83, un conciertazo de una de las bandas legendarias de nuestro rollo en su época dorada y que ningún fan que se precie se debería perder. Si estás en ese grupo y no sabes dónde acudir prueba a pinchar un renglón más abajo...

Bubba


 

HELLOWEEN “Hang Banquet Live '87”

Aprovechando que últimamente me encuentro un tanto nostálgico y prefiero revisitar clásicos que buscar al grupo ‘revelación’, así como que tenemos la sección de videos tal y como la inauguramos, os voy a comentar un video piratilla (por ahí lo llaman ‘bootleg’) de lo que fue una descarga de los germanos Helloween allá por el año 1987 (no sé exactamente dónde ni cuando –estos piratas...-), recogida especialmente para uno de los programas del desaparecido “Headbangers Ball”.

Con un público bastante variopinto (algunos con maquillaje, caretas, etc. –parece ser que era Halloween-) y mientras suena la intro de “Keeper Of The Seven Keys I” (era la presentación del disco), “Initiation”, un locutor invisible nos presenta al grupo: “Ladies & Gentlemen... HELLOWEEN!”, el cual va ocupando posiciones: Markus a la izquierda con su inconfundible Fender blanco (y púa en mano!), Ingo al fondo (claro está), detrás de su Sonor, Weiki a la derecha con su pose fanfarrona, Dios... digo Kai a la izquierda junto a Markus, con su inconfundible “flecha roja”, y Kiske en el centro, como buen frontman, todos con unas pintas ‘ochenteras’ de caerse de espaldas y arrancando con un speedico “I’m Alive” que atruena literalmente al respetable, durante el cual Michael se permite juguetear con una calabaza mientras sus compañeros solean... 

A continuación Kiske presenta una “alegre canción” del “Keeper I”, tras lo cual Kai empieza con el inconfundible jueguecito (que aún pervive) que da paso al célebre “Future World”, donde queda patente la excelente forma (la mejor, diría yo) del grupo en aquella época (son muchos los que afirman que en la gira del “Keeper II”, en el Pumpkins Fly Free Tour, Kiske no estaba tan acertado). En la parte final del tema el bueno de Michael juega con el público en plan “no os oigo...”, para acabar rematando con su portentosa voz.

Con la potente “Twilight Of The Gods” llega el delirio (¡cómo suena esto, si parece el disco!), todo el mundo corriendo por el escenario, hasta Weikath, que se mueve más que nunca, y Kiske gritando como un poseso. Para verlo. Seguidamente Michael Kiske dice aquello de “let me see your lighters” (a lo Ozzy), y sabes que cae la balada, “A Tale That Wasn’t Right”, con Kai punteando y Weiki ejecutando la melodía solista, Kiske jugueteando con un esqueleto hinchable, rompiendo cualquier resquicio de sobriedad/seriedad de la que suelen hacer gala este tipo de canciones (todos sabemos que el grupo nunca se ha tomado a sí mismo en serio), y con un Markus que suena por encima del resto (bajo a lo Agu...).

Tras hacer un poco el ganso por parte de Weiki comienzan los primeros acordes de “Halloween”, y la gente se vuelve loca. Hay que ver lo bien que se lo pasaban en directo y el buen rollo que transmitían a su vez al público, amén de la fuerza que desprendían. Weiki sigue haciendo el ganso (esta vez chupa el mástil), Kiske juega con la parte del “and you screeeaaam...”, pega un trago, lanza el vaso al respetable y prosiguen. Duelo de solos a cargo de Kai y Weiki (es cierto que con la entrada de Roland Grapow ganaron en calidad, pero sin duda perdieron parte de la fuerza y del encanto a los que hacíamos referencia), los cuales participan ahora en las voces (emulan la voz de la ‘serpiente’), con lo que llegamos a la catarsis final. Por su parte, Ingo se muestra muy efectivista y dinámico a las baquetas, sin duda una notable pérdida para el mundo del metal (R.I.P.). Al final, casi un cuarto de hora de canción y ni me he enterado (con lo largas que se hacen otras de 3 ó 4 minutos...).

Aunque el video indica que cierran con la outro del “Keeper I”, “Follow The Sign”, aquí acaba todo (bueno, todo el concierto, porque vienen de regalo los videoclips de “Halloween” –versión recortada-, “I Want Out” y “Kids Of The Century”). Aproximadamente 40 minutos de Helloween en estado puro y con la formación que les dio el éxito. ¿Qué más se puede decir? (¡Pues más temas!). Sólo añadir que si te encuentras el video por ahí (creo recordar haberlo visto en alguna tienda especializada por Madrid, aunque también puedes intentarlo a través de algún catálogo de videos piratas) y eres fan de la banda no lo dejes escapar, no te arrepentirás. Estos recuerdos no son “pagaos con dinero”, os lo aseguro.

Bubba


 

VOZ EN OFF “Sala Razzmatazz 3, 10.01.2004” (2004)

A raíz del comentario en esta página de su primera y única maqueta hasta hoy en día: “(sin comentarios)” (2003), hemos mantenido intercambio de e-mails con el grupo, más en concreto con el guitarrista Kaly, que muy amablemente, y teniendo un gran detalle, nos envió el concierto grabado en CD-R que dieron el pasado 10 de enero en la conocida sala barcelonesa Razzmatazz 3. La grabación no la comercializan, por lo tanto no tiene ni siquiera portada. Nosotros adjuntamos a este comentario una foto (de las tres que nos enviaron) del evento de aquel día.

La descarga del grupo dura cerca de sesenta minutos, tiempo en el que interpretan doce temas, incluidos los cinco que se encuentra en su maqueta. Sonido sin trampa ni cartón y eso es de agradecer, algo a lo que no nos tienen acostumbrados los grupos en sus discos en “directo”. Aunque a la grabación le falta un poco más de energía, el sonido de las guitarras es bajo en determinadas ocasiones, predominio de la batería y la voz, y lejanamente se escucha la participación del público.

Imagino que estará grabado desde la mesa de mezclas y los únicos micrófonos para captar algo del sonido ambiente eran los de los propios músicos, pero en líneas generales la grabación es muy recomendable, mostrándonos a la joven formación desgranando de muy buenas maneras sus piezas de Hard Rock con bastante melodía. Intercalan canciones de su maqueta (sonando más duras, lógicamente) con composiciones nuevas, siendo el nivel de éstas muy bueno, caso de la inicial “Lo siento”, mezclando partes veloces con menos aceleradas. Se nota en este, y en algún otro tema, la influencia del sonido de guitarra de Ramón Valenzuela (Alaire, ex Vizio). Tras la primera, después de dar las buenas noches y agradecer la presencia del público, el melódico vocalista Raúl anuncia la siguiente canción, perteneciente a su maqueta (informando que al final del concierto si alguien la quiere que hable con él o con alguno de sus “sinvergüenzas” acompañantes), la buena “Rájame el alma”, tras la cual invita a la gente a acercarse más y bromea con el público, pasando a tocar dos más de su primera grabación: “Ya no hay más verdad” (uno de los temas más viejos del grupo, según palabras del frontman) y “Volar a tu lado”.

Continúan con una de nuevo cuño, “La estrella solitaria”. En su comienzo es una balada / medio tiempo, no llegándose a escuchar las guitarras muy claras cuando sucede el cambio de ritmo. Yo no hubiera tocado seguidos estos tres temas, ya que, a pesar de ser buenos, son medios tiempos y pueden relajar demasiado a la peña.

Raúl agradece a un tal Edu el meterlos en un sitio como ese tal día, y comenta que la siguiente la terminaron hace una semana, anunciándola cachondamente como “Follador de pe… Soñador de pelo largo”. Genial tema lleno de energía mezclado con sentimiento. La segunda vez que, cantando, dice el título, escucho que la broma del comienzo la dice al completo. Hay un cambio de ritmo con aires aflamencados (¿de nuevo influencias de Alaire?) que queda de maravilla.

El vocalista sigue bromeando con la gente, comentando esta vez que se está meando y que si no les importa que se vaya al lavabo. Anuncia una versión de Deep Purple pero adaptada al castellano, ya que el inglés no es lo suyo (según dice), “Las canciones del ayer”, que no es otra que “Soldier of fortune”, bien ejecutada, pero que no llega a la magia de la original cantada por Coverdale.

De nuevo, tras las palmas, gritos y silbidos de aprobación, el cantante se dirige a la gente, esta vez para dar las gracias a Beto por currarse la página web, Manolo y Raúl, Enrique (que no pudo asistir) por el logo del grupo, y a la peña por soportarlos.

“Uooh”, imaginamos que título provisional, tiene unas guitarras a lo Dire Straits, como “Gritando al viento”. Buena labor de Raúl a la voz, que durante un pequeño trozo debió tener algún problemilla, ya que no canta, cosa que vuelve a suceder en otros pocos temas, son cosas sin importancia del directo. Cambio de ritmo rockanrolero y petición de palmas para acompañar.

El tema “Que no amanezca jamás”, suponemos que está escrito por Ramón Valenzuela, ya que al pasarnos los títulos este viene acompañado de su nombre entre paréntesis. Letra derrotista por lo visto en la calle y en el mundo. Participación del público con palmas, quedando registrada la participación de dos chavales de las primeras filas al cantar el título, entrando el segundo a destiempo y cantando la peña tras el solo de guitarra realizado con mucho feeling. Volviendo una pizca de flamenco en la voz en el final de la pieza.

La segunda versión que se marcan es la adaptación de “Wind of change” (Scorpions), “Vuelve”, que ya registraran en “(sin comentarios)”. Ecos en la voz como en otro tema del inicio.

En “Gritando al viento” hay de nuevo participación del público, realizándose el juego de cantar por secciones, según pide el cantante. Fabulosa interpretación, especialmente al final, con un destacado Raúl.

Se despiden con otra reciente, informando de nuevo de cómo se pueden hacer con la maqueta al final de la actuación o pasándose por el bar Ceferino para conseguirla. “Indios de ciudad”, tema rockero muy bueno, en el que la letra sirve de homenaje a grupos históricos de aquí (nombrando título de canción de Obús, Leño, Barón Rojo, Ñu) y foráneos (“Profunda Púrpura”, “Arco Iris”, Zeppelin). También utilizan el tema para marcarse pequeños solos los instrumentistas al presentarlos el vocalista de manera graciosa y con cariño: Kaly (guitarra), Rafa (guitarra), Sergio (bajo), Tony (batería), y al cantante lo presenta uno de sus compañeros como Raúl “Magia en la voz” Roca.

La grabación finaliza con la gente pidiendo otra, otra… y empezando a sonar en el garito música enlatada.

¿Será un disco la próxima grabación del grupo?, temas y calidad tienen para hacerlo.

Web VOZ EN OFF - www.voz-en-off.gpsmusic.com - E-mail

Starbreaker


 

BLACK SABBATH “The Ray Gillen years (Live in Texas + The Eternal Idol, Demos)”

De todos es sabido que tras la marcha de Ozzy y R.J. Dio, el puesto de vocalista en los Sabbath fue inestable hasta la llegada de Tony Martin. Tras la ruptura del híbrido de grupo montado con Ian Gillan, los Sabbath se embarcaron en la gira del que debería haber sido disco en solitario de Tony Iommi, “Seventh star” con Glenn Hughes a la voz.

La gira no funcionaba bien, sobre todo debido a los problemas de salud de Hughes con su afición a las barritas de chocolate Mars y a la cocaína, llegando al punto de que a las dos semanas del comienzo de la gira, este ya no podía cantar (algo increíble si lo habéis visto últimamente en directo). A esto se le unía que desconocía parte del repertorio, incluso llegando a cantar Geoff Nichols mientras el bueno de Glenn movía los labios.

Iommi parecia haber llegado al limite de su paciencia, y a través de la novia de Dave “The Beast” Spitz, por aquella época bajista del grupo, contactaron con Ray Gillen, por aquel entonces en la banda de Bobby Rondinelli, al que invitaron a presenciar unos de los shows, todo esto con Hughes en la mas profunda ignorancia, evidentemente.

Tras la actuación, y una reunión en el autobús de gira donde Ray interpretó temas a capella, se le comunicó su entrada en la banda. Mientras Ray se aprendía los temas, acompañaba a los Sabbath de gira, y a Hughes le dijeron que no era más que un amigo de Spitz. La bomba cayó en una fiesta, cuando un tío se acerco a Glenn Hughes y le comentó si se había enterado que los Sabbath tenían nuevo cantante, ese día oficialmente la voz del Rock estaba fuera del grupo, y Gillen ocupaba su lugar (como anécdota, contar que Ray era un gran fan de Hughes).

Tras esta introducción vamos con el disco:

Uno de los bootlegs más buscados de los Sabbath, debido a que Gillen no llegó a registrar su voz en un disco oficial de estos, aunque sí participó activamente en la composición de los temas de “The Eternal Idol” donde finalmente pondría Tony Martin su voz. La primera parte del CD consta de una actuación del grupo en Texas durante el “Seventh Star tour” donde podemos escuchar a Ray interpretar clásicos como “War pigs”, “Sweat leaf”, “Black Sabbath” y “Neon knights”, junto a temas del álbum que presentaban, en concreto, “Danger zone”. La banda suena realmente bien y la voz de Gillen le da una dimensión especial a los temas, demostrando que era una gran elección como mas tarde demostraría con los Badlands de Jake E. Lee.

Pero quizás la parte mas interesante de este disco se centra en las demos del disco “The eternal idol”, álbum que debería haber grabado Ray. Evidentemente, la música es la misma que luego escucharíamos en el disco editado oficialmente, pero la gran diferencia estriba en la forma de cantar de Ray, melodiosa, cálida pero no exenta de fuerza. Temas como “Glory ride” o “Lost forever” suenan magistrales, pero sobre todo destaca la interpretación de “The shining”, y es que tras comparar estas demos con “The eternal idol” (gran disco por cierto), te das cuenta de que los temas estaban preparados para Ray y su voz, y del grado de importancia que tuvo este en la composición.

Ray se desenvuelve magistralmente en temas como “Hard life to love” o “Ancient warrior”, dejando la duda de cómo podría haber sido su influencia en la historia del grupo de Iommi y cia. Que por cierto, en aquella época estaba compuesto además del guitarrista y Gillen por Dave Spitz al bajo, Eric Singer a la batería y Geoff Nichols a los teclados.

Un buen disco para disfrutar de los que pudo haber sido y no fue, redescubrir a Gillen como el gran cantante que fue y comprender por qué “The eternal idol” fue un gran disco, así como poder comprobar como se las gastaban los Sabbath en directo en aquella época, donde por lo que se ve en esta grabación salen bastante bien parados. En definitiva un disco para fans y para aquellos que quieran conocer parte de la historia de una de las bandas mas grandes que ha dado el Hard Rock.

Salud y rocanrol (nos vemos en los bares)

Carlos “Anaxides


 

WHITESNAKE “Live at Donington Park - Monsters of Rock Festival 1990 (1990)

Dicen las crónicas que aquel no fue un gran concierto (demasiado ego concentrado en un escenario) y esos Whitesnake tenían más bien poco que ver con los que encabezaron el festival en 1983, pero el componente nostálgico que encierra es de un valor incalculable. Al menos para una generación que nació para el rock con Europe / Bon Jovi y que con un empujoncito de curiosidad se adentró en la “Serpiente Blanca”.

“1987” fue la reconversión de una formación que transformó sus cimientos a imagen y semejanza de la hair band con la que David Coverdale deseaba conquistar las anheladas radios y televisiones yankees, asignatura pendiente en la hoja de servicio del cantante. Y puede jurar que lo hizo. Kilos de laca, poses que andaban entre lo chulesco, lo andrógino y lo cómico, textos monotemáticos y a menudo sucios (sexo y Coverdale van unidos de la mano), y así una sucesión de tópicos que marcaron una época... y las burlas posteriores de Beavis & Butthead en cuanto la década giró la esquina.

Son un conjunto de factores los que hacen de esta descarga algo especial. Y no sólo hablo de que a Coverdale se le rompa la voz cuando ataca las partes difíciles de “Judgement day” y “Bad boys”, a Vai se le vaya la mano más de la cuenta en “Is this love” o interprete “For the love of God” y “The audience is listening” para desesperación de los fans más conservadores de Whitesnake. Ni siquiera hago mención a Poison, Quireboys, Thunder o a los que salieron por la puerta grande ese 18 de agosto: unos Aerosmith en estado de gracia cuyos directos resistían a los mejores Guns’ n Roses y que contaron para la ocasión con la inestimable ayuda de Jimmy Page en “Train kept a rollin“.

Es una cuestión más sencilla. Estamos ante una edición del Monsters of Rock en Donington, el acontecimiento y el punto de peregrinación más importantes para cualquiera que se preciara de ser heavy por entonces y un sueño para un chavalín sin edad, dinero ni mundo. Le sumamos la sensación de estar en la primera fase, la más intensa, del enamoramiento con la música y un grupo que concentraba lo mejor (y lo peor, según quien lo mire) del cock-rock: imagen, actitud, un guitar hero en sus filas que junto a su “jefe” fue portada y comidilla mediática de las revistas y unos vídeos que no hacían más que acrecentar aquella fascinación y magnetismo (el de “Fool for your loving”, sin ir más lejos). De todo eso hay en estas dos horas de show, desde el Coverdale colérico, cuya sobreactuación de histerismo vocal en “Slip of the tongue” no tapa la emoción de la salida en tromba del comienzo, hasta los tres solos que se marcan Adrian Vandenberg, Tommy Aldridge y Steve Vai, sin obviar unos maquillajes de “Saints & sinners” y “Ready an’ willing” que dieron que hablar (“Crying in the rain” / “Here I go again” y “Fool for your loving” respectivamente) y un set que sólo deja espacio a unas fugaces reminiscencias del pasado como “Slide it in”, “Slow an’ easy” y “Ain’t no love in the heart of the city”.

Ésta es una de esas grabaciones que amarás u odiarás a muerte por uno u otro motivo, pero de ningún modo te dejará indiferente. Todavía hoy esos Whitesnake en la cima de su popularidad son objeto de polémica y aquí se reúnen todas las pruebas. La sentencia la dictas tú.

J. A. Puerta


 

DREAM THEATER “The dream of the beast” (2002)

"The dream of the beast” no es más que el concierto que Dream Theater realizaron el pasado 24 de octubre en el parisino La mutualité. La promoción de “Six degrees of inner turbulence” embarcó a la banda en una gira interminable que pasó por multitud de países y que repitió en determinados casos (Francia, Reino Unido, España, etc), de ahí que el repertorio haya sido tan variopinto de una a otra ocasión.

El aliciente que tiene este show respecto a cualquier otro es la inclusión dentro del set list de “The number of the beast” de Iron Maiden en su total integridad, esto es, de principio a fin y en el mismo orden del álbum. Los neoyorkinos hicieron lo mismo con “Master of puppets” de Metallica en el primer tramo del largo tour que protagonizaron. Esta vez este presente para los fans de la “doncella” no hemos podido disfrutarlo en la península y sólo unos pocos afortunados han podido llevarse a casa este grato recuerdo (en la sección de conciertos, Ramiro nos relata con todo detalle la experiencia en la capital del Támesis).

La portada del pirata es magnífica, puesto que es la reproducción fidedigna de la carpeta original, a la que se añade alguna excepción graciosa. El demonio pequeño al que controla Eddie en la portada ha cambiado su faz por la de Mike Portnoy y la Torre Eiffel aparece en una esquina como símbolo de la ciudad en la que se efectuó la grabación. En la contraportada las caras de los integrantes de Maiden también han sufrido una metamorfosis: Labrie sustituye a Dickinson, Myung a Harris, Petrucci a Murray, Rudess a Smith y Portnoy al inolvidable Burr.

El pirata se divide en tres compactos, cada uno de los cuales pertenece a una fase diferente del show.

La primera es la más ortodoxa en cuanto a contenido. Tal y como se pudo comprobar en los conciertos que vimos en España, la descarga da comienzo de manera trepidante con “The glass prison”. Apenas no se permiten unos segundos para respirar, “Strange deja-vu” y “Fatal tragedy” nos deleitan con las inspiradas melodías del quinteto, dando buena cuenta de su anterior trabajo en estudio, “Metrópolis Pt 2: Scenes from a memory”. Dan un repaso a toda su discografía recogiendo pequeños pedazos de cada una de sus obras ya que el tiempo y las largas progresiones de sus canciones no dan para más: los desarrollos de “Burning my soul” y la bella “Peruvian skies” nos recuerdan que quizá “Falling into infinity” se infravaloró demasiado en su época; “Lie” y “The mirror” le alegran el día a más de uno, puesto que las piezas que el quinteto suele seleccionar de “Awake” son de lo más imprevisible; la exquisitez de “Images and words” tiene su reflejo en “Take the time"; y de “Six degrees...” será “The great debate” quien ponga la nota más dura. En París no hay momento para su debut discográfico, “When dream and day unite”, y del último trabajo un servidor echa en falta la conmovedora “Misunderstood” (que no entiendo como han obviado en el set), pero pronto olvidaremos los caprichos.

La segunda fase del concierto es la que aprovechaba el grupo para interpretar el fabuloso y extenso tema que da nombre a su último álbum, pero esta noche deparará una sorpresa muy especial al público francés. De los altavoces emanan unos versos archiconocidos: 'Woe to you, oh Earth and Sea, for the Devil sends the beast with wrath…'. ¿Una versión de “The number of the beast"? No van por ahí los tiros: 'Long boats have been sighted the evidence of war has begun…'... se trata de “Invaders": un pelín más lenta que la original, pero ejecutada con tal respeto y grado de preparación que resulta un tributo en toda regla. Las famosas guitarras dobladas cobran vida y sentido nuevos en las cuerdas de Petrucci, impresionante en todos los aspectos, y las teclas de Rudess, eliminando los huecos vacíos que pudieran surgir. LaBrie coge el tono de Bruce Dickinson a la perfección y adopta ese toque agresivo que su entonación natural no posee. El abrumador comienzo de este clásico da paso a “Children of the damned”, que nos eriza la piel con tan sólo evocar sus primeras estrofas: 'He's walking like a small child, but watch his eyes burn you away, black holes in his golden stare, God knows he wants to go home'. Así, una a una, van cayendo “The prisoner”, “22 Acacia Avenue”, “The number of the beast”, “Run to the hills”, “Gangland” y “Hallowed be thy name”. Si a mi, escuchando el documento sonoro, me ha dejado pasmado, la cara de póquer que debieron poner los agraciados que se encontraban allí presentes tuvo que ser de foto. No es para menos teniendo en cuenta que los citados “Invaders” y “Gangland” nunca han sido interpretados en vivo por Harris & Co. (en realidad la primera lo fue en una única ocasión).

La única licencia que Dream Theater se permiten es en “Gangland”, la cual aparece en primera instancia ralentizada, con base de piano y provista de una elegancia que nada tiene en común con la que inmortalizaron Maiden. Está reinventada por completo y tiene una salida más creíble que la de Harris (él mismo ha repetido innumerables veces que este tema no le llegó a convencer jamás).

Habrá quien opine acerca de esto, y no con poca razón, que pagar una entrada para ver a Dream Theater y obtener a cambio una cantidad importante de minutos dedicados a hacer versiones es un timo. Aunque para los degustadores de lo clásico, entre los que me incluyo, este suceso irrepetible no hace más que acrecentar la admiración hacia esta banda y afianzar su posición en el estilo del que beben lo suyo: el heavy metal.

El tercer y último asalto está compuesto por el encore. Unas palabras, las únicas en todo el concierto, de James LaBrie y “Gangland” en la personalísima adaptación de Dream Theater vuelve a sonar. A continuación desgranan “The spirit carries on”, la cual se ha convertido en el medio tiempo idóneo para cantar y hermanarse a grito pelado. Y, ¿que decir de “Pull me under"? A estas alturas cualquier calificativo le viene pequeño. Es el cierre con mayúsculas que deja todo bien atado: la gente exhausta, la banda también y todos contentos a casa.

"The dream of the beast” no puede alardear de sonido ya que es una grabación bastante deficiente en ese aspecto. Sin embargo, ese handicap se ve más que compensado por lo extraordinario de su contenido. Teloneros del tour norteamericano de Iron Maiden en “Fear of the dark” un año antes de grabar “Live at the Marquee”, Dream Theater demuestran de esta manera un fervor más propio de fans que de músicos reputados y eso les hace grandes. Si valoramos el hecho de la popularidad que ya atesoran, esto cobra aún más relevancia puesto que para ellos no significa rebajarse. Así que sólo puedo decirles: Gracias.

J. A. Puerta


 

GUNS N' ROSES “Rock in Rio III” (2001)

Axl Rose silba desvergonzado mientras los compases de apertura de “Patience” causan gritos de histeria entre las primeras filas. Esa imagen de la segunda edición de Rock in Rio la llevo clavada en la mente como si la estuviera viendo ahora mismo por el televisor de mi casa. Estamos hablando de 1991 y de un acontecimiento que significó el encumbramiento de Guns n' Roses a nivel internacional.

Diez años separan esta grabación de aquella y muchas cosas han sucedido en el seno de la banda. Axl Rose y Dizzy Reed son los únicos supervivientes de los viejos Guns, la última gran formación de rock en términos de movimiento de masas y relevancia mediática. Por el largo y tortuoso camino, Uncle Axl echó al resto de sus compañeros al estilo “democrático chino”, reclutó a nuevos talentos para conformar una banda que ha hecho y rehecho tantas veces que ya hemos perdido la cuenta y trae de cabeza a media humanidad con un nuevo álbum del que tan sólo conocemos su título y algunos temas que supuestamente irán incluidos en el mismo; sin contar la broma pesada de la gira europea en compañía de Queens of the Stone Age proyectada para el verano de 2001 que fue suspendida porque Mr. Rose no sabía de su existencia (prefiero no expresar lo que sentí cuando conocí la noticia con la entrada para el concierto de Las Ventas en mano). Capítulo aparte merecen el ostracismo del frontman y la polémica que envuelve al combo a fecha de hoy con el tour realizado por tierras británicas y americanas. Retrasos capaces de provocar la suspensión del concierto por la restricción de horario en espectáculos públicos que Axl se salta a la torera (caso de Reino Unido) o cancelación de actuaciones en Canadá y Estados Unidos por motivos desconocidos (o más bien, caprichos del cantante) que desembocan en altercados callejeros y del que se hacen eco todas las televisiones del mundo. El último rock star sobre la faz de la tierra todavía no ha dicho la última palabra. Pues bien, Rock in Rio es el pistoletazo de esta etapa, nos guste o no, creamos o no que estos Gunners no son los auténticos, y este concierto la evidencia palpable de la grandeza que este grupo arrastra tras de sí.

¿Quién no contuvo el aliento al sonar las notas que dan paso a “Welcome to the jungle” y escuchar las palabras mágicas ('you know where the fuck you are? you're in the jungle, babe, and you're gonna die'), seguidas por un grito furioso de Axl Rose en tono de venganza y reclamo del estatus perdido? Lo primero que se advierte es la gran calidad de los músicos que acompañan a Axl en esta andadura. Las canciones son tan fieles a sus versiones originales que cualquier crítica hacia el ahora septeto en ese aspecto va muy desencaminada. Otra cosa es la imagen freaky que desprende la banda, lo más extravagante que se ha visto en mucho tiempo: Axl barrigudo y con unos pantalones de deporte que le valieron muchos descalificativos de los más puristas; Robin Finck, sicario de Trent Reznor en NIN, en la onda que le caracteriza (uniforme negro “androide” y corte de pelo extrañísimo); Buckethead, un tipo ataviado con un cubo del KFC en la cabeza (de ahí su nombre) y una máscara blanca que oculta su rostro; Tom Stinson, el bajista, aporta el toque punk (de los noventa, no nos engañemos); el tercer guitarrista, Paul Huge, amigo de toda la vida de Axl y el más rockero de vestimenta, es el único cuya imagen podría encuadrar con la antigua formación; el batería, Chris Pittman, podría parecer a simple vista el típico joven americano seguidor de Fred Durst y demás séquito (gorra hacia atrás, perilla...); Dizzy desaliñado y estampa clásica. Vamos, que cualquier parecido con Slash, Duff, Izzy y compañía o el propio Axl de hace diez años es pura coincidencia. En cuanto a este último, canta a un nivel aceptable. Quizá no esté en el mejor estado de forma posible, pero mantiene bien el tipo y de vez en cuando suelta alguno de sus chillidos agudos. La mayor pega es, como siempre, que no para de recorrerse el escenario de punta a punta a toda velocidad y eso le resta mucha efectividad vocal.

“Sweet child o' mine”, “Out ta get me”, “Knockin' on heaven's door”, “Paradise city”, “Live and let die” (con explosiones de regalo) , “Nightrain”, “November rain” o “Rocket queen” garantizaron una noche divertida a quien pudo disfrutarla y una escucha sin igual para los que nos conformamos con este documento.

Como no, las anécdotas no faltan. En “It's so easy” Axl increpa a un asistente que porta una cámara de fotos y a micro pelado ordena a la seguridad que lo echen de allí, dedicándole la frase 'besides you ain't got nothin' better to do, and I'm bored...' con mucha mala leche. Finck se marca para propios y extraños una versión de un tema popular brasileño perteneciente a Tim Maia: “Sossego”. Buckethead monopoliza un par de instantes memorables a base de unos solos de guitarra casi tan raros como él (uno marciano, en el que hace una demostración de break-dance y artes marciales con nunchakus, para luego desembocar en una lección de tapping heredera directa de Eddie Van Halen, y otro de animado tono country). A lo largo del show, Dizzy es aclamado por la concurrencia con una fuerza que no recuerda ni en sus mejores días.

Tampoco se olvidan de presentar canciones de factura reciente. Las hay reposadas pero tremendamente elaboradas y perfeccionistas. “Madagascar” es la prueba fehaciente: instrumentalmente ampulosa y cargada de epicidad y letrísticamente desgarrada y autobiográfica: 'I won't be told anymore, that I've been brought down in this storm, and left so far out from the shore, that I can't find my way back, my way anymore...' Axl se cuelga una guitarra eléctrica en la parte central, mientras un misterioso octavo miembro de la banda se coloca un sombrero de general al más puro estilo chulo Village People y tanto Buckethead como Finck se descubren con unos solos imponentes. El fragmento pregrabado del final da paso a una caja de ritmos que remata un in crescendo fulminante. En “The blues” Dizzy reparte todas las papeletas, con piano de actor principal pero bien protegido por una guitarra solista durante sus cinco minutos de duración. Hasta Axl se atreve a subirse al piano a cantarla, recordando otros tiempos. “Oh my God”, de sonidos semiindustriales y editada a razón de la banda sonora de “El fin de los días”, en directo resulta algo más directa y rockera que en estudio, aunque, excepto el interludio central, sigue sin decirme mucho. “Chinese democracy”, sin embargo, es más breve, visceral y resulta un buen plato en vivo. “Silk worms”, de Pittman y Reed, también tiene un toque experimental: punk industrial y que aparece encontrarse en proceso, puesto que el acabado no tiene la más mínima buena pinta.

Axl se dirige en diferentes ocasiones al público, ayudado por Beta Lebeis, la traductora que se encargó de transcribir cada una sus palabras al portugués. Tiene palabras para todos: para Oasis (de quienes recibió una dedicatoria especial en el tema “Rock'n'roll star”), sus antiguos compañeros (de los que dice que han trabajado duro para no estar allí esa noche), para los nuevos (flores, especialmente para Paul, sin el cual afirma no hubieran estado G n'R en el escenario de Río aquella noche) y para el público (con constantes agradecimientos al amor que le profesa y afirmando que no le va a negar el placer de escuchar los viejos temas ya que la nueva formación lo hace igual de bien).

Un cuarto de millón de personas, un acontecimiento mundial, un plantel de bandas impresionante (Red Hot Chili Peppers, Iron Maiden, Halford, QOTSA, Sepultura, Neil Young, etc)... Eso fue la tercera edición de Rock in Rio, donde si algo se pudo sacar en claro, es lo que Dave Mustaine nos recordó poco después: el mundo necesita un héroe.

J. A. Puerta


 

IRON MAIDEN “Live At Rock In Rio III” (2001)

Antes de nada, quiero dejar claro que esta grabación no se corresponde con el disco oficial que Steve Harris se trae entre manos por estas fechas y que se encuentra en fase de mezcla (ya que la primera versión, que debiera haber aparecido meses ha, no le satisfizo en absoluto). Esto es el concierto tal cual transcurrió, sin retocar ni manipular, que anda por la red desde hace un tiempo.

Dejémonos de preámbulos y pasemos a hablar de Iron Maiden y del entorno en el que se celebró este gran evento llamado Rock in Rio. En primer lugar, cabe recordar que este es el primer disco en directo editado oficialmente tras el regreso de Bruce Dickinson al seno de la banda parida por Mr. Harris. ¿Y que mejor acontecimiento que un festival en el que participan bandas de primer nivel en sus respectivos estilos (aunque faltaran muchas otras, claro) y que es retransmitido a más de medio mundo? Además de lo puramente comercial, no se puede negar que supone un mérito llegar a encabezar una de las fechas de un evento de estas magnitudes después de dos décadas de existencia y un bache que casi se convierte en insalvable durante los años de Blaze al frente del ahora sexteto. A estas alturas, y viendo como se han sucedido los acontecimientos, no existe la menor duda de que la vuelta de Bruce ha sido la mejor decisión que Iron Maiden han tomado jamás en su historia, tanto para los fans como para la propia banda (y más viendo que Bailey ha sido capaz de consolidar un proyecto en solitario sólido). El álbum que los ha devuelto a la actualidad metálica ha vendido lo suyo (en torno al millón de copias) y, lo más importante, ha mantenido el interés por el grupo que despertara el “Ed Hunter tour”, llevándolos a actuar de nuevo en recintos de gran aforo. Además, la actividad que rodea a Maiden no ha parado de crecer en estos dos últimos dos años y ahora mismo nos encontramos con una actualización de su biografía, originalmente publicada en 1998, “Run to hills”, y con Dickinson en plena promoción de un recopilatorio que resume su carrera como solista. Así, la reaparición estelar en la tercera edición de Rock in Rio, escaparate codiciado por artistas consagrados y bandas con vocación de hacerse grandes (si echamos la vista atrás, en la segunda edición de hace diez años desbordaron nombres desconocidos para el gran público como los Faith No More de “The real thing” o los Queensryche de “Empire”, mientras unos Guns n' Roses pletóricos preparaban la invasión de los “Use your illusion” y los Judas Priest de “Painkiller” se daban un baño de masas) no puede calificarse más que como positiva.

Aunque personalmente me dio la sensación de que en el tramo español de su tour la banda no se encontraba a tope físicamente, Iron Maiden salen al paso cada vez que deben dar la cara en un festival o concierto importante y ésta es una de esas veces. Rock in Rio significó para la “dama” el epílogo de una gira, la de “Brave new world”, a la que puso un broche de oro tal y como que la iniciaran a lo grande con su participación en el Dynamo de 2000 (otra grabación memorable con la que conviene hacerse). Una vez finalizado el tour oficial unos meses antes, contrataron unas fechas adicionales en Londres y diversas ciudades sudamericanas durante la primera quincena de enero para regalar unos shows extra a sus incondicionales y preparar su cita en Rio de Janeiro (hasta se pudo ver a Dickinson en este preview vistiendo shorts y tirantes como en sus conciertos en solitario). No importaba que los shows de los R.E.M. de Michael Stipe o de los renovados Guns hubiesen sido un triunfo por todo lo alto y que Halford hubiera echado toda la carne en el asador minutos antes que ellos, “The wicker man” abría fuego con Adrian Smith avisando con ese riff poderoso tan de “Running wild” de que lo que se venía encima era histórico. “Ghost of the navigator” destensa el fuerte inicio con unas melodías que llenan una estructura clásica de Maiden, con continuos cambios de ritmo y pasajes épicos para lucimiento del trío de guitarras formado por Murray, Smith y Gers. Cerrando la apertura de “Brave new world”, la canción del mismo título obliga a la gente a colaborar en el estribillo. La tanda de clásicos da el pistoletazo de salida con el bajo de Steve Harris en “Wrathchild” y “2 minutes to midnight”. El repertorio da cabida a todos los álbumes, aunque el goteo de viejas canciones sea escaso ya que no sólo “Killers” y “Powerslave” se quedan con un solo corte que los represente. “Iron maiden”, con el himno del mismo nombre que nunca deja de sonar en sus conciertos, “Piece of mind”, con “The trooper”, y “Seventh son of a seventh son”, con “The evil that men do”, se ven en la misma situación. A pesar de ello, la criba era necesaria e incluso los últimos álbumes se han visto obligados a reducir su contribución, y tanto “The X factor” como “Virtual XI” han sido relegados a “Sign of the cross” y “The clansman” respectivamente. En resumen, el set no cambia respecto a lo que han venido tocando en esta gira y principalmente se centra en piezas de “Brave new world”, sumando a las del principio “Blood brothers” (con discurso reiterando que el metal sigue vivito y coleando incluido), “The mercenary” y la larga “Dream of mirrors”, que es la que más ha continuado con el legado de la etapa Bailey por su larga duración y desarrollo complejo (¿por qué siempre me imagino a Blaze cantando “the dream is trueeee"?). Con la sola excepción de “Run to the hills”, que es el único as que tienen en la manga en esta ocasión, el resto es lo que no puede faltar: “Hallowed be thy name”, “The number of the beast”, “Fear of the dark” (atentos a la voz porque no tiene desperdicio el tono diabólico de las frases iniciales) y las arriba citadas. La sorpresa que se barajaba, consistente en que Jimmy Page se les uniera en el escenario, no se produjo y nos quedamos sin ver ese encuentro tan esperado como extraño (¿qué se supone que hubieran tocado juntos?).

Si finalmente se deciden a editar este “Rock in Rio”, acertarán de pleno ya que la calidad del mismo supera a los “Donington 1992” y “Real live/dead”, en los que la voz de Bruce toca fondo y las interpretaciones no son lo mejor que la banda puede ofrecer. Al menos, por lo escuchado en este formato, promete mucho e incluso sin haber pasado por la mesa de mezclas tiene un sonido excelente. Hasta ahora, reúne todos los ingredientes de un buen directo: capta el sensacional estado de forma de la banda, recoge un show íntegro sin “tijeretazos” ni “aditivos”, transmite el feeling de los millares de almas que se congregaron en el festival aquella noche y posee un repertorio correcto (ya que, aunque sea a todas luces mejorable, está bien compensado). Aquí tenemos un pedazo de historia de Iron Maiden, y bien bueno, lo cual conviene guardar en nuestras estanterías para recordar cuan grandes eran estos clásicos del heavy metal.

J. A. Puerta