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  NAZARETH No mean city (1978)
  NEIL YOUNG Discografía comentada
  ÑU A golpe de látigo (1980)
  ÑU No hay ningún loco (1986)

 

NAZARETH “No Mean City” (1978)

Uno de los discos inspiradores de la explosión NWOBHM, pionero en sonidos metálicos. Es una mezcla entre los Nazareth más hardrockeros con las nuevas tendencias duras de la época, dando como resultado el que fue quizá el disco más heavy de su discografía.

Desde 1968, año en el que se creó el grupo, fueron perfilando su sonido basado en la voz rasposa de Dan McCafferty y en las habilidades guitarrísticas de Manny Charlton, con un sonido procedente del blues y la experimentación de los 70, que fue pasando por distintas etapas más (“Razamanaz’” del 74) o menos (“Expect no mercy” del 77) gloriosas hasta que decidieron introducir una segunda guitarra en la persona de Zal Cleminson, un reputado músico escocés procedente de la Sensational Alex Harvey Band que endureció el sonido del grupo y que dio como resultado este “No mean city”. El resto de la formación lo completan Pete Agnew en el bajo y Darrel Sweet en la batería, músicos del grupo desde sus orígenes.

Las bases del disco fueron grabadas en la Isla de Man y las voces en Montreux (Suiza), y fue producido por el propio Manny Charlton. El título está inspirado en la novela “No Mean City” de Steve McArthur, basado en la historia del “Razor King” o rey de la navaja en la Glasgow de 1930. De hecho, en la portada se ve a “Fred”, que se convirtió en la mascota del grupo (Estilo Eddie de Maiden) a partir de este disco, con dos navajas abiertas, como dando la “bienvenida” a su calavérico dominio.

“Just to get into it” pasa por ser el tema más claramente heavymetálico de Nazareth. Primera del disco, con una base de bajo y batería muy potente, y unas guitarras muy distorsionadas, desafiando al decadente, por entonces, punk que reinaba en las Islas. Se nota la segunda guitarra en comparación con el -bastante malo- disco anterior “Expect no mercy”, el punto más bajo de su discografía. Era como decir “aquí estamos de nuevo y con más fuerza que nunca”.

No todo el disco es tan duro, también hay concesiones a las emisoras. De hecho, el primer single fue “May the sunshine”, una de las más flojas y a la vez más pegadizas del LP. O “Star”, una semi-balada orientada también hacia el consumo en masa, ambas con base sobre guitarra acústica y con cierto sabor hippie, aunque con ligeros toques hard. “Whatever you want babe” también salió como single, y también es de corte más bien melódico, aunque con la voz aguardentosa de McCafferty y guitarras potentes donde lo pegadizo curiosamente son las guitarras imitando el sonido de gaitas de su Escocia natal.

La incorporación de la segunda guitarra y el consiguiente cambio experimentado en el sonido del grupo se notan especialmente en los cortes más duros, como “Claim to fame” de ritmo pesado y riff machacón, la que da titulo al disco “No mean city” algo más progresiva en la onda hard de temas largos, en las guitarras dobladas de “Simple solution” muy en el estilo de Wishbone Ash y su pareja (magnífica) de guitarristas Andie Powell / Laurie Wisefield, o en “What’s in it for me”, otro corte guitarrero con bottleneck de fondo y batería machacando timbales, con bajo muy Sabbath, y los dos guitarristas perfectamente compenetrados a pesar del poco tiempo que tuvieron para conocerse antes de grabar el disco.

La pareja de guitarras daba un buen espectáculo en directo, y tras la grabación del siguiente “Malice in wonderland” de 1980 (mucho menos duro) con el mismo line-up, decidieron captarlo en un disco en directo, pero Zal Cleminson abandonó el grupo en vista del retroceso en el sonido que habían conseguido con “No mean city”. De hecho el disco en directo se grabó (“’Snaz” de 1981), pero ni por asomo se parecían ya a estos Nazareth.

El que quiera pillar algo de Nazareth, en mi modesta opinión este es el mejor.

Alvar de Flack

 

ÑU “A golpe de látigo” (1980)

Son, quizá, el grupo de rock nacional con más solera que quede en activo a fecha de hoy, desde que en noviembre de 1974 cambiaron Fresa por Ñu el grupo formado entonces por Rosendo Mercado, JC Molina, Pedro Cruz (batería) y Juan Almarza (bajo).

Varios cambios después (tónica general en la vida del grupo) graban en 1978 su primer disco para Chapa, “Cuentos de ayer y de hoy”, ya sin Rosendo que andaba preparando el primer disco de Leño, ni los demás. Y en febrero de 1980 sale este “A golpe de látigo” también para el sello del Mariscal Romero.

Estoy haciendo memoria y creo que no ha habido dos discos de Ñu grabados por la misma formación aunque hayan repetido músicos. En este caso quedan del primer LP el propio José Carlos Molina (voz, flauta y teclas), Jorge Calvo (bajo) y Jean François Andre (violín) y se incorporaron Eduardo García Pinilla (guitarra), un personaje algo especial para mí, Raúl Garrido (batería) y un tal Manolo “El moro” que colaboró metiendo teclados. Si en el primer disco la influencia de Jethro Tull era evidente, en este sigue la misma tónica, aunque el sonido general del disco es algo distinto, más guitarrero y más directo, sin perderse en arreglos estrafalarios. Aquí se endurecen las composiciones gracias a uno de los mejores guitarristas que ha dado el rock de este país, Eduardo G. Pinilla, quien también pasó por Coz, Burning o Luz Casal entre otros muchos.

El disco en sí, de horrorosa portada patrocinada por los vaqueros Wrangler, se abre con una introducción con teclas, flautas y fanfarrias en “Entrada al reino”, chasquidos de látigo golpeando al aire y paso a “A golpe de látigo”, un tema del que destaca el ritmo cruzado y la mala leche con la que J.C. Molina suelta eso de “...debiste aprender a no descuidarte, si te descuidas voy a matarte...”. A continuación una intro de piano al estilo Supertramp y una melodía de lo más raro de su discografía en “A la caza de Ñu”, con un tempo que va in crescendo hasta llegar al galope (literalmente). Y si este disco es un clásico, en parte tiene la culpa “El flautista”, la más clásica, prácticamente acústica, flautas, violines y guitarras sin amplificar y de aire medieval, con sus cambios de tono y sus ratas corriendo por ahí...

“La galería” suena a adaptación de “Minstrell in the gallery” de Jethro Tull (quién si no?), “Velocidad” es caña pura, la más heavy. “La llegada de los dioses” es el más espectacular y el único tema que no compuso Molina (es de Pinilla). Contiene un solo de guitarra que causó sensación entre los que buscábamos sonidos auténticamente heavies entre los grupos de rock españoles, que -dicho sea de paso- andaban un poco a media tinta sin copiar todavía los sonidos que procedían de Inglaterra en forma de Iron Maiden, Def Leppard o Saxon. El disco lo cierra “El expreso”, quizá con algún resentimiento por el éxito de “El tren”, escrito conjuntamente entre Rosendo y Molina y que se apropió el primero para sus Leño. Como durante todo el disco, muy en plan Jethro Tull y sin cortarse un pelo.

Si algo caracteriza a Ñu, aparte del liderazgo indiscutible del de la flauta, es por la gran cantidad y calidad de músicos que han pasado por sus filas. El menos conocido de ellos, no sé si a propósito (no terminaron muy bien), fue Raúl Garrido, y ya tenía ganas yo de decir en algún sitio que ha sido (y sigue siendo) un batería con un instinto envidiable. Puro nervio cuando se pone, sentido del ritmo innato y muy desarrollado (hace lo que quiere con los tiempos, literalmente) y de técnica depurada con el pie derecho (¿Alguien se ha fijado en como está hecho el ritmo de bombo de “La llegada de los dioses”?). Para mi gusto el mejor sonido de batería de toda la discografía de Ñu, pese a los buenos baterías que han pasado por el grupo (Enrique Ballesteros, Pedro Cruz, Luis García, Bernardo Ballester, etc.).

Una lástima que los excesos no le permitieran llegar más alto. Eso sí, le permitieron llegar al otro lado de la calle... (vecino de enfrente, je, je).

Alvar de Flack

 

ÑU “No hay ningún loco” (1986)

El prestigio de Ñu siempre ha estado muy por encima de su nivel de ventas. Eso es así ahora y así era también hace 20 años. En aquel 1986, tras cuatro discos en estudio y a pesar de tener el honor de ser uno de los grupos pioneros del rock en España y tener el beneplácito de la opinión generalizada, la banda se encontraba sin Compañía al haber roto su contrato con Chapa Discos, ruptura que no fue todo lo amistosa que debería haber sido.

El grupo necesitaba un revulsivo que, por un lado, demostrara a los ejecutivos de Chapa-Zafiro que la banda podía sobrevivir sin estar bajo su sombra, y de paso situar a Ñu en el estatus que merecía. La oportunidad se la dio Antonio Rodríguez, dueño de la pionera discoteca Barrabás de Vicálvaro y más tarde de la sala Canciller. Antonio creó Discos Barrabás y bajo su ala, y organizado por su socio Mariano García, conocido locutor radiofónico, se embarcaron en la grabación de un doble disco en directo, con el aliciente añadido de la participación de muchos de los antiguos componentes de la banda.

El marco elegido fue la madrileña sala Canciller, los días 7 y 8 de febrero de 1986. El éxito de convocatoria fue aplastante, llenando hasta los topes la sala, de buena capacidad. El aforo fue ampliamente superado, sufriendo los asistentes (entre los que afortunadamente yo me incluía) los inconvenientes (y el peligro) de una descarada sobre-venta de entradas.

La siempre fluctuante banda que acompaña a José Carlos Molina estuvo compuesta por su viejo amigo Enrique Ballesteros a la batería, José Luis Rodríguez “El Pluma” al bajo, Enrique Bertrán de Lis a la guitarra y el recién llegado Toni “El Mago” a los teclados. Tal y como estaba prometido, la nómina de invitados fue extensa y variada: José María “Sini” (guitarra), Eduardo Pinilla (guitarra), Jerónimo Ramiro (guitarra), Chiqui Mariscal (bajo), José Luis Ajenjo “El Horrible” (bajo), Bernardo Ballester (batería), Jean-François André (violín), Miguel Ángel Collado (teclados), Pepe Moreno (saxo) y Ángel Moreno (cantaor) fueron alternándose en las canciones para darle un colorido y sentido histórico al disco que fue uno de los motivos de su éxito. Entre todos estos invitados, ex -componentes del grupo, se echaba en falta uno, quizás el más carismático: Rosendo Mercado, co-fundador de Ñu junto a José Carlos Molina y que salió del grupo para fundar Leño justo antes de la grabación del primer LP. En aquella época no quedaron claros los motivos que impulsaron a Rosendo a rehusar estar presente en el proyecto, algo que tiempo después el propio Rosendo confesó: le molestó que, después de conocer a José Carlos Molina desde que eran críos, el ofrecimiento no se lo hiciera él personalmente, sino que fuera Mariano García quien le hizo la propuesta. Ese detalle, quizás de elegancia quizás de ego, nos privó de tener al guitarrista de Carabanchel en estos conciertos.

El set-list de los conciertos y, por ende, del disco, es muy bueno y variado. Gran parte de los clásicos del grupo están representados, tocando todos los palos estilísticos de la versátil banda madrileña, y además hubo algunos temas nuevos que se incluyeron, como el “No hay ningún loco” que dio nombre al disco (intentando desterrar la imagen de mucha gente tenía de José Carlos Molina por ciertos comportamientos del pasado), la emotiva “Prometo besar”, “Sé quién” y “Los ojos de la zíngara”, un curioso tema que incluye una parte en el que el cantaor Ángel Moreno aporta un pasaje flamenco y que finaliza con unos acordes de pasodoble español, en reivindicación al sentimiento español frente a la excesiva influencia anglosajona, algo que se encargó de explicarnos el día del concierto. La inclusión de estas partes tan alejadas del rock dentro de la canción queda sorprendentemente bien.

El disco al completo no tiene desperdicio. Sobresaliendo del resto, hay bloques que son de una calidad sublime, como el inicio, con un perfecto arranque en el que una introducción instrumental da paso a unas enlazadas “Cuentos de ayer y de hoy” y “Preparan”

A pesar de que los días previos a los conciertos José Carlos Molina tuvo unos preocupantes problemas de afonía que no le permitieron estar al 100%, se recuperó a tiempo para cumplir con holgura, además de tocar la flauta con la maestría que le caracteriza. Especialmente se luce en “La bailarina” y “El flautista”, intercalando un solo de flauta marca de la casa.

Los invitados confieren a los temas que interpretan su propia personalidad, lo cual le da más énfasis a la variedad estilística del disco, que combina momentos melódicos con otros más cañeros, como la versión más netamente heavy de Ñu, compuesta por Jerónimo Ramiro, Chiqui Mariscal y Bernardo Ballester y reflejada en las enlazadas “Nessa” y “Fuego”.

El disco termina de forma triunfal con tres temas enlazados en los que la banda suena como un tiro: “Más duro que nunca”, “Más quiero más” y “Una noche más”, interpretados como bis en su día, y que demuestran bien a las claras el altísimo nivel que tenía el grupo en aquella época.

Las limitaciones de presupuesto provocaron una insuficiencia en las horas de estudio para mezclar el disco, lo que produjo algunos defectos en la mezcla (por ejemplo, apenas se oyen los teclados de inicio en “Ella”), pero en general el resultado es más que satisfactorio. Esta escasez de presupuesto provocó ciertas tiranteces entre José Carlos Molina y Discos Barrabás, que no se decidió a apostar de lleno por el producto, algo que impidió la idea inicial de hacer una reedición incluyendo los temas que habían quedado fuera del disco (algo como lo que hizo Barón Rojo con aquel “Siempre estáis allí” con las sobras de “Barón al Rojo Vivo”, aunque viendo el resultado, no sería un buen precedente)

El disco fue un éxito popular y cumplió con creces sus objetivos de, por un lado, satisfacer a sus seguidores y, por otro, servir de trampolín a la banda, que disfrutó de varios años de “vacas gordas” con más numerosos y multitudinarios conciertos.

Quizás nunca se le dará a Ñu la importancia que merece. Múltiples factores influyen en ello, a pesar de su innegable calidad, pero eso merecería un debate aparte. Lo que sí está claro que “No hay ningún loco” es uno de los mejores discos en directo que ha dado el rock español a lo largo de su historia.

Shan Tee