M


  MANOWAR Kings of Metal (1988)
  MARILLION Misplaced Childhood (1985)
  MAYHEM De Mysteriis Dom Sathanas (1993)
  MEAT LOAF Bat out of Hell (1977)
  MEDINA AZAHARA Sin Tiempo (1992)
  MEGADETH Youthanasia (1994)
  MERCYFUL FATE Melissa (1983) + The Beginning (1987)
  METAL CHURCH Metal Church (1985)
  METALLICA Ride the Lightning (1984)
  METALLICA Master of Puppets (1986)
  MIGUEL RÍOS Rock & Rios (1982)
  MOLLY HATCHET Flirtin´ with Disaster (1979)
  MONTROSE Montrose (1973)
  MORBID ANGEL Altar of Madness (1989)
  MOTÖRHEAD Ace of Spades (1980)
  MOTÖRHEAD No Sleep 'til Hammersmith (1981)
  M.S.G. One nigth at the Budokan (1982)
  MURO Acero y Sangre (1987 reed. 2001)

 

MANOWAR “Kings Of Metal” (1988)

Sé que algunos se habrán echado alguna que otra carcajada al ver a estos ‘señores de la guerra’ en el apartado de Clásicos (otros simplemente se estarán preguntando qué coño pintan aquí), pero también estoy seguro de que a otros muchos les habrá hecho ilusión recordar un disco como el que nos ocupa. Y es que Manowar, pese a quien le pese y duela a quien le duela, es uno de esos nombres que por una razón u otra está en boca de toda la audiencia metálica, ya sea para encumbrarlos a lo más alto o para vilipendiarlos hasta lo más bajo.

Al margen de todo esto, de lo que no me cabe la menor duda es que este “Kings Of Metal” está, si no en todas, en la mayoría de las estanterías de los amantes del Hard Rock y el Heavy Metal. Y es que es uno de esos trabajos que, desde el primer hasta el último corte, contienen todos y cada uno de los clichés estándar de lo que todos conocemos por Heavy Metal: letras socarronas y épicas a partes iguales, himnos de esos de ‘puño en alto’, agudos ‘estalla cristales’, solos afilados, coros ‘a lo iglesia’, motos, cuero, en fin, creo que ya me entendéis...

Este “Kings...” cierra lo que es para muchos la etapa dorada de la banda, con trabajos tan notables como pueden ser “Into Glory Ride”, “Hail To England” o “Sign Of The Hammer” (otro gran clásico para el que suscribe), siendo el último trabajo en el que contribuiría con su aportación a las seis cuerdas el polifacético Ross The Boss (el cual volvería a sus raíces más punk y hard rockeras, aunque eso es otra historia), quizá el mejor músico que haya pasado por la banda.

El disco se abría, como no podía ser de otra de manera, con el rugido de un motor (para lo cual me consta que tuvieron algún que otro problemilla en la grabación), sucedido inmediatamente por la rápida “Wheels Of Fire”, con uno de los solos más “jebis” que he oído nunca, quedando patente desde un primer momento que los que llevan la voz ‘cantante’ son el vocalista Eric Adams (todo un portento) y el citado Ross The Boss, quedando en un segundo plano el mediocre Scott Columbus (batería) y el vanagloriado Joey DeMaio (que, pese a sus intentos por destacar con bajos de ocho cuerdas, sigue moviéndose por el mástil como si tuviera una). “Kings Of Metal”, el tema que da título al plástico, es uno de esos himnos gamberros y moteros en los que hacen gala de su faceta más true-metalera (“other bands play, Manowar kill”), leiv motiv que a la larga se haría un tanto cansino y manido. “Heart Of Steel” es una de esas baladas de ‘pelos de punta’, apoyada por teclados a cargo del Boss y con una letra de emocionarse. “Sting Of The Bumblebee” es una de esas piezas de bajo distorsonado a toda mecha (acompañado someramente por el bombo y el platillo de Scott, así que os podéis imaginar...), una de las debilidades de Joey (en todos los discos hay alguna), mientras que “The Crown And The Ring (Lament Of The Kings)” es un tema grabado con un coro profesional de iglesia (en la catedral de San Pablo, Birmingham), uno de los temas favoritos de Joey (el cual siempre ha dicho que la música de iglesia es muy heavy, y vaya si lo es).

“Kingdom Come” nos devuelve a la normalidad, es decir, voz, guitarra, bajo y batería, un tema de cadencia lenta pero de una fuerza considerable, sobre todo por los estallidos vocales de Eric, con otro de esos solos súper heavies y ultra pegadizos a cargo de Ross The Boss. Con “Hail And Kill” llega el delirio, de comienzo súper heavy, pausa - punteo - narración y explosión de nuevo, de letra mega-burra y coros destructivos. Todo un himno de esos que hemos escuchado y berreado miles de veces en estado de embriaguez. “The Warriors Prayer” es una narración épica (acompañada de efectos sonoros) que sirve de introducción para “Blood Of The Kings”, otro himno metálico dirigido expresamente a los fans de la banda y que cierra el disco de forma apoteósica. Añadir que en la versión CD aparece como bonus track “Pleasure Slave”, un tema con ciertas reminiscencias a Black Sabbath, con la guitarra de Ross en primer plano (y repitiéndose constantemente) y con una letra machista a tope (son Manowar).

Es cierto que Manowar han pecado de muchas cosas, como por ejemplo de pretenciosidad, exceso de pose, de repetir clichés constantemente, etc., pero si nos ceñimos a lo musical (sobre todo en su etapa más clásica) encontramos a un grupo de auténtico y vigoroso Heavy Metal con discos muy interesantes y que han sido muy importantes para alguno de nosotros en algún momento de nuestras vidas. Quizá haya elegido éste porque es el primero que me agencié (1988 fue un año muy importante para un servidor en lo que a ediciones discográficas se refiere –Iron Maiden “Seventh Son...”, Helloween “Keeper II”, Metallica “And Justice...”, etc.-), y siempre tendrá un sitio de privilegio en mi estantería. “Stand and fight, say what you feel, born with a heart of steel...”

David Fernández “Bubba”


 

MARILLION “Misplaced childhood” (1985)

“Misplaced childhood” fue el cuarto disco de Marillion, tras un aún verde “Script for a jester’s tear” de 1983, un depresivo “Fugazi” de 1984 y el directo “Real to reel” de ese mismo año, cuya característica más destacada es la evidencia de cinco personalidades muy marcadas que fueron capaces de unirse para completar un disco único.

Se trata de una obra conceptual que ha aguantado perfectamente el paso del tiempo, cuya temática gira en torno a la desintegración de una relación amorosa (el propio Fish admite que podría tratarse de la suya), llena de composiciones reflexivas y de momentos de gran intensidad musical, y que además les supuso la consagración como grupo y un referente a la hora de hablar de rock progresivo.

La peculiar voz de Fish, brusca y áspera en algunos momentos y delicada cuando tiene que serlo, tiene de especial interés el plus de dramatismo con que dota a cada composición. Escucha “Blind curve” (el tema más pinkfloydiano del disco) y comprenderás de qué hablo. “Kayleigh” probablemente nunca hubiera llegado a ser lo que fue si no le hubiera puesto todo ese alma que le pone, ni “Lavender”, ni “Heart of Lothian” ni… en fin, un buenísimo trabajo vocal, y eso que su timbre tardó en entrar.

Pero lo que realmente me sigue impresionando es el sonido que consiguieron en la grabación. El bajo y la batería son de escuela, de hecho, quizá sea el disco que más me he estudiado en este sentido. Ian Mosley (batería) y Pete Trewavas (bajo) hacen un trabajo que no sobresale por sus filigranas, pero sí por su resultado. La intensidad de algunos pasajes en los temas más celebrados (“Kayleigh”, “Lavender”…) se debe a la base rítmica.

El trabajo de guitarra corresponde a Steve Rothery, un tipo que tampoco destaca por su destreza, pero sí por su variedad de sonidos (me recuerda en este sentido a Andy Summers de The Police) y, sobre todo, por sus desarrollos armónicos, campo en el que es todo un maestro y lo demuestra a lo largo del disco. Nada de solos espectaculares, pero sí unas rítmicas que pertenecen a su propio sonido, perfectamente identificable en todo momento.

El músico que falta es Mark Kelly, teclista de sonido también muy personal, como el resto de sus compañeros, que buceó en los sonidos anteriormente explorados por gente como Peter Bardens (Camel) o Rick Wright (Pink Floyd) y cuyas teclas suenan a síntesis de ambos.

Destacar algún corte por encima de otros es absurdo. Este es un disco entero, un todo que también puede descomponerse en partes y cada una tiene sentido. Del inicio con “Pseudo silk kimono” al final con “White feather” es como dibujar un sobre de un solo trazo, sin levantar la punta, si bien es cierto que “Kayleigh” salió como primer single y les ayudó a engordar sus carteras.

En 1998 se reeditó remezclado y remasterizado en 24 bits, con algunos retoques en las voces (algún chorus que no existe en el original, por ejemplo) y filtros que palidecen algunas frecuencias, aunque probablemente pasen desapercibidos a la gran mayoría. Además incluye un segundo CD con las maquetas, tomas desechadas, mezclas raras y temas no incluidos en el original que lo hacen bastante interesante.

Disco clave en la historia del rock con desarrollos sin estructura fija.

Alvar de Flack


 

MAYHEM “De Mysteriis Dom Sathanas” (1993)

Corrían finales del año 1992 y principios del año 1993 cuando los dos grandes estandartes del Black Metal noruego (Count Grishnackh y Euronymous) se ponían manos a la obra para realizar el “ALBUM” de Mayhem. Mucho tiempo de grabación, gran preparación, pero los dos grandes egos chocaron, dando a dar incluso al asesinato de uno por parte del otro (cosas de la historia del Inner Circle noruego...). Es decir el fundador de la banda, Euronymous, asesinado a cuchillazos por parte de Count Grishnackh (Burzum). El disco, ahí medio grabado y sin ser editado. Batallas legales miles. El master del disco estaba en poder de la familia de Euronymous y ellos ni por el asomo querían que el asesino de su hijo apareciera en él, así que encargaron a Hellhammer (batería) que grabara él mismo las partes de bajo, pero éste ni corto ni perezoso no lo hizo, mintió a la familia y a posteriori el disco fue editado tal y como fue grabado en un principio, es decir con la formación siguiente: Euronymous (guitarra), Hellhammer (bateria), Attila Csihar (voces) y Count Grishnackh (bajo).

Se llevaba esperando más de 5 años un disco de Mayhem, anterior a este disco poco material oficial tenían (Una demo titulada “Deathcrush”, después editada como Mini por el mismo sello que editó este disco), “Pure Fucking Armageddon”, un split CD compartido con Thou Salt Suffer y varios directos semioficiales editados por sellos pequeños), así que la expectación entre la escena Black Metal de la época era realmente espectacular.

Y el disco cumplió todas las expectativas, finalmente editado por el sello DSP/Voices Of Wonder, contenía 8 impresionantes temas de Black Metal. Mis amigos cercanos saben lo que representa este álbum para mí y lo que he llegado a alucinar con este disco. Me faltarán elogios para él.

Hablando sobre los temas, el disco comienza con quizá los dos temas más representativos de la carrera de Mayhem, que son: “Funeral Fog” y “Freezing Moon”. El primero de ellos tiene una explosión de inicio que da paso a un riff de Euronymous (RIP) que lo tengo marcado para el resto de mi vida. Es un tema quizá de los más rápidos de la banda donde aparte de los riffs de Euronymous (sencillos, simples, efectivos...) destaca a la voz Attila, un vocalista de Black Metal que nada tiene que ver con los estereotipos de cantantes que rondan por el genero (ya sabéis... gritos miles, etc...) Attila en este disco demuestra mucha variedad de voz dentro del estilo, sabiendo llevar su voz desde terrenos muy oscuros hasta chillidos de histeria pura. Muchos cantantes actuales (léase Dani de Cradle Of Filth o Shagrath de Dimmu Borgir), deberían echar un vistazo atrás y escuchar bien éste disco.

Sobre “Freezing Moon” mucha gente comenta que se trata del tema más aburrido de la carrera de Mayhem pero no estoy de acuerdo, es un tema en el cual Mayhem mezcla toda su “substancia”, es decir, mezcla todos sus riffs endemoniados con pasajes lentos donde Attila se sale con su voz tenebrosa, misteriosa, oscura... qué gran tema! De los 3 siguientes temas, “Cursed In Eternity”, “Pagan Tears”, “Life Eternal”, destacaría sobretodo éste último, con un inicio parecido al del inicial “Funeral Fog” dando paso a unos riffs a medio tiempo, donde el bajo de Count (no Hellhammer, jeje) se escucha muchas veces por encima de las guitarras (sí señores sí, un bajo escuchándose en el Black Metal, y de qué manera!!!). Los temas de Mayhem tienen una estructura bastante similar entre sí, pero ello no conlleva el aburrimiento ni mucho menos, el buen hacer de sus miembros lleva a dar unos temas directos, impactantes, rápidos, oscuros... como así lo demuestran temas como “From The Dark Past”, “Buried By Time And Dust” y el tema título “De Mysteriis Dom Sathanas” con el que acaban el disco de una manera apocalíptica, con unas voces de Attila que raramente encontrarás en un disco de Black Metal y con un Hellhammer realmente brutal detrás de la batería. Sobre éste batería comentar que es una verdadera máquina tras los parches. Llamado en su época el Dave Lombardo del Black Metal, en este disco demuestra quien es el mejor batería de una banda de Black. Ampliamente también demostrado en otros proyectos menos metal, tal como Arcturus (una banda mucha más atmosférica...), donde era y sigue siendo el principal compositor.

Sobre el sonido del disco, comentar que es excelente, con un sonido de guitarras limpio, compacto y donde cada instrumento está donde tiene que estar. Grabado en los estudios “The Grieg Memorial Hall” y mezclado por la misma banda (Hellhammer & Euronymous).

Concluyendo, un disco que marcó lo que es el Black Metal, y sinceramente, un disco irrepetible para mí, ni siquiera ellos mismos llevarán a cabo algo igual, pues ahora el estilo de la banda ha cambiado muchísimo. Hellhammer, único miembro que actualmente sigue en la banda (Euronymous muerto, Count Grishnackh encarcelado por la muerte del anterior y otros hechos acaecidos –asesinatos varios, iglesias quemadas... y Attila en bandas fuera del Black Metal) ha llevado la banda hacia otros terrenos más melódicos con los discos “Gran Declaration Of War” y el mini “Wolf's Lair Abyss”... pero bueno, tendremos “De Mysteriis Dom Satanás” para el resto de nuestras vidas... y en mi colección uno de los puestos más altos.

Javier Sánchez (Javibackyard)


 

MEAT LOAF “Bat out of Hell” (1977)

Érase una vez había un actor y cantante llamado Meat Loaf (de nombre Marvin Aday). El apodo le viene desde su infancia (Cacho Carne) por su gran tamaño, tanto a lo ancho como a lo alto.

El caso es que a principios de los '70 se había ganado un nombre en la escena teatral de Broadway, en base a su participación en musicales como “Hair” y “Rainbow”. Mientras interpretaba otro musical llamado “More than you deserve” conoció a Jim Steiman, un compositor conocidillo a partes iguales por su talento y su mal genio. En cuanto Jim Steiman le oyó cantar en aquella obra de teatro, supo que aquella voz era la destinada a interpretar sus canciones y puso todo su empeño en unir sus fuerzas. Sin prisa, pero sin pausa, Jim Steiman empezó a escribir lo que sería uno de los mejores discos de Rock de la Historia: Bat out of Hell.

Entre tanto, Ted Nugent había echado a patadas a su cantante, Derek St. Jones, en plena grabación, y se acordó de Meat Loaf para terminar de grabar el legendario “Free for All”.

Bueno, a lo que vamos... Jim Steiman y Meat Loaf se recorrieron unas 18 compañías de discos en busca de un contrato. No llevaban maqueta, puesto que consideraban que estas canciones no podían ser grabadas en malas condiciones. ¿Cómo se mostraban a los jerifaltes de las Compañías? Únicamente Jim se sentaba al piano y Meat Loaf se ponía a cantar. Curioso, no?

Finalmente consiguieron el ansiado contrato. Para la grabación del disco buscaron músicos para plasmar las complicadas ideas de Jim Steiman, y para ello llamaron a un buen grupo local: La E Street Band, que más tarde se hizo famosa acompañando a Bruce Springsteen en su época más gloriosa.

Y así fue como se creó el 5º disco más vendido de la Historia, con ventas superiores a los 30 millones de copias.

El disco empieza con la canción que da nombre a todo el LP: “Bat out of Hell”, un tema de 10 minutos que nos da una idea exacta de lo que se nos viene encima. El comienzo de la canción, con Roy Bittan atacando desde su piano, nos hace prestar una atención que no podremos dejar en todo el tema. Este ataque pianístico me recuerda siempre al que el propio Bittan hizo en “Runaway”, la canción que presentó al mundo a Bon Jovi. “Bat Out of Hell” es un tema épico, trágico y dramático sobre un accidente de moto. Tras la larga introducción instrumental, Meat Loaf entra majestuoso. Pocas veces he visto una canción tan bien construida. Muchos cambios de ritmo para terminar de manera arrasadora.

Después de tanta intensidad, un diálogo sensual entre Meat Loaf y una mujer (Ellen Foie) da paso a “You took the words right out of my mouth (hot summer night)”, un tema mucho más adecuado para sonar en las FMs., con coros femeninos por doquier.

El tercer corte, “Heaven can wait”, es una preciosa balada cantada por Meat Loaf sobre el piano de Roy Bittan. En ella la suave melodía de la voz encaja a la perfección con el acompañamiento pianístico y los suaves toques corales y orquestales. Si oís esta canción mientras le cogéis de la mano a vuestra chica y le miráis a los ojos... os transportareis al Cielo. Aunque pueda esperar.

Cuenta la leyenda que cuando Meat Loaf presentó este disco en Londres se atrevió a cantar este tema a pelo, sólo el piano y su voz, sin micrófonos, frente a un Hammersmith atónito.

Tras la calma, la siguiente canción, “All reved up with no place to go”, arranca con un marchoso saxo que nos hace mover los pies y que nos acompaña hasta el final. Una canción agradable que nos invita a bailar hasta al fin... pues no!! porque para no variar, un cambio de ritmo final les hace acabar a toda velocidad.

Two out of three ain’t bad” es otra balada, tan tierna como “Heaven can wait”, aunque con la participación esta vez del grupo al completo. Después de 25 años aún no sé cuál de las dos es mejor. Siempre que sale el tema de las grandes baladas me acuerdo de este disco.. Ideal para enamorados, pero poco recomendable para épocas de bajón anímico.

“Paradise by the Dashboard light” es una pasada. Es un rocanrol marchoso, con multitud de cambios de ritmos marca de la casa. Pudiera decirse que son 8 minutos y medio de canción maravillosamente compuesta, pero también podríamos hablar de varias canciones diferentes en una. Está cantada a medias por Meat Loaf y Ellen Foley, haciendo unos duetos chico-chica que han hecho famoso a Cacho Carne. La canción está montada como una discusión entre los dos, en la cual se simultanean al micrófono con mucha habilidad. Hacia la mitad del tema hay una incursión de un discjockey radiofónico que da paso a un diálogo “lascivo” entre los dos. Los que hayáis visto en directo alguna vez a este monstruo sabréis que aprovechan en el escenario para pasar de las palabras a los hechos, con “toqueteos” que nos ponen a todos como motos!!

El disco finaliza con “For crying out loud”, otro tema de casi 9 minutos y otro tema muy tranquilo, aunque en esta ocasión la ternura con la que comienza a cantar sobre una base de piano se va tornando en desesperación según va avanzando el tema. Las paulatinas entradas de violines y más tarde toda la orquestación de las Filarmónicas de New York y Philadelphia, ayudan a crear un ambiente de intensidad que, os lo juro, más de una vez me ha hecho saltar las lágrimas. Meat Loaf desprende un sentimiento en este tema que a mi al menos me llega de forma especial.

En definitiva, para mi es uno de los mejores discos que he escuchado en toda mi vida, y a pesar de sus 25 años de vida (que se dice pronto), ha soportado con mucho éxito el paso del tiempo.

Estoy pensando que me lo voy a poner otra vez.

Shan Tee


 

MEDINA AZAHARA “Sin Tiempo” (1992)

Tenía que caer, era inevitable. Una de las formaciones con más “solera” del panorama rockero estatal y uno de los discos que sin duda marcó un antes y un después tanto en su carrera como en el rock hecho en este país.

Grupo clásico donde los haya, los Medina supieron sobrevivir al apogeo y posterior declive de aquel movimiento conocido como “Rock Andaluz”, encabezado en su día por los que se pueden considerar un tanto padres del estilo, Triana, y a los que inmediatamente siguieron formaciones como Mezquita o la que nos ocupa.

Si bien en trabajos como el homónimo del grupo o los siguientes “La Esquina Del Viento” y “Andalucía” el estigma trianero brillaba con luz propia, ya con “Caravana Española” (en el que se atrevían con el mismísimo “Spanish Caravan” de The Doors, a la andaluza, claro) o “...en Al-Hakim” supieron cuajar un sonido mayormente rockero y con un sello ya bastante definido.

Pero fue sin duda tras “En Directo” y con Paco Ventura (guitarra) ya en la banda cuando se abría una nueva era en la trayectoria de Medina Azahara, la más heavy (y curiosamente comercial) del grupo.

En estos momentos Medina Azahara lo componían Manuel Martínez (voz), Pablo Rabadán (teclados), el citado Francisco Ventura (guitarras), Manuel Reyes (batería, como nueva incorporación) y José Fernández (bajo).

El disco se abría con “Niños”, un tema tan reivindicativo como lleno de feeling, donde ya se daba buena muestra de que el rock de aires andaluces había dejado paso a su hermanito el de “zumosol”, o sea, el heavy metal. De aire muy similiar, tanto por su clara temática antibélica como por la fuerza impresa en él, le seguía “Hijos Del Amor Y De La Guerra”, otro de los temas más potentes del plástico (donde Paco ya empezaba a demostrar quién manda).

“Solo Y Sin Ti” era una tierna balada donde Manuel Martínez hacía gala de esos “dejes” tan característicos suyos, y “Junto A Lucía” llevaba una onda más macarrilla, con un riff muy marcado y una base de ritmo contundente (que sí, que esto ya era Rock Duro).

La cara B del plástico se abría con un clásico de Los Módulos, “Todo Tiene Su Fin”, que los Medina adaptaron a galope tendido (más tarde vendrían otros “covers” del citado grupo como “No Quiero Pensar En Ese Amor” o “Adiós Al Ayer”, si mal no recuerdo), el cual hicieron suyo por derecho propio. “Sin Tiempo Ni Sitio” llevaba un aire bluesero-progresivo en plan desgarrado que tiraba de espaldas (peazo tema), con un correcto Pablo Rabadán y un mejor Paco Ventura.

“Algo Nuevo” rezumaba heavy ochentero por doquier, donde Manuel Reyes demostraba su buena pegada y Paco Ventura se hacía un solo de esos de antología, mientras que “Necesito Respirar” ponía el broche de oro al disco y se convertía ya de entrada en uno de los clásicos en potencia de la banda, tanto por su letra como por su música (lo que habremos disfrutado con este tema, ¿eh?).

Me consta que mucha de la gente degustadora del Hard Rock y el Heavy Metal tienen a Medina Azahara en un segundo plano, quizá por la temática de sus letras (demasiado melosa) o por su aire andaluz; yo les recomendaría encarecidamente que les diesen una segunda oportunidad, ya sea con este trabajo o con otros como “¿Dónde está la luz?” o “Árabe” (por citar alguno), seguro que finalmente encuentran alguna buena razón por la que escucharles.

David Fernández “Bubba”


 

MEGADETH “Youthanasia” (1994)

Ocho años hace ya (porque parece que fue ayer mismo cuando adquirí este disco en unos grandes almacenes de Talavera de la Reina, cómo pasa el tiempo...) que vio la luz el sexto LP de estudio de la banda liderada por Mr. Dave Mustaine, en otro tiempo (muy lejano) lead guitar de una banda llamada Metallica (¿os acordáis de aquel grupo?), ya con una formación consolidada (Marty Friedman a la guitarra solista, Nick Menza a la batería y Dave Ellefson al bajo -para servidor la clásica-, de los cuales sólo queda el bueno de Dave “Jr.”) y una vez desaparecidos los fantasmas del pasado (la adicción al alcohol y a las drogas por parte del sr. Mustaine, la sombra de Metallica una y otra vez persiguiendo a nuestro querido frontman, las continuas “peleas” con bandas como Sepultura, Slayer, etc. etc.).

Ahora que es inminente la aparición del primer directo oficial del grupo, “Rude Awakening”, y haciendo un balance global de lo que ha sido la trayectoria de la banda (son ya casi dos décadas, que se dice pronto), veo este “Youthanasia” como uno de los trabajos más maduros y sólidos de todos cuantos han grabado los yankees.

Haciendo un breve repaso a la historia discográfica de la banda nos encontramos con un cojeante debut llamado “Killing Is My Business...”, que sirvió de carta de presentación de la formación liderada por el ya ex-guitarrista de Metallica (estigma que le “marginaría” por un buen tiempo), al que siguió un más suculento “Peace Sells... But Who’s Buying?” (el cual posee algunos de los clásicos atemporales del grupo y que desde entonces no han faltado en sus directos, caso del tema título). “So Far, So Good... So What!” siguió la estela de su antecesor, pero fue con “Rust In Peace” (¿de qué me suena a mí esto?) donde, ya con la formación que grabaría el álbum que nos ocupa, Dave Mustaine & co. demostrarían al mundo mundial de lo que eran capaces (¿se habrán arrepentido alguna vez los sres. Ulrich & Hetfield de la expulsión de Dave? Preguntas sin respuestas...). Y si bien “Rust In Peace” fue un disco que aunó la rabia de los primeros discos con una madurez y una evolución lógica y coherente, “Countdown To Extinction” llevó ese proceso evolutivo un paso más allá, desechando ya el concepto de banda “thrash” y adoptando el más genuino y apropiado término “heavy metal”.

Con una de las mejores producciones (Max Norman & Dave Mustaine) y portadas (insuperable) de la historia de Megadeth, “Youthanasia” presentaba un sonido fresco y denso a la vez y, sobre todo, unos temas que hoy por hoy son ya verdaderos clásicos dentro del género. Abría fuego el descomunal “Reckoning Day”, un medio tiempo lleno de fuerza y en el que las guitarras del dúo Friedman/Mustaine te taladraban el cerebro como si de una Black&Decker se tratase, y el sonido de timbales del señor Menza hacían que el suelo de tu habitación temblase literalmente. Un choqueteo de baquetas anunciaba “Train Of Consequences”, un tema algo más accesible y del cual se grabó un suculento video lleno de freaks y que todavía revisito de vez en cuando. En “Addicted To Chaos”, al igual que sucedía en “Family Tree” o en “I Thought I Knew It All”, Megadeth se recreaban tanto en los estribillos (con voces dobladas repitiendo constantemente) como en las melodías, mostrando una faceta inimaginable en los comienzos de la banda, y a un Dave Mustaine que parecía haberse tomado en serio eso de cantar.

Otro de los temas que se convertirían por derecho propio en entrar dentro de la categoría de clásicos indiscutibles era “A Tout Le Monde”, un tema dulce y cañero a partes iguales y que no ha faltado en directo desde entonces. “Elysian Fields” y “Blood Of Heroes”, de aire similar, se paseaban por el plástico de forma elegante, y si bien “Black Curtains” o “Youthanasia” portaban un aire oscuro y denso (¿posos de Black Sabbath?), “The Killing Road” y “Victory” (ambos cerraban las caras A y B del plástico respectivamente) nos devolvían a los Megadeth más clásicos, con esos inconfundibles riffs y rememorando, en el caso de “Victory”, la historia de la banda en forma de letra.

Lo dicho, un disco crucial en la carrera de Megadeth, que demostró a un grupo en constante evolución y madurez musical y con un líder al frente que se merece todo lo que le ha pasado (en el buen sentido, claro) y más. Y la historia no ha acabado. Episodios como “The World Needs A Hero” son una muestra fehaciente de ello. Esperemos que la cosa no se vuelva a torcer...

David Fernández “Bubba”


 

MERCYFUL FATE “Melissa” (1983) + “The Beginning” (1987)

Roadrunner ha tenido la feliz idea de reeditar dentro de la serie “Two from the vaults” discos clásicos de los grupos que hicieron gloriosa su escudería en los años 80, dentro del formato 2x1, es decir un CD doble con dos discos y a precio de uno.

Dentro de esas reediciones, aparece uno de los grupos reconocidos en su día como influencia para los incipientes grupos de Thrash Metal como más tarde por las hordas del Black Metal, Mercyful Fate.

Los daneses, liderados por King Diamond y el guitarrista Hank Sherman, autores de letra y música de la banda y acompañados por Michael Denner a la otra guitarra, Timi Hansen al bajo y Kim Ruzz a la batería fueron de los pioneros en el Heavy Metal (exceptuando a Black Sabbath, Black Widow y alguno más) en adoptar una estética satánica junto a Venom, con la diferencia que mientras los ingleses acabaron reconociendo que su adoración al Príncipe del Averno era pura imagen, el señor Diamond si que creía realmente en estos temas.

La música de Mercyful Fate era puro Heavy Metal con influencias de los primeros Judas Priest, sobre todo en las guitarras, pero lo que les hacía diferentes eran los registros vocales de King Diamond.

En 1983 editan su primer disco, “Melissa” grabado en Copenhage. En esa época King ya llevaba su rostro maquillado y utilizaba el famoso micrófono con una cruz invertida formada por dos huesos humanos. El disco es potente para la época, con unos marcados riffs de Sherman y siete terroríficos himnos guiados por la terrorífica voz del maestro de ceremonias King Diamond. Títulos tan significativos como “Evil”, “Curse of the pharaohs”, el mítico “Into the coven” que entraría directo en los charts americanos, pero no en los de ventas o radios, sino en el de aquel invento fascista y moralista llamado P.M.R.C., “At the sound of the demon bell”, “Black funeral”, “Satan’s fall” y el bello y épico “Melissa” donde Diamond describe su relación con la bruja Melissa y su fatal desenlace. En definitiva auténticos trallazos de puro metal de una banda en su día favorita entre otros de un tal Lars Ulrich.

En 1987 se edita “The beggining” donde se recopilaba el EP “Mercyful Fate”, grabado en 1982 en Holanda, una auténtica joya compuesta de cuatro temas, los extensos “Doomed by the living dead” y “A corpse without soul”, junto al controvertido “Nuns have no fun” con aquellas imágenes de la monja crucificada mientras el diablo va a poseerla carnalmente, o Diamond estrangulando a otra hermanita de la caridad con poca ropa y de muy buen ver, y para finalizar el EP el tema “Devil eyes”.

Los siguientes tres temas pertenecen a una grabación realizada en 1983 para el Friday Radio Show, y estos pertenecían a su álbum de debut, “Curse of the pharaohs”, “Evil” y “Satan’s fall”, y es que este disco no pretendía ser un recopilatorio al uso ni mucho menos, por lo que se le añadió el tema “Black masses” que se quedó fuera del disco “Melissa” y apareció como cara B del single “Black funeral”.

Pero además esta reedición trae como regalo la inclusión de “Black funeral” pero grabada en 1997 con Benny Petersen a la guitarra y aparecida en el recopilatorio “Metallic storm”.

En definitiva, historias de terror, brujería y satanismo se daban la mano en Mercyful Fate, un grupo que escribió un capitulo importante dentro de la historia del Heavy Metal y un importante documento para aquellos que quieran conocer el pasado de King Diamond y la banda que le encumbró tras su paso por Black Rose.

Salud y rocanrol (nos vemos en los bares)

Carlos “Anaxides”


 

METAL CHURCH “Metal Church” (1985)

Si existiera el eslabón perdido que une al Heavy Clásico de los ochenta con lo que más tarde se llamó Thrash Metal, ese sería, sin lugar a dudas, este disco de Metal Church.

En 1985 estamos en plena explosión del Thrash Metal en USA. Metallica ya tienen dos discos en el mercado, Slayer lanzan “Hell Awaits” (sentando las bases de muchas historias futuras), Exodus plasman toda su fuerza en su debut “Bonded By Blood”, Megadeth sacan la cabeza con “Killing is my bussiness” y Anthrax se terminan de definir con su fantástico “Spreading the disease”. La ruptura de lo que hasta ahora se conocía como Heavy Metal estaba consumada y a la mayoría de los grupos aquella oleada les pillaría por sorpresa.

Pero 1985 es también la fecha del estreno de un grupo que iba a combinar con maestría la nueva onda con el heavy metal más clásico, dándonos uno de los mejores discos que yo haya escuchado nunca. Canciones largas, con constantes cambios de ritmo, unos riff demoledores a lo Black Sabbath a cargo de Kurdt Vanderhoorf, algún regusto a unos Judas oscurillos y mucha fuerza es la combinación perfecta que nos presenta Metal Church con su disco homónimo en 1985 (y yo en octavo de EGB).

Nueve canciones, entre las cuales hay una magnífica y cañera versión del “Highway Star” de Purple, componen un disco que comienza con la tétrica e inquietante introducción de “Beyond The Black”, con la voz chillona de Dave Wayne, muy parecida a la de Udo aunque menos estridente, dominando unas guitarras asesinas. El riff thrashero de “Metal Church”, toda una demostración de fuerza, muestra a los Church más novedosos y cercanos a las nuevas corrientes que se estaban imponiendo pero sin dejar atrás su lado más clásico.

La instrumental “Merciless Onslaught” contiene un estupendo trabajo de guitarra que hace que se nos olvide por un momento que falta la voz. La tranquilidad, momentánea, llega con “Gods Of Wrath”. Unos inquietantes arpegios y las mejores frases vocales del vocalista David Wayne hacen de esta copla lo más cercano al Heavy de la época que hay en el disco. “Timan” es, por el contrario, una canción más cruda, fuerte y con un estribillo bastante interesante. Posiblemente la influencia de Judas sea más palpable (ojo influencia que no copia) en “In the blood”. Muy interesante me han parecido la batería, impresionante el golpeo del señor Arrington a lo largo de todo el disco, y sobretodo el punteo de “Nightmare”.

“Battalions”, con unos coros que luego muchas bandas repetirían hasta la saciedad, quizás las más elaborada en cuanto a voces, sería la culminación perfecta a este disco sino tuviera la guinda, que como hemos dicho anteriormente, la pone una versión del “Highway Star” tocada a todo trapo.

En resumen; Metal Church es un disco muy innovador para la época, lleno de fuerza y melodía, con muchos apuntes de lo que se nos venía encima pero sin dejar de lado la parte más clásica del heavy metal. Ellos cogieron sus influencias, claras, de Judas y Sabbath, las pulieron y les dieron forma un punto por encima. Desgraciadamente su carrera posterior no estuvo acompañada de la buena suerte y multitud de cambios en la formación y la no superación de este disco, les hicieron caer un poco en el olvido. Para mí un disco que acepta el paso del tiempo, que me pongo muchas veces y que es un muestrario de lo que se iba a hacer durante los próximos 5 años.

Perico Salinas “Pears”


 

METALLICA “Ride The Lightning” (1984)

La magia que los cuatro jinetes generaban durante sus primeros años era verdaderamente impresionante. “Ride the lightning” es el fiel reflejo de ello y, junto a “Master of puppets”, se perfila como uno de los álbumes imprescindibles ya no en la historia del Heavy Metal, sino en la de la música. El thrash metal que provenía de San Francisco, el mismo que luego crearía una escena y un sonido con inequívoca identidad como era el del Bay Area, se convirtió en el rival directo del heavy metal tradicional y grandes grupos como Iron Maiden o Judas Priest vieron su trono amenazado por unos jóvenes Metallica, Slayer, Megadeth o Anthrax

En este contexto, Hetfield, Hammet, Burton y Ulrich crearon esta obra de arte que nos ocupa. Tras “Kill'em all”, donde la banda había mostrado todo su potencial, “Ride the lightning” significó la consolidación de un sonido propio y de una personalidad que perduraría por siempre. De este modo, cada una de las ocho joyas que están incluidas en este disco es un auténtico deleite para los oídos. No importaba que Hetfield no fuera un cantante extraordinario. La fuerza que imprimía a los textos acompañaba de manera inmejorable los frenéticos riffs de “Fight fire with fire” o “Trapped under ice” e incluso se tornaba melancólica en la sentida “Fade to black”. “Creeping death” y “For whom the bells toll” obligaban a mover la cabeza como posesos headbangers y la instrumental “The call of Ktulu” era el final apoteósico a un trabajo impecable en todos los aspectos. 

A pesar del cada vez más mermado prestigio de la banda, siempre nos podremos refugiar en este clásico para regresar a una época dorada del metal y al recuerdo de un bajista único como fue Cliff Burton. Un diez.

J.A. Puerta


 

METALLICA “Master Of Puppets” (1986)

Al echar la vista atrás en el tiempo y analizar qué discos han sido cruciales para entender como lo hacemos hoy el Heavy Metal en toda su extensión, no cabe duda de que este ya lejano tercer larga duración de los por entonces aún jóvenes Metallica ocupa un lugar privilegiado. Y decimos esto porque, si bien la prensa metálica en su día se empeñó en encasillarlos dentro de un género que acabó desvirtuándose por sí mismo, siempre fue obvio que Hetfield, Ulrich, Burton y Hammet iban un paso por delante del rebaño, marcando el camino a seguir y demostrando que el conservadurismo y el miedo a la evolución sólo conllevan estancamiento (aunque esto mismo junto a una pizca de prepotencia y pretenciosidad fuera lo que les echara a perder precisamente).

Tras uno de los mejores debuts que el menda se haya echado al oído en su vida (no tanto por las formas como por el contenido y el contexto del momento) accidentalmente tildado “Kill’em All” (a saber lo que habría vendido si finalmente hubiera aparecido el water con el cuchillo asomando y el sugerente título “Metal Up Your Ass”), y un consecuente y en línea ascendente “Ride The Lightning” (también por estas páginas), los reyes de la Bay Area ampliaron horizontes hasta el infinito con esta obra de magno calibre (y eternas ventas) llamada “Master Of Puppets”, sin lugar a dudas de lo más jugoso y completo del catálogo del grupo.

Nuevamente con el conocido Flemming Rasmussen tras los mandos (parece ser que la experiencia anterior fue fructífera), los de San Francisco regresaban con un disco de portada tan sencilla como impactante, y lo más importante, con un contenido que sobrepasaba cualquier expectativa por grande que fuese y hacía replantearse al resto de competidores el abandonar todo intento de ganar la carrera con tan serio competidor. Y es que mientras la citada competencia iba paso a paso, las zancadas del cada vez más gigante Metallica tiraba por tierra cualquier deseo de ocupar el podium del Thrash.

Y lo cierto es que el grupo siempre quiso desvincularse de dicho término (si no totalmente sí en parte). Según palabras de la propia banda la velocidad de la que pretendían hacer gala muchos de sus coetáneos ya no les atraía, pues no dejaba espacio a la sutileza, la destreza ni el crecimiento. Era tiempo de evolucionar y demostrar que la fuerza no está reñida con la melodía, y es innegable que dieron en el clavo.

En el plástico había tiempo para todo: desde la sutileza de la guitarra acústica de “Battery” y el consiguiente arranque thrashico (frenazo incluido), hasta la caña porque sí de “Damage Inc.”, todo un muro sónico (como reconocía James gustaban tanto de ser melódicos como de dejar de serlo); podían bajar el pie del acelerador para centrarse en la intensidad de las guitarras en “The Thing That Should Not Be” o “Leper Messiah” (lo que habrá mamao de aquí toda la generación Panteriana y demás fauna) o volver a meter la quinta con un cañonazo como el antimilitar “Disposable Heroes”. Y me reservo lo mejor para el final. A ver quién es el majo que no se ha desgañitado más de una vez con “Master Of Puppets”, un tema que sin duda es ya todo un himno generacional (con un interludio en el que Kirk Hammet con más inteligencia que habilidad pone los pelos como escarpias), o con la exquisita “Welcome Home (Sanitarium)”, medio balada medio trallazo, que daba buena muestra de que, como decíamos al principio, habría que correr mucho para pillar al combo yankee. Y cómo olvidarnos de la instrumental “Orion”, para el que suscribe bastante más atractiva que su antecesora “The Call Of Ktulu” y con un descanso a cargo de Mr. Burton que me encoge cada vez que la escucho (un saludo donde estés, compañero).

Lo dicho, un álbum grande, de gran sonido y de grandes himnos. Porque si se me permite, lo que componían Metallica en sus años de esplendor (en el sentido creativo, claro) no eran temas, sino himnos. Y eso es precisamente lo que añoramos muchos de sus seguidores. Una banda que lo tenía todo (discos redondos, actitud e imagen y el público entero a sus pies) y que, de la noche a la mañana, decidió que era hora de cambiar y tirar por tierra una carrera intachable como pocas. Puede que muchos estéis en desacuerdo con servidor y sigáis disfrutando con el grupo en la actualidad igual que antes, pero de lo que estoy seguro es que no seréis tantos los que sintáis la misma sensación al reproducir un “Master Of Puppets” que un “Fuel”. ¿Me equivoco? No me engañéis...

Bubba


 

MIGUEL RÍOS “Rock & Ríos” (1982)

“Buenas noches, bienvenidos, hijos del Rock and Roll, os saludan los aliados de la noche...”

Que levante la mano el que no haya oído esta canción, santo y seña del rockerío patrio de comienzos de los ’80.

Vamos a hacer un poco de historia: En los años 60, Miguel Ríos es uno de los abanderados de la música “ligera”, como se le llamaba entonces. Lejos de la imagen aburguesada que tenemos de él en la actualidad, su actitud en los últimos años del franquismo le causaron más de un problema, pasando algunas noches “a la sombra” por su afición a los “cigarrillos de la risa”. Estuvo tocando palos y moviéndose en busca de un hueco en la música, haciendo desde twist a baladas para el gran público. Personaje conocido, tocó el cielo con su famoso “Himno a la Alegría”, basado en el último movimiento de la 9ª Sinfonía de Beethoven. Con esta adaptación tuvo un gran éxito a nivel internacional, siendo uno de los primeros cantantes en traspasar nuestras fronteras. Años más tarde Richie Blackmore tuvo la misma idea para su Difficult to Cure.

A nivel interno también había tenido gran éxito con un par de baladas, “El Río” y “Santa Lucía”, que le dieron fama y espacio en todas las emisoras de radio nacionales.

A principios de los 80, con el arranque definitivo del Rock en España, Miguel hizo una apuesta arriesgada: se lanzó a grabar un doble disco en directo con mucha ambición. Para ello no reparó en medios, montó una especie de Big Band rockera que le diera apoyo y se lanzó a la aventura.

La mega banda estaba compuesta por muchos y buenos músicos, a saber: 4 guitarristas (Paco Palacios, Antonio García de Diego, John Parsons y un semi-desconocido Salvador Domínguez), un bajista (Tato Gómez), dos baterías (Sergio Castillo y Mario Argandoña), un teclista (Mariano Díaz), y el fichaje estelar de Thijs Van Leer, el flautista-teclista de Focus, grupo holandés de culto en la escena folk-rock.

La grabación se preparó minuciosamente tras 9 días de ensayos, y se efectuó finalmente los días 5 y 6 de marzo de 1982 en el Pabellón del Real Madrid.

El disco empieza arrasador con ese “Bienvenidos”, compuesto para la ocasión y que se convirtió en el himno por excelencia de Miguel Ríos para el resto de su carrera. Pero el nivel no baja en todo el disco. Grandes canciones interpretadas de forma magistral se suceden una tras otra: “El Sueño Espacial”, “Año 2000”, “Generación Límite”, “Un caballo llamado muerte”..., estas últimas compuestas a pachas con Javier Vargas, enganchan al oyente por su trepidante ritmo y sus letras directas.

El sonido es excelente, más aún teniendo en cuenta que estamos hablando de 1982.

Tras el comienzo arrasador, un estudiado cambio de tempo nos lleva a sus temas más lentos: “El blues del autobús” (con letra de Víctor Manuel), “El Rio” y “Santa Lucía” demuestran cual va a ser una de las claves del éxito del disco: la comunión con el público. Las miles de personas asistentes al concierto corean los temas de forma impresionante, como no se había hecho hasta la fecha en España.

Tras estos minutos suaves y emotivos se vuelve subir de revoluciones y, apoyados en dos composiciones de Salvador Domínguez, “Banzai” y “Reina de la Noche”, la velocidad de crucero se torna atronadora de nuevo. Precisamente “Banzai”, la canción más dura del disco, fue uno de los temas estrella del disco, con una parte cantada con el público que pone la carne de gallina. Lo que hizo Salvador Domínguez con esa canción después de este disco ya es historia.

Los temas se siguen sucediendo: “Los viejos rockeros nunca mueren”, “Rocanrol Bumerang” y un extenso “Al-Andalus” en el que Miguel vuelve a usar (quizás abusar) del yo-canto-y-vosotros-me-seguís que tanto exasperó a algunos, visto el éxito obtenido (que se lo cuenten a José Carlos Molina...)

El momento más emotivo es, sin duda, la interpretación del “Himno a la Alegría”, con el público volcado en la parte lenta, y ejecutado de forma magistral en la rápida.

Un par de temas más (“Nueva Ola” y “Rockero de Noche”) dan paso a un homenaje a los grupos de rock que en esos plantaban cara al Pop de la Movida Madrileña. En un medley muy conseguido se unieron canciones de Moris (“Sábado a la noche”), Burning (“Mueve tus caderas”), Tequila (“Rock and Roll en la plaza del pueblo”), Leño (“Maneras de vivir”) y Topo (“Mis amigos donde estarán”), realmente emocionante para los que amamos esta música.

El concierto (y el disco) termina a todo tren, con las rápidas “El Laberinto” y “Lúa, Lúa, Lúa” (dedicada a la hija de Miguel, del mismo nombre), mezcladas con algo llamado “Salida #3”, que no era sino un solo de las dos baterías al unísono, algo realmente impactante que años después se lo vimos hacer a Genesis.

El disco fue un éxito absoluto. No conozco las cifras de ventas, pero da igual: Rompió todos los records. El año siguiente, viendo que la fórmula daba resultado, Miguel se embarcó en una gira llamada “Rock de una noche de Verano”, acompañado de Leño (que daban sus últimos coletazos como grupo) y Luz Casal (que daba los primeros). El éxito de esa gira le hizo emprender otra al año siguiente, llamada “Rock en el Ruedo”, llamada así por tocar únicamente en Plazas de Toros. Esa gira fue un fracaso tal que Miguel Ríos no se ha vuelto a acercar por el Rock desde entonces.

Después de 20 años sigue siendo el disco en directo por definición del Rock en España. Le pese a quien le pese.

Shan Tee


 

MOLLY HATCHET “Flirtin´ with Disaster” (1979)

La quintaesencia del buen Boggie-Rock´n´Roll estos 6 oriundos de Jacksonville, Florida, una de las zonas marginadas del sureste americano, pero que dio un ramillete de bandas de primerísimo nivel en el panorama rockero (vecinos serían Lynyrd Skynyrd o los Blackfoot del gran Ricky Medlocke). En este año de 1979, el grupo estaba conformado por sus miembros originales. De hecho este Flirteando Con El Desastre era el segundo disco redondo de los sureños. Léase, Danny Joe Brown (la voz, en mi opinión, por antonomasia del Boggie Rock sureño, identificable desde la primera nota), Dave Hlubeck, Duane Roland, Steve Holland (los tres guitarras incendiarios), Banner Thoman (al bajo) y Bruce Crump (a la batería).

Pero antes de entrar en materia me gustaría dar una pequeña pincelada sobre el llamado Southern Rock, que vivía una especie de segunda ola en los States, después de que gente como los ya mencionados Skynyrd, Allman Bothers Band, Marshall Tucker Band, Wet Willie, Black Oak Arkansas o Charlie Daniels asentaran el género (evidentemente cada uno con sus propias peculiaridades) a principios-mediados de los ‘70. Efectivamente, a principios de dicha década algo se estaba cociendo en tan bendito continente (aunque sólo sea por su riquísima cultura musical), concretamente en el sur, una mezcla de Blues, de Rock and Roll, de la llamada British Invasion, de Gospel si se quiere, de Country Western, de elementos jazzísticos, que más tarde daría en llamarse Rock Sureño. Una imagen concreta de “fueras de la ley”, de desplazados de la sociedad y una temática en sus composiciones que hablaban de vivir en la carretera, de chicas ligeras de cascos, del placer de sentirse herederos directos de una tradición, evidentemente la sureña, donde el honor y la palabra (y con ellos también la venganza y el ajuste de cuentas) tenían un lugar predilecto en el corazón de un buen hombre del sur.

Pues bien, en la segunda mitad de esa década de los ‘70 dan el salto a las listas de éxitos bandas que beben de aquellos primeros combos de principios de decenio: 38 Special, The Outlaws, Dixie Dregs (con el futuro guitarrista de Purple, Steve Morse), o los propios protagonistas de estas líneas.

Este “Flirteando con el Desastre” (tristemente irónico augurio para muchos grupos del gremio) era el segundo intento de la mítica banda de Jacksonville por hacerse hueco entre los grandes del Rock americano después de un muy prometedor álbum homónimo, simplemente un año antes. Para mí es el mejor y más grande disco que los Hatchet lanzaran en su carrera. Nunca más serían capaces de compilar un puñado de temas tan excelentes y darle con ello un toque redondo al álbum. Aquí no hay medias tintas ni experimentos musicales de ningún tipo: desde el primer hasta el último tema el ataque atronador de las tres guitarras no da lugar a ninguna tregua, dejando los bafles de tu equipo echando humo.

El disco abre con la vacilona “Whiskey Man”: dobles melodías de guitarras, armónicas que le dan ese toque sureño tan distintivo y la voz desafiante de Danny Joe para abrir apetito y sentar las bases de su propuesta musical. A continuación una de las más acertadas versiones que se hayan hecho nunca de un tema de los Stones, la aquí genuinamente rockera y salvaje “It´s All Over Now” (una de las joyas del disco).

La fórmula se repite incesantemente desde “Boggie No More”, “Flirtin´With Disaster”, “Good Rockin´”… hasta cerrarse el círculo con “Let The Good Times Roll”, ¿mejor manera de acabar? Sencillamente imposible.

Molly Hatchet se merecen un lugar destacado dentro del Olimpo de dioses del Rock and Roll sin ningún género de dudas por su Boggie Rock honesto y sin concesiones (valores que incluso hoy día parecen propios de otros tiempos ya pasados). Indicar que incluso hoy día siguen girando incansablemente por tierras yanquis, saciando la sed de diferentes generaciones de fervientes rockeros. Yo estoy entre los agraciados que tuvieron la inmensa fortuna de verles por aquellos lares.

No puedo más que citar un artículo de la mismísima Rolling Stones Magazine (cuando era la portavoz de todo lo que se cocía en el universo Rock, no el pastiche bochornoso de hoy día) que data de 1978. Así decía: “Danny Joe Brown is a one of a kind hell-raiser. When you listen to this album, you feel as if he is kicking your ass.”

¿Qué más se puede añadir?

Quadromaniac


 

MONTROSE “Montrose” (1973)

Si conoces a unos tales Smokie, posiblemente lo siguiente que te viene a la mente es ¿quién narices es, por no meter la entrepierna, Alice? Eso me dije unas cuantas veces, cambiando el nombre, en mi tierna juventud, cuando devoraba toda lectura en torno al rock que caía en mis manos. Principalmente el “Popu”. Entrevista con músico de heavy americano, y allí aparecía, ese maldito grupo y su primer disco. De nuevo. Luego la acertada serie, el rugido americano, en la revista mencionada, dedicada a grupos del otro lado del Atlántico, y el descubrimiento, al menos sobre el papel, de la vida y milagros alrededor del fantástico guitarrista americano Ronnie Montrose. Ya sólo faltaba la parte más importante. Pasarlo por la... oreja.

Los primeros y mediados ochenta fueron tiempos difíciles para el aficionado al rock hispano. Sobre todo en cuanto a la disponibilidad de material. A finales, coincidiendo con la expansión del CD, empezaron a llegar un montón de vinilos americanos, por estos lares, y además, baratos. Con todo lo anterior, la primera vez que me cruce con aquel disco... se vino para casa. Y por aquí sigue. Mudanza incluida.

Acompañando a Ronnie Montrose y sus guitarras, estaban un tal Denny Carmassi a la batería, después con Coverdale/Page, Whitesnake o Heart, entre otros, el bajista Bill Church, con quién Ronnie ya había compartido escenarios en la banda de Van Morrrison, y un joven vocalista, y todo un descubrimiento, de nombre Sammy Hagar. Más tarde demostraría sus habilidades con la guitarra. Con Montrose, el músico, seguramente aprendería más de dos cosas. Pero en Montrose, la banda, se limitaba a sus habilidades vocales.

Indagar en épocas anteriores lleva a descubrir la naturaleza de tu contemporaneidad. Y esta obra tampoco se libra. Producida por Ted Templeman, grabada por Donn Landee en los Warner Bros. Studios y los Sunset Sound de Hollywood, su primera escucha me evocó la, también, primera obra de sus paisanos Van Halen. Bajo el mismo sello, el mismo equipo y espacios técnicos, no podía ser de otra manera. La semilla estaba plantada, cinco años antes. La banda de los hermanos sabía en manos de quién descansaba su parto discográfico. Los Halen y el Hagar, los caminos del destino.

Bienvenido a la nación del rock. “Rock the nation” abre la cara A. Tema potente, directo y conciso. Sin rodeos. Entre las orejas. “Bad motor scooter” debe ser lo más parecido a ir en moto transportado desde el sillón de tu sala de escucha. La guitarra se mimetiza en una dos ruedas de seis cuerdas, a través de una base de cabalgadas rítmicas en los caminos impetuosos de la voz. Y nos introducimos en la “Space station nº 5” de la mano, de nuevo, de Ronnie y su guitarra para saltar, banda al completo, a un riff contagioso y enérgico combinado con momentos más etéreos y terminar en un final desbocado, cual nave perdiéndose en el infinito. La cara acaba con el medio tiempo “I don’t want it” y su característico riff, robado años más tarde para gloría de Saxon y el poder del tema “Redline”, autoría incluida.

Damos la vuelta al vinilo y nos encontramos con el boogie endurecido de “Good rockin´ tonight” y la omnipresente guitarra de Ronnie. Eso sí, sin empalagar. Como a lo largo del disco. Acierto de la producción. Una contundente batería sirve de introducción a “Rock Candy” y su cadencia poderosa y marcada. Para degustar cual enorme caramelo, de esos que no parecen acabar nunca. Le sigue “One thing on my mind” con su ritmo juguetón y terminar en otra demostración de intensidad en “Make it last”, con un Hagar inmenso.

La portada, y la contra, con los músicos mostrando sus tornos desnudos, es un reflejo de lo que hallarás en su interior. Canciones directas, sin artificios, sin adornos ni florituras superfluas. Con unos músicos poniendo su talento al servicio de los temas, y no al contrario. Los ocho temas no llegan a los 32 minutos. Quién necesita largos pasajes a la autoindulgencia. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Su siguiente obra, “Paper money”, no alcanzó la calidad, ni la intensidad, de su predecesor, pero contiene uno de sus temas más conocidos, “I got the fire”, gracias a la versión de unos primerizos Iron Maiden. Demostración del respeto entre sus colegas de profesión, manifestaciones públicas en los medios, aparte. ¿Quién coño es Montrose? Puro hard rock americano de enorme calidad. Ya lo has leído, como un servidor en su día. Es tu turno.

Monraymon


 

MORBID ANGEL “Altar of Madness” (1989)

Más de 5 años tardaron en editar Morbid Angel lo que fue su primer disco oficial. Provenientes de Tampa, Florida (cuna de otras muchas bandas “padres” del genero, tales como Obituary, Deicide, y Monstrosity) fueron toda una explosión de energía, de brutalidad y de un buen hacer con éste “Altar Of madness”...

Acababan de editar una demo, “Abominations Of Desolations” (reeditada más tarde como LP/CD por parte de Earache) donde ya mostraban buenas maneras y auguraban muy buen futuro para la banda, fue entonces cuando Tom Morris les pilló por banda y los envió a sus estudios Morrisound para registrar uno de los discos “claves” dentro del death metal.

El álbum recogía originalmente 10 temas (más tarde con el tiempo fue reeditado con 3 temas extras – nuevas mezclas de “Maze Of Torment”, “Chapel Of Ghouls” y “Blasphemy” -). El inicial “Immortal Rites” es todo un clásico de la banda, quizá su tema estandarte aún la actualidad. Comienza con un riff poderoso y melódico a la vez para dar paso a la bestia humana que era David Vicent a la voz y al bajo. Vaya manera de comenzar el tema!. Muy cuidadosos a la hora de realizar su música, no se trataba de un tema Death al uso, si no un tema muy muy elaborado, es decir cantidad de cambios de ritmo, melodías, e incluso unos teclados muy tenebrosos en la parte intermedia que le dan un ambiente especial al tema. Le siguen “Suffocation” y “Visions From The Dark Side”. El primero de ellos me recuerda enormemente a temas de su anterior maqueta “Abominations Of Desolation”, quizá sea por los elementos más “sucios” que puedes encontrar a lo largo del tema. Excelente y rapidísimo sólo de Trey Azagthoth en la parte final del tema mientras que “Visions From The Dark Side” quizá sea un tema más lineal y más en la línea del Death metal convencional.

Avanzando en el disco, con “Maze Of Torment” tenemos a unos Morbid Angel muy retorcidos , con muy buen hacer por parte de Pete Sandoval un verdadero monstruo manejando el doble bombo. La siguiente “Chapel Of Ghouls” también podría ser clasificada por uno de los mejores temas de la banda junto a “Immortal Rites”. Originalmente fue grabada en la demo “Abominations Of Desolation”, pero también decidieron su inclusión en el disco. Su estructura me recuerda bastante al tema inicial, es decir un riff muy pegadizo con mucha melodía y una parte intermedia de caerse de espaldas. Vaya teclados que nos incluyen!. Eso si que son unos medios tiempos oscuros y tenebrosos. Excelente ésa parte.

Con “Damnation” y “Blasphemy” quizá nos encontremos a los Morbid Angel más potentes. Dos temas muy duros, donde sobresale por encima de todo la labor del principal compositor y guitarra Trey Azagthoth con unos solos rápidos, cristalinos, y sobretodo muy intensos. El disco finaliza de una manera inmejorable por parte de “Evil Spells” con riffs muy retorcidos por parte del citado guitarrista y con un David Vicent escupiendo voces guturales.

Mención aparte pueden resultar las letras, totalmente blasfemas, satánicas, las cuáles con el paso del tiempo fueron fuente de inspiración de muchas bandas Black Metal, reconocido por muchas partes de ellas caso de Immortal, Cradle Of Filth o Dark Throne. Y es que a pesar de ser una banda totalmente involucrada dentro de lo que es el Death Metal, Morbid Angel son una banda muy respetada por otros sectores del metal por todo lo que representaron en sus inicios con su demo, éste disco y el posterior “Blessed Are The Sick”

A modo curiosidad comentar lo curioso que resulta que cada disco de la banda siempre ha iniciado por una letra correlativa del alfabeto, es decir su primer disco “Altar Of Madness”, su segundo “Blessed Are The Sick”, “Covenant” y “Domination” su 3º y 4º respectivamente, para pasar a “Entangled In Chaos” y “Formulas Fatal To The Flesh” que son el 5º y el 6º, y el último hasta la fecha “Gateways To Annihilation”. Realmente imnovador.

Concluyendo, un pilar básico en lo que es la historia del death metal, y una banda que a pesar del tiempo y de los cambios de formación sigue siendo fiel a su estilo, cosa la cual pocos pueden demostrar con el paso del tiempo.

Javier Sánchez (Javibackyard)


 

MOTÖRHEAD “Ace Of Spades” (1980)

1980 fue un año histórico para el rock más potente, la New Wave Of British Heavy Metal avanzaba arrasando con todo lo que encontraba a su paso con bandas como Iron Maiden, Saxon, Def Leppard, Samson o Tygers of Pan Tang y paralelamente bandas con unos cuantos años tras sus espaldas dejaban discos que marcarían el restos de sus carreras, como el Back In Black de AC/DC, el British Steel de Judas Priest, o el que comentaremos a continuación, el mítico Ace Of Spades de los “bandidos” Motörhead.

Tras el apoteósico Overkill y el buen Bomber, la banda compuesta por Lemmy Kilmister (voz y bajo), Eddie Fast Clarke (guitarra) y Philty Animal Taylor (batería) trataron de grabar, bajo el mando de Vic Maile, el disco que consiguiera definitivamente captar el monstruoso sonido de la banda en un plástico y que les alzara a la cabeza del Hard Rock inglés. Y vaya si lo consiguieron. Ace Of Spades es el disco por el cual Motörhead saltó a la fama y a las giras multitudinarias, y por el cual (desgraciadamente para Lemmy) el grupo será recordado siempre.

Lo primero que salta a la vista es la portada, en la que por primera vez no sale la famosa bestia que adorna casi todas sus portadas, mostrando a la banda como forajidos en algún desierto perdido en el Lejano Oeste. Una vez puesto el plástico a rodar lo que llama la atención es el sonido. Gracias a los mejores medios con los que dispuso la banda y Vic Maile en la grabación, se consiguió que el disco sonara con la misma potencia y dureza con la que la banda atruena en cada concierto, sobre una base clara donde se distinguen perfectamente los instrumentos y la aguardentosa y cascada voz de Lemmy (marca inconfundible de la casa). Este es uno de esos discos que se aprovecha al máximo poniéndolo a volumen extremo, disfrutando de la avalancha de decibelios y velocidad que ofrecen estos tres locos.

Y finalmente, lo más importante... las canciones. La canción que abre el disco, Ace Of Spades, es un clásico absoluto del Heavy Metal y a la primera escucha te das cuenta por qué. Introducción vertiginosa de bajo, la batería y la guitarra machacando a toda velocidad y un estribillo matador. Cuándo a los dos minutos de canción oyes eso de “You know I’m born to lose, and gambling’s for fools, but that’s the way I like it baby I don’t wanna live forever!” sabes que estas ante una canción, un disco y una banda muy especial. Pasada la descarga inicial, se suceden continuamente himnos cada vez más furiosos, destacando Shoot You In The Back con su impresionante riff, (We Are) The Road Crew con su galopante ritmo, la ultra - rápida Bite The Bullet, el medio tiempo The Chase Is Better Than The Catch con un sensacional descanso a mitad de la canción donde Lemmy deja claro su buen hacer con el bajo, y la heavy metalera (denominación que la banda siempre rechazó) The Hammer. Durante los escasos cuarenta minutos de duración del LP Fast Eddie da muestras de su destreza con la guitarra desplegando sus vertiginosos y a la vez rockeros solos por todo el álbum mientras que Philty Animal Taylor y Lemmy proporcionan la base rítmica perfecta a todas las canciones del disco.

En fin, un disco muy recomendable (casi obligado) para cualquiera que quiera conocer esta banda o quiera adentrarse en la historia del heavy. A partir de este disco (y del directo del 81, No Sleep Til’ Hammersmith, todavía más exitoso) Motörhead alcanzaría el éxito, la fama y el dinero (mas tarde llegarían años no tan buenos), y se convirtió en una de las principales influencias del metal surgido a mediados de los 80, en especial de todos los grupos que iban a conformar otro movimiento de importancia extrema, el thrash metal (seria difícil pensar en grupos como Metallica, Anthrax, Overkill e incluso Pantera sin este grupo ni este disco).

Sin lugar a dudas, uno de los mejores discos de la historia del metal.

Juan Pérez (Gizmo)


 

MOTÖRHEAD “No sleep ‘til Hammersmith” (1981)

Cuando alguien se plantea hacer un disco en directo el objetivo es plasmar lo que es la esencia del grupo en forma de recopilación de canciones con un cierto éxito y además hacerlo delante del público, recogiendo (en la medida de las posibilidades del propio invento del disco) lo que ocurre en una de sus actuaciones en directo y poniendo los dientes largos para que el que no estuviera allí corra a verlos en la próxima ocasión que se presente.

El por qué hay tantos discos en directo que con el paso de los años se han convertido en clásicos imprescindibles tiene, desde mi punto de vista, una respuesta más o menos genérica, y es que para conseguir los objetivos expuestos antes se necesita echarle ganas, que salga una actuación en la que se combine el buen hacer del staff técnico con el de los propios músicos, una cierta connivencia con el público y una pizca de suerte. Esto es lo que diferencia unos directos de otros, aparte de los apaños que se hagan en el estudio para retocar alguna carencia. Pero, por ejemplo, discos en directo desafortunados también los hay y cada uno por una causa distinta. Supongo que habrá opiniones en contra, pero para mí ejemplos de discos en directo que nunca debieron existir tal y como los conocemos podrían ser el “Beast from the east” de Dokken (1988) o el “Live and loud” de Ozzy Osbourne (1993), entre otras cosas porque ni el track-list, ni el sonido, ni la propia actuación del grupo en cuestión es como para dejarlo impreso en soporte magnético y sacarlo a la venta. En el caso de Ozzy, los recordings son descaradísimos.

Pero volviendo al disco que nos ocupa, decir que se grabó en el Hammersmith Odeon de Londres en riguroso directo algún día de 1981, excepto “Iron Horse” que fue en el mismo sitio pero en 1980. La formación que lo grabó fueron Ian Kilminster “Lemmy” con su eterno bajo Rickenbaker y su voz aguardentosa y cascada, Eddie “Fast” Clarke a la Strato y Phil “Animal” Taylor aporreando parches de aceite, y nunca mejor dicho, durante la gira de promoción del “Ace of Spades” (Bronze-1980).

Es difícil describir lo que suena aquí dentro porque desde el principio hasta el final es caña bruta a toda pastilla, energía pura sin exquisiteces, con líricas y sonidos más cercanos al punk que al heavy de la NWOBHM aunque coincidieran en el tiempo y en las relaciones con los grupos clásicos de este movimiento, especialmente con Saxon (compartían hasta batería en la persona de Pete Gill) y con Girlschool (aquí había de todo). Se podría decir que es el sonido más thrash de la época y referente obligado para grupos posteriores de este género.

Aunque el LP en estudio más próximo era el “Ace of Spades”, como he dicho antes, solo tocan tres temas de él en este caso, el propio “Ace of spades” con el que abren el disco y que no han parado de tocar en directo desde que lo compusieron, “(we are) The road crew” precedida de una introducción a grito pelao de Lemmy que deja en silencio a todo el Hammersmith (pobre garganta), y la veloz “The hammer”.

El grueso del repertorio se centra en el “Overkill” (Bronze-1979), con “Stay clean” y su solo de bajo (muy al estilo de la etapa de Lemmy con Hawkwind), “Metrópolis” que es de las más “tranquilas” del disco junto con “Capricorn” (“...this song is a slow one...” presenta Lemmy), “No class” o la brutal “Overkill” con una batería aplastante (no es cliché fácil, es que escuchar esto a todo volumen es una sensación indescriptible) y una sucesión de solos de guitarra con efecto wha-wha (muy utilizado por Eddie Clarke) con varios cortes en el desarrollo del tema que son retomados inmediatamente a ritmo de doble bombo. Joer qué caña.

La actuación (y el LP) termina con “Bomber” del disco de mismo título de 1979 y con “Motorhead” del primero. En este punto es cuando el famoso avión de luces (se supone que un bombardero con el motor en la parte delantera) que preside el evento sobre los músicos, desciende hasta el escenario y se convierte en protagonista. El bajo totalmente distorsionado (en todo el disco tiene un overdrive más que evidente, pero aquí se sale) deja paso a sonidos de avión sobrevolando las cabezas de los presentes y una sirena que anuncia el final del supuesto “ataque”.

En el vinilo que tengo delante aparece una pegatina que asegura que fue “Nº 1 en Inglaterra”, y es cierto. La versión en CD está remasterizada, con nuevas fotos en el interior que no aparecen ni en vinilo ni mucho menos en cassette (575 pelas me costó la cinta cuando salió, por aquí la tengo todavía) y con tres bonus-tracks: “Over de top” (en directo), la versión en estudio con nuevas mezclas de “Capricorn” y “Train kept a rollin’” (también en directo).

Obra cumbre de un grupo al que -afortunadamente- les llegó el reconocimiento y que han mantenido un nivel más que aceptable con discos posteriores, aunque como en todo grupo de extensa discografía haya sus altibajos.

Born to lose, live to win.

Alvar de Flack


 

M.S.G. “One night at the Budokan” (1982)

Wagner y sus Walkirias… “Hello Tokio, M.S.G. Armed and ready”... abre otra de disco en directo, otra vez doble y otra vez en el Budokan japonés, sitio por el que pasaban y grababan infinidad de grupos. Algo tendrá ese sitio. El caso es que MSG tenían dos discos en estudio cuando se decidieron a grabar la actuación de una noche cualquiera en su periplo nipón, y va y les sale otro disco imprescindible en cualquier discoteca heavy que se precie.

La banda: Michael Schenker en la Flying V, de estilo siempre imitado y nunca igualado, inconfundible, sin necesidad de vibrato, guitarra clásica de estilo clásico. Gary Barden en la voz, quizá no derroche pulmones pero tiene personalidad. Cozy Powell batería, sobran las palabras. Chris Glen en el bajo, con precisión, y el polivalente Paul Raymond (ex-UFO) en la guitarra y teclas, otro inconfundible.

El disco básicamente consiste en un repaso a los dos discos en estudio, además de una versión magistral de sí mismo: “Doctor, doctor” de UFO y una demostración de la pulcritud técnica del guitarrista a la que llamó “Courvoisier concert”.

Del primer disco (“The Michael Schenker Group” de 1980) están “Armed and ready” abriendo, “Cry for the nations” con una rítmica de escuela Schenker, “Victim of illusion”, la instrumental “Into the arena” y “Lost horizons”.

Del segundo (“M.S.G.” de 1981), una ralentizada “Attack of the mad axeman”, “But I want more”, con cambio de ritmo de los que se prodigan en la discografía de MSG (ralentización del tempo con teclas de fondo y guitarra limpia, para que se luzca la voz, y vuelta a la caña), la comercial “On and on”, “Never trust a stranger”, “Let sleeping dogs lie” y cerrando el disco “Are you ready to rock”.

Es difícil que un disco en directo capte el ambiente en el que se generó, y el que lo hace consigue su objetivo. Este lo hizo, porque es la banda de Michael Schenker en directo recogido en soporte magnético. Para mí genial. Qué tiempos.

Alvar de Flack


 

MURO “Acero y Sangre” (1987 reed. 2001)

Coincidiendo con el lanzamiento de su nuevo trabajo, “Corazón de metal”, Muro han visto reeditado su primer disco, “Acero y sangre”, publicado originalmente en 1987. A pesar de que la labor de remasterización no aporta nada destacable, siempre se agradece poder disponer de esta grabación en formato CD y, sobre todo, disfrutar de una de las obras pioneras del speed metal en nuestro país.

“Acero y sangre” fue la carta de presentación de unos noveles Muro ante la escena metalera española: un álbum en directo grabado en la madrileña sala Barrabás el 12 de diciembre de 1986. A pesar de lo atípico de un debut discográfico con un álbum en vivo, Muro no pudieron haber elegido mejor. Los 40 minutos aquí recogidos muestran a una banda que en directo arrasaba con todo: desde el comienzo de “Acero y sangre”, que todavía mantiene la fuerza de la primera escucha, hasta que finaliza la versión de “Fast as a shark” de Accept que se marcan, Silver, Lapi, Largo y Julito se dejan literalmente la piel en escena. “Juega fuerte”, “Amos de la oscuridad”, “Mata” (nada de baladita como la presenta Silver) o “Mirada asesina” son auténticos cañonazos que validan el liderazgo de Muro en la escena thrash madrileña de la época, cuya principal competencia residía en los catalanes Fuck Off y Legion.

Si no hace mucho tiempo que has empezado en esto del metal, no deberías pasar por alto la oportunidad de hacerte con este primer disco de Muro y, si llevas ya algo de tiempo, no está mal que revises material que debería pertenecer de una u otra forma a tu colección.

J. A. Puerta