K-L
| KANSAS Point of Know Return (1977) |
| KING DIAMOND Them (1988) |
| KING DIAMOND Conspiracy (1989) |
| KINGDOM COME Hands of Time (1991) |
| KISS Lick it up (1990) |
| KREATOR Coma of Souls (1983) |
| KROKUS Headhunter (1983) |
| KYUSS Welcome To Sky Valley |
| LED ZEPPELIN Discografía completa |
| LEÑO Discografía completa |
| LIVING COLOUR Vivid (1988) |
| LOU REED New York (1989) |
| LUCIFER'S FRIEND Lucifer's Friend (1970) |
| LYNYRD SKYNYRD Pronounced ´leh-nerd ´skin-nerd (1973) |

KANSAS “Point Of Know Return” (1977)
He aquí el secreto del éxito de grupos como Dream Theater. Hay que reconocer que no andan descaminados los que aseguran que ya está todo inventado en esto del rock, aunque siempre nos quede la esperanza de que no sea cierto. Kansas siempre ha sido un grupo influyente pero poco reconocido por encontrarse un poco en tierra de nadie. No es heavy ni es folk, es más bien un grupo que practica un hard rock progresivo de temas largos, con pasajes sinfónicos y que introduce el violín como instrumento autóctono más que clásico.
Este disco refleja justamente como se puede hacer música atemporal y a la vez crear una imagen falsa que podría haber terminado con su propia identidad. Me explico: Se trata de un disco que pasó a la historia por un éxito como “Dust in the wind” (hace poco literalmente destrozada por Mago de Oz), que eclipsó el trabajo anterior, presente y futuro de la banda pero que convirtió a Kansas también en un grupo de culto para la minoría que apreciaba su lado más duro, a pesar de vender discos como churros.
No creo que a estas alturas haya mucha gente que no conozca la canción, pero por si acaso decir que es una pieza acústica, de esas que se suelen llamar “baladas”, cantada con mucho sentimiento por la voz dulce de Steve Walsh, con un solo de violín que eleva lo simple a obra de arte. La cara B de aquél single era “Paradox”, una especie de mezcla entre rock and roll-country-celta-sinfónico veloz, de esos imposibles de escuchar quietos, de lo mejor del disco.
Como he dicho al principio, Kansas siempre han estado en tierra de nadie, quedando bien con todo el mundo sin mojarse y vendiendo discos sin prisa pero sin pausa, lo que les ha hecho mantener el status hasta hoy mismo, y el disco que nos ocupa es un poco eso, por ejemplo, la canción que da título al disco “Point of know return” tiene mucho de Boston y Queen, duetos teclados/violín y poca guitarra, ideal para las emisoras. Sin embargo “Portrait (he knew)” es algo más larga y más hardrockera, con la guitarra mucho más presente y con un cambio de ritmo mortal que recuerda a los Eagles de Joe Walsh. ¿Y he nombrado antes a Dream Theater?, escuchad la instrumental “The spider”, veréis de dónde salen las ideas...
Toda la variedad de sonidos que este grupo -versátil donde los haya- pudiera ofrecer se debe a su propia composición que además de Steve Walsh (voz y teclas) estaba formado por Phil Ehart, un batería imaginativo de buena voz, David Hope en el bajo, Rick Williams a la guitarra, el polivalente Kerry Livgren (guitarra, teclas) y Rob Steinhardt como violinista. Quizá el tema más Kansas de todo el disco sea “Closet chronicles”, donde se pueden apreciar elementos que luego han incorporado a sus músicas grupos como Rush, los antes citados Dream Theater y su saga (Mullmuzzler, Liquid Tension Experiment, Transatlantic, etc.), Fates Warning o Spock’s beard. Esto puede hacer una idea de lo original en su momento y de la calidad compositiva del grupo.
No es este el disco de Kansas más duro, incluso diría que le faltan guitarras básicas, suplidas en exceso por moogs y algún hammond al estilo Jon Lord, pero en “Sparks of the tempest” o en “Lightning’s hand” las hay. Dobles punteos, voces algo más heavies y sinfonismo por todos lados, sin estructura cuadriculada vaya. Nuestros Bloque también bebieron de esta fuente.
“Nobody’s home” es un corte más suave, de desarrollo lento pero con armonías ampulosas de esas que podrían estar orquestadas, y el final del disco es “Hopelessly human”, también de cierto regusto a los Boston sinfónicos, aunque no sé que ciudad yanqui copió de la otra.
Que peazo disco, señoras y señores. Para todos los públicos pienso yo, especialmente para los que acaban de descubrir el rock progresivo y quieran ahondar en sus raíces.
Salud.

KING DIAMOND “Them” (1988)
Capítulo 1. Out
from the asylum
La
Abuela regresa a casa después de mucho tiempo. Lo que no saben Mamá, King y
Missy es que en la buhardilla “ellos” la están esperando con los
brazos abiertos. Ajena a los acontecimientos que pronto les deparará tal
visita, Mamá ordena a King y a Missy que se comporten como buenos chicos con
la Abuela. No saben lo que les espera.
King Diamond interpreta en la introducción los
diferentes personajes de la historia con sus correspondientes voces. A veces
puede parecer cómico, pero en realidad es como aquellas viejas películas de
terror que esculpieron el género y sin las cuales es inconcebible. No es
coincidencia la similitud entre las casas de “Them” y “Psicosis”. Inspiran miedo con tan sólo evocarlas, bien sea en el
celuloide u observando la portada del vinilo a la vez que la aguja se presta a
desentrañar el primer tema del álbum.
Capítulo 2. Welcome home.
La
Abuela descansará en la buhardilla. Todo lo que hay allí es una vieja silla
de ruedas y una tetera. No ha pedido nada más. Ni siquiera una cama donde
recostar su anciano cuerpo. King acude a la llegada de su Abuela con alegría
y ésta le dice que “ellos” han estado a su lado durante todo el
tiempo que ha estado fuera de la casa. “¿Quiénes son ellos?”, se
pregunta King.
A ritmo de caballería entra la banda al tajo, con los redobles de Mikkey Dee y el bajo de Hal Patino por delante. King cambia de tono a cada segundo y demuestra por que sus fieles le consideran uno de los mejores cantantes de heavy metal. ¿Alguien dudaba de que no llegara a los tonos más altos? El interludio central es sencillamente alucinante: a unas estrofas gloriosas le sigue uno de esos solos con los que LaRocque te deja embobado.
Capítulo 3. The invisible guests.
A
media noche King oye unas risas enfermizas que provienen de la habitación de
la Abuela. Con sumo sigilo se acerca a ver que está pasando. A través de la
cerradura no da crédito a lo que ven sus ojos. La Abuela habla sola, las
tazas de te vuelan por el recinto...hasta que de pronto caen al suelo y la
puerta se abre. “Ven, mi pequeño amigo”. La Abuela ha descubierto a
King. Lo sienta consigo en la silla de ruedas y le dice que mañana habrá
olvidado todo lo que ha visto esa noche, no sin antes anticiparle enigmáticamente:
“Te dejaré que conozcas el secreto que encierra esta casa, el secreto de
Amón”. Ignorando el revelador episodio, Missy y Mamá seguían durmiendo
plácidamente en el piso de abajo. Si hubieran visto a King en la silla de la
Abuela...
Las guitarras entran con violencia y marcan la tónica del resto
del tema. King está fabuloso intercalando unas palabras prácticamente
habladas con registro de anciano junto a unas estrofas agudas y delicadamente
tratadas. El grupo suena como una máquina perfectamente engrasada. Los cinco
minutos se pasan en un santiamén y la música se desliza por los cinco
sentidos con una elegancia fuera de serie.
Capítulo 4.
Tea.
Han
pasado unos días. Nos encontramos a viernes, la oscura noche cae sobre la
casa y King está punto de meterse en la cama. Es entonces cuando la Abuela
llama a la puerta de la habitación. ¿Qué intenciones tiene? Ha venido para
desvelarle a King el secreto de Amón. Suben a la buhardilla y la situación
es realmente estrambótica. Mamá ha sido engañada por la Abuela y descansa
sobre la silla de ruedas de ésta sin un atisbo de conciencia que pueda
prevenirla. En ese momento la Abuela saca un cuchillo y le hace un corte en la
mano a su hija. La sangre que emana de la herida se derrama sobre la tetera.
Esa misma sangre es la que va a permitir que los espíritus de la casa queden
liberados. Mientras tanto, King contempla la escena sumido en un profundo
estado de placidez y escucha las viejas historias que “ellos” relatan riendo a carcajada suelta. ¿Por qué se comporta de ese modo? ¿El té
de la Abuela, quizás? Efectivamente, es la hora del té...
Es obligado un pequeño descanso en medio de tan horrible relato.
Los fragmentos introductorios y el estribillo son la mejor parada donde
relajar el alma, sacudida ya tras las dos primeras piezas del álbum. Como
siempre, los cambios de ritmo inesperados que progresan en la zona intermedia
nos llevan por los senderos más inhóspitos. Tan inhóspitos como el macabro
desarrollo de esta intriga.
Capítulo 5.
Mother's getting weaker.
Mamá
está muy enferma. No es capaz de levantarse de la cama, tiene la faz blanca y
de su boca no sale una sola palabra. A la vista de lo mal que evoluciona,
Missy está preocupada y le pide a King que llame por teléfono a un médico
para que la atienda cuanto antes. En lugar de eso, King le espeta un manotazo
a su hermana y acto seguido corta la línea del aparato telefónico. Missy
rompe a llorar e, impotente ante el incomprensible comportamiento de su
hermano, le grita enfurecida un “Te odio” lleno de ira.
Los dos guitarristas se compenetran con unas maneras dispares. Una
estructura netamente heavy envuelve un puente de armonías caprichosas. King
despliega de nuevo todos sus trucos vocales.
Capítulo 6. Bye, bye Missy.
Medianoche
del lunes, hora del té. Otra noche de éxtasis en compañía de “ellos”. De repente, Missy irrumpe en la habitación de la Abuela y
contempla horrorizada el panorama. Cuando ve a Mamá yacer inconsciente sobre
la silla, comienza a lloriquear y en menos de un segundo se encuentra
forcejeando con la Abuela. En el lance rompe la tetera y la sangre que la
misma contiene se vierte sobre el suelo de la habitación. Unas voces de
ultratumba braman con una fiereza sobrecogedora. Son “ellos”. “Debe morir, ha destruido a Amón”. Quieren acabar con Missy. La
pequeña sale corriendo escaleras abajo al oír que pretenden matarla.
La estructura es genuinamente Mercyful Fate. Penumbra y sombras
negras sobrecargan una atmósfera tétrica. Sin embargo, los acostumbrados
breaks de LaRocque tienden a ser más melodiosos que los de Shermann y el
heavy de los ochenta se impone a la influencia Sabbath setentera.
Capítulo 7. A broken spell.
Entretanto,
King huye de la casa y, cuando se encuentra a una distancia prudencial,
percibe que el poder que “ellos” ejercen sobre él ha disminuido
ahora que la tetera está hecha añicos. Los sonidos que llegan de la
buhardilla son estruendosos, como si los espíritus estuvieran revolviendo el
desván en busca de algo. Lo han encontrado. Es un hacha. De repente, como
guiado por una mano invisible, sale disparado en dirección a la cocina...Poco
después King observa atónito cómo empieza a salir humo de la chimenea. ¿El
alma de su hermana? Cuando entra de nuevo en la casa, todo lo que encuentra de
la pequeña es el vestido que llevaba. No hay rastro de ella. El hechizo se ha
roto definitivamente. En ese instante King se da cuenta del error que ha
cometido dejándose engañar por la Abuela.
Unos pasajes de ensueño cubren con un velo de misterio la narración.
Las acústicas que aparecen en determinado momento, como siempre cuando menos
te las esperas, rompen más tarde en un dueto de solos de los que explican por
que la gente idolatra el estilo ácrata de King Diamond.
Capítulo 8. The
accusation chair.
King
se dirige de nuevo a la buhardilla, con propósitos muy distintos a los que le
movían antes. Su Abuela lo espera para someterlo a una dura interrogación.
King, tan frío que es capaz de fingir que se siente bien, da a entender que
el hechizo sigue controlando su mente. Pero no es así. Su Abuela, confiada de
la fidelidad que aún le profesa su nieto, desea dar un paseo junto a éste a
la luz de la luna. King no puede dejar impune la muerte de su hermana y
aprovecha la oportunidad para perpetuar su venganza personal. Se ensaña con
la Abuela profiriéndole un profundo corte en la garganta que termina con su
vida. ¿Y que hay de “ellos
Lo más destacable es la dualidad de gargantas de King y, una vez más,
los juegos a las seis cuerdas de la pareja de hachas. Musicalmente constituye
el punto más débil del disco
Capítulo 9.
Them.
La mano derecha del Rey descubre el as que suele guardase en la
manga. Si alguien es capaz de concentrar en menos de dos minutos una
sensibilidad extrema y provocar erizamientos de piel con un corte
instrumental, ese es Andy LaRocque. Magistral.
Capítulo 10.
Twilight symphony.
A la mañana siguiente la policía interroga a King sobre lo sucedido y éste, ingenuo, les cuenta toda la verdad. Es evidente que no le van a creer y la culpa de lo acontecido en la casa va a recaer sobre su persona. King no ha logrado deshacerse de “ellos” y a cada minuto se encuentra luchando por mantener intacta su salud mental. El doctor encargado de tratar a King, Landau, desautoriza la versión de su paciente y el diagnóstico que emite lo describe como un enfermo psíquico. Pero King anhela regresar a casa. “Ellos” lo están llamando. Ha llegado la hora del reencuentro.
Nos enfrentamos al tema más redondo del disco. Apenas de comienzo
te verás irrevocablemente entregado al canto de esta peculiar sinfonía. Sólo
una pega: King podría haber abusado un poquito más del estribillo.
Capítulo 11. Coming home.
Y
el encuentro se materializa finalmente. King ha vuelto a casa. Allí le espera
ansiosa su Abuela. Tras una regañina por lo que le ha hecho, se disponen a
subir a la buhardilla maldita para, en compañía de Missy, degustar otra taza
de té.
La despedida no es más que una excusa para allanar el camino a la sublime continuación que sucedería a esta obra. Entretanto, las puertas de la casa se cierran con un estruendo que sobresalta y la aguja indica ahora que la primera parte de la historia ha tocado a su fin.
J. A. Puerta

KING DIAMOND “Conspiracy” (1989)
Dieciocho
años separan ambas historias. Nueve de los cuales ha pasado King internado en
un centro psiquiátrico bajo la estrecha vigilancia del Doctor Landau. Los
nueve restantes los dedicó a meditar en soledad, retirado en algún lugar
desconocido. ¿Qué ocurrió con King al final de “Them
Capítulo 1. At the graves.
King
ansía con fervor la vuelta de Missy. Ahora que la pequeña es uno más de “ellos”, los espíritus de la casa la ayudarán a encontrar el
camino desde el otro lado. Y así es. Para regocijo de King, Missy aparece
pero no podrá permanecer más allá del amanecer, puesto que en ese caso
sucumbiría ante la luz del día. Ese es el precio que debe pagar por ser un
alma errante. Esto no supone un inconveniente. King sabe que cada noche, en el
cementerio, su hermana pequeña lo estará esperando.
En ocasiones he comentado que aquello de “segundas partes
nunca fueron buenas” suele cumplirse, aunque sea en parte. Pues bien, “At the graves”, por si alguien tenía alguna duda, aclara que
“Conspiracy” va a ser la excepción que confirme la regla. La obra más
ambiciosa de King se inicia con un corte que no puede ser más explícito en
cuanto a pretensiones. Nueve minutos, duración excesiva teniendo en cuenta
las costumbres del cantante hasta entonces, abrían el vinilo y el resultado
era asombroso: desde la música de nana con el que se abre, pasando por la
entrada de Mikkey Dee (quien también es responsable de los tambores en este
disco, aunque en calidad de mercenario como atestigua su inclusión de
secundario en los créditos del disco; Snowy Shaw reemplazó al ahora batería
de Motörhead para la gira y los trabajos venideros), la agresividad de la voz
en los primeros compases o la advertencia de Anders Allhage y Pete Blakk de
que los buenos hábitos precedentes no se habían perdido. Estos últimos se
intercambian los solos con una agilidad pasmosa y marcan unos breaks antológicos,
quedando clavados en la mente tras las escuchas pertinentes.
Capítulo 2.
Sleepless nights.
“Ellos” han vuelto a aparecer en la mente de King cantando y apoderándose de él.
Pero sin “ellos” King sabe que no podría ver a Missy cada noche. De
ahí que ahora sea un noctámbulo incapaz de dormir. Ante el tormento al que
se ve sometido noche sí y noche también, “ellos” le proponen un
pacto: King podrá ver a su hermana a medianoche si a cambio les cede de nuevo
la casa, después de que el hechizo se rompiera y “ellos” se vieran
obligados a abandonarla. King acepta y el secreto de Amón les pertenece a “ellos” una vez más.
El danés filma para este tema uno de los videoclips más impactantes que yo haya visto jamás: imágenes de un film antiguo, la banda tocando en el cementerio donde se desarrolla la trama y la vista en blanco y negro acrecientan aún más si cabe la sobriedad de la canción. Una lección de cómo pasar de un pasaje tremendamente fuerte a otro totalmente acústico sin inmutarse es la mejor descripción que se me ocurre. No hay duda de que “Sleepless nights” supuso el shock comercial más notorio de King Diamond hasta la fecha. Nunca me cansaré de repetir la destreza de Blakk y LaRocque para acometer los solos de un modo tan preciso y elegante. El de esta canción es de libro, no tanto por técnica como por sentimiento implícito, que es de lo que se trata al final.
Capítulo 3. Lies.
King
visita la consulta del Doctor Landau cumplido un tiempo desde que comenzara
con el tratamiento de seguimiento. Superada la ingenuidad que le llevó a esta
situación, le hace creer que se encuentra con facultades plenas. Los hechos
reales que vivió en primera persona cuando estaba en la casa no son más que
un puñado de mentiras que creó su mente. En realidad, las mentiras son las
que le cuenta King al doctor para que no le tome más por un desequilibrado.
En su interior aquello sigue muy vivo y él lo sabe como nadie. Como
consecuencia del buen comportamiento que muestra King, el doctor decide que
puede volver a ver a su madre. Entusiasmado con el encuentro, King prepara la
casa a conciencia. Limpia todo y se asegura de que no quede ni un indicio de
la tetera ni del hacha para que Mamá se sienta como en casa.
Un riff serpenteante desemboca en un estribillo donde King se desgañita
a gusto con una interpretación sublime de la charla que mantiene su propio
personaje con el Doctor Landau.
Capítulo 4. A
visit from the dead.
King
sueña con un jardín precioso. Está acompañado por su hermana. No podría
tener un sueño más conciliador... De repente un chillido espeluznante le
despierta sobresaltado. Es Missy. Está al pie de la cama y le lanza un
mensaje a su hermano mayor: “Ten cuidado, King, algo malo va a
ocurrirte”. King, asustado, le pregunta con insistencia que es eso que va
a pasarle. Pero Missy tan sólo le responde: “Te enviaré un sueño”.
“Conspiracy” reserva un lugar para un medio tiempo, aquel que le faltaba a su predecesor. Bello comienzo de idílicos pasajes acústicos donde tocar el cielo es la sensación más leve que recorre el interior del que suscribe. Hasta que King dicta que esto no es más que un sueño y nos devuelve a la cruda realidad. El corte se torna heavy, excepto el estribillo, que reserva ese aire melancólico irrepetible.
Capítulo 5. The
wedding dream.
El
bonito sueño del otro día se trunca con una pesadilla horrible: Mamá está
a punto de casarse con el Doctor Landau. King debe impedirlo. Todo se
precipita. En cuestión de segundos Mamá yace inerte en el suelo y el doctor
ha desaparecido de su campo de visión. King lleva en su mano un hacha...el
hacha. Quiere que la pesadilla acabe de una vez pero no puede controlarla. No
hay escapatoria. Landau vuelve a aparecer en el sueño. Tiene en su poder la
llave de la casa. Lo tenía todo planeado. King se ve a si mismo gritando: “Ayudadme, por favor”. La mañana llega por fin. King se
despierta cubierto de sudor. No comprende nada de lo que ha sucedido.
Compases de boda y…la pesadilla del enlace entre la madre de King y el doctor se materializa en el subconsciente del protagonista. King debe impedirlo y es entonces cuando el ritmo se violenta de tal manera que acaba convirtiendo el tema en lo más potente y trepidante que encierra el álbum. Como si de un cuento se tratara, finaliza con la misma cantinela del principio.
Capítulo 6.
Amon belongs to “them”.
Ha
llegado el gran día. Mamá visita a su hijo mayor y éste la recibe con las
mejores galas. Sin embargo, King se niega a que el doctor entre en casa. ¿Qué
ocurre?, se pregunta su madre. King le explica a Mamá el pacto que ha firmado
con “ellos” para que le dejen en paz de una vez por todas,
utilizando a Amón como moneda de cambio. Landau, estupefacto, le dice a Mamá,
ahora su prometida (la pesadilla era el sueño que debía recibir de Missy),
que dialogue con King para ver si puede arreglar el malentendido. Así, Mamá
entra sola en casa para hablar en privado con King. Éste piensa que ahora es
el momento de convencer a su madre de la maldad que esconde su querido doctor.
Se sincera. Le habla del encuentro que tuvo la noche anterior con Missy y cómo
“ellos” siguen entonando sus viejos cánticos. No acaba de
pronunciar la última frase cuando King siente una terrible punzada. Cae en la
inconsciencia más absoluta.
Las melodías encandilan hasta enloquecer y el estribillo es
sencillamente perfecto, enganchando con el ritmo central de la manera más
natural. Por algo es mi favorita.
Capítulo 7. Something
weird.
Aquí tampoco podía faltar la instrumental de turno a cargo de
LaRocque. Esta vez nos trae una pieza barroca y muy clasicista que poco tiene
que ver en cuanto a contenido con “Them” pero que posee en común
una capacidad para maravillar envidiable.
Capítulo 8. Victimized.
King
está tirado en el suelo. Mamá y Landau le han conducido hasta la iglesia. El
reverendo Sammael se encuentra con ellos. Ese hombre es peor que el demonio.
King está realmente atemorizado por lo que puedan hacer con él. De lo que no
hay duda es de que ha sido víctima de una conspiración... El doctor y el
reverendo son cómplices. Sammael dictamina que King está poseído por el
mismísimo diablo y, por ello, debe actuar en consecuencia para evitar que
extienda el mal que porta consigo. Las palabras que pronuncia Landau a Mamá
confirman el engaño del que ha sido víctima King: “Pronto la casa será nuestra
y King habrá desaparecido para siempre”.
La complejidad del estilo del quinteto se hace todavía más
palpable. Los teclados de Roberto Falcao multiplican la sensación de
dramatismo que invade el tema.
Capítulo 9. Let
it be done.
King
es introducido en un ataúd. Mientras, el sacerdote mantiene un crucifijo en
alto para contener el alma del diablo, que se encuentra dentro de King. El
doctor prende fuego al féretro, deshaciéndose así de King, que ha quedado
reducido a cenizas. ¿Qué harán con sus restos? Los depositarán en la tumba
que lleva el nombre de su hermana pequeña, Missy. Estaban al tanto de
todo...la tumba de Missy está vacía.
El preludio al apéndice es una conversación con trasfondo musical
de efectos terroríficos.
Capítulo 10.
Cremation.
Unos punteos que anuncian el principio del fin dan paso al segundo
corte instrumental, evocador de las llamas en las que arde nuestro
protagonista y con unas campanas y un piano de iglesia que suenan
escalofriantes. ¿Alguien pensaba que King había dicho la última palabra?
Whenever
the dark is near
I'll
return from the grave
to
haunt you…Godforsaken whore
J. A. Puerta

KINGDOM
COME “Hands of time”
(1991)
Cuando a uno le cuelgan un San Benito del tamaño de una hormigonera, ya no hay Dios que te lo quite por mucho empeño que se le ponga. Esto es lo que le pasó a una buena banda germano/americana a mediados de los ochenta, que tuvo la “desgracia” de parecerse demasiado a Led Zeppelin y eso arruinó su carrera. El linchamiento al que fueron sometidos (incluso Gary Moore llegó a burlarse públicamente de ellos) nos privó de un grupo que mereció mejor suerte y que aportaba mucho más que la mayoría de sus compañeros de laca o cintos de balas.
Kingdom Come asaltaron los giradiscos de medio mundo con un potente debut en 1988, año mágico para el Hard Rock de peluquería. Llegaron a participar en la gira del Monsters of Rock americano junto a Van Halen, Scorpions, Metallica y Dokken, ¡casi ná!. Pero a pesar del éxito de crítica y público, el rumor de que eran una burda imitación de Led Zeppelin (llegaron a llamarlos “Kingdom Clone”) acabó minando la credibilidad de la banda hasta el punto de que su popularidad se disolvió como un azucarillo en un café, y no volvió a levantar cabeza ¿Y tanto se parecían al grupo de Page y Plant? Pues mire usted, sí pero ¿y qué? Era evidente que el cantante y alma mater Lenny Wolf no ocultaba su pasión por los británicos pero también es verdad que en 1988 había centenas de bandas intentando copiar a Metallica y no pasó nada.
Ya pasada la sorpresa inicial, en 1989 sacaron su segundo disco, llamado “In Yor Face”. A Lenny Wolf le acompañaban de nuevo Johnny B. Frank al bajo, Danny Stag y Rick Steier a las guitarras y James Kottak a la batería y permanecía el bueno de Keith Olsen detrás de los controles. El fantasma de Zeppelin esta presente a lo largo y ancho del disco pero también multitud de influencias, sobretodo del Rock americano de principios de los 80 y puede que coplas como la inmensa “The Wind” sonaran a los Zeppelin del “Physical Graffiti” pero el disco tenía la suficiente personalidad para haber dejado satisfechos a todos.
Y así llegamos a los años 90 y con ellos a toda la revolución musical que se dio a principio de aquella década (que yo agradezco cada noche a todos los dioses). En menos de tres años Kingdom Come han pasado de ser portada de muchas revistas y vender miles de discos al más absoluto anonimato o ¿desprecio?. La banda se deshace y se queda sólo Lenny Wolf al mando de todo. Pero cuando lo más fácil es desistir y rendirte, Kingdom Come sacan la que, para mí, es su obra maestra, “Hands Of Time”. Permitidme que empiece por el final. Por un buen medio tiempo con estribillo maravilloso, que da título al disco. Y sí es verdad que la influencia de los Zeps es más que palpable pero también es verdad que Page/Plant hubieran pagado millones por esta copla. Sin duda una de esas canciones que ya vale por si mismas un disco entero. Hard Rock épico en el más amplio sentido de la palabra.
No
es un secreto que la voz, siempre genial de este hombre, a caballo entre Plant
y un inspirado Meine, es la absoluta protagonista del disco y que las
guitarras, a cargo de Bert Meulendijk,
Marco Moir, Blues Saraceno y él mismo, están metidas con gran maestría,
sobretodo las acústicas como en la Beatleriana “You´ll Never Know” o en
la preciosa balada “You´re Not The Only I Know”, pero sin llegar a
saturar como muchos discos de la época que más bien eran demostraciones de
“mira-como-toco”. Y es que lo mejor del disco es, parodiando a cualquier
comentarista deportivo, que cuando hay que defender defendemos todos y cuando
hay que atacar atacamos todos. Cuando hay que rockear duro, caso de “Stay”
o “Can´t Deny” que por cierto lleva unos estupendos teclados, se rockea y
cuando hay que sacar la vena épica o sentimental se saca con suficiencia y
sin caer en la babosería de muchos de sus coetáneos. No obstante lo que
predomina son los medios tiempos donde Lenny se explaya con la voz. Medios
tiempos con fuerza que podrían haber competido con “Kashmir”, como el ya
comentado “Hands Of Time” o el tema de apertura, “I´ve Trying” que
cuenta con unos arpegios y unos arreglos de antología. Y es que “Hands Of
Time” es de esos discos a los que no les sobra ni les falta nada. De esos
que le vas sacando el juguillo poco a poco y que a cada escucha le encuentras
nuevos matices, nuevos detalles.
En definitiva un gran disco de un gran grupo que todavía anda sacando discos y dando conciertos. Puede que sean una copia o incluso un plagio de Led Zeppelin pero ya te digo que Plant/Page hubieran pagado buenas sumas por algunas de sus canciones y, además, si aceptamos que alguien copie hasta la basura de Helloween ¿por qué no hacerlo cuando es con Led Zeppelin y se tiene un portento como Lenny Wolf?
Perico Salinas “Pears”

KISS “Lick It Up” (1983)
Una especie de reflexión en voz alta: hablar de Kiss, me refiero a su música, es algo así como tratar de andar sobre arenas movedizas y pretender no hundirse, quiero decir que si el fenómeno ‘fan’ tiene unos grupos claramente objetivo del fan-atismo, este es uno de ellos, con lo que eso conlleva de riesgo a la hora de enjuiciar un trabajo y no ‘ofender’ a quien les tiene por dioses o algo así.
Entrando en materia, Kiss siempre han vendido cantidades considerables de sus discos entre su heterogéneo público, fundamentalmente rockero pero también hortera-cutre como algunas de sus canciones, incluso influido por modas o momentos de auge de sonidos alejados de la dureza que se les suponía. Pero fue tras la afortunada (al menos para mí) marcha de Ace Frehley y su sustitución con Vinnie Vincent para editar “Creatures of the night” en 1982, cuando el grupo centró toda su atención en la música, aún manteniendo sus maquillajes y su parafernalia de directo. El sonido se endureció con aquél disco, nada de guitarras a medio saturar ni de melodías empalagosas, aquello era heavy metal.
Con el disco que nos ocupa dieron otra vuelta de tuerca dejando su cara al descubierto y centrándose definitivamente en un estilo que mantuvieron hasta bien entrada la década de los 90. Mucho más poderoso que cualquiera grabado antes, con una producción (Michael Jackson, ojo) orientada hacia el público de antes y el nuevo heavy de los -maravillosos- ochenta.
La primera reacción de los fans más ortodoxos fue la de rechazo, volviendo al redil sin problemas una vez comprobada la no extinción del universo tras desenmascararse. Y es que ya no había opción a la duda, esto era un grupo cuyas chapas o camisetas se podían ver junto a las de Iron Maiden o Judas Priest, sin medias tintas.
El flanger de las guitarras de “Exciter” es lo primero que se escucha al darle al play del reproductor, dejando claro que se trata de unos ‘nuevos’ Kiss en relación a su obra setentera, corroborado con la mala leche con que canta Gene Simmons “Not for the innocent”, la siguiente, y la agresividad en los solos de Vinnie Vincent.
“Lick it up” fue el primer single, a medio camino entre el trote de las guitarras en quinta (al uso del momento) y el estribillo pegadizo del rock potente americano. El vídeo de esta canción mostraba a Stanley, Simmons, Carr y Vincent tal cual, con los mismos iconos de los Kiss de antaño (mucha fémina, dime de qué presumes...) pero con sus feas caras al descubierto. El siguiente single, fue “All hell’s breaking loose”, la que inicia la cara B (en el disco, en CD ya se sabe...), de cadencia totalmente heavy y repetición del estribillo hasta saciar. Y otro ejemplo más de la dureza alcanzada (por mucho que les pese y en contra de la opinión de determinados puristas) era “Gimme more”, bastante más rápida de lo que solían componer los de Detroit.
El caso es que no había tantos huecos en la música del grupo como años atrás. Este disco está lleno de guitarras, con una pegada inusual en Eric Carr (exceptuando algunos cortes del “Creatures of the night”) y el resto de elementos que caracterizan al heavy del momento. Pero también había temas sentidos como “A million to one”, un medio tiempo que canta Paul Stanley con voz desgarrada y que arropan unos coros bien metidos (como en el resto del disco, dicho sea de paso.
El resto de canciones mantienen el alto nivel de la obra: “Young and wasted” en la que la base Eric Carr/Gene Simmons le da un punto de caña burra, “Fits like a Glove” en la que destacan los coros y las segundas voces, la pegadiza y hard-rockera “Dance over your face” y “And on the 8th day”, en la que vienen a decir que esto del rock es obra divina.
En fin, que este es un disco que dejó indiferente a poca gente, a unos les revolvió las tripas y a otros nos alegró la vida. Yo reconozco que la trilogía “Creatures of the night” / “Lick it up” / “Animalize” es lo que más me gusta de Kiss, aún cuando me sabía de memoria discos como “Unmasked”, “Love gun” o “Rock’n’roll over” por poner ejemplos. Con la perspectiva que da el paso del tiempo, definitivamente no hay color.
Salud.



DESTRUCTION
“Eternal Devastation” (1986)
SODOM
“Agent Orange” (1989)
KREATOR
“Coma Of Souls” (1990)
Ahora
que las tres formaciones clásicas y pioneras del Thrash alemán (y europeo por
extensión) vuelven por sus fueros (todas tres con unos aplastantes discos bajo
el brazo, a cual más bestia -como si se hubieran puesto de acuerdo, vamos-), y
aprovechando que van a girar juntas a partir de este mismo mes de Diciembre (¿pasarán
por aquí o nos dejarán con las ganas?), no está de más echar la vista atrás
y repasar lo que fueron discos claves en la ya larga trayectoria de estas tres
bandas abanderadas del Thrash germano.
Y
empezamos por Destruction, la banda liderada por el bajista/vocalista Marcel
Schmier, que ha regresado a los ruedos tras una década de inactividad discográfica,
desde “Cracked Brain” (1990, para el cual no prestó su colaboración el
citado vocalista) hasta su anterior “All Hell Breaks Loose” (2000), que los
devolvió a la más rabiosa (y nunca mejor dicho) actualidad del panorama metálico.
En
“Eternal Devastation”, su segundo larga duración tras el primerizo
“Infernal Overkill” (1985) y el brutal Ep “Sentence Of Death” (1984),
conformaban el trío junto a Schmier el guitarrista Mike Siffringer y el batería
Thomas Senmann “Tommy”, de los cuales únicamente queda el primero en la
actual formación del grupo.
Lo
bueno del caso es que el disco no goza de una producción digna de elogio
precisamente (la verdad es que sólo lo he escuchado en vinilo, que es en el
formato que lo tengo, pero no creo que en la versión CD la cosa mejore
ostensiblemente), eso sin contar con las voces chillonas de Schmier, que junto a
las afiladísimas guitarras de Mike dan lugar a un sonido estridente a más no
poder. Pero ¿a quién le importa? Puede que precisamente ese fuera el secreto
de que Destruction se alzara por derecho propio a co-liderar la corona de lo que
se vino a llamar Thrash Metal europeo, en contrapartida al que se venía
haciendo por aquel entonces en los States (con bandas de sobra conocidas como
Metallica, Megadeth, Anthrax, Slayer o Testament, y otras de menos renombre como
Dark Angel, Exodus, Sacred Reich, Flotsam & Jetsam, Death Angel o los Vio-lence
del ahora Machine Head Rob Flynn). Lo cierto es que temas como el apoteósico
“Curse The Gods”, “Life Without Sense” (que dio nombre precisamente al
disco en directo de la banda), “United By Hatred” o “Eternal Ban” nos
han hecho, nos hacen y de seguro nos harán agitar el cuello como verdaderos
posesos.
Otro
de los nombres que sin duda se te viene a la cabeza cuando hablamos del Thrash
elaborado en el viejo continente es el de Sodom, la banda del incombustible Tom
Angelripper (una curiosidad: la verdadera ‘causante’ del nombre del grupo
fue la madre de Tom, la cual le ‘sugirió’ la idea al zagal una de las veces
que entró a su cuarto y le encontró cabeceando con Venom y Motörhead...
“santo Jesús, esto parece Sodoma y Gomorraaa”... ).
El
disco, cuarto de su carrera y uno de los más conocidos, goza de una producción
aplastante (Harris Johns, Musiclab Studios, Berlin), y se abre con tres auténticos
trallazos como son “Agent Orange”, “Tired And Red” o “Incest”, para
dar paso al célebre medio tiempo de “Remember The Fallen” (un homenaje a
los caídos en combate). Destacable es también la andanada sónica de “Ausgebombt”,
uno de los temas más conocidos del grupo, que se sale un poco de la línea de
los anteriores (en onda más heavy, donde se puede apreciar la influencia de
Motörhead),
dando paso a otra pieza thrashica, “Baptism Of Fire”, para seguir de nuevo,
y ahora con más claridad, con un tema que podría haber firmado el
propio Lemmy Kilminster, “Don’t Walk Away”, esta vez más festivo (y con
el que se
cierra el disco).
Componen
la formación (trío, cómo no) el mencionado Tom Angelripper (bajo/voz, también
conocido por sus trabajos en solitario), Chris Witchhunter (batería) y Frank
Blackfire (guitarras), el cual abandonaría la nave tras este disco para unirse
precisamente al grupo (y al disco) que nos ocupará a continuación. Por último
destacar la excelente portada del genial Andreas Marschall (no comment), que
también se ocuparía de la del siguiente disco que comentamos (si es que el
mundo es un pañuelo...).
Pues
ese disco no es otro que “Coma Of Souls”, el quinto elepé (como se solía
decir antes) de esa criatura llamada Kreator. Tras dos fieros comienzos (“Endless
Pain”, “Pleasure To Kill”) y dos discos digamos ‘de transición’
(“Terrible Certainty”, “Extreme Aggression”), en los que compaginaban la
potencia de antaño con la velocidad algo más controlada, llegó la madurez y,
lo que es para mí, la obra cumbre del grupo (aunque este último “Violent
Revolution”...).
Con
unas guitarras acústicas y una melodía de guitarra eléctrica a la par se abría
“When The Sun Burns Red”, que inmediatamente rompía la atronadora batería
de Ventor y la voz desgarrada de Mille Petrozza, alma mater indiscutible del
grupo. “Coma Of Souls” te atronaba con un incesante doble bombo y unas
guitarras destripantes a cargo de Frank Blackfire, mientras que “People Of The
Lie” (para la cual se grabó un video) era un tema aparentemente más
accesible (que no flojo) y con una letra de esas en las que Mille escupía por
su boquita...
“World
Beyond” mantenía la caña de antaño (tuca-tuca-tuca), “Terror Zone”
complicaba algo más las estructuras (podemos hablar incluso de Thrash
progresivo), al igual que “Agents Of Brutality” o “Material World
Paranoia” (los acérrimos al piñón fijo ya empezaban a echar pestes), pero
“Twisted Urges” y “Hidden Dictator” devolvían la calma al sector más
bruto. “Mental Slavery” cerraba el plástico, con un riff cansino que abría
y cerraba de la misma manera el tema (y el disco).
Es
obvio que todos y cada uno de los discos de la banda de Essen son una referencia
clara y obligada en el estilo, ahí están temas como “Tormentor”, “Flag
Of Hate”, “Pleasure To Kill”, “Under The Guillotine”, “Terrible
Certainty”, “Toxic Trace”, “Extreme Aggression”, “Love Us Or Hate Us”,
etc. etc. para atestiguarlo, pero quizá haya elegido este “Coma...” porque
supuso una evolución lógica y coherente con respecto a anteriores trabajos, y
los desmarcó del resto del rebaño, de los cuales la inmensa mayoría seguía
repitiendo esquemas e ideas que no harían sino quemar el género (¿cuántos
quedan ahora?).
Lo
dicho, tres bandas emblemáticas en lo concerniente al género thrashico
europeo, pero no las únicas. Ahí estaban (o están) muchas otras como Coroner,
Celtic Frost, Sabbat, Tankard, etc., que contribuyeron con ellas a crear un
estilo que muchos de nosotros hemos disfrutado a lo largo de todos estos años.
A su debido tiempo (y en la medida de nuestras posibilidades, claro está) todas
tendrán su hueco en nuestra humilde página. Como bien rezan Destruction en su
último trabajo: Thrash til’ death!!!
David Fernández “Bubba”

KROKUS “Headhunter” (1983)
Krokus alimentaron a finales de los 70 una absurda polémica sobre si copiaban o dejaban de copiar a AC/DC, fundamentada en el timbre de voz de sus sucesivos cantantes (Peter Richard, Henry Friez, Marc Storace...) y en el propio estilo del grupo. Les vino bien estar en el ojo del huracán para hacer valer el dicho ese de “que hablen de uno, aunque sea bien”. Todo sea por la publicidad gratuita.
Pero claro, un grupo que quería ser algo serio no podía conformarse con ganarse un nombre a base de sensacionalismo parásito, había que construir un álbum que les colocara en el sitio que se iban ya mereciendo. Tras 3 discos en estudio lo intentaron con “Metal rendez vous” (1980) que fue un buen disco pero no sirvió, y en “Hardware” (1981) estaban pensando más en parecerse a los grupos de la NWOBHM que en explotar su propio sonido, tampoco resultó ser lo que buscaban.
No fue hasta “One vice at a time” (1982), puro AC/DC todo él, cuando consiguieron dar el salto a la primera división por contener temas históricos en su carrera como “Long stick goes boom”, “I’m on the run” y la versión del “American woman”. Ya no se miraba solo hacia Inglaterra o Alemania, desde la seria Suiza también se podían decir cosas en clave de rock.
Una vez situados había que mantenerse. El listón estaba muy alto con el disco del ’82, y la competencia era mucha y procedente de cualquier parte (¡incluso desde España!). Había que componer buenos temas y además hacerse con un productor de currículum importante, puesto para el que pensaron en Tom Allom, quien venía de producir el “Screaming for vengeance” de Judas Priest el año anterior. Una portada impactante, un single más heavy que el viento como fue “Headhunter” y a tirar millas. Esa batería en solitario que hace de entrada del tema todavía me sigue poniendo los pelos de punta, esa guitarra purpleliana, esos agudos de Marc Storace...
Los 9 temas que componen “Headhunter” rayan a gran altura, y lo que es mejor, sin el sanbenito que venían arrastrando desde sus orígenes y especialmente con el disco anterior. Además del single-título, hay otros que también están en la lista de clásicos del grupo, como “Eat the rich”, puro heavy metal ideal para los conciertos, la intensa medio tiempo “Screaming in the night”, “Night wolf” con su espeluznante juego de guitarras inicial y la pegadiza “Stayed awake all night”. El resto, menos conocidas, mantienen el tipo y hacen de este LP el más completo de su ya extensa discografía (15 discos de estudio y 2 directos oficiales). Heavy metal sin matices.
Krokus’83 eran Marc Storace (voz), Chris Von Rohr (bajo), Fernando Von Arb (guitarra), Mark Kohler (guitarra) y Steve Pace (batería). En la actualidad, solo Fernando Von Arb y Marc Storace (recientemente rescatado) siguen en el grupo, y todavía utilizan temas de este disco en sus directos para levantar al personal. “One vice at a time” y este “Headhunter” no deberían faltar en cualquier discoteca heavy que se precie de serlo.

KYUSS “Welcome To Sky Valley” (1994)
Crudo. Agresivo. Original. Son algunos de los adjetivos que me pasan por la cabeza al escuchar esto. Pero como este texto es una reseña, me extenderé un poco más: es un disco crudo y agresivo, y a la vez original.
Corrían los años noventa cuando estos jovenzuelos firmaron por Elektra Records, quien les dio un voto de confianza después de que editaran tres trabajos con buenas críticas, y se pusieron a grabar la que sería, para mi, su obra cumbre. El disco se respalda con una excelente base rítmica (Scott Reeder, el bajista, se estrenó con este CD y, Brant Bjork, el batería se despidió con él), y unas melodías muy pesadas y distorsionantes que completan el trabajo.
Con esta descripción, probablemente ya sabrás el nombre del grupo que pasó por mi cabeza al poner este disco por primera vez: Black Sabbath. Hay pocas bandas que hayan mamado tanto de estos genios, pero estos no solo lo tomaron como su primera influencia, sino que construyeron todo un género a su alrededor (Stoner Metal). Sabrás lo que digo cuando pulses Play y unas guitarras súper- distorsionadas abran el distorsionado disco de distorsionadas canciones. ¿He dicho distorsionado? Porque amigo, las feroces guitarras de “Gardenia” apisonan mis tímpanos como una engrasada máquina de matar.
Bajo este rudo manto eléctrico se pueden distinguir, con un poco de esfuerzo, el silencioso bajo, bastante discreto durante toda la grabación y una rica batería que constituye la columna vertebral de la banda. La cazallera voz de John García acompaña el plástico y le da ese toque gamberro y oscuro que necesita la banda.
Y es que mientras observas con atención una portada que podría ser de Lynyrd Skynyrd, te irás dando cuenta de que esto no es más que un metal moderno pero a al vez muy, pero que muy, retro. No sólo Black Sabbath, sino que gente como Jimi Hendrix o los citados Skynyrd son una palpable influencia de estos tíos, que no paran de hablar de desiertos, pueblos abandonados o hacer el amor… y entonces es cuando piensas “voy a subir el volúmen”.
Pues sube el volumen, súbelo amigo, porque aquí la caña no para y cuando haya acabado la primera copla le precederá la segunda, una joya con una inquietante introducción a poco volumen, que obviamente va precedida de más caña, con cambios de tempo y subidas y bajadas… para volver a la calma, con un riff que se repite y unos punteos a bajo volumen que a mi me ponen como un erizo. La caña vuelve otra vez más para acabar la canción, que consigue transmitirte un listado de emociones e ideas sin ni siquiera haber dicho una palabra. Sí, es instrumental.
“Supa Scoopa And Mighty Scoop” y la voz de John García arremeten sin compasión, y unas pesadísimas guitarras marcan la melodía. A mi me da igual si esto es Stoner Rock, Desert Rock o Heavy Metal… las etiquetas pasan a un segundo plano con esta canción, que es difícilmente encasillable pero que hace hervir mi sangre.
“One Hundred” es una canción cañera como pocas, con un ritmo acelerado y un John García recreándose. Una canción muy corta en la que tienen tiempo de sobra para plasmar todo su ingenio y dejarte despeinado, sudando y con ganas de más (¡especialmente después de escuchar los punteos a lo Hendrix!)
El siguiente tema es muy inquietante, tranquilo en todo momento, con un John recitando más que cantando; lo han llamado “Space Cadet” pero le podrían haber puesto cualquier otra cosa porque me seguiría encantando. Una guitarra acústica nos acompaña en todo momento, que parece estar desnuda ante la discreta intervención del bajo y los no consecutivos golpes de batería.
La sexta canción es rarita. El vocalista nos marea con unos “Yeah, yeah, yeah, yeah”, y el batería hace lo propio con unos golpes graves y repetidos. Lo han titulado “Demon Cleaner”, y las poderosas guitarras dejan paso a otras con más melodía que interpretan un buen solo.
“Odyssey” entra con una misteriosa introducción que sirve de aperitivo para las desgarradoras guitarras, en un tema muy heavy y rápido, aunque siempre hay tiempo para que se relajen las cosas y el bajo pase a primer plano… para acabar rascando las seis cuerdas otra vez.
“Conan Troutman” sigue dando caña con un ritmo muy acelerado y un Josh Homme (del que hablaré después) que se deleita para meter caña hasta más no poder. Corto y efectivo.
“N.O.” es casi instrumental y los guitarristas nos sumergen en pasajes desérticos, explorando con punteos, parones, y guitarras dobladas. Muy recomendable.
Finalmente, “White Water” advierte el final del disco con nueve minutos de auténtica lucidez compositiva, mezclando pasajes, tranquilidad y brutalidad y una simpática cancioncilla que cierra el plástico.
Un año después editarían su “…And The Circus”, bastante recomendable para amantes del género, para, a continuación, disolverse. De todos es bien sabido que el guitarrista, Josh Homme, iniciaría su proyecto Queens Of The Stone Age, cosechando un gran éxito pero siempre influenciado por sus trabajos con Kyuss.
Si te gustan Queens Of The Stone Age, Black Sabbath, quieres pasar un buen rato y estás un poco “pirao”, te recomiendo este plástico, sin duda uno de los clásicos más infravalorados de la historia del Rock.
Mr. Bison

LIVING
COLOUR “Vivid” (1988)
¿Un grupo de negros en el mundo del Rock Duro? No sé por qué razón, pero a las personas de raza negra no les va esto del Heavy Metal o el Hard Rock como tampoco les va el ciclismo o la natación, por poner dos ejemplos. Y no es que no haya habido casos, desde Hendrix, Kravitz o los mismísimos Bad Brains, pero son excepciones, pequeños porcentajes que no alteran el conjunto. Y a finales de los años ochenta, en plena ebullición de todo el Thrash Metal con sus calaveras y sus historias diabólicas y el Hard Rock “Panten Pro-V”, salta a la palestra un grupo llamado Living Colour con su disco debut “Vivid”, con una imagen totalmente Funk (Fashion dirían ahora) y con dos auténticos portentos de la naturaleza llamados Vernon Reid y Corey Glover a la guitarra y voz respectivamente.
“Vivid” es una explosión sonora. Funk, Heavy Metal, Soul y buenas canciones en raciones gigantes. Producido por Ed Stasium, capaz de trabajar con gente como Talking Heads, Julian Cope o Ramones y Motörhead, y apadrinado por gente como Mick Jagger o Public Enemy, ya desde el principio enseña sus cartas y muestra que va a moverse a caballo entre los estilos antes mencionados. De hecho, el disco lo podemos dividir en dos partes bien distintas: la Hard Rockera con “Cult Of Personality” o “Desperate People”, donde las canciones son más estándar, con potentes bases rítmicas, delirantes punteos a cargo de Vernon, y la voz de Corey Glover que más parece un chorro a presión al estilo Hard Rock de los ‘70 pero con ese toque negroide, soulero que hacen de Living Colour una banda especial. Y por otro lado estaría la parte más Funk, donde meteríamos coplas como la marchosa “Funny Vibe” (que recuerda mucho a los Red Hot Chili Peppers del “Mother´s Milk”) o “What´s Your Favorite Color?” donde el metálico riff del principio da paso una guitarra hiper funky que hace que sea una de las canciones mas bailables del disco. Sí, has oído bien, he dicho bailable. ¡¡¡¡Esto es Living Colour!!!!
No quiero hacerme pesado y enumerar todas las canciones del disco (todas destacables) pero tampoco quiero marcharme sin antes hablar un poco más de dos de ellas, que además son bien distintas:
Con “Glamour Boys” basta cerrar los ojos para que nuestra mente nos transporte hasta cualquier playa del Caribe. Ritmos tropicales tocados con maestría y mucha marcha para hacer una de las joyas del disco. ¿La canción del verano? Bueno, siempre será mejor que lo último de Georgie Dann.
Con “Open A Letter (To A Landlord)” ocurre otra cosa bien diferente. Cada vez que alguien se quede sin saber definir lo que es el “feeling”, sólo tiene que recurrir a esta copla. Oír a éste hombre cantar la primera estrofa y ponerse los pelos firmes y en formación es todo uno. Un medio tiempo donde Corey Glover se luce a pleno pulmón, cabalgando sobre unas magníficas líneas de bajo.
“Vivid” es un disco de difícil catalogación, que toca demasiados palos y demasiado dispares y eso a veces puede no gustar. Desde luego la manida palabra “fresco” le viene al pelo. Tampoco te confundas, que si he hablado de “baile” o “funky” o “ritmos tropicales” también podría hacerlo de riffs cañeros o baterías contundentes porque estos tíos, al fin y al cabo, son una banda de Rock y te aseguro que rockean duro. Prueba de ello es la gira que se marcaron como teloneros de Anthrax.
A pesar de todo, al final lo que cuentan son las canciones, la calidad del producto y ahí “Vivid” va “sobrao”. Y es que Living Colour es una banda de Hard Rock que suena a “negro” y no unos negros que tocan Hard Rock (que no es lo mismo) y es ese sonido único lo que convierte este disco en un clásico y en uno de mis favoritos de todos los tiempos.
WHAT´S YOUR FAVORITE COLOR, BABY? LIVING COLOUR!!!!!
Perico Salinas “Pears”

LOU REED “New York” (1989)
Hay discos malos, regulares, buenos e imprescindibles. “New York” pertenece, sin ningún tipo de dudas a esta última categoría. En mi humilde opinión, “New York” debe ser un disco básico en cualquier discoteca que se precie.
Le
he dado un par de vueltas a la cabeza antes de empezar a escribir. Vueltas
pensando que quizás yo no sea la persona mas adecuada para descubrirte a Mr
Reed, o pensando la manera de hacer la vivisección de esta obra de arte. Y es
que podría dedicarme a darte un montón de datos sobre Lou Reed, anécdotas o
hasta una pequeña biografía o apabullarte con los típicos-tópicos de cada
reseña del tipo “el disco consta de x canciones” o “el productor es tal
o pascual”. Podría hacerlo, es fácil, pero te estaría faltando el respeto
a ti, a mí y a cada canción de este disco. Me vale si después de leer estas
letras decides preocuparte por oírlo o si te sirve de mera recomendación.
Recomendación de unos de los discos que más veces ha sonado en mi casa desde
que me lo compré hace ya muchos años.
¿Es buen disco para adentrarse en el trabajo de este Poeta Urbano? No lo sé. Sinceramente no lo sé. Algunos podrían pensar que los clásicos “Transformer”, “Rock And Roll Animal” o “Coney Islands Baby” de los setenta, son los más representativos. Puede que algún avispado te indique su último disco, The Raven, dedicado a la obra de Edgar Allan Poe y con intervenciones de David Bowie o Willem Dafoe o incluso saldrá alguno más listo que te diga que la “Velvet Underground” es la piedra angular del rock moderno y donde vas a encontrar al Lou Reed mas rebelde. Puede ser. Todos tendrían razón. Yo me decanto por este libro de poemas musicados, recitados intensamente por Reed. Canciones que destilan tristeza, denuncia o simplemente que nos muestran a esa “otra” Nueva York que habita debajo de los rascacielos. Una obra por donde pasan las historias de personajes anónimos como Romeo Rodrigues o Pedro, Mr Waldhein, Sam o muchos otros que, pasan, pasean, sobre el mapa Neo-Yorquino que Lou Reed nos dibuja con hábil maestría en cada verso y en cada nota de este disco.
Destacar
algún tema por encima de otro es tarea difícil ya que todos siguen un mismo
patrón homogéneo manteniendo el mismo nivel de calidad. Quizás me quede,
después de 10 años de escuchas, con la fuerza de “Strawman” o el blues
vacilón de “Beginning of a great adventura”, aunque no podemos olvidarnos
de “Romeo had Juliette” o la magnifica “Dity Blvd.” Quédate con la
quieras, al fin y al cabo no lo vas a escuchar a trozos ¿no? Pues eso.
En una época llena de la épica del Hollywood más pasteloso, leer los poemas, me niego a llamarlos “letras”, de Nueva York es una buena vía de escape, o mejor dicho una ventana hacia el compromiso, hacia el no volver la vista hacia otro lado. Este Reed ya no es el trasgresor de antaño, y nunca fue un artista de panfleto, es, simplemente, una persona que nos muestra, que da fe como notario de la realidad de que no todo es color de rosa.
Ahora
si queréis volvemos a los tópicos y os cuento que es un disco intimista, de
rock con mayúsculas, donde la guitarra y sobre todo la voz dan todo en cada
nota pero prefiero no hacerlo. Prefiero que se quede aquí, a modo de aviso,
de noticia o, si lo preferís, de recomendación sincera.
Perico Salinas (Pears)

LUCIFER’S FRIEND “Lucifer’s Friend” (1970)
No
os quiero engañar pero, desde que lo tengo, tengo la sensación de que he
contemplado más la portada que veces escuchado el disco. Algo tiene que te
atrapa, no sé, esas dos caricaturas de lo que parecen Lurch y el tío Fester,
mayordomo y joputa lerdo
respectivamente, de la mítica familia Addams; esa mano de ¡seis dedos!
pintada en la pared, ese muñón ortopédico del tito Fester, un no sé qué,
qué sé yo, pero que me atrapa.
Y
entonces viene cuando introduces el CD en tu reproductor, ansioso por conocer
que hay detrás de esa cautivadora portada y, si quedaba alguna duda de que te
ibas a enganchar, se disipa al instante, tela del mejor telón.
En
teoría este es el primer disco de Lucifer’s Friend y, personalmente, el que
más me gusta de su variada discografía, y digo en teoría porque hubo un
disco anterior con la misma formación pero diferente nombre, Asterix (1970)
en el que, escuchándolo, se puede constatar que ya eran una formación sólida
y capaz, por lo que puede tomarse como el primer LP de la banda, además es
cojonudo y está considerado una rareza difícil o cara de adquirir.
Treinta y cinco años, casi na’. Todavía no estaba ni en la mente de mis padres cuando se grabó este LP. El disco lleva consigo un importante pedazo de la historia del rock ya que en sus filas cuenta con una de las grandes leyendas de éste, nuestro rockero mundo. Hablamos nada más y nada menos que de John Lawton, perdón, del genial y tremendísimo John Lawton. Mucho más conocido y afamado gracias a su carrera con Uriah Heep, aunque, bajo mi parecer y a riesgo de decir una burrada, creo que como lo hace en este disco, no volverá a cantar en su vida. Corría el año 1969 cuando Peter Hesslein (guitarra), Meter Hecht (teclado), Dieter Horns (bajo) y Joachim Reitenbach (batería), todos miembros de una anterior banda llamada German Bonds, deciden grabar un primer EP llamándose Asterix y con un tal George Monroe como vocal, con el que giran un tiempo por Alemania sin levantar ampollas y faltos de un líder a la voz. Lawton en aquel entonces era el líder y fundador de los británicos Stonewall, y creo que fue gracias a un festival en que coincidían ambas bandas cuando el poderío alemán y el inglés más refinado decidieron unir su virtuosismo y grabar el ya mentado LP de Asterix para, unos meses más tarde, en noviembre de 1970, dar a luz este álbum homónimo pasando a llamarse Lucifer’s Friend.
El nombre de esta banda y el título del disco, si no se conoce nada de ellos, puede llevar a confusión, ya que, poco tiene de satánico, aunque sí es verdad que determinados pasajes, esparcidos a lo largo de los ocho temas, tienden a lo oscuro. Podríamos decir que se dan varios picos con Lucifer pero no llegan al beso francés, aunque satánicamente hablando quizás sería más apropiado hablar del beso negro. Guarrerías a un lado, Lucifer’s Friend están considerados por la mayoría como unos grandes influenciados por Led Zeppelin y los primeros Deep Purple y, aunque es cierto, yo encuentro más similitudes con bandas germánicas contemporáneas, como Faust o Birth Control, en definitiva estaban influenciados y formaban parte de la “movida” pre-metal que empezaba a gestarse en aquellos setenta, Uriah Heep incluidos, y de forma especial.
Hablando de movidas, la que tuvieron con el primer single del LP, “Ride in the sky”. Resulta que la gran parte de la crítica americana se les echó encima acusándolos de plagio ya que encontraron sospechosas similitudes entre este e “Inmigrant Song” de los Zep, y la verdad es que las hay, sobretodo en los gritos (heavies) y riffs iniciales del tema. No sé, si copias a un copión, cien años de perdón ¿no? Las críticas provenientes de USA les harían mucho daño y fueron, en parte, las causantes del cambio de estilo y el encierro exclusivo en estudio, para sus siguientes trabajos.
Las
riendas de la banda son llevadas magistralmente, a lo largo del LP, por los enérgicos
riffs del guitarra Peter Hesslein y el órgano de Meter Hecht, de estilo muy
parecido al de Jon Lord, con la siempre presente y potente voz de Lawton y su
curioso look de “frontal despejado” y pelo a lo afro. Temas a destacar serían
todos. Por citar alguno, tenemos una zeppeliana “Keep goin’” en la que
se aprecian claramente similitudes con Robert Plant en las “maneras” de
Lawton y una base rítmica digna de las mejores composiciones de Deep Purple.
La ácida y extensa “Toxic Shadows”, con toques psicodélicos y unos solos
de guitarra por parte de Hesslein que se reciben como dardos al corazón; la
voz de Lawton en este tema presenta reminiscencias, a mi parecer, de la época
flower power, cosas mías. O la cuasi experimental “Free baby”, de corte
progresivo con abundancia de teclados y riffs heavies, en la misma onda que
“Everybody’s clown” donde vemos a un Lawton en estado de gracia. “Baby
you’re a liar” es quizás la más potente y original del LP y puede que
junto a la divertida y de largo título “In the time of a job when mammon
was a yippie” sean de las preferidas para un servidor, con Lawton rozando ya
la beatificación en esta última y para mí, la mejor interpretación de su
carrera, casi nada.
Vamos, lo encuentro casi tan necesario como el respirar. Un clásico castigado en su época por tener influencias claras y hacérselas suyas. Los siguientes trabajos de la banda tomarán otros derroteros, acercándose más al Jazz-Rock y la experimentación electrónica incluso, con los que sí acabarán por ganar el respeto de la crítica americana con álbumes como “Banquet” o “Good Time Warrior”. John Lawton, tras colaboraciones, idas y venidas, conseguiría estar en las filas de sus adorados Uriah Heep entrando el año 1977 con uno de los míticos trabajos de la banda, “Firefly”. El resto... el resto lo podéis encontrar en cualquier enciclopedia del rock digna de su propio nombre.
En
1998 sacaron una edición en CD con cinco bonus tracks, “Rock'n'Roll
Singer” del álbum de mismo título, las instrumentales “Satyr's Dance”,
“Alpenrosen” y “Horla”, esta última fue el segundo single del
“Lucifer’s Friend” pero no sé por qué motivo, al final no salió en el
LP. Y un tema del LP
“Banquet”, “Our World is a Rock’n’Roll Band”.
Muy jugoso.
Didac Bello “Crucificado”

LYNYRD
SKYNYRD “Pronounced ´leh-nerd ´skin-nerd” (1973)
Nunca olvidaré, y os aseguro que han pasado años, el impacto que supuso para mí la escucha de algo tan especial como “Free Bird” y su mágico y casi eterno punteo final. Fue tal la emoción, el shock, que ni siquiera me interesé por los tipos que cantaban aquello, sí, los de Sweet Home Alabama... yo sólo quería ponerme una y otra vez aquel solo de guitarra y dejarme llevar, dejarme llevar y volver a dejarme llevar por aquellas notas deliciosas que parecían tocadas por los mismo ángeles del cielo.
Lynyrd Skynyrd son, junto a los hermanos Allman, los máximos exponentes del rock sureño aunque su obra ha trascendido mucho más allá de cualquier etiqueta y coplas como “Sweet Home Alabama” (no hay película sobre la guerra de Vietnam que se precie que no la incluya en su banda sonora) o “Free Bird” forman parte de la cultura popular de nuestro tiempo y hoy en día han alcanzado el estatus de mito tanto como pueden haberlo hecho “Smoke On The Water”, “Highway To Hell” o la mismísima “Starway To Heaven”.
“Pronounced ´léh-nèrd ´skin-nérd” (menos mal que ya el mismo título son las instrucciones de su pronunciación), editado en 1973, es una perfecta antología de lo que debe ser el rock sureño, tocando con maestría todos los palos, desde el boggie rock o el blues hasta el hard rock más pendenciero y robusto, todos ellos tocados con una sensibilidad y un buen gusto sólo al alcance de los más grandes. Y es que la obra debut de los de Florida (no, no son de Alabama, son de Jacksonville, Florida, curiosamente el mismo sitio del que provienen Molly Hatchet) derrama sentimiento en cada una de sus notas mostrando que las cosas hechas con pasión gozan siempre de mucha más vitalidad y frescura, cosa que a la larga las canciones lo agradecen y hoy, 32 años después de su publicación, siguen tan vigentes y actuales como el primer día. Temas que van desde los tiempos rockeros como “I Ain´t The One” o “Gime Three Steps” o la blusera “Mississippi Kid” hasta las poderosas baladas como “Tuesday´s Gone” o “Simple Man” (con unos arpegios de guitarras tan básicos y simples como hermosos) todo ello desembocando en esa obra descomunal y mastodóntica de más de nueve minutos llamada “Free Bird” que es imposible que deje a nadie impasible y que hace que un disco excelente pase a la categoría de clásico imperecedero.
Para finalizar no quiero dejar pasar la oportunidad de hablar sobre algunas curiosidades de la banda. La primera que su nombre lo tomaron de un antiguo profesor de instituto llamado Leonard Skinner. La segunda, y que forma parte ya de los anales del Rock & Roll, es la guerra dialéctica, a través de la música, entre Neil Young y Lynyrd Skynyrd. Neil Young criticó en la letra de su famoso tema “Southern Man (After The Gold Rush)” la manera de pensar, conservadora e intransigente, de muchos de los habitantes del sur de los Estados Unidos. “Sweet Home Alabama” fue la respuesta de Lynyrd Skynyrd al bueno de Young. Respuesta que tuvo su réplica por parte del canadiense con el tema “Alabama” incluido en su disco Harvest. ¡Casi nada!
Hoy en día la banda sigue en activo aunque sin su carismático líder Ronnie Van Zant que desgraciadamente falleció, junto a otros miembros del grupo, en un accidente de avión tres días después de la publicación en 1977 de “Street Survivor” (donde la banda premonitoriamente aparece envuelta en llamas en la portada) dejando huérfana a una de las mejores bandas que nunca parió la historia del Rock & Roll y que nos deja como legado discos como éste que son, hoy por hoy, uno de los pilares fundamentales de la música moderna y un trabajo necesario para comprender los últimos treinta años del Rock.
Pedro Salinas “Pears”