| THE CULT Sonic Temple |
| JOE WALSH & BARNSTORM The Smoker You Drink, The Player You Get |
| PETER FRAMPTON Frampton Comes Alive! |
| GENESIS A Trick of the Tail |
| STYX Paradise Theater |
| BRUCE DICKINSON The Chemical Wedding |
| WISHBONE ASH Argus |
| RAINBOW Difficult To Cure |
| THUNDER Laughing On Judgement Day |
| ANTHRAX Sound Of White Noise |

THE CULT “Sonic Temple” (1989)
Como un peldaño más en una larga escalera, el disco que me dispongo a comentar es solamente un pequeño extracto de la rica discografía de una máquina de hacer música perfectamente engrasada llamada The Cult. Eclécticos y camaleónicos, estos ingleses son probablemente el mejor ejemplo en toda la historia del Rock de cómo conseguir una envidiable madurez musical a través de una evolución absolutamente espectacular. Y es que aunque se siguen encontrando los toques góticos y pop que tanto abundaban en sus primeros trabajos, este “Sonic Temple” representa el clímax de una banda que consiguió ir cambiando su sonido en cada disco sin perder un ápice de su identidad.
Las etiquetas siempre les fueron pequeñas a estos
gigantes, y así lo volvieron a demostrar en el año de salida del disco, nada
menos que 1989, fecha considerada por muchos como “el principio del fin”. Sin
embargo, y aunque el Hard Rock más tradicional estuviera iniciando una lenta
decadencia, este trabajo claramente enmarcado en este género consiguió destacar
por su enorme calidad y situó a la banda en el sitio que se merecía.
El sonido del grupo está profundamente arraigado en el Rock más clásico, y aunque Ian Atsbury (voz) haya renegado más de una vez de la década de los sesenta, las guitarras zeppelenianas y la voz a lo Jim Morrisson son marcas de la casa a lo largo del plástico. El sonido es excepcionalmente duro para lo que nos tenían acostumbrados, superando aquel Rock and Roll más fiestero de su anterior obra, “Electric” (1987), y los temas son mayoritariamente lentos, para lucimiento del mencionado Atsbury.
El resto de la banda lo componían Billy Duffy (guitarra), amante de los punteos psicodélicos y de los tupés engominados, Jamie Stewart (bajo, teclados), que abandonaría el grupo el año siguiente, y Mickey Curry (batería), correctísimo en todo momento. La producción corría a cargo de un joven Bob Rock, que por aquel entonces ya apuntaba maneras.
Los temas son excepcionales y nos ofrecen momentos para todo, desde la caña y frescura de “Fire Woman” o el estribillo machacón de “American Horse” -con un Atsbury pletórico-, pasando por la emotiva “Sweet Soul Sister” o la guitarra entrecortada de “Soldier Blue”... aunque “Sun King”, el tema que abre, se lleva la palma en mi opinión: después de una introducción que va “in crescendo”, oímos una guitarra que se va acelerando hasta llegar a un estribillo sencillo pero resultón. En el solo Duffy nos muestra sus capacidades, y el puente nos vuelve a evocar la introducción.
A lo largo del disco, The Cult practican una música directa, tradicional en cuanto a la estructura, sin inventar nada, sin descubrir la pólvora, pero tampoco les hace falta. Lo que les diferencia del resto de bandas es el tremendo resultado que les sale.
Jaume “MrBison”

JOE WALSH & BARNSTORM “The Smoker You Drink, The Player You Get” (1973)
La música americana siempre ha estado de moda en Europa, ya sea para catapultarla hasta lo más alto o para dejarla a la altura del betún, pero también es verdad que algunos artistas se resisten a gozar de la misma popularidad en ambos continentes. Este es el caso de Mr. Walsh y su banda, los Barnstorm, que seguramente sean unos desconocidos para más de un lector hispano. Sin embargo, si nombro a los Eagles, es posible que hasta el más despistado se vaya situando; efectivamente, el bueno de Joe fue guitarrista de una de las bandas más míticas del Rock de todos los tiempos, pero antes de eso se lanzó a una aventura en solitario que, como se verá, dio jugosos frutos.
Después de marcharse de James Gang, Walsh formó la
banda Barnstorm y editó un disco homónimo en el '72, que estaba cargado de
sentimiento pero alejado de los sonidos más rockeros y eléctricos. El año
siguiente, él y su banda (nótese su omnipresente protagonismo, ya patente en la
portada) grabaron el segundo, que iba a ser el último, ya que después se
disolvieron y Walsh continuó “en solitario”. El disco en cuestión, que es el que
nos ocupa, es tremendo de principio a fin, y no hay duda de que le sirvió como
reivindicación de buen gusto y estilo para entrar después en los Eagles.
Si se me permite, haré una comparación con la música clásica. Se dice que las óperas de Richard Wagner eran un espectáculo que ponía a prueba la paciencia del público dada su larga duración, de tal modo que solía advertirse a los oyentes que, para gozar de la ópera, en más de un caso bastaba con sus aperturas, que eran un significativo extracto de todo lo demás. Con este disco pasa más o menos lo mismo: cuando escuchas “Rocky Mountain Way” por vez primera, piensas que este plástico ya no te puede ofrecer nada más, y en parte es cierto. El tema es tan rematadamente bueno que eclipsa el resto del disco. Claro que, pasada la excitación inicial, los 35 minutos de esta obra dan para mucho más. Veamos.
Una de las cosas que suelo pedir a los discos considerados clásicos es que sean eclécticos. Esto era algo bastante usual en los '70, pero por algún motivo que escapa a mi comprensión dejó de serlo en los '80, dando como resultado que te comprabas un disco y te quedabas sin tu dosis de balada, de instrumental, de experimental, de Rock and Roll, etc. Creo que esto hay que recuperarlo, sobretodo porque hay que entender los discos como una obra compacta, autónoma, y por lo tanto tiene que haber de todo en ellos. Hacer quince temas iguales no es hacer un disco, y eso lo sabían muy bien los Barnstorm y su líder.
Esto lo digo porque “Book Ends” y “Wolf”, los temas que siguen, son el contrapunto perfecto a la caña del primer tema. Son temas lentos, con mucho feeling, que consiguen mantener la atención del público. “Midnight Moodies” es la instrumental, y señores, ¡qué instrumental! Los instrumentos son variados, cosa que siempre se agradece, aunque la canción se me hace un poco corta. “Happy Ways” es, sin duda, la canción “rara” o experimental; la mezcla de estilos es evidente y constituye una fuente de inspiración para bandas posteriores (me vienen a la cabeza los Living Colour, por ejemplo). “Meadows” recupera el tono inicial, pero añadiendo unas acústicas sublimes. “Dreams” y “Days Gone By” son otros ejemplos de genio y “savoir faire”; incluir el piano en ellas es un grandísimo acierto. El disco se cierra con “Day Dream (Prayer)”, una cancioncilla con unas segundas voces muy bonitas.
En todos los temas se nota la mano invisible del polifacético Joe Vitale (percusión, piano, flauta), que estoy seguro se merece buena parte del mérito. Y es que además de ser un todoterreno, este hombre tiene toda la pinta de ser un genio componiendo.
En resumidas palabras, un disco redondo de principio a fin y un tesoro aún por descubrir para mucha gente.
Jaume “MrBison”

PETER FRAMPTON “Frampton Comes Alive!” (1976)
La historia del Rock nos ha dejado con un buen puñado de directos que constituyen auténticas obras maestras, pero pocas han sido las veces en las que un live ha transportado a un artista hacia una fama astronómica. Porque ya te puedo adelantar que si este disco está en la sección de Clásicos no es únicamente por su calidad, sino también por tratarse de la merecida reconsagración de su autor y de un episodio histórico de nuestra música.
Si alguien merecía el reconocimiento del público más que nadie, ese era Peter Frampton; sólo hay que recordar los méritos que hizo nuestro compañero antes de editar este vinilo. Repasemos: la carrera de Frampton empezó a sus tiernos quince años, tocando en un grupo llamado Herd, y formó parte de la formación clásica de Humble Pie, cosa que le dio cierta experiencia en el arte de grabar discos en directo (escucha, si no lo has hecho ya, aquel magnífico “Performance Rockin' the Filmore” del '71 y me comprenderás). Después inició su carrera en solitario sacando un puñado de buenos discos -con invitados de la categoría de Ringo Starr-, y finalmente se comió el mercado americano con el plástico que nos ocupa, que no viene a ser nada más que una especie de “Best of” de sus anteriores trabajos (Humble Pie también va incluido en el precio), pero aliñado con una magia inconfundible.
He hablado también de episodio histórico. Me explico: aunque su éxito fue rotundo en toda Europa -recordemos que fue lanzado en España con notable aceptación, hecho remarcable si tenemos en cuenta que su anterior trabajo, “Frampton” (1975), no se editó por estos lares hasta muchos años después- y en Inglaterra, su patria, fue en América donde resultó más popular. Alcanzó el número uno en Billboard, vendió seis millones de copias y fue elegido álbum del año por la revista Rolling Stone. Además, permaneció diecisiete semanas en el número uno de las listas de éxitos, pulverizando el récord anterior de Carole King. Podríamos decir que aquel año en América no había amante del rock que se preciara que no tuviera este LP. Este hecho se debe en parte a la habilidad de Frampton de mezclar el Rock más clásico -de inequívoco carácter británico- con el estilo americano, más desenfrenado y accesible.
No hay duda de que Frampton eligió muy sabiamente permaneciendo unos años en América y ganándose simpatías ahí. La influencia americana sobre la música europea sería cada vez más potente, y como el mismo Frampton confesó después, la manera de trabajar en América le abrió nuevas perspectivas y le permitió tocar con los más grandes.
Ese sabor americano del que estoy hablando se puede apreciar en canciones como “Baby, I Love Your Way” o “All I Want to Be (Is By Your Side)”, totalmente recomendables. Otros temas a destacar pueden ser la acústica “Winds of Change”, rebosante de feeling, o la conocida “Show Me The Way”. También hay caña y Rock and Roll en estado puro, como “Something's Happening”, “It Is A Plane Shame” (mi favorita) o “(I'll Give You) Money”. Finalmente, “Do You Feel Like We Do” convierte lo que habría sido un buen disco en algo eterno. El uso de la “Talk Box” pone la guinda en el pastel.
El sonido del disco es muy limpio, con intervenciones constantes del público y del mismo Frampton. Así pues, la producción es correctísima, dando espacio al bueno de Peter para hacer lo que mejor sabe.
Es posible que más de uno encuentre la música de Frampton sencilla y facilona, poco innovadora, y que diga que este disco lo tiene hasta la portera de tu casa (siempre que tenga más de cuarenta años, claro), pero eso no quita que se trate de uno de los más grandes. Por su valor histórico, imprescindible.
Jaume “MrBison”

GENESIS “A Trick of
the Tail” (1976)
¿Qué es un clásico? La definición no es sencilla, y existen varios parámetros
para medir si una obra de arte es clásica o no. La influencia que ejerce en las
generaciones posteriores, su originalidad, su excelencia o su permanencia
durante el paso de los años son cualidades intrínsecas de una obra clásica. Sin
embargo, también deberían ser considerados como clásicos aquellos trabajos
rompedores, controvertidos, malditos, que crean polémica y que nos anuncian,
como la vieja canción, que “the times they are a-changing”. Este disco es uno de
ellos.
Genesis consiguieron destacar en un panorama musical y cultural riquísimo como podía ser la Inglaterra de finales de los '60, en constante ebullición y exploración de nuevas perspectivas. Después de unos inicios dudosos por lo que se refiere a su estabilidad como formación y al discreto éxito de su primer disco, consiguieron alzarse, con trabajos totalmente recomendables como “Foxtrot” (1972) o “Selling England by the Pound” (1973) -reseñado con maestría por estos lares-, como el paradigma del Rock teatralizado, progresivo e intelectual junto con otros compañeros ingleses. Los exóticos disfraces de su frontman, el inconmensurable Peter Gabriel, así como sus actuaciones en las que mezclaba partes narradas (con un toque de inconfundible humor inglés) con las canciones en sí, fueron las principales señas de identidad de la banda durante su primera etapa.
Después de la gira de su excéntrico “The Lamb Lies Down on Broadway” (1974), Gabriel decide abandonar el grupo y seguir su camino en solitario. Phil Collins, por entonces batería y futuro rey de las FM's, decide ponerle voz a la banda y llamar a un viejo amigo, Bill Bruford (Yes, King Crimson) para que se ocupe de la percusión durante la gira del disco -aunque las malas lenguas dicen que nunca se entendieron-, ya que en estudio Collins seguía siendo también el batería. El resto del grupo lo componían Steve Hackett (guitarra), Tony Banks (teclado) y Mike Rutherford (bajo). Sin más demora, deciden grabar un auténtico discazo de Rock, aunque con algunos detalles que ya apuntan en la dirección que finalmente tomaría la banda.
Lo que salió de los Trident Studios aquel Febrero del '76 es puro Genesis, señores, y quizás sea eso lo que más les duela a algunos seguidores acérrimos de Gabriel. La voz de Collins encaja perfectamente en el nuevo engranaje, que recoge la tradición inaugurada con su anterior trabajo de componer temas cortos, y que conserva las señas de identidad propias del grupo (los diálogos teatralizados de “Robbery, Assault And Battery”, la desestructuración de “Dance On A Volcano”, etc.). La voz de Collins y el teclado-barra-sintetizador-barra-mellotron (¡y qué mellotron!) de Banks se llevan el protagonismo, pero cualquier melómano atento puede apreciar el buen trabajo de percusión o unas segundas voces realmente logradas.
Todos los temas mantienen el nivel, pero yo destacaría “Ripples...”, cargada de sentimiento, y la beatleniana “A Trick Of The Tail” como las joyas del disco. “Los Endos”, el tema que cierra, es una instrumental con reminiscencias de “Supper's Ready”, una de las canciones estrella de la era Gabriel.
Las comparaciones son odiosas, y es que Collins & Co. después de la partida de Hackett, el guitarrista, tomarían una ruta que decepcionó a más de un seguidor. Pero si miramos el track-list de las giras correspondientes a los primeros discos sin Gabriel, vemos en seguida como se hizo un esfuerzo para compaginar todo tipo de temas y de suavizar la transición. Que al final todo esto no sirviera de mucho no debe hacernos menospreciar este disco (y menos aun el siguiente, “Wind & Wuthering”, otra delicia).
Jaume “MrBison”

STYX “Paradise Theater” (1981)
En los inicios de la década de los ’80, Styx ya era una banda grande en Estados Unidos. Con 9 discos a sus espaldas en sus 10 años de trayectoria, ya habían conseguido el éxito en las poderosas FMs yankees gracias a discos como “The Grand Illusion” (1977), “Pieces Of Eight” (1978) o “Comerstone” (1979), que incluían temas que llegaron a ser superventas, como la propia “Pieces Of Eight”, “Borrowed Time”, “Boat On The River” y, sobre todo, la balada algo empalagosa “Babe”, que les garantizó una presencia constante en las emisoras de radio de aquel país durante años, y que acompañó al impetuoso nacimiento de la primera gran cadena de televisión dedicada a la música: La MTV.
Envalentonados por el espaldarazo que da el éxito, a comienzos de 1981 la banda se lanza a la grabación de su obra más ambiciosa: Un disco conceptual que gira en torno al “Paradise Theater” de Chicago, desde su inauguración hasta su declive y cierre, algo que se mostraba brillantemente en la portada y contraportada del disco, mostrando respectivamente el glamuroso momento de la inauguración y una imagen de la misma fachada, ya con el teatro en estado de olvido y total abandono.
Esta historia que
se considera una metáfora de la sociedad estadounidense, en una época en que la
guerra fría llevó al país, gobernado entonces por el presidente Ronald Reagan, a
un creciente desánimo en la población.
La banda estaba en su mejor momento, formada por Dennis De Young (teclado y voz), Chuck Panozzo (bajo), John Panozzo (batería), Tommy Shaw (guitarra y voz) y James Young (guitarra y voz). La calidad de las voces, sabiamente combinadas tanto en los coros como la alternancia de Dennis de Young, Tommy Shaw y James Young como voces solistas, más la pulcritud en la instrumentación les hacía ser el grupo óptimo para llegar al que masivamente escuchaba las emisoras comerciales, además de mostrar detalles que enardecían al público rockero, sobre todo por la aportación de la guitarra de Tommy Shaw.
El disco comienza con una introducción o prólogo llamado “A.D. 1928”, a modo de presentación inaugural del teatro, que pronto da paso a “Rockin’ The Paradise”, escrito por Dennis De Young, uno de los temas estrella del disco, que en su día llegó al número 1 de las listas, siendo uno de los temas más enérgicos del disco. Sigue con “Too Much Time On My Hands”, el tema más exitoso de los compuestos por Tommy Shaw, aunque para mi gusto no llega a la calidad del siguiente, “Nothing Ever Goes As Planned”.
“The Best Of Times” es una gran balada y es otro
de los referentes del disco. Con exactamente el mismo comienzo del prólogo “A.D.
1928”, esta vez no desemboca en un tema rápido, sino que mantiene su desarrollo
melódico hasta el final, con buenos coros que le dan la intensidad precisa.
“Lonely People” es uno de los temas más teatrales del disco, encajando muy bien
en el concepto de esta obra. Adornado por una brillante sección de viento y dos
buenos solos de guitarra de James Young y Tommy Shaw.
“She Cares” es una de las canciones más AOR del disco, con una melodía agradable y cantada de forma impecable por Shaw, que le hace idónea para las emisoras de radio comerciales.
El final del disco nos muestra la parte más
rockera de este trabajo. “Snowblind” es un blues intenso, cantado a dúo por
James Young y Tommy Shaw, que creó polémica en su día por su texto, que hablaba
de una adicción a las drogas, lo que les supuso un enfrentamiento por el
entonces influyente PMRC. Pero sin duda lo mejor del tema es el brillante solo
de guitarra de James Young, abriéndose paso con furia llegado su momento.
“Half-Penny, Two-Penny” tiene el riff más rockero de todo el disco. Sobre él se
construye el tema más duro del disco, en el que destaca la parte central, en el
que se va creando el ambiente propicio para otro solo incendiario de Tommy Shaw.
Este tema se funde en su final con el epílogo del disco, “A.D. 1958”, en el que
retomando la música ya mostrada en el prólogo y la balada “The Best Of Time”, es
el epitafio para el Teatro Paradise, y así mismo de este disco.
Una breve música de organillo llamada “State Street Sadie” nos despide dejándonos la grata sensación de haber participado, junto con el disco, en una historia muy bien contada de forma musical.
“Paradise Theater” obtuvo gran repercusión nada más salir, llegando a conseguir el triple platino, algo que ya habían logrado con sus tres trabajos anteriores.
El evidente éxito de este trabajo trajo que en el siguiente repitieran fórmula. Pero aunque tenía grandes temas como “Mr. Robot”, aquel “Kilroy Was Here” (1983), también conceptual, no llegó a las cotas de popularidad de “Paradise Theatre”. Tras la posterior gira, la banda editó el directo “Caught In The Act”, tras la cual se disolvió”.
En 1990 hubo una primera reunión, en la que no participó Tommy Shaw por encontrarse enrolado en Damn Yankees, junto a Ted Nugent, Jack Blades y Michael Cartellone. Sin Shaw, esta reunión duró poco. En 1996, y animados por la buena aceptación de un “Greatest Hits”, la banda al completo volvió a reunirse, esta vez con Shaw. Sin embargo, ese mismo año John Panozzo falleció de sida, aunque en principio se habló de problemas fatales con el alcohol. Al año siguiente se editó un curioso “Return to Paradise”, con algunos temas que sonaron en ciertos programas de televisión como South Park. Desde entonces hasta nuestros días, la actividad del grupo es intermitente, con algunos discos y conciertos salpicando estos últimos años.
Por motivos que desconozco, STYX nunca causó en España el mismo impacto que otras bandas de su estilo como Boston, Foreigner o Reo Speedwagon. Si eres de los que disfruta con el AOR y te gustan este tipo de bandas, no dejes pasar de largo a STYX. Y “Paradise Theater” es, para mi, su mejor obra.

BRUCE DICKINSON “The Chemical Wedding” (1998)
Tras abandonar Iron Maiden en 1993, Bruce Dickinson emprendió un camino de exploración musical que, si bien no le reportó el éxito comercial, sí que sirvió para que vieran la luz dos discos arriesgados, infravalorados y muy recomendables (“Balls to Picasso” y “Skunkworks”; este último también lo puedes encontrar en la sección de Clásicos), con varias canciones memorables (por ejemplo “Tears Of The Dragon” o “Strange Death In Paradise”). Sin embargo, la incomprensión generalizada hizo que el británico estuviera a punto de dejar el mundo de la música y sólo la llamada de Roy Z (guitarrista de Tribe of Gypsies, la banda con la que grabó “Balls to Picasso”) con unas maquetas le convenció para que no lo hiciera. Así, junto a la Tribe of Gypsies, y con la colaboración de Adrian Smith, editó en 1997 “Accident of birth”, notable trabajo de metal clásico. La buena acogida del disco espoleó a Dickinson para dar forma con la misma banda a su obra en solitario más ambiciosa, “The chemical wedding”.
La idea inicial de Dickinson consistía en realizar un trabajo conceptual sobre la alquimia, pero el bloqueo creativo le llevó a buscar la inspiración en una biblioteca pública en la rica obra poética de William Blake (1757-1827), artista inglés maldito. Así, las letras del disco mezclan conceptos alquímicos (la boda química) y esotéricos (las referencias al tarot en “The Tower”) con el particular mundo y la mitología de Blake. De hecho, la obra de Blake impregna todo el trabajo, desde los pasajes de su poesía recitados por Arthur Brown entre varios temas hasta las réplicas de sus fascinantes obras pictóricas que adornan la portada y el precioso libreto del CD, y que Dickinson sólo pudo emplear tras conseguir el permiso de la William Blake Society una vez que analizaron las letras del disco.
Musicalmente el disco es brutal (temas como el “King In Crimson”, que abre el disco, o “Killing
Floor”, single de adelanto, lo
demuestran), con un sonido de guitarras muy grueso gracias al uso de distintas
afinaciones (y cuerdas de bajo en alguna guitarra, bautizada como la guitarra
molosiana en honor a los enormes perros de esta raza). Además, la producción y
arreglos de Roy Z consiguen que el disco suene clásico y moderno a la vez.
“Chemical Wedding” es el tema más experimental del trabajo (no hubiera desentonado en “Skunkworks”) y cuenta con un fascinante estribillo, mientras que en “The Tower” sobresale especialmente el trabajo de guitarras, con preciosas armonías a cargo de Roy Z y Adrian Smith. “Book Of Thel” es un tema épico que sirve a Dickinson como plataforma para exhibirse vocalmente y reinterpretar de paso la filosofía divina del “Libro de Thel” de Blake. Tras él nos encontramos con “Gates Of Urizen”, un notable medio tiempo en el que vuelve a quedar patente la influencia de la obra de Blake (para quien Urizen representaba la Razón), aún más evidente en la mágica adaptación de su poema “Jerusalem” en forma de memorable canción que funde el folk más tradicional con el Heavy Metal clásico. Tras estos dos canciones algo más tranquilas, la recta final del disco vuelve a presentar dos temas muy contundentes, “Trumpets Of Jericho” y “Machine Men” en los que el brutal sonido de guitarras antes mencionado es más patente. Para cerrar el disco Dickinson reservó “The Alchemist”, una auténtica joya en la que se funden diversos pasajes musicales y en la que el estribillo de “Chemical Wedding” (“And so we lay, we lay in the same grave, our chemical wedding day”...) se repite a modo coda poniendo el broche de oro a un trabajo fascinante.
Desde aquí reivindicamos “The Chemical Wedding” como uno de los mejores discos de Bruce Dickinson, clásicos de Iron Maiden incluidos. Si en su día no prestaste la debida atención a la más que interesante trayectoria en solitario de una de las voces fundamentales de la historia del rock, este disco es la mejor manera de comenzar a explorarla.
Dani “GhostofCain”

WISHBONE ASH “Argus” (1972)
Cuando Wishbone Ash entraron a grabar lo que terminaría siendo “Argus” en los estudios De Lane Lea de Londres en enero de 1972 supongo que no se imaginaban que iban a dar forma a un trabajo memorable. Por las razones que fuera, Martin Turner (bajo y voz), Andy Powell (guitarra y voz), Ted Turner (guitarra y voz) y Steve Upton (batería), con la producción de Derek Lawrence y un joven Martin Birch como ingeniero de sonido, consiguieron encontrar ese algo intangible que separa un buen disco de un clásico imperecedero y plasmarlo en un disco muy influyente e imprescindible (Asfalto o Iron Maiden, por poner tan sólo dos ejemplos, son bandas en las que la influencia de Wishbone Ash es bien apreciable).
Desde la introducción acústica del primer corte de la cara A, “Time Was”, hasta el emotivo solo de guitarra que cierra el último tema de la cara B, “Throw Down The Sword”, “Argus” es una mezcla perfecta de folk, rock progresivo y hard rock setentero destilada en 7 canciones mágicas. Resulta muy complicado destacar algún tema por encima de los demás, pero quizá “Sometime World” y el final del disco con “Warrior” y ´Throw Down The Sword” sean los más brillantes. De todos modos, el impresionante trabajo con las dos guitarras dobladas (ellos fueron los pioneros del estilo) y unas preciosas melodías vocales a varias voces (sólo la folk “Leaf And Stream” está cantada por un solo cantante, Martin Turner), unidas a unos inspiradísimos temas, dan forma a un clásico que 4 décadas después sigue sonando igual de fresco que cuando se editó en abril de 1972 con una enigmática portada de Hipgnosis.
Tras el éxito de “Argus” Wishbone Ash se convirtió en una de las bandas más populares de la década de los 70, aunque su estrella se fue apagando con la llegada del punk y otras tendencias musicales. La separación poco amistosa de la formación clásica dio paso a diferentes encarnaciones de Wishbone Ash, que han seguido en activo con mayor o menor éxito y con Andy Powell como único miembro original. Recientemente Martin Turner ha reaparecido para disfrutar de su parte del pastel con Martin Turner´s Wishbone Ash, banda con la que interpreta el material clásico del grupo.
En 2007 “Argus” fue reeditado en edición de lujo, con versiones en vivo de la gran mayor parte de los temas del disco registradas para la BBC en 1972, así como con tomas en directo del EP promocional “Live from Memphis”. Si aún no tienes este trabajo en tu discoteca, esta edición te ofrece una buena oportunidad de completarla con un auténtico clásico.
Dani “GhostofCain”

RAINBOW “Difficult To Cure” (1981)
A finales de los ’70 la situación de Rainbow se encontraba en un momento difícil. Tras haber tenido una época gloriosa con Ronnie James Dio, la salida del menudo cantante neoyorkino había dejado tocado al grupo. Su sustitución por el australiano Graham Bonnet había dejado una sensación agridulce, ya que si bien el disco resultante había sido brillante (“Down To Earth” – 1979), la vida en la carretera se había tornado insostenible, ya que Bonnet alternaba grandes actuaciones con algunos shows decepcionantes y, sobre todo, chocaba frontalmente con el siempre difícil carácter de Richie Blackmore. Por si fuera poco, el gran batería Cozy Powell decide abandonar la banda, animado por el éxito de su disco en solitario “Over The Top” (1979).
Puestas así las cosas, Richie Blackmore decide dar un vuelco a su grupo. Apoyándose en su viejo compañero Roger Glover, rearma la banda con un objetivo claro, el mercado americano, donde la banda nunca había tenido una presencia importante. Para ello buscan comercializar su sonido, convertirse en un grupo más asequible que pueda sonar sin problemas en las FM yankees.
Para ello lo primero
que tienen que hacer es reclutar músicos que puedan llevar a cabo esta nueva
idea de lo que será Rainbow. En los teclados se mantendría el reputado Don
Airey, y los nuevos fichajes serían dos jóvenes desconocidos a los que se
les presenta la oportunidad de su vida. El crucial puesto de vocalista recae
en un joven Joe Lynn Turner, hasta entonces en un grupo desconocido llamado
Fandango. Su timbre de voz, similar a Lou Gramm, convence a Richie Blackmore
al estar éste obsesionado en grupos como Foreigner, el camino a conquistar
los USA. Unas extensas audiciones hacen que el puesto de batería recaiga
sobre Bobby Rondinelli, quien hace gala de una buena técnica y un gran
dominio del instrumento, en especial el doble bombo, que utilizará con
destreza en el futuro.
Con estas jóvenes incorporaciones, el único problema recae en que la mayoría de los temas ya están escritos pensando en la voz de Graham Bonnet. Sin embargo, Joe Lynn Turner acepta el reto y echa el resto para cumplir con sobresaliente las exigentes composiciones de Richie Blackmore.
El disco tiene una marcada tendencia AOR, fruto de la mencionada voluntad de hacerse un hueco en América, y esta disposición queda reflejada desde el inicio del disco, con “I Surrender”, una versión de Russ Ballard, conocido compositor del estilo. El tema es un verdadero éxito en todo el mundo, dando la razón a Richie Blackmore y Roger Glover en su elección. Otra versión en la misma línea es “Magic”, de Brian Moran, aunque ésta no logra asentarse en el repertorio de Rainbow con la misma fuerza.
El disco contiene grandes temas que han quedado para la historia de la banda. “Spotlight Kid” y “Can’t Happen Here” son dos trallazos trepidantes, en la línea de los temas más enérgicos de la historia de la banda, aprovechando las virtudes de Bobby Rondinelli con el doble bombo. En ellos, no sólo Rondinelli destaca, sino que Joe Lynn Turner demuestra la versatilidad de su voz. Y sobre todos ellos, como no podía ser de otra forma, Richie Blackmore. Las Intros muy inspiradas, riffs llenos de calidad y los solos en los que demuestra su personalidad, le hacen mostrar al mundo que sigue siendo el número 1.
Otro gran tema es “No
Release”, donde combinan esta energía con una parte Godspell que sorprende
(y agrada) a sus seguidores, y donde Joe Lynn Turner demuestra, como en todo
el disco, que ha conseguido cumplir con nota la difícil responsabilidad que
le habían asignado.
Si dejamos a un lado a “Freedom Fighter” y “Midtown Tunnel Vision”, que podríamos considerarlos como temas de relleno (aunque siembre habrá fans de la banda que no estén de acuerdo), el disco es variado y muy atractivo. En él destacan sobremanera los dos temas instrumentales que cerraban cada cara del vinilo original. En aquella primera copia, el dulce tema instrumental que cerraba la cara A se llamó “Vielleicht Das Nachster Zeit”, nombre alemán provocado por la residencia de Richie Blackmore en Hamburgo. Este nombre es una mala traducción, una errata lingüística, que fue corregida en la posterior edición en CD, quedando como “Vielleicht Das Nächste Mal (Maybe The Next Time)”.
El tema que cerraba el disco ha quedado como uno de los más míticos de la historia de Rainbow. Utilizando la misma idea que empleó nuestro Miguel Ríos 10 años antes, Richie Blackmore adaptó al Hard Rock el último movimiento de la 9ª Sinfonía de Beethoven, dando así rienda suelta a su gusto nunca oculto sobre la música clásica. El tema, llamado “Difficult To Cure” como el disco, permaneció ya para siempre en el repertorio en directo tanto de Rainbow como en la futura reunión de Deep Purple, hasta que Richie Blackmore volvió a abandonar la banda.
“Difficult To Cure” abrió, por lo tanto, la tercera etapa de Rainbow. Alejada de la etapa de Graham Bonnet y a años luz de lo que fue la banda con Ronnie James Dio, esta versión “Rainbow 3.0”, más comercial y elegante, consiguió su propósito de conquistar el mercado americano con el siguiente disco, “Straight Between The Eyes”, y aún hubo un tercer trabajo “Bent Out Of Shape”, que pasó más desapercibido al desembocar en la esperada reunión de Deep Purple.
Además de la grandeza del propio disco, “Difficult To Cure” sirvió de trampolín a Joe Lynn Turner y Bobby Rondinelli, quienes ya nunca volvieron al anonimato, gozando de un prestigio que se mantiene hasta nuestros días.
Un disco, en definitiva, imprescindible en la colección de cualquier amante del Hard Rock.

THUNDER “Laughing On Judgement Day” (1992)
¿Qué puedo decir ante uno de los mejores discos de Hard Rock de los años 90´, género tan castigado en esa época?, muy fácil, que es una obra maestra.
Si nos remontamos unos pocos años atrás, Thunder es una banda cuyo embrión está en el pop estilo Spandau Ballet o Duran Duran que practicaban los “alma mater” de la banda británica, Luke Morley y Danny Bowes con sus Terraplane. Afortunadamente, con su primer disco “Backstreet Symphony” (1989) , encaminaron su sonido hacia algo más “Hard Rockero” y crearon un cacho de banda que lamentablemente, parece ser que ha llegado a su fin en nuestros días ya que han decidido separarse.
Después de su exitosa
apertura de Donington 90´ y ya un poco más alejados de la influencia de Andy
Taylor, sacan esta joya que no hay donde cogerla, me dejaré algún tema pero
trataré de ser lo más global posible, sobre todo para los que no hayáis aún
disfrutado de este 2º disco de los “truenos”:
“Does It Feel Like Love?” abre con la voz de Bowes, todo un heredero de Paul Rodgers, liderando. “Everybody Wants Her” continúa la estela festiva de su antecesor trabajo, imprescindible en vivo. “Low Life In High Places” nos presenta a unos Thunder más serios con esa introducción acústica “made in Morley” que será seña de identidad. Como curiosidad, comentar que fue el primer tema que oí de ellos en la época y que me obligó a comprar inmediatamente el disco. Impagable el trabajo de Ben Mathews a la guitarra y teclados.
El tema título es una delicia hard rockera, (me lo estoy bebiendo junto con una Mahou clásica ahora mismo mientras escribo). Vuelta al feeling con “Empty City” con ese principio que podía firmar Bad Company sin problemas. Otro inicio característico de acústica “Morleyera” para “Today The World Stopped Turning”, en la onda de “Low life..” Un poquito de Hammond con “Long Way From Home” nos hace oler a las malas compañías de nuevo hasta que las guitarras hacen su aparición.
La
segunda cara del vinilo comienza con un temazo como “Fire To Ice” y “Feeding
The Flame”, en mi opinión uno de los más flojos siendo una cacho tema.
“Better Man” es la joya del disco, armónica, voz inigualable, acústica y
feeling, ¡grande Bowes coño! “Moment Of Truth” baja un pelín el nivel con
esos ritmos funk que se repetirán en los siguientes trabajos de la banda,
pero un estribillo delicioso. “Flawed To Perfection” tiene un rollete popero,
quizá heredado de Terraplane pero que en vivo funciona, como pude comprobar
la primera vez que los vi en directo en la sala Canciller de Madrid, en
1993. “Like A Satellite” y “Baby I´ll Be Gone” cierran con un poquito de
menos calidad un trabajo notable que ayudó a que el Hard no muriera en la
época de las camisas de leñador.
La dos veces que he tenido la oportunidad de
hablar con la banda, primero en una entrevista para Kerrang! y en la última
vez que vinieron a Madrid, me han demostrado que son tíos cojonudos (aparte
nos mandaron un saludo para mi web
Circulo Rock que podéis oír en cualquiera
de nuestros programas). La pena es que lo dejen. Por cierto una de las cosas
que les pregunté es cuanta pasta pagaron a AC/DC para que les hiciesen
publicidad en cada concierto de los Australianos con aquello de..
“Thunder...aaaaa.. Thunder” ;-)
Edurocks

ANTHRAX “Sound Of White Noise” (1993)
En 1993 Anthrax estaba más que integrado entre los grandes del Thrash Metal, una etiqueta que comenzaba a verse superada. Pero el grupo de Nueva York acababa de sufrir la baja de su distintivo vocalista, Joey Belladona. El elegido era un tipo al que se le conocía por su trabajo en Armored Saint, John Bush, un hombre al que se le adivinaba un gran futuro.
Anthrax
se metió en estudios junto a Dave Jerden (muy reciente tenía el gran “Dirt”
de Alice In Chains) y preparo este “Sonido del ruido blanco”. No hay aquí ni
un solo de guitarra memorable (en realidad no es el punto fuerte de esta
banda), pero si decenas de riffs portentosos, contundentes, que llenan los
bafles.
Una muralla de acero que no deja aliento, si exceptuamos “Black Lodge”, lo más suave que puede producir un Anthrax con ganas de guerra.
Bush aporta las melodías del Heavy Metal tradicional, y Scott Ian y los suyos se dedican a levantar ese muro infranqueable de sonido metálico. Quedan algunos destellos de la anterior fase de Anthrax, pero no hay atisbo de Rap o Hip-Hop. Probablemente porque Bush tiene unas condiciones muy distintas al “indio” Belladona. Magnifico el single “Only”, definitorio del nuevo rumbo. Sin embargo, el total del “sonido blanco” tiene muchas paradas donde disfrutar: “Room For One More”, “1000 Points Of Hate” o “This Is Not An Exit” son tres ejemplos de ello.
Pasada década y un lustro de la publicación de “Sound Of White Noise”, el disco conserva plenamente su vigencia, lo cual es su mayor mérito, sin duda. Se escucha de un tirón y se agradece el tremendo empuje de los norteamericanos. El futuro siguió deparando trabajos acertados de Anthrax/Bush, hasta que les dio por reconciliarse con Belladona. Cuando llamaron de nuevo a Bush para continuar la trayectoria, el vocalista, despechado, prefirió quedarse en su grupo de origen, Armored Saint, que desde aquí también recomendamos.
Pedro Giner
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