THUNDER Laughing On Judgement Day
  ANTHRAX Sound Of White Noise
  ACCEPT Restless & Wild
  ALICE COOPER Love It To Death
  BARRICADA Balas blancas
  BARÓN ROJO Larga vida al Rock and Roll
  BLACK SABBATH Headless Cross
  BRIAN MAY BAND Live at the Brixton Academy
  38 SPECIAL Tour De Force

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THUNDER “Laughing On Judgement Day” (1992)

¿Qué puedo decir ante uno de los mejores discos de Hard Rock de los años 90´, género tan castigado en esa época?, muy fácil, que es una obra maestra.

Si nos remontamos unos pocos años atrás, Thunder es una banda cuyo embrión está en el pop estilo Spandau Ballet o Duran Duran que practicaban los “alma mater” de la banda británica, Luke Morley y Danny Bowes con sus Terraplane. Afortunadamente, con su primer disco “Backstreet Symphony” (1989) , encaminaron su sonido hacia algo más “Hard Rockero” y crearon un cacho de banda que lamentablemente, parece ser que ha llegado a su fin en nuestros días ya que han decidido separarse.

Después de su exitosa apertura de Donington 90´ y ya un poco más alejados de la influencia de Andy Taylor, sacan esta joya que no hay donde cogerla, me dejaré algún tema pero trataré de ser lo más global posible, sobre todo para los que no hayáis aún disfrutado de este 2º disco de los “truenos”:

“Does It Feel Like Love?” abre con la voz de Bowes, todo un heredero de Paul Rodgers, liderando. “Everybody Wants Her” continúa la estela festiva de su antecesor trabajo, imprescindible en vivo. “Low Life In High Places” nos presenta a unos Thunder más serios con esa introducción acústica “made in Morley” que será seña de identidad. Como curiosidad, comentar que fue el primer tema que oí de ellos en la época y que me obligó a comprar inmediatamente el disco. Impagable el trabajo de Ben Mathews a la guitarra y teclados.

El tema título es una delicia hard rockera, (me lo estoy bebiendo junto con una Mahou clásica ahora mismo mientras escribo). Vuelta al feeling con “Empty City” con ese principio que podía firmar Bad Company sin problemas. Otro inicio característico de acústica “Morleyera” para “Today The World Stopped Turning”, en la onda de “Low life..” Un poquito de Hammond con “Long Way From Home” nos hace oler a las malas compañías de nuevo hasta que las guitarras hacen su aparición.

La segunda cara del vinilo comienza con un temazo como “Fire To Ice” y “Feeding The Flame”, en mi opinión uno de los más flojos siendo una cacho tema. “Better Man” es la joya del disco, armónica, voz inigualable, acústica y feeling, ¡grande Bowes coño! “Moment Of Truth” baja un pelín el nivel con esos ritmos funk que se repetirán en los siguientes trabajos de la banda, pero un estribillo delicioso. “Flawed To Perfection” tiene un rollete popero, quizá heredado de Terraplane pero que en vivo funciona, como pude comprobar la primera vez que los vi en directo en la sala Canciller de Madrid, en 1993. “Like A Satellite” y “Baby I´ll Be Gone” cierran con un poquito de menos calidad un trabajo notable que ayudó a que el Hard no muriera en la época de las camisas de leñador.

La dos veces que he tenido la oportunidad de hablar con la banda, primero en una entrevista para Kerrang! y en la última vez que vinieron a Madrid, me han demostrado que son tíos cojonudos (aparte nos mandaron un saludo para mi web Circulo Rock que podéis oír en cualquiera de nuestros programas). La pena es que lo dejen. Por cierto una de las cosas que les pregunté es cuanta pasta pagaron a AC/DC para que les hiciesen publicidad en cada concierto de los Australianos con aquello de.. “Thunder...aaaaa.. Thunder” ;-)

Edurocks


 

ANTHRAX “Sound Of White Noise” (1993)

En 1993 Anthrax estaba más que integrado entre los grandes del Thrash Metal, una etiqueta que comenzaba a verse superada. Pero el grupo de Nueva York acababa de sufrir la baja de su distintivo vocalista, Joey Belladona. El elegido era un tipo al que se le conocía por su trabajo en Armored Saint, John Bush, un hombre al que se le adivinaba un gran futuro.

Anthrax se metió en estudios junto a Dave Jerden (muy reciente tenía el gran “Dirt” de Alice In Chains) y preparo este “Sonido del ruido blanco”. No hay aquí ni un solo de guitarra memorable (en realidad no es el punto fuerte de esta banda), pero si decenas de riffs portentosos, contundentes, que llenan los bafles.

Una muralla de acero que no deja aliento, si exceptuamos “Black Lodge”, lo más suave que puede producir un Anthrax con ganas de guerra.

Bush aporta las melodías del Heavy Metal tradicional, y Scott Ian y los suyos se dedican a levantar ese muro infranqueable de sonido metálico. Quedan algunos destellos de la anterior fase de Anthrax, pero no hay atisbo de Rap o Hip-Hop. Probablemente porque Bush tiene unas condiciones muy distintas al “indio” Belladona. Magnifico el single “Only”, definitorio del nuevo rumbo. Sin embargo, el total del “sonido blanco” tiene muchas paradas donde disfrutar: “Room For One More”, “1000 Points Of Hate” o “This Is Not An Exit” son tres ejemplos de ello.

Pasada década y un lustro de la publicación de “Sound Of White Noise”, el disco conserva plenamente su vigencia, lo cual es su mayor mérito, sin duda. Se escucha de un tirón y se agradece el tremendo empuje de los norteamericanos. El futuro siguió deparando trabajos acertados de Anthrax/Bush, hasta que les dio por reconciliarse con Belladona. Cuando llamaron de nuevo a Bush para continuar la trayectoria, el vocalista, despechado, prefirió quedarse en su grupo de origen, Armored Saint, que desde aquí también recomendamos.

Pedro Giner


 

ACCEPT “Restless & Wild” (1982)

1982-83: el Heavy Metal domina el panorama musical en Europa, Estados Unidos y Japón. Una banda alemana ha publicado ya tres álbumes, y se ha hecho con un nombre en su país. Pero Accept tiene aún que crecer en el continente europeo y se empeña en ello con la publicación de “Restless & Wild”.

En ese momento Accept es un quinteto constituido por Udo Dirkschneider a las voces, Wolf Hoffman y Herman Frank a las guitarras, Peter Baltes al bajo y Stefan Kaufmann a la batería. Grabado en su ciudad natal de Colonia, el elepé ofrece eso que ahora llamamos clásico Heavy Metal. Base rítmica de máxima potencia, riffs avasalladores y un vocalista que grita y grita sin parar. Un inicio aplastante, ese popularísimo “Fast As A Shark”, vertiginoso y también retomado por nuestro Muro poco después. Metal pesado y a la vez veloz el que corre por todos los surcos y que va a parar al final en “Princess Of The Dawn”, magnifico medio tiempo metálico.

Producía el propio grupo en los estudios de Dieter Dierks, hombre clave en el Rock Duro germano de los dorados ochenta. Un resultado magnifico: potente Heavy Metal que reclama su hueco en el panorama europeo. Fueron invitado especial de un Judas Priest pletórico en el tour de “Screaming For Vengeance”. Accept sentó las bases de su triunfo continental con el siguiente trabajo, el también aclamado “Balls To The Wall”. La maquinaria siguió funcionando a todo correr con “Metal Heart”, el quinteto conquisto también Japón, aunque no pudo con el mercado norteamericano.

Udo parecía estar pensando en otros horizontes, y de hecho no tardó (1987) en apartarse de sus compañeros. Sus ex hicieron una renovación que no fue a ningún sitio y hubo desbandada general en 1990.

Lo demás, sin sorpresas: la banda se reúne temporalmente para tres discos y varias giras, apariciones en festivales europeos, y un sostenido status de “grande” semirretirado. Mientras, UDO mantiene viva la llama con su presencia constante y esas canciones que siguen la línea marcada por el Accept clásico.

Pedro Giner


 

ALICE COOPER “Love It To Death” (1971)

En la fecha en que escribimos esto (4 de febrero), Alice Cooper se encuentra celebrando su aniversario número 61. Mejor dicho, quien cumple esa cifra es Vicent Furnier, el cristiano y moderadamente republicano que aprovecha ratos libres para jugar al golf.

Para quien no conozca la extensa historia de Alice Cooper, es necesario separar dos etapas. La primera es la del Alice Cooper Group, quinteto nacido en Phoenix (Arizona) que se convertiría en uno de los grandes puntales del Shock-Rock, el espectáculo trasladado al genero rockero. Luego el vocalista tomó para sí el nombre genérico, al parecer aprovechando un parón que la banda se había tomado en 1974. A partir de ahí, Alice/Vicent es una dualidad que corre por los escenarios incluso en la actualidad. Y con buena salud, según parece.

Para centrarnos en el disco, diremos que “Love It To Death” fue el tercer álbum del Alice Cooper Group, y primero de éxito en 1971. Antes, el combo publicó un par de discos más o menos formativos que registró para el sello del visionario Frank Zappa. Bajo el mando de Jack Richardson y, especialmente, de Bob Ezrin, “Love It To Death” provocó el primer single destacado, “I´m Eighteen”, todavía incluido en el repertorio en vivo del actual Alice Cooper. Ese puesto estelar también podía haber sido ocupado por “Hallowed By The Name” (del batería Neal Smith), corta tonada con estribillo a resaltar.

En la labor de composición, destaca el guitarrista Michael Bruce, que parecía ser el principal cerebro de la formación. No obstante, había un razonable equilibrio en cuanto a la firma de canciones. Así, el bajista Dennis Dunaway escribía la radical “Black Juju”, un trayecto de nueve minutos que a ratos parece obra de unos Doors oscuros y cabreados. En esa línea, “Ballad Of Dwight Fry” (Bruce/Cooper) es otra canción torturada, que tanto se prodigará en el futuro del grupo.

“Love It To Death” marcó la línea a seguir: en años inmediatos “School´s Out” y “Billion Dollar Babies” hicieron enormes a Alice Cooper en Estados Unidos y media Europa. A partir de 1975, el Alice por su cuenta desarrolló una carrera irregular pero muy recomendable en álbumes como “Welcome To My Nightmare” o diversos momentos en los ochenta, los noventa o incluso en la década que estamos a punto de concluir.

Pedro Giner


 

BARRICADA “Balas Blancas” (1992)

“Nos va a salir un disco del copón”, presumía un optimista “Boni”. Era la primavera de 1992 y venía a promocionar su disco en solitario. Barricada vendía centenares de miles de copias y su discográfica lanzo la casa por la ventana. “El Drogas” también tenia su proyecto por su cuenta, Txarrena. Y el grupo madre festejaba su gran momento con “Balas blancas”, uno de los álbumes más redondos en la trayectoria de los navarros.

Grabado en Las Landas, donde el grupo se encontraba cómodo en aquella etapa, el álbum se abría con una rabiosa y de advertencia “Conmigo no se juega”. Seguidamente, la apabullante presencia de “Oveja negra”, el single de presentación. En el medio tiempo “No sé bien por qué” está una de las más logradas composiciones de la extensa andadura de Barricada. Son solamente tres ejemplos de un álbum formidable, que rivalizaba con “Rojo” en la mayor calidad de su propuesta. Ya se sabe, una parte de su hinchada se había quedado con los primeros álbumes, los de mitad de los ochenta. Luego había llegado el momento de los pamplonicas a partir de 1988, donde la grabación en directo que cerraba la década les confirmó como el grupo cumbre de aquel Rock urbano que Leño había impulsado y tal vez fundado.

La producción, del propio grupo más el apoyo del francés Laurent Lozahc, aguanta el tipo más de quince años después. Mucho había aprendido Barricada desde que en 1982 cuatro chavales se juntaran en el barrio de Chantrea. La composición había ganado en cuerpo y eran capaces de construir excelentes canciones: ni una de las presentadas en estas 11 “balas blancas” puede considerarse de relleno.

Desde aquel ya lejano 92, recordemos que Barricada patinó con el discutido “La araña”, rechazado por buena parte de su afición. Es un disco que puede escucharse hoy sin rubor, pero en aquella desilusión de los “barricadistas” mucho tuvo que ver que Polygram presentara a los navarros a la feria de “compra números 1” de “Los Cuarenta Principales”. La cadena radiofónica promovió el disco y hubo quienes les retiraron el crédito. Luego llegó la época de transición, con notable bajada de popularidad pese a discos muy estimables, para al final ganar el justo reconocimiento de su sólida carrera. Gira de veinticinco años y posterior alineación con Rosendo y Aurora Beltrán hacen pensar que Barricada seguirá cumpliendo aniversarios.

Pedro Giner


 

BARÓN ROJO “Larga vida al Rock and Roll” (1981)

Fue todo muy rápido: los hermanos De Castro se habían hartado del rumbo que tomaban las cosas en Coz. Corría el verano de 1980 y durante ese estío hubo dos Coz en gira: el de Juan Márquez y “Más sexy”; y el mas rockero de Armando y Carlos. La situación no se podía quedar así, obviamente: era confuso para el aficionado y además los derechos del nombre parece ser que estaban en poder del bajista y vocalista.

Solución: nuevo nombre, el muy acertado bautizo del “mítico Barón”, como decía la última canción del álbum aquí comentado. Se completa la alineación con dos músicos de lujo. El bajista conocido como “Sherpa” venía de una trayectoria como solista y su pasado estaba en el importante grupo pop Los Módulos. Su nombre real era el de José Luis Campuzano y tendría una incidencia decisiva en la trayectoria del grupo. Y el batería Hermes Calabria, uruguayo y fenomenal rompeparches, había pasado una gran temporada junto al entonces exitoso rockero argentino Moris.

La banda se mete en estudios durante el mes de noviembre de ese año. Parecía haber prisa por publicar su primera obra, que interesaba mucho a su sello Chapa, debido a la calidad de los músicos por separado. Y más como conjunto, así se demostraría en poco tiempo.

“Larga vida al Rock and Roll”, que es de por sí declaración de intenciones, es un impresionante álbum de debut. La producción ha quedado superada por los veinticinco largos años desde que se produjo la grabación, pero nos quedan las canciones, sencillamente soberbias. Había muchas ganas de soltar lastre: “Con Botas Sucias” era un ataque en toda regla a CBS (junta las iniciales), la discográfica de Coz. “Yo tu prisionero he dejado de ser, pues me he librado a tiempo de ti…”, cantaba Carlos con claro resentimiento. Y “Desertores del Rock”, también firmada por el guitarrista alopécico, era una andanada contra su anterior socio Márquez: “Es difícil ser otra vez tú mismo y no ver a tiempo que estas acabado”.

Quizá fuese una sorpresa incluir “Anda suelto Satanás”, pieza del cantautor Luis Eduardo Aute. Pero este joven Barón era un huracán y, convertía la composición en otro aluvión rockero. Sherpa tenía su particular protagonismo en las excelentes “Nací pobre” y el himno propio “Barón Rojo”. Justo es señalar que las letras venían firmadas por Carolina Cortés, a la sazón su pareja sentimental. Ella seria fundamental en muchos textos del futuro Barón.

Siguiendo con los títulos, “Efluvios” era un corte instrumental propiedad de Armando. Una preciosidad fue (y es) esa “Chica de la ciudad”, que los hermanos habían construido a medias. “El presidente”, con solo memorable de ese guitarrista excepcional que es Armando, tenia también su mala leche contra lo instituido: “Siempre serás solo un farsante, como esta sociedad, tienes un coche tan flamante como tu necedad”. El tiempo ha hecho de “Larga vida al Rock and Roll” (el tema, otra vez de los hermanos De Castro) un autentico clásico de los Barones. En ella reflejan su amor por el género. También su fidelidad a él, que resulta indudable en Carlos y Armando, por encima de opiniones sobre la actual empresa Barón Rojo.

El debut de Barón Rojo es una pieza imprescindible, no ya dentro de la conocida carrera de la banda, sino del propio Heavy Rock en español. Sabido es como transcurrió la carrera “baroniana”: discos imprescindibles (hasta al menos 1985), directos espectaculares y un inmenso cariño por parte del publico “duro”. Luego llego la traumática ruptura de 1989, la toma absoluta del poder interno por parte de los De Castro e intentos fallidos de acercamiento hacia Sherpa/Hermes (no importa qué parte los iniciara, el caso es que fracasaron). Es cierto que el Barón de 2008 ha podido decepcionar a parte de sus antiguos fans: sin embargo, en el quinquenio 1980-85 era un grupo sencillamente adorable. Es justo que le rindamos tributo cuando era una banda ejemplar.

Pedro Giner


 

BLACK SABBATH “Headless Cross” (1989)

Volvemos a la frase del bruto-noble de Henry Rollins: “No se puede vivir sin los seis primeros discos de Black Sabbath”. Y no le vamos a quitar razón al musculoso voceras; Sabbath contribuyo decisivamente, en los años setenta, a la creación y popularización del Heavy Metal. Pero como damos por hecho que os sabéis la lección (es decir, los años “Ozzysabbaticos”), saltamos fases para situarnos a finales de la década de los ochenta.

Por aquel entonces, el viejo Sabbath pasaba momentos bajos de popularidad. El propio Ozzy estaba en su mejor forma musical y ganaba por muchos caballos a su antiguo grupo. Pero ahí estaba Tony Iommi, arquitecto de riffs y firme creyente en la necesidad de mantener a Black Sabbath en el candelero. El zurdo guitarrista había hecho un fichaje vocal de bajo perfil, si tenemos en cuenta que, por ejemplo, Ronnie James Dio y, brevemente, Glenn Hughes habían pasado por el grupo. La nueva cara era la de Tony Martin, un desconocido para los medios y también para el público. No obstante, Martin se revelaría como un vocalista de muy buen nivel. Tal vez algo timorato en escena, pero ese era otro asunto...

Iommi reunió al siguiente equipo, aparte su tocayo Martin: se hizo con los servicios de Cozy Powell, de quien ya sabemos que era uno de los mejores aporreadores del estilo; en los teclados volvió a contar con Geoff Nichols, que era un invitado recurrente en el viejo Sabbath; y al bajo se podía escuchar a Laurence Cottle, otra cara desconocida. Iommi y Powell produjeron lo que finalmente seria conocido como “Headless Cross”, siempre al calor de esas leyendas tenebrosas tan del gusto de Black Sabbath.

Esta “Cruz Descabezada” no tuvo incidencia en las listas de ventas. Ni siquiera fue muy reconocida en las críticas del momento, ya en pleno 1989. La mayoría de la prensa especializada estaba esperando la reunión de Sabbath con Ozzy, algo que tardaría aun años en llegar (1997). No obstante, el álbum es probablemente el mas destacado de la era Tony Martin.

La oscura intro, denominada “The Gates Of Hell”, enlaza rápidamente con el excelente riff inicial de “Headless Cross”, con gran interpretación vocal de Martin. Luego todo el trabajo transcurre lineal, en el sentido de regularidad en las composiciones, y de pegada heavy. Por destacar algunas, podríamos quedarnos con “Kill In The Spirit World” o “Devil And Daughter”.

El grupo sufrió algún sobresalto al presentar “Headless Cross”: actuó en la Sudáfrica del Apartheid y recibió sanciones por ello, aunque no sabemos de qué modo le afectarían. ¿La historia posterior? Iommi hizo un intento baldío de reunirse con Dio en 1992 y cinco años mas tarde se logró la reconciliación con Ozzy: ahora vive la tercera etapa con Dio en Heaven & Hell, que es Sabbath sin los derechos del nombre. Hay que dar valor a que Iommi continuara adelante con la fundación Sabbath en aquellos años con Martin: es probablemente el único caso en donde el que se quedó con el nombre original (el hombre del mostacho) perdió cancha con respecto al fugado (el “madman”). Y es que el carisma de Ozzy, aunque inexplicable, era también implacable...

Pedro Giner


 

BRIAN MAY BAND “Live at the Brixton Academy” (1994)

Algunos se preguntarán que por qué no seleccionamos un trabajo de su banda madre, Queen. La razón es que queríamos rendir homenaje al sentido duro rocker que Brian May ha demostrado ser durante toda su trayectoria.

Iniciada esa pulsión rockera en el propio Queen, May apadrinó a la ahora olvidada banda de metal de los ochenta, Heavy Pettin´. Por no recordar su alianza (pasajera) con un entonces explosivo Eddie Van Halen o la estrecha amistad que mantiene Brian con Def Leppard.

Una vez fallecido Freddie Mercury, el guitarrista de la melena permanente decide fundar su propia formación con el respaldo de importantes músicos británicos. Los nombres más relevantes eran el poderoso batería Cozy Powell (de esto puede hablar y no parar nuestro Shan Tee…) y el no menos excelso bajista Neil Murray, bien conocido por su estancia en Whitesnake. El equipo incluye también a Spike Edney (teclista en la sombra con Queen) y al guitarrista rítmico y coros Jaime Moses. A las voces las chicas Cathy Porter y Shelley Preston.

Esta alineación fue la que giró primero por el Reino Unido, y seguidamente por el resto de Europa como grupo invitado en el espectáculo que unos decepcionantes Guns n´Roses (al menos en aquella pobre actuación madrileña de los norteamericanos) presentaron en el verano de 1993. El gran combo que ha reclutado May decide registrar su actuación londinense del Brixton Academy con vistas a editar un disco en directo.

Quince temas en su interior. Repaso al disco “Back To The Light” que presentaba en tour. “Driven By You” refleja el lado mas comercial de nuestro protagonista y encaja perfectamente en radiofórmula. “Resurrection” sirve para lucimiento de Cozy, y “Too Much Love Will Kill You” pone el sentido tributo al añorado Freddie.

Naturalmente, la Brian May Band es el testaferro legítimo de Queen y resulta lógico que abunde su repertorio: desde el inevitable himno “We Will Rock You” hasta el rotundo Hard Rock de “Tie Your Mother Down” o “Hammer To Fall”, pasando por “Headlong” o “Love Of My Life”. Curiosa parece la presencia de “Since You´ve Been Gone”, firmada por el poco promocionado compositor Russ Ballard. La coartada la representa la militancia de Powell en el gran Rainbow del álbum “Down To Earth”.

Es cierto que se puede poner reservas a la voz de May, pero lo que no está en duda es su calidad como guitarrista. Al manejo de esa guitarra artesanal, concibe un sonido peculiar, personal, sin dejar de ser agresivo. Con todos estos alicientes, estamos ante un triunfador “live album”, que en buena parte bebe de la nostalgia por Queen.

La actualidad es bien conocida: desgraciadamente Cozy falleció en un accidente automovilístico (se cumple una década de aquella tragedia), Murray sigue ofreciendo sus excelentes servicios a quien así lo requiera, y May echó mano de otro gran amigo y vocalista para ofrecer la actual alianza Queen + Paul Rodgers, para satisfacción de unos y rechazo de otros.

Pedro Giner


 

38 SPECIAL “Tour De Force” (1983)

38 Special empezó siendo simplemente el grupo de los dos baterías, o también el grupo de Donnie Van Zant, hermano de Ronnie y Johnny Van Zant de Lynyrd Skynyrd, para convertirse con el paso del tiempo en uno de los más grandes y respetados grupos de Rock sureño. Lo que diferenciaba a 38 Special de otros como los citados Lynyrd Skynyrd, ZZ Top o Blackfoot, por ejemplo, era la tendencia a la melodía y el AOR, siempre dentro de los parámetros tradicionales en los que se movía el rock facturado en el sur de los USA.

“Tour De Force” fue el sexto disco en estudio de unos 38 Special que, en aquel momento, estaban compuestos por Donnie Van Zant (voz), Don Barnes y Jeff Carlisi (guitarras y voces), Jack Grondin y Steve Brookins (baterías) y Larry Junstrom (bajo), acompañados en los coros por Carol Bristol y Lu Moss, y en los teclados por Steve McRay. Sus discos anteriores tuvieron altibajos en la intensidad de sus composiciones, partiendo del primitivo y natural “38 Special” (1977) pasaron a endurecer el sonido con “Special Delivery” (1978), mi favorito de su discografía, bajaron bastante el listón en “Rockin’ Into The Night” (1980), recuperaron la inspiración y reorientaron su carrera hacia las emisoras AOR con “Wild-eyed Southern Boys” (1981) (que contiene uno de sus mejores temas de siempre, “First Time Around”), mantuvieron el tipo con “Special Forces” (1982) y llegaron a 1983 con un cierto estatus dentro del mundo del rock sureño, aunque éste se les seguía quedando pequeño.

En aquel año de 1983, básicamente recordado por la matraca que nos dio Michael Jackson con su “Thriller”, también triunfaban Def Leppard con su “Pyromania”, Kiss volvían sin maquillaje y publicaban su “Lick It Up”, Thin Lizzy se despedían con “Thunder & Lightning” y en España Obús arrasaban con “El que más”, entre otras hazañas musicales.

El Rock sureño no tenía demasiada repercusión en el mundo más duro hasta que, ese mismo año, una trilogía de magníficos discos se puso en circulación: Este “Tour De Force”, “Siogo” de Blackfoot y “Eliminator” de ZZ Top. Estos tres discos hicieron resurgir este tipo de Rock y supieron ganarse el respeto del mundo Heavy, a la vez que captar la atención del público menos dado al guitarreo, lo que llevó a incluir algunos singles de éxito en las listas de medio mundo. En el caso que nos ocupa fueron “20th Century Fox”, “If I’d Been The One” y “Back Where You Belong” los temas que empezaron a ser pinchados sin parar en las innumerables emisoras que dedicaban su tiempo a emitir Rock Orientado a Adultos, casi siempre en ruta por las polvorientas carreteras de aquel país.

Si “20th Century Fox” se convirtió en un clásico imperecedero, los otros dos singles no tuvieron esa suerte por estar excesivamente influidos por la moda del momento, de manera que su escucha actual puede llevar a esbozar una sonrisa por evitar el sonrojo (lo que ha cambiado el cuento…). Pero el disco estaba lleno de buenos temas. “One Time For Old Times” era algo más bisoño, pero “One Of The Lonely Ones” y “Undercover Lover” (lo mejor del disco junto a “20th Century Fox”) acercaban el disco al Hard Rock sin concesiones. Los estribillos fáciles y las melodías pegadizas las ponían “Long Distance Affair” y “See Me In Your Eyes”, que podían haber sido singles de igual éxito que los publicados, dejando para los más puristas “I Oughta Let Go”, de ambiente más country.

No es un disco que haya aguantado demasiado bien el paso del tiempo, pero merece la pena su escucha, si no lo conoces, porque de entre los surcos del vinilo fluye un estilo que podríamos llamar algo así como pop-rock sureño con toques Hard-AOR, que es difícilmente recuperable tal y como están las cosas actualmente. Y si lo tuyo no es escucha, sino reescucha, comprobarás de nuevo que no falta calidad en las composiciones ni en la producción, y que es de esos discos que valen igual para un roto que para un descosido por su agradable escucha, amén de los recuerdos que pueda traerte, por descontado.

Alvar de Flack

 

 

 

 

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