MUSIC (2011)
  Entrevista Julio Castejón (2009)
  AL FIN VIVOS (2009)
  UTOPÍA (2008)
  EL PLANETA DE LOS LOCOS (1994)
  SOLO POR DINERO (1990)
  CORREDOR DE FONDO (1986)
  CRONOPHOBIA (1984)
  MÁS QUE UNA INTENCIÓN (1983)
  DEJALO ASÍ (1981)
  AHORA (1979)
  AL OTRO LADO (1978)
  ASFALTO (1978)
  Entrevista Julio Castejón y Jorge García Banegas (2003)

 

 

ASFALTO “Music” (2011)

Llevábamos mucho tiempo sin tener noticias discográficas de Asfalto. El último trabajo en estudio (“Utopía”) llegó en 2008 y aunque tuvimos otra entrega discográfica al año siguiente en forma de disco/DVD en directo, esta sequía compositiva en un grupo con esta creatividad se estaba haciendo ya larga. Aún así, las circunstancias del mercado desaconsejan editar discos con la frecuencia de antaño, así que deberemos esperar aún más para tener un nuevo disco de Asfalto en nuestras manos.

Para aliviar esta espera, el grupo ha decidido editar un EP de cuatro temas, algo que no es muy habitual hoy en día, pero que sí lo fue en el pasado. Además de aliviar esta espera, este EP tiene el atractivo añadido de presentar en sociedad al nuevo batería de la banda, Marcos Parra, quien hace su primera aportación discográfica para Asfalto, en la que demuestra la gran calidad que ya le habíamos observado en los conciertos que ha dado el grupo tras este cambio en los tambores. Además, ninguno de los 4 temas incluidos en el EP pertenecerá a un futuro disco de Asfalto, así que los que deseen tener completa la discografía de este histórico grupo saben que no se pueden quedar sin él. Y no se arrepentirán.

Sin duda, el tema estrella de este EP es “Music (Was My First Love)”, un corte totalmente inhabitual en la discografía de Asfalto. Son muy pocas veces las que Asfalto se ha aventurado a hacer una versión y también son contadas las ocasiones en que ha cantado un tema en inglés, más allá de aquel disco de versiones de The Beatles en la prehistoria del grupo o aquella versión de “Halley” que apareció en el recopilatorio “Los Singles”. En esta ocasión Asfalto ha recogido este viejo clásico de John Myles para, respetando fielmente los arreglos originales, darle ese toque asfaltero inconfundible, con algo más de fuerza fruto de la excelente interpretación vocal de Raúl Santana y sin la orquestación de la versión original. Aún así, la riqueza instrumental de este grupo no hace necesarios los violines que en su día incluyó John Myles. Este tema, quizás desconocido para muchos por ser un tema de 1976, suena actual y no desentona en el estilo de Asfalto.

El segundo tema del EP es “¿Quién castigó a la mujer de Lot?”, donde tras un riff de guitarra que me recuerda a Marillion, Julio Castejón nos canta un enérgico tema con letra basada en una historia bíblica. Si alguien aún dudada de la capacidad de Asfalto para seguir rockeando, aquí está la prueba.

“El templo de los sueños” es un tema compuesto y cantado por Raúl Santana, demostrando que su presencia en Asfalto cada día goza de mayor peso específico, siendo uno de los artífices de que el grupo goce de tan buena salud. Tanto su gran voz como su solvencia con la guitarra, así como su capacidad para integrarse en la banda pedían a gritos que también empezara a incluir temas de su cosecha.

El cuarto y último tema es “Luz de atardecer”, ya conocido porque fue incluido en el directo “Al fin vivos”. Entonces era un tema inédito y ahora lo tenemos en su versión de estudio, que nos permite apreciar en mayor medida todos los detalles que la banda ha querido incluir.

En unos tiempos en los que la industria discográfica está evolucionando hacia nadie sabe dónde, quizás sea bueno volver al principio de los tiempos y recuperar estos formatos de EPs de pocas canciones. Quién sabe. El caso es que “Music” es una excelente forma de mantener a Asfalto de actualidad, y disfrutar con 4 dosis más en forma de temas nuevos para seguir disfrutando de uno de los grupos históricos que ha dado el Rock de este país.

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Shan Tee


 

ASFALTO “Al fin vivos” (2009)

Treinta años después, por fin tenemos disco en directo. Han tenido que pasar varias etapas, compañías discográficas, errores, aciertos y 5 formaciones para que la 6ª sea la que fije en audio y vídeo uno de sus conciertos, algo largamente demandado por sus seguidores, tanto quienes les seguimos desde el principio como los chavales que se fueron apuntando a la “Asfaltomanía” (¡qué horror de palabro! xD) en cada uno de sus diferentes momentos creativos. No voy a decir eso de “más vale tarde que nunca” porque tampoco considero que sea tarde, aunque sí somos muchos a los que nos gustaría haber tenido algo en directo en varias de sus etapas anteriores.

En cualquier caso, como pasa siempre, la espera ha merecido la pena porque, si como me contó un conocido y mediático cocinero, “el secreto del arroz con bogavante está en que la gente se quede con ganas de más”, esto viene a ser como una especie de muestra de lo que ha sido la carrera del grupo a lo largo de estas tres décadas de existencia que, por supuesto, nos deja con ganas de mucho más. Quizá sea ese su secreto también, aunque me da a mí que la mano del cocinero junto con una buena materia prima sea lo que más tenga que ver en el resultado final.

Desconozco si a Julio Castejón le van los fogones o no, pero lleva componiendo maravillosas canciones desde que se puso a ello, y ahora mismo tiene un grupo que da mucho de sí por calidad y versatilidad, lo que hace que el producto final sea tan bueno como este “Al fin vivos”, un disco que se hace corto y en el que las canciones son todas las que están aunque, evidentemente, no están todas las que son. Al final esto del repertorio es como las alineaciones de la selección, cada uno tiene la suya, pero se ha podido meter una buena muestra en el par de horas que dura el disco.

Se trata de un concierto íntegro con sus fallos y sus virtudes, como son los conciertos en directo, grabado del tirón el pasado día 3 de julio de 2009 en el auditorio Pilar Bardem de Rivas Vaciamadrid (Madrid), un recinto con buena acústica y visión. El grupo estuvo formado por Julio Castejón (voz, guitarra y teclados), Raúl Santana (voz y guitarra), Viti Ilarraza (batería y voz), Carlos Parra (voz, teclados y viola) y Alejandro Ollero (bajo), pero se hicieron acompañar por muchos otros músicos que pusieron su grano de arena para aportar diferentes matices a los temas originales.

Hubiera estado bien la participación de algún músico más ex-Asfalto, pero Jorge García Banegas fue el único miembro de anteriores formaciones del grupo que apareció por el escenario, y tuvo su momento en un popurrí-reprise de temas clásicos al piano, además de acompañar al grupo en “El viejo”. Las Supremas de Móstoles, ese grupo de hermanas al que muchos consideran un poco friki, despejó todas las dudas, si es que había alguna, sobre cómo hacer coros perfectos y darle a temas como “Nunca está de más” o “Nada, nadie, nunca” un plus que los hizo más grandes de lo que ya son. Se quedaron con el público hasta el punto de convertirse en el centro de atención mientras estuvieron en el escenario (incluso fuera de él). Impresionantes. Por cierto, en esos dos temas también participó un grupo de metales haciendo unos arreglos que, sinceramente, no quedaron demasiado bien, incluso da la sensación de estar algo desafinados.

También colaboraron otros músicos como Ernesto Santos (flauta), Ernesto de las Heras (violín) en “Utopía suite”, el coro del llamado “movimiento Help me”, una iniciativa de Jesús Yanes y dirigido por él mismo, y un montón de invitados más haciendo coros y pequeños solos en “Lo que el viento no se llevó”, como Nano Hervás, Javier Mira, Juan Olmos, Óscar Sancho, Patricia Tapia, Jorge Salán, Santi Campillo y otros músicos que le dieron sus respectivos matices para hacer otra versión única del tema.

De la etapa con los Trípodes de Julio Castejón se ha incluido “Vidas paralelas”, y como regalo especial un tema nuevo titulado “Luz de atardecer”, una canción mitad agradecimiento, mitad nostalgia, de aire algo triste, pero con todo lo que tiene que tener una canción de Asfalto.

En realidad el CD es la banda sonora del DVD de mismo título que recoge prácticamente íntegro el concierto de aquella noche. Hay que decir que el sonido es muy bueno en cualquiera de los dos soportes, y que el DVD tiene una buena realización y una imagen que permite disfrutar de cada momento del concierto. Quizá una de las pegas sea que el público se escucha menos de lo que sería deseable en un disco de estas características, especialmente si te lo pones y esperas escuchar a un grupo en directo. En este sentido, muy buen trabajo de Julio, a pesar de los desarreglos típicos (y no tan típicos) del directo y de los apaños que hubiera que haber hecho después.

El primer DVD es la grabación del concierto, y el segundo es un disco de extras que incluye los momentos previos al concierto y algunos ensayos, entrevistas, acústicos, fotografías, el video-clip de “gente como tú” y algunas cosas más, pero nada de los Asfalto anteriores, ni imágenes ni audio. Sé que el propio grupo no ha tenido mucho que ver en la composición de este segundo DVD, pero muchos esperábamos un repaso a la historia del grupo de alguna forma.

En cualquier caso, desde la presentación de Mariano Muniesa hasta el último segundo se ve del tirón y se hace corto, así es que ya estamos esperando más de esto, ¡pero que no sean otros 30 años, por favor!

Alvar de Flack


 

ASFALTO “Utopía” (2008)

Cuenta la historia que Fray Luis de León, cuando volvió a su cátedra en la Universidad tras 4 años de cárcel, empezó su primera clase con la frase “Decíamos ayer…”

Pues eso, que “decíamos ayer” que la carrera de Asfalto es brillante y variada, y con su nombre se han escrito algunos de los mejores capítulos de la historia del Rock español. El último de ellos fue en 1994, con un excelente disco llamado “El Planeta de los Locos”, tras el cual se ha dejado reposar el nombre de Asfalto durante 14 años. En este intervalo, Julio Castejón, único miembro de la banda que ha estado en todos sus discos, no se desligó de la música, facturando un par de discos como “Julio Castejón y los Trípodes”, de una calidad excelente pero que pasaron bastante desapercibidos para la mayoría del público.

Ahora, Julio Castejón ha puesto en marcha un nuevo proyecto. Su intención era llamarlo Arihan, pero las circunstancias le han convencido de la conveniencia de recuperar el histórico nombre de Asfalto, y esta resurrección se ha plasmado en un nuevo disco, “Utopía”, que es de lo que vamos a hablar ahora.

Ninguno de los componentes de la formación que acompaña a Julio Castejón en esta nueva etapa perteneció nunca a etapas anteriores de Asfalto, pero en ella nos encontramos a un viejo conocido, Carlos Parra, excelente teclista que sí acompañó a Julio como miembro de “Los Trípodes”. Los demás son músicos profesionales que se han ganado la vida tocando en bandas y grupos-orquesta como Hobbies o Tráfico, adquiriendo una solvencia que ahora plasman en este disco. Así, Raúl Santana (guitarra y voz), Viti Ilarraza (batería y voz) y Juanvi García (bajo) completan estos Asfalto del siglo XXI en el que, a pesar de no participar en la composición (responsabilidad exclusiva de Julio Castejón en este disco), sí dejan su impronta personal en una interpretación brillante, tanto a nivel instrumental como vocal.

Por que ese es precisamente uno de los valores que más destacan en este disco. Asfalto ha recuperado la diversidad vocal. Un grupo en el que cantan 4 de los 5 componentes (excepto el bajista Juanvi García) y que sus voces se armonizan de forma extraordinaria, logrando una versatilidad y una combinación que vuelve a ser seña de identidad de este grupo.

“Utopía” es un disco variado y valiente, que no se recrea en el estilo que le dio éxito en épocas pasadas, sino que mira hacia delante, mostrando la evolución de su mente creadora en estos años. Es valiente porque no es habitual que un disco se abra con una suite progresiva de casi 12 minutos, y porque su propuesta está lejos de las modas que, también en el Rock, nos invaden y pretenden marcarnos el camino a seguir. Y es variada porque el disco alterna temas comerciales y asequibles con desarrollos instrumentales más complejos. Y, sobre todo, la alternancia de la voz en los temas imprime al disco frescura y dinamismo. Raúl Santana demuestra ser un excelente cantante, con una voz versátil y bien modulada, que se hace cargo por completo de la parte vocal en algunos de los temas del disco. Del resto se ocupa, evidentemente, la cálida voz de Julio Castejón. Carlos Parra y Viti Ilarraza cantan eventualmente algunos versos, dando aún más colorido a la parte vocal del disco, como digo una de sus mayores virtudes.

En su conjunto es un disco maduro, que exige una atención a lo que se escucha. Y es un disco tranquilo, lo que no quiere decir que todos sus temas tengan un tempo relajado. Un disco adecuado para escuchar tranquilamente en el sofá de casa, o mientras se conduce por rutas poco estresantes, poniendo atención a cada detalle, cada arreglo, o entendiendo el sentido de los siempre acertados textos que siempre han caracterizado a Julio Castejón.

Un disco destinado a complacer tanto a los antiguos seguidores de Asfalto como a aquellos que se quieran acercar ahora a la música hecha con el corazón, con calidad y con sentimiento.

Shan Tee

 

Lo primero es felicitarnos por tener la oportunidad de comentar un nuevo disco de uno de los nombres más queridos del Rock hispano, aunque bien es cierto que este disco sale como Asfalto de la misma forma que podría salir como Arihan, Julio Castejón o el nombre que quisiera ponerse. Digo esto porque no sé la idea de Asfalto que ha perdurado en vuestro subconsciente en los casi catorce años que han pasado desde “El planeta de los locos”, pero os puedo asegurar que esta nueva etapa no se parece demasiado a ninguna de las anteriores. Sin embargo tiene elementos de todas. Podría incluso ser un producto con la base principal de “El corazón de la manzana” de Castejón con los Trípodes, con una mezcla de matices de cada disco anterior de Asfalto, con más querencia hacia lo progresivo, eso sí, y algunos momentos que me recuerdan a gente tan dispar como Bloque, Magdalena, Toto, Eduardo Bort y más de ese palo.

Llama la atención el envoltorio, tanto la portada como las fotos interiores. Un trabajo muy imaginativo y en línea con lo que hacen los grandes grupos del progresivo de por ahí fuera o el mismísimo equipo de Hipgnosis. Quizá un estilo poco utilizado por los grupos de por aquí, pero con un resultado visual que acompaña perfectamente la escucha del disco y la lectura de las letras del libreto interior, que también incluye los músicos que han participado en cada tema con su instrumento respectivo, información que personalmente agradezco aunque generalmente pase desapercibida.

Pero lo que realmente sorprende es lo que se escucha, un disco redondo en todos los sentidos del adjetivo. El sonido me recuerda mucho al de “El corazón de la manzana”, y los músicos son más que solventes. No hay temas de relleno, las letras son tan buenas como siempre, y además tiene otros añadidos que lo hacen atractivo, como por ejemplo las voces, más cuidadas que en otras ocasiones. A esto contribuye el hecho de que, de los cinco miembros del grupo, cuatro canten, lo hagan bien y además tengan buenas voces y las armonicen adecuadamente, que puede sonar a cosa obvia o de perogrullo, pero sólo tienes que fijarte en lo que se graba por aquí para entender lo que digo.

El disco consta de 12 canciones, por lo tanto, cuando digo que tira hacia lo progresivo no estoy diciendo que se trate de una obra con temas larguísimos de interludios y solos interminables. Son canciones con estructura sin cuadricular, de letra bien encajada, con su estribillo y sus cosas, pero con partes instrumentales que hacen de cada canción una obra con altas dosis de imaginación, sin entrar en terrenos jazzísticos o experimentales. Tampoco estoy diciendo que no sean accesibles, todo lo contrario. Por ejemplo “Nunca está de más” o “Lusitania Express” están construidas de forma que se van repitiendo en tu cabeza quieras o no. Por cierto, y aunque no venga a cuento, yo soporté con mucha frecuencia ese tren hace ya década y pico y no le veía la gracia por ningún lado…

La variedad es otra de las características del disco. “Utopía suite” es una ídem con tres partes que entra de lleno en el concepto clásico de lo sinfónico. “El pescador de sueños”, que huele que tumba a Pink Floyd, dicho sea como alabanza, “Cambios”, “Utopía reprise” o “Transparencias”, con ese final corta-pega de “Shine On You Crazy Diamond”, también tienen un cierto tufillo a diferentes clásicos del género. Y, por supuesto, también hay mucho de las anteriores etapas de Asfalto. Vamos, que a cada escucha se va descubriendo un sonido o un detalle que recuerda a cosas ya escuchadas, pero con el sello personal de Julio Castejón, que dota a todo el conjunto de la personalidad necesaria para hacer de este disco algo original y con estilo propio, entre otras cosas porque todos los temas los compuso él.

Por último añadir que se grabó entre julio de 2006 y enero de 2008 en el estudio que tiene Viti Ilarraza, batería del grupo, en cuyos controles estaba él junto a Julio Castejón y su hijo Paul, quien también hizo algunos arreglos de cuerda. Las mezclas las hizo el propio Julio (por eso recuerda a lo que recuerda), y el magnífico concepto gráfico es obra de Fernando Navarro. Para completar la retahíla de datos, Asfalto '08 lo completan Carlos Parra (teclados, viola, voz y demás), quien ya formó parte de los Trípodes que acompañaban a Julio en su anterior etapa discográfica; Raúl Santana (guitarra y voz) y Juanvi García (bajo). Todo un grupazo.

Se abre una nueva etapa en la historia del grupo que, esperemos, sea larga y fructífera. Además lo hacen colocando el listón muy alto, de forma que van a necesitar mucho trabajo e inspiración para igualarlo, por lo tanto mi deseo para ellos es que les llegue esa inspiración y no decaigan las ganas de trabajar, a ver si dentro de poco nos vuelven a obsequiar con otra maravilla parecida a este “Utopía”, un gran disco de un gran grupo.

Alvar de Flack


 

ASFALTO “El planeta de los locos” (1994)

Cuatro años habían pasado desde aquel “Sólo por dinero” que nos había dejado bastante descolocados. La poca aceptación del disco había dado paso a una noticia mucho peor: la muerte de Terry Barrios, un personaje muy querido en todo el entorno del Rock nacional.

Cuando todos dábamos ya por acabada la carrera de Asfalto, una noticia nos llenó de ilusión: la formación original, aquella que grabó el primer LP en el lejano 1978, se volvía a reunir para editar un nuevo disco. Con la desaparición de Terry, era evidente que el único batería que podría tener Asfalto era Enrique Cajide, quien volvía al grupo de su vida para cerrar el círculo.

De nuevo teníamos a los primeros Asfalto, aquellos cuatro músicos que grabaron el mítico debut de la banda, y que apenas pudimos disfrutar por su rápida separación. Y los teníamos mucho más maduros, 16 años después. Y aunque la conexión personal nunca fue la misma tras aquella traumática ruptura, la magia creativa volvió a surgir en todo su esplendor.

Porque “El planeta de los locos” es un disco magnífico, lleno de temas de excelente factura, algunos de los cuales siguen sin desaparecer del repertorio de los actuales Asfalto (“Espera en el cielo”, “No se puede volar”…) ni de los eventuales Topo (“El palacio del terror”, “Quijotes eléctricos”) que de vez en cuando se suben a los escenarios.

Bajo el paraguas de Libélula, propiedad de Julio Castejón, “El planeta de los locos” veía la luz en 1994, dos años después de la muerte de Terry y cuatro después de “Solo por dinero”, del que le separa un abismo. Es una auténtica tragedia que esta formación no haya tenido oportunidad de ofrecernos más material, porque este disco lo tenía todo para poner a Asfalto de nuevo en lo más alto del Rock nacional. La combinación de voces entre Julio, Lele y José Luis les hacía únicos en el panorama rockero hispano, con “No se puede volar” como mayor exponente, y cada músico dio lo mejor de si mismo, en especial en el apartado creativo, aunándose el talento de los anteriores Asfalto de Julio Castejón con el de los Topo de José Luis Jiménez y Lele Laína, traduciéndose en un disco muy completo en el que tienen cabida tanto temas enérgicos (“El planeta de los locos”, “El palacio del terror”…) como otros más dulces (“Espera en el cielo”…)

Los guiños al primer disco son constantes. De nuevo tenemos un personaje de tebeo, “Carpanta”, que toma el relevo del “Capitán Trueno”, así como “Quijote eléctrico” y “Molinos de viento” recuerdan en la temática a “Rocinante”. Incluso Niti, amigo personal de Julio Castejón que ya apareció en aquella letra de “Todos los días”, es protagonista de la emocionante “Adiós Miguel”, una luctuosa balada dedicada a la muerte de su hijo recién nacido con la que se cierra el disco.

A mediados de los años 90 el estado del Rock nacional estaba en su momento más bajo, sobre todo para las bandas más clásicas. Años en los que parece que se quería sepultar el pasado sin que hubiera un presente consistente que tomara el relevo. “El planeta de los locos” vio la luz en el peor momento, y su desbordante calidad no pudo abrirse paso en la desidia reinante en el momento. Como resultado, un disco muy brillante pasó prácticamente desapercibido y se llevó por delante el resurgimiento de Asfalto, que cerró para siempre. O eso creíamos, hasta que 14 años más tarde, “Utopía” nos los devolvió. En ese intervalo, Julio Castejón intentó una carrera en solitario como “Julio Castejón y Los Trípodes” que produjo un correcto “¿Hay alguien ahí?” y un belllísimo “El corazón de la manzana”, mientras que José Luis Jiménez y Lele Laína intentaron retomar la actividad con un disco en el que recuperaban en formato acústico sus grandes temas de sus años en Asfalto y Topo. Enrique Cajide, por su parte, abandonó definitivamente el mundo de la música.

No son pocos los que consideran “El planeta de los locos” como uno de los mejores discos de la extensa discografía de Asfalto. Por mi parte, ni quito ni pongo rey, pero este disco siempre ocupará un lugar destacado en mi estantería.

Shan Tee


 

ASFALTO “Sólo por dinero” (1990)

Decepcionante era el adjetivo más repetido, “esto no es Asfalto” decíamos muchos, “¡Vaya título más oportuno!” decían otros… bueno, se dijeron muchas cosas de este disco, y casi ninguna buena. Lo que quedó más que claro es que, independientemente de si te gustó este disco o no, fue el momento en el que tocaron fondo, tanto compositivamente como en popularidad y ventas, incluso con algún presunto daño a la imagen del grupo como efecto colateral.

La “Rockorquesta”, o lo que es lo mismo, Asfalto haciendo versiones, se planteó el futuro con la que, para algunos, tendría que haber sido la segunda y definitiva formación del grupo tras la publicación del primer LP: Julio Castejón (guitarra y voz), José Luis Jiménez (bajo y voz), Lele Laína (guitarra y voz) y Terry Barrios (batería y voz), es decir, los primeros Asfalto con Terry o, si lo prefieres, tres cuartos de Topo con Julio. El tiempo ha demostrado que esta formación hubiera sido un error de haberse materializado en el momento en el que la mitad del grupo se fue a montar Topo, porque nos habríamos perdido todo lo que vino después con cada grupo por separado pero, sobre todo, por lo que hubieran podido hacer juntos, si es que “Sólo por dinero” sirve como triste botón de muestra.

Más que un disco de Rock podría servir perfectamente para el hilo musical del dentista. Así de divertido. Temas sosos de los que es difícil destacar alguno por encima del resto, si acaso “El lado oscuro de la calle” que canta Terry, “Lo que el viento no se llevó” por mantenerse en el actual repertorio y “Niños de Beirut” en el que se incluyen voces infantiles. También hay una buena versión de un tema de Wayne Larson Thomson titulado “The Letter” (“La carta”) y algunas letras aprovechables en “Somos libres” y “Un día de estos”, pero en general es un disco triste en todos los sentidos.

La parte vocal se la repartieron entre los cuatro, y en lo musical no hay mucho que destacar. En la grabación colaboraron Lorenzo Azcona (Saxo), Paco Palacios (del grupo de Miguel Ríos o Joaquín Sabina, entre otros) metiendo algunas guitarras y Miguel Ángel Collado (Santa, Ñu, Rosa Negra, etc.) grabando los arreglos de teclados que, por cierto, y en mi opinión personal, son los culpables de que este disco haya envejecido tan mal.

Ni siquiera la batería de Terry, un músico con el swing propio de los baterías zurdos (y esta es otra opinión personal), demostró todo su poderío en el disco, que terminó ahogada y con un sonido inmerecido que la diluyó entre tanta dulzura. Pero lo que terminó de rematar el desconcierto fue el vídeo-clip de “Maldito gato” que se grabó para promocionar el disco. Malo de solemnidad. Se le puede echar un vistazo en YouTube, por si alguien tiene curiosidad.

Se grabó durante el otoño de 1989 y se mezcló y publicó en la primavera de 1990 sin demasiada confianza (Ellos mismos admiten que en el invierno intermedio se les quedó “helada la moral”).

La crítica profesional fue especialmente dura, como también fue demoledora la opinión de sus más fieles seguidores, entre los que me encuentro. El paso de los años y las escuchas ha conseguido que se obvie esa etapa como mal menor, pero en su momento fue muy decepcionante, como decía al principio. Tampoco pasará a la historia como uno de sus mejores discos, pero al menos sirvió como acicate para no repetir los mismos esquemas en “El planeta de los locos”, que publicaron cuatro años más tarde.

Alvar de Flack


 

ASFALTO “Corredor de fondo” (1986)

La traumática salida Miguel Oñate había sido un duro golpe para Asfalto, pero algo había quedado claro: La fórmula de tener un cantante solista funcionaba, así que a rey muerto, rey puesto, y el grupo se puso a la búsqueda de un sustituto de garantías. Esta búsqueda resultó larga y tortuosa, ya que no aparecía la persona adecuada. Incluso llegaron a probar un cantante inglés, pero que no podría adaptarse al grupo. Finalmente, recordaron a un grupo argentino afincado en Mallorca llamado Express que les hizo de teloneros en un concierto que Asfalto ofreció en la isla. El cantante de aquel grupo podría ser la persona a quien buscaban. Preguntaron por él, y se encontraron con que aquel grupo se había disuelto y el cantante estaba libre. Le propusieron su entrada en la banda, y aceptó.

Aquel cantante se llamaba Ricardo Benítez. Recordando la canción “Richie (estrella del Rock)”, que había sido publicada en el disco “Más que una intención”, le empezaron a llamar Richie… y con Richie se quedó.

Pues bien, Richie era un portento vocal, una gran voz que se adaptaba perfectamente a los temas antiguos e imprimía su propia personalidad en los nuevos. Así las cosas, Richie se vino a vivir a Madrid y poco después el grupo empezaba a grabar el siguiente disco: “Corredor de fondo”. Para ello, repitieron experiencia en los Estudios Trak bajo la batuta del propio Julio Castejón, y el sello Snif volvería a ser quien editara el trabajo.
Éste contenía 8 temas, todos con la firma de Julio Castejón y Jorge G. Banegas, resultando ser un disco más heterogéneo que el anterior, con temas rockeros como “No es sólo amor” (compuesta con Miguel Oñate aún en la banda), “La segunda oportunidad” o la propia “Corredor de fondo”, conviviendo con temas dulces como “Parque Sur” (cantada por Julio Castejón) o esa maravilla llamada “Prisionera enmarcada”, recientemente recuperada para los directos de la banda.

La mayor implicación compositiva de Jorge G. Banegas se traduce también en una mayor presencia de teclados, protagonistas en la mayoría de los temas. Esta circunstancia les granjeó algunas críticas en la época, con ciertas acusaciones de haber reblandecido su sonido, en comparación a la mayor dureza de “Cronophobia”, y de hecho “Corredor de fondo” ha sido siempre un disco injustamente tratado por los seguidores menos cercanos al grupo.

Aunque es cierto que “Corredor de fondo” nunca llegó a las cotas de aceptación de “Más que una intención” o “Cronophobia”, había mimbres para ver un futuro halagüeño para el grupo. Pero surgió un inconveniente con el que nadie había contado. Richie, acostumbrado a vivir en un bucólico rincón mallorquín mirando al mar, no se adaptó a vivir en Madrid, en el marginal barrio de Villaverde Bajo, y no lo pudo soportar, así que se volvió a Mallorca y dejó a Asfalto en una posición inestable que le llevó al cese temporal de su actividad. Una lástima, porque somos muchos los que creemos que esa formación pudo haber dado mucho más de sí.

Shan Tee


 

ASFALTO “Cronophobia” (1984)

Eran días de vino y rosas para Asfalto. La gran acogida de “Más que una intención” les había llevado a las más altas cotas de popularidad que habían tenido nunca, y la banda era un cañón en directo, lo que demostraba muy a menudo por la apretada agenda que tenía en aquel entonces.

En 1984 el Rock más duro en España estaba en pleno apogeo. Barón Rojo editaba su disco en directo “Barón al Rojo Vivo” con el que culminaba su lustro de gloria, Obús tocaba techo con “El que más”, al igual que Banzai con “Duro y potente”, Ángeles del Infierno con “Pacto con el diablo” y Barricada con “Barrio conflictivo”. Asfalto nunca había sido un grupo de Heavy Metal, ni lo había pretendido, pero bien es cierto que aquella formación ha sido la más dura que nunca haya tenido Asfalto. La inclusión en la banda de Miguel Oñate se había mostrado como un acierto completo, y su poderosa voz ayudó a llevar al grupo a la cima del Rock español de la época.

“Cronophobia” debía seguir la estela de “Más que una intención”, y para ello el grupo se encerró en los Estudios Trak de Madrid entre finales de 1983 y principios de 1984, bajo producción propia y salida al mercado por el sello Sniff, propiedad de Julio Castejón.

El disco colmó todas las expectativas, siendo el trabajo más vigoroso que Asfalto ha editado hasta la fecha, con muchos temas que a día de hoy siguen vigentes en el set de directo de la banda. El primero de ellos, “Nada, nadie, nunca”, es el único tema de la historia de Asfalto que ha sido escrito (junto a Miguel Oñate) por alguien ajeno al grupo, en concreto Kelly Freire, quien también metió su guitarra en la grabación. Miguel también compuso un tema junto a Guny (“Contrarreloj”) y dos más con Jorge G. Banegas (“Frente al espejo” y “Buffalo Vil”). Julio Castejón firmó 4 temas (“Es nuestro momento”, “Desaparecido”, “El regreso” y “Secuestro legal”), quedando “Que siga el show” como responsabilidad exclusiva de Jorge García Banegas. Enrique Cajide seguía, como siempre, al margen de labores compositivas.

El disco triunfó entre el rockerío hispano nada más ponerse a la venta, ya que estaba lleno de hits en potencia, combinando perfectamente el buen gusto que siempre mostró Asfalto en sus canciones con la fuerza renovada de esta formación que se encontraba en uno de sus mejores momentos de forma. “Nada, nadie, nunca”, “Es nuestro momento”, “Desaparecido”, “Que siga el show” y, sobre todo, “Buffalo Vil” pasaron de inmediato a la categoría de clásicos del grupo, de donde aún no se han bajado, aunque el disco completo no tiene desperdicio, siendo mi preferida “Contrarreloj”, cuya letra inspiró el nombre del disco y que muestra al grupo en su mejor nivel.

Las letras, ese apartado siempre tan importante en los discos de Asfalto, también mantienen un alto nivel, en especial “Desaparecido”, inspirado en las actuaciones de los dictadores sudamericanos de la época (vigente Pinochet en Chile y Videla depuesto un año antes en Argentina), el guiño a la ciencia ficción de “El regreso” y el alegato ecologista de “Buffalo Vil”, un ataque a la figura histórica de Buffalo Bill, un soldado norteamericano, cazador de búfalos y hombre de espectáculos que ganó fama principalmente por los espectáculos que organizó sobre temas del lejano oeste, y cuya popularidad ha desaparecido para los jóvenes de este siglo, pero que permanece en la mente colectiva de los que vivimos aquellos años.

Todos nos las prometíamos muy felices viendo que la maquinaria Asfalto funcionaba a pleno rendimiento. La salida del grupo de Miguel Oñate resultó traumática para todos los seguidores del grupo, por inesperada, ya que el grupo estaba en lo más alto. El resto de componentes, comandados por Julio Castejón, buscaron su sustituto en un gran cantante mallorquín, pero ya nunca fue lo mismo. Con la salida de Miguel Oñate de Asfalto se cerró una de las más brillantes páginas que se han escrito en el Rock español. Afortunadamente, su historia no se acabó aquí y el grupo siguió adelante.

Shan Tee


 

ASFALTO “Mas que una intención” (1983)

Fuera del sello Chapa (con el que había registrado cuatro álbumes, uno de ellos doble), Asfalto empezaba los años ochenta con una decisión fundamental: crear su propia marca discográfica. Ya no tenían confianza en las discográficas establecidas, de modo que ahora aplicarían el “yo me lo guiso, yo me lo como”. Era un paso valiente en el terreno de la infraestructura.

En el plano musical se reservaban una gran sorpresa. El grupo tendría un “frontman”, como se dice en el argot anglosajón. El líder Julio Castejón cedía protagonismo en aras de una renovación de Asfalto. El nuevo miembro era Miguel Oñate, un vocalista con excelente imagen y un registro y puesta en escena que rápidamente le hicieron ser conocido como “el Coverdale nacional”.

El resto del equipo no varió: Guny estaba al bajo, Jorge G. Banegas en los teclados y Enrique Cajide a la batería. El quinteto se entregó a una grabación que supervisaba Castejón. El Asfalto de 1983 sonaba mucho más fresco y, sobre todo, más duro. A veces se le había achacado a la banda madrileña una cierta suavidad de maneras, en especial en “Déjalo así”, publicado dos años antes.

“Más que una intención” es, ya de por sí, un título premonitorio, de anticipo de intenciones e ilusiones. Canciones como “La batalla” o la final “Tenías razón” destacan por su fortaleza. “Joven ruso” es puro deseo de romper con la guerra fría que todavía atravesaba el mundo por aquel entonces. “El hijo de Lindbergh” expresa el lado más sentimental de Castejón. Y “La paz es verde” se destaca por encima de todas y todavía hoy es uno de los emblemas en directo. “Tiempo gris” es una balada preciosa de Banegas, quien se erige como gran triunfador del disco a nivel compositivo (Jorge escribe o participa en siete de los nueve temas, incluido el también resaltable “Richi”).

Por el lado vocal, Oñate ofrece unas intervenciones admirables. Ponía a Asfalto en otra categoría, sin desmerecer en absoluto al brillante pasado que el grupo se había ganado a pulso antes de la entrada de Miguel. Por su parte, Castejón se lucía al entregar el tema-título, una preciosidad que ha superado el test del tiempo. Faltaba por mencionar la inicial “Concierto fatal”, otra tonada de Banegas que servía muy bien para abrir boca.

¿Y después? Asfalto, con esta magnifica formación, ofreció otro álbum de campanillas (“Cronophobia”) y nos deslumbró con unos directos inolvidables hasta 1985. Nunca se sabe qué pasó exactamente, pero el caso es que Miguel Oñate decidió apearse en marcha para dedicarse a una carrera solista algo perezosa: si no fuera porque se le puede encontrar fácilmente interpretando para unos pocos con su magnífica voz. A Asfalto le dio tiempo a reinventarse varias veces (incluida la reunión del cuarteto clásico en 1994), y hoy por hoy, con el equipo rejuvenecido y Castejón al frente, es capaz de protagonizar conciertos sublimes como los de este verano de 2008.

Pedro Giner


 

ASFALTO “Déjalo así” (1981)

La entrada en la nueva década trajo consigo más cambios. El Rock progresivo español de los ‘70, (Iceberg, Ibio, Atila, etc.), la fusión (uno de sus máximos exponentes era el llamado “Rock andaluz” con Triana, Alameda, Medina Azahara etc.) y el Rock más crudo y urbano (los del sello Chapa, básicamente), estaban dejando hueco a grupos procedentes de las capas más snob y postmodernas, pseudo herederas del Punk-Pop británico, y con una más que discutible presunta creatividad, pero que fueron capaces de vender discos e instalarse en los hábitos de escucha de mucha gente joven de la época. En Madrid se dio en llamar “la movida madrileña”, y eclipsó (no ellos, sino los medios de comunicación que cayeron rendidos a sus pies y a la pasta que generaron) a los grupos de Rock que hasta entonces habían llenado de buena música cada rincón del país.

Las Compañías Discográficas no eran ajenas al cambio de tendencia que se avecinaba, e intentaron introducir sus fórmulas mágicas para adaptar, supuestamente, a los grupos de Rock a la demanda de un mercado copado en ese momento por las multinacionales y sus hábitos foráneos implantados “porque sí”. Si CBS en 1980 transformaba a los Coz guitarreros de “Más sexy” en los poperos de “Las chicas son guerreras” pensando en que iba a ser el camino adecuado, Chapa pensó que podrían estar en lo cierto y publicó aquél mismo año algo tan distinto a su predecesor como “Pret-a-porter” de Topo, o experimentos heavy-tecno como “Más madera” de Leño, también sensiblemente diferente al primer LP.

El panorama se “descafeinaba” un poco para ser más accesible, en teoría, y Asfalto estaba en un momento compositivo en el que el Pop infectó a sus musas que, no obstante, se resistían a caer rendidas como lo hicieron los anteriormente citados. Supongo que aquel era el momento idóneo para publicar un disco como “Déjalo así”, en el que el progresivo desapareció por completo y los temas daban una de cal y otra de arena en cuanto al estilo. También supongo que, de no haberlo hecho en ese momento, difícilmente se podría hacer después sin minimizar tanto el riesgo, aunque no fueran tiempos para medias tintas.

Recordemos que el grupo venía de publicar un recopilatorio, primero en la historia de un grupo español, titulado “Lo mejor de Asfalto”, con temas de los tres primeros discos y en el que también incluyeron “Canción para un niño”, sólo publicada en single hasta entonces, precioso tema que quizá sirviera para introducir a su público a lo que vendría con la publicación del nuevo disco. Dudo que fuera esa la intención inicial, pero dados los comentarios de la época, seguro que hizo ese papel.

El caso es que “Déjalo así” fue un disco doble, algo que tampoco había sido hecho antes por ningún grupo de aquí, en eso también fueron pioneros. El disco estaba repleto de canciones marca de la casa y de otras con claros guiños a la modernidad reinante a la que vengo haciendo alusión, pero no se encontraba ningún atisbo de los Asfalto progresivos de temas largos ni había demasiado espacio para la contundencia. Quizá por esto, la primera impresión fue un poco frustrante, lo reconozco. Para mí el disco necesitó de varias escuchas para pillarle el punto, algo que, con el paso de los años, ha evolucionado para convertirse en uno de mis favoritos de toda su discografía.

El disco en sí es bastante heterogéneo. No voy a desgranar tema por tema porque la explicación de cada uno me llevaría más espacio del que se aconseja para una reseña de estas, pero entre ellos hay algunos que destacan por diferentes motivos, caso de “Déjalo así”, tema presente casi siempre en sus directos, “Baila madre (la máquina del tiempo)”, uno de mis favoritos del disco, o “La generación perdida”, que todavía pone los pelos de punta tantos años después. También siguieron con las sanas costumbres de incluir un tema instrumental, como en este caso “Benvigut!”, y de contar historias tangibles, como “Rainbow Warrior 8-11-80” en alusión al barco de Greenpeace con tanta historia a bordo.

El resto de canciones tienen como denominador común tener cosas que contar, incluso cuando las ideas se resistían a salir (“Nada que decir”), y hacerlo en forma de preciosas canciones (“Sólo por amor”, “El maniquí”), de temas más potentes (“Demasiado aprisa”, “La rara…!”), o con el estilo inconfundible del grupo, que era en todos los casos. En general la mayoría de temas entraban a la primera, pero otros chirriaban más de la cuenta, como “Juega tu carta”. Creo que es la canción que peor ha envejecido de todo su catálogo por tener más que ver con aquel momento en concreto.

“Déjalo así” se publicó el 6 de julio de 1981 y fue producido por el propio grupo. No fue un disco que vendiera demasiado, en parte por el cambio de estilo, pero también por tener formato doble, según declaraciones de la propia Compañía. Éste fue el motivo de que en 1983, una vez finalizado el contrato con Chapa Discos, se volviera a publicar como dos discos individuales, manteniendo el orden de las canciones, pero con el título genérico de “Asfalto” (los dos) y con unas portadas algo chapuceras, aprovechando el tirón que Asfalto volvía a tener tras crear su propio sello discográfico (Snif), reclutar a Miguel Oñate como cantante solista y publicar “Más que una intención” con un nuevo cambio de estilo, hacia un Rock más agresivo.

El tiempo ha hecho justicia con “Déjalo así” y lo ha situado como uno de los discos imprescindibles para entender la evolución del Rock español desde que existe, aparte de contener una colección de canciones que nadie debería desconocer, que emocionaron en su momento y que vuelven a hacerlo cada vez que suena el crujido de sus surcos.

Alvar de Flack


 

ASFALTO “Ahora” (1979)

Quiero empezar esta reseña aprovechando para dar las gracias públicamente a Asfalto por haber compuesto, grabado y publicado un disco que, probablemente, no sea el mejor de su discografía, ni uno de los clásicos imperecederos de la historia de nuestro Rock, ni tenga temas infaltables en su repertorio en directo, ni tantas otras cosas que hacen que una obra sea reconocida por la inmensa mayoría, pero a este disco le debo gran parte de lo que soy (musicalmente hablando), porque me cambió muchas cosas. Lo que hasta ese momento creía inamovible, se convirtió en axioma gracias a una cinta de casete que me costó 505 pesetas en una tienducha de Ceuta, allá por el mes de mayo de 1980. A partir de entonces nada fue igual para mí.

Eran momentos de cambio. Estábamos en plena transición política y las cosas se estaban recolocando en su sitio tras muchos años de haber estado cada una por su lado. Los acontecimientos se sucedían a mucha velocidad, parecía como si no hubiera tiempo de hacer cosas, como si tuviéramos que vivir todo al límite y deprisa por si volvieran épocas pasadas y no nos hubiera cundido. Yo tenía apenas 13 años, pero ya llevaba algunos dándole sentido al entorno y valorando lo que se me ofrecía, por cierto, nuevo para todos, también para mayores de esa edad.

Asfalto ya eran toda una institución en 1979. Los medios de comunicación no se parecían a lo que son ahora ni por el forro, y eso se notaba más en zonas de España fuera de las grandes ciudades. Pese a esto siempre había quien se buscaba las mañas para conseguir estar al día en lo que se estaba haciendo por el mundo civilizado, y luego era tan generoso que nos lo ofrecía a los demás a modo de clase práctica pinchando una y otra vez los discos enteros y contando de lo que se había enterado en territorios menos inhóspitos. Muchos discos se dieron a conocer así, por el boca a boca, boca que luego se transformó en oreja, evidentemente, y “Ahora” no fue muy distinto.

El LP se grabó en sesiones nocturnas durante el mes de octubre de 1979 en los estudios Eurosonic de Madrid. El ingeniero fue el mismo que Chapa solía utilizar para casi todas sus grabaciones, Pepe Loeches, la producción corrió a cargo, de nuevo, de Vicente Romero, y fue publicado hace ahora 30 años, el 10 de diciembre de 1979, dentro de una carpeta con portada de Javier Sánchez-Cuenca.

Como novedad se escuchaba la voz solista de Guny en dos temas (“Señor violento” y “¿Cómo lo lleváis?”), y llamaban la atención también otras cosas, como la presencia del bajo en la mezcla y la calidad del sonido, nada que ver con el disco anterior, algo más opaco.

Los temas traían la firma de Julio Castejón y Jorge W. García Banegas. En conjunto fue un disco menos progresivo que “Al otro lado”, quizá sólo “Fantasía”, un pedazo de tema de algo más de siete minutos, tiene ese carácter, y sí más centrado en temas directos como “Señor violento” (según Julio, le vino la inspiración tras departir ‘amigablemente’ con un tipo tras una ventanilla), “La hora de los perros” (¿qué pasaría si Jesucristo volviera a la Tierra en forma de perro?), “Nada” y “¿Cómo lo lleváis?”. Por cierto, la anécdota del título de “Nada” está muy sobada pero la vuelvo a contar: Érase una vez Julio Castejón sentado en el estudio buscando nombre para la canción, cuando pasó por allí el hermano de Enrique Cajide y le preguntó:

- “¿Qué, ya tienes título?

- “Nada”, dijo Julio.

- “Pues ese es un buen título para esa canción”, respondió el otro.

Y así se quedó. En cualquier caso se convirtió e uno de los temas emblemáticos del disco.

También había sitio para las canciones más acústicas y reposadas, como “Dios de otro planeta”, “La otra María” y “En nombre de la moral”, en esta última con actuación estelar de Vicky y Luisi, dos de las Supremas de Móstoles, dando alguna pincelada de lo que son capaces de hacer con sus voces (Más demostración al respecto en el nuevo disco en directo de Asfalto…). Y como ya lo hicieran en el anterior LP, también dejaron hueco para un tema instrumental de Jorge como fue “El intruso”.

Para promocionar “Ahora”, el sello Chapa publicó en febrero de 1980 un disco al que llamó “Entrevista promocional especial radios”, que venía a ser una entrevista al grupo en la que se intercalaban fragmentos de temas del disco. El entrevistador era el periodista y locutor de Radio España y Antena3 Radio, Paco Galindo, fallecido en diciembre de 2007. Su escucha 30 años después, aunque interesante, todavía sonroja. El entrevistador no tenía ni idea de quienes eran Asfalto ni de qué contenía el disco, y dejó entrever algunas pinceladas de lo que era el pudor y la moral de la época en canciones como “La otra María” o “La hora de los perros”.

Desconozco si el disco con la entrevista sirvió para promocionar o para hundir las ventas del nuevo disco de Asfalto, pero el grupo dejó plasmado su arte y su estilo en un disco que, 30 años después de su publicación, sigue sin notar el paso del tiempo.

Una joya que, para muchos, aún está por descubrir.

Alvar de Flack


 

ASFALTO “Al otro lado” (1978)

En el verano de 1978, a muchos se les heló el corazón cuando se escucharon rumores que venían a decir que Asfalto, la formación que habían grabado unos meses antes uno de los discos históricos de nuestro Rock, se separaban definitivamente. La incorporación o no de cierto músico en la formación de Asfalto hizo que las discrepancias en el seno del grupo fueran tales que se fracturó justo por la mitad, de tal manera que José Luis Jiménez (bajo y voz) y Lele Laína (guitarra y voz) cogieron el portante y se montaron su grupo, para el que, por cierto, reclutaron al músico objeto de la discordia. Aunque podrían haber seguido siendo Asfalto, decidieron ponerse Topo como nombre de guerra, pero esa es otra historia que seguro reseñaremos algún día.

Julio Castejón (guitarra y voz) y Enrique Cajide (batería) se quedaron entonces sin grupo y barajando opciones. En vista de que el universo Asfalto se quedó sin habitantes, decidieron seguir dándole vida fichando a dos músicos como José Ramón Pérez, más conocido como “Guny” (bajo y voz) y a Jorge Walter García Banegas (teclados), procedente de la banda uruguaya Psiglo, a la que también pertenecía Hermes Calabria (batería después con Barón Rojo) y el mítico Rubén Melogno.

Con nueva formación, con el bagaje como grupo de haber grabado un disco pionero en muchos sentidos en la música de este país, y con un estilo distinto que ofrecer, entrado el otoño se fueron a los estudios DJM de Londres a grabar lo que sería su segundo disco en estudio para Chapa Discos, con John Cooper como ingeniero de sonido.

El contenido del disco era muy diferente al primer LP, publicado en marzo de ese mismo año, algo que fue recibido con un cierto escepticismo al principio, sensación que con el paso de las escuchas fue transformándose en sorpresa y posteriormente en admiración.

Julio Castejón tomó el mando vocal, que antes estaba repartido, y también el compositivo junto a Jorge (entre los dos firman todos los temas), aunque hay que decir que una gran parte del disco fue hecho a partir de ideas que ya traía Jorge consigo. De hecho, los teclados se convirtieron en una parte fundamental del nuevo sonido Asfalto y transformaron el aire general del grupo, que tiró claramente hacia el Rock progresivo, con composiciones de mayor duración y desarrollos instrumentales más elaborados, muy en la línea que marcaban los grandes del estilo como Yes, Genesis o Supertramp, pero también intercalando temas más cortos y sencillos, santo y seña del estilo del grupo a lo largo de estos treinta y tantos años de vida.

La parte más sinfónica del disco, temas como “No estás solo”, “Al otro lado” o la instrumental “Expectativa”, ponían al grupo a la altura de los grupos antes mencionados sin ningún tipo de complejos, al menos en las preferencias de los seguidores del estilo, con el aliciente de las letras en castellano y el contenido de las mismas, mientras que los temas más cortos y directos como “Mujer de plástico” o “¿Dónde estáis?” eran fácilmente digeribles por más público.

A estos hay que añadirles los temas con más carga emocional, otra de las características de las composiciones de Asfalto, como “Nadie ha gritado” y uno de los clásicos más claros del grupo, “El viejo”, que combinaba la duración y complejidad de los temas más progresivos, con la inmediatez y capacidad de conectar con la gente de las canciones más directas, además de esa carga sentimental o emocional que comentaba antes.

La grabación se terminó a mediados de octubre y, finalmente, “Al otro lado” fue publicado el 18 de diciembre de 1978 bajo la producción de Vicente “Mariscal” Romero.

Con este segundo LP no sólo consiguieron darle continuidad a uno de los proyectos musicales más interesantes de la historia de nuestro rock, sino que fabricaron un disco con el que obligaron a gente de fuera a empezar a vernos de forma distinta en lo musical. Y si no que se lo pregunten a los afortunados que pudieron ver en aquellos días del otoño de 1978 a Asfalto como el grupo de Rock español que, por primera vez en la historia, tocaba su música en la mítica sala Marquee de Londres, todo un templo del Rock del momento.

Atrás quedó el disco de presentación del grupo con todos sus clásicos y las divergencias en su seno que llevaron a la escisión. El inicio de esta segunda etapa hacía prever un futuro al que no le hacía falta tirar de memoria, puesto que se habían situado en la vanguardia y eran los máximos exponentes de una generación de grupos, entre los que también estaban Bloque, Ñu y otro buen puñado de ellos, que hicieron funcionar la imaginación hasta tal punto de dar forma, sin saberlo, a una de las etapas más creativas de nuestro Rock.

Alvar de Flack


 

ASFALTO “Asfalto” (1978)

Recuerdo que la primera vez que escuché “Días de escuela” sentí como si clavaran la escena que veía diariamente años atrás en el lugar donde vivía, el bigotillo de Don Ramón, la estufa que calentaba solo al maestro, los cuadros, las flores a María... más o menos cuando murió el señor aquél que estuvo cuatro décadas dando lata. Desde entonces me confieso fan absoluto de Asfalto.

Lo primero que me compré de ellos fue una grabación en cassette que hicieron antes de este disco en la que homenajeaban a los Beatles, y que todavía tengo por ahí. Y lo siguiente este disco, también en cassette -no había posibles-, primero en estudio para el sello Chapa y también primero del propio sello, a raíz del cual el Mariscal Romero escribió una de las páginas más brillantes de la historia del rock de este país en lo que se refiere a apoyo y promoción. ¡Que lejos quedan aquellos tiempos y cuanto cambia alguna gente...! en fin Pilarín, a lo nuestro.

Madrid era un hervidero de gente con ganas de hacer cosas, de expresar opiniones y sentimientos reprimidos hasta entonces en el idioma de Cervantes, a la sazón oficial, ya que era la única manera de que la mayoría de la gente se enterara de qué estaban cantando. Había mucha música cantada en inglés, en parte por seguir la corriente de fuera y también por ocultar determinados mensajes. Pero ya no había razón para esto último. De modo que José Luis Jiménez (bajo y voz) deshizo sus “Tickets” y les cambió el nombre a “Asfalto”, contactó con varios músicos, entre ellos Armando de Castro, hasta que dio con la formación que grabó este primer disco: Julio Castejón (guitarra y voz) y Enrique Cajide (batería), entonces en “Handicap”, y Lele Laína, guitarrista y cantante del grupo “Los Zurdos”. 

El 13 de marzo de 1978 salió a la luz este disco, grabado en los estudios Audiofilm de Madrid con muy pocos medios y bajo la producción de Vicente “mariscal” Romero. Contiene muchos de los himnos que han amenizado los años del descubrimiento. Digo bien, porque la transición política española conllevó cambios en la sociedad, que iba descubriendo que había cosas más allá de lo que estaban obligados a ver hasta entonces, entre ellas todas las manifestaciones artísticas -música incluida- y que además servían de vehículo para expresar cosas.

De hecho, las canciones que contiene este disco dicen cosas, cuentan como era el entorno social en el que se desenvolvía la vida urbana madrileña. ¿A alguien le suena eso de rock urbano?. No es un invento de los medios de comunicación en los 90 para darles cancha a grupos de punk-rock estilo Boicot, Porretas y tal. No tiene nada que ver. El rock urbano era la música que dejaba a las claras el modo de vida del Madrid de entonces (Leño, Topo, etc.). Canciones como “Ser urbano” o “Todos los días” explican sobre guitarras con una ligera saturación en qué consistía y que efectos tenía la gran urbe sobre la gente joven.

“Ya está bien” habla de la marginación del rock y de la voluntad de salir del ostracismo sobre una base de rock and roll. La ya comentada “Días de escuela” o “El emigrante” tienen un cierto sabor añejo, pintando escenas que muchos hemos vivido en nuestras carnes en la niñez. Otras no son tan explícitas, como “La isla del amor” o “Quiero irme-La huida”, son bastante más imaginativas en las letras, casi hippies, con una estructura que desarrolla pasajes bucólicos y estrofas cantadas sobre acordes suaves, en plan sinfónico, con el bajo de José Luis Jiménez muy presente, protagonista.

Sin embargo “Rocinante” y “Capitán Trueno” tienen una lírica como de pedir socorro, mostrando una vez más lo rompedor que fue este disco, porque a partir de ahí es como si el propio Capitán Trueno viniera e hiciera que ganara el bueno... por lo menos supuso la apertura de una vez por todas al conocimiento de lo que hacían los grupos en los locales y la posibilidad de grabar música radicalmente distinta de las burdas imitaciones de grupos de fuera.

Este disco es imprescindible para conocer el rock que se hacía en España en la etapa post-franquista inmediata. Un trozo de historia envasada, ahora sí, en CD.

Salud.

Alvar de Flack